viernes, 14 de diciembre de 2012

Incorrecto incorregible

Hoy me lo voy a montar otra vez de políticamente incorrecto a cuenta de lo que la sarta de merluzos que conforman las plantillas de cualquier medio informativo llama “La Marea Blanca”, o sea, la huelga de la sanidad pública en Madrid, pero creo que esta vez lo voy a ser muy moderadamente. En realidad, lo que pienso del tema no puede ser considerado como directamente ofensivo por la progresía aunque sólo sea porque esa especie tiene pocas o nulas facultades para mirar más allá de sus narices o para meditar sobre las consecuencias de cualquier cosa, porque lo realmente incorrecto son las consecuencias que tendría que todos fueran tan consciente como yo de lo que realmente piensan de la sanidad.

Y no es que quiera dejar de dar la nota, ni que mis opiniones se estén acercando a las de un sindicalista, perroflauta o abajofirmante, ni que habitualmente vaya a ser otra cosa que incorrecto, ni que la edad me vaya haciendo callar mis opiniones ante nadie salvo delante de algún familiar que sea tendente a progre, porque no es cuestión de convertir situaciones delicadas en conflagraciones expresas, aunque a veces ni siquiera delante de este tipo de familia que todos tenemos me he callado, que todavía me acuerdo de cuando hacía coñas de aquello de la celebración del milenio y de la magna actuación de los puretas en sus distintas especies, que con sus apelaciones a Dionisio el Exiguo y a si consideró o no el año cero, consiguieron llevarse por delante lo que podía haber sido un fiestón de año nuevo, siglo nuevo y milenio nuevo. Pero claro, es que Aznar había tumbado a Felipe poco antes y no era cuestión de que se apuntase ni siquiera el inicio del milenio bajo su mandato no fuera a ser que volviera a ganar... y tres meses después se llevó la mayoría absoluta. Ser políticamente incorrecto me divierte, es una forma de hacer el gamberro cuando uno deja la preadolescencia.

Uno de los temas que más me entretienen cuando se trata de epatar progresía suele rondar la ideología feminista, de forma que cada vez que sale un tema de estos ratifico la idea de que soy un facha machista que tienen de mí los amigos que aún conservo, que me suelen perdonar constatando de que más que mayor, soy antiguo, y porque además de progres, mis amigos son buena gente. De todas formas, se miran entre sí cuando afirmo que uno de los problemas que presenta la sinsorgada de la “educación en la igualdad”, es que si te sale bien y tienes a todos los condiscípulos completamente convencidos de que los chicos y las chicas son absolutamente iguales, cuando los chicos llegan a la primera adolescencia y se convierten en esos irresponsables borricazos capaces de sobarse la jeta concienzudamente entre sí por un quítame allá esas pajas, la tendencia a arrear mamporros a quien se le ponga a tiro, sea hembra o varón, suele conseguir que de cuando en cuando una adolescente, en lugar de atenciones, reciba algo más que una colleja de su igual masculino. Y cuando añado que, teniendo en cuenta que se consideran todos iguales, las collejas recibidas por las adolescentes de los borricazos no se pueden considerar violencia de género, levantan las cejas y alguno resopla mientras se acerca la cerveza y bebe para no tener que ponerme a parir a gritos o así. De vez en cuando, alguno me tacha de su lista de aceptables para tomar cañas, vale, pero si te soy sincero, me la refanfinfla.

Es que la cuestión da para mucho. Si a un progre le dices que en lugar de fomentar la discriminación positiva, que no deja de ser discriminación entre iguales por razón de sexo, lo que está vetado constitucionalmente y antes o después provocará una sentencia que provocará aullidos de rabia en la jauría, se debería hacer campaña en torno a la dignidad de los trabajos de casa de tal forma que los hombres los hagan sintiéndose realizados, se deberían implantar medidas para que ningún empresario pudiera pensar que si contratas a una mujer joven, antes o después tendrá una baja por maternidad, lo que no pasaría si se contrata un hombre, como podría ser la obligatoriedad del padre de tomar la misma baja maternal que la madre, u obligar a que el niño fuera al pediatra obligatoriamente acompañado por ambos progenitores, los más listos, o los más heterodoxos, tienden a tragarse lo de la discriminación a cambio de la igualdad de oportunidades, o incluso a dar ideas de lo que podría hacerse. Si añades que la novísima educación al menos ha conseguido que esté casi tan mal visto que una mujer deje su trabajo para dedicarse a la familia y a vivir de su legítimo como está lo de que el marido viva de su mujer, no saben si torcer el gesto o no, pero se deciden a hacerlo si te explicas diciendo que eso puede haber sido tanto por inculcar competitividad a niños y niñas por igual, como porque ninguna puede estar seguro de si las cosas van a torcerse o no, o en un momento dado se le va a cruzar un chulazo que mantener. Porque lo de inculcar competitividad a los infantes es malo, es neoliberal y capitalista extremo, y porque las mujeres son dignas, no mantienen chulazos. Decir eso es consagrar estereotipos machistas.

Es gracioso darse cuenta de cómo los feministas caen permanentemente en contradicciones. Si te fijas, a un progre le parece estupendo que una política en activo mantenga que le encanta mirarle el culo a los hombres bien hechos, pero si lo dice el alcalde de Valladolid, es un decir, echan espumarajos por la boca y exigen su ajusticiamiento público. Ahora han salido con otra contradictoria estupidez parecida a cuenta de un anuncio de esa cosa que vende ropa rara que se llama Desigual, en el que sale una mujer deseando calzarse a su jefe. No casarse para siempre, de blanco y con fiestorro, no; lo que pretende la susodicha es tirárselo a las bravas, como generalmente quieren hacer los hombres con cualquier hembra apetitosa que tengan a tiro de piedra desde hace milenios. Pues en lugar de darse cuenta de que eliminar el tabú de que la mujer pueda desear tener sexo y lo diga es acercarse a la igualdad con el hombre, que es que somos unos guarros, andan mascullando que se trata de un anuncio sexista que hace perdurar una imagen deteriorada de la mujer. Es decir, si una mujer quiere pasarse por la piedra a un tío sin necesidad de arreglar papeles en vicaría, es que está deteriorada. ¡Anda ya a tomar por retambufa! Ahora dirán que es porque lo que se quiere beneficiar la moza es al jefe, no al butanero polaco ni al senegalés del descansillo, que sí que sería aceptable por tener esa nota multiculti tan solidaria y tan progre. ¡Serán capullos!

Eso sí, cuando el feminismo se mezcla con la educación es cuando más fácil se consigue que un progre entre en convulsiones. Empiezan mirando con odio cuando se dice que la distinta fisiología entre hombre y mujeres, que tan agradable resulta a la mayoría cuando se limita a las diferencias complementarias de forma corporal, hace que el cerebro de las mujeres desarrolle mucho antes que el de los hombres las capacidades verbales, pero más tarde las capacidades matemáticas. La ira les muda la color cuando se razona que esas diferencias fisiológicas aconsejan una educación separada al menos hasta que el desarrollo cognitivo se ha completado, con lo que entre otras cosas se conseguiría no tener que frenar a las chicas en las materias de letras y a los chicos en las de ciencias, y que Suecia, el primer país que implantó la coeducación con carácter obligatorio, se ha vuelto atrás y permite la discriminación “por géneros”. Pero si quieres que convulsione de verdad, recuérdale a un progre que ese país tan avanzado está eliminando la educación pública, la está privatizando, pero dilo con cuidado, porque si no lo haces tendrás que abalanzarte sobre el progre y, con una cuchara metalica como instrumento recomendable a estos efectos por su fácil disponibilidad en un bar, deberás impedir que se muerda la lengua durante el ataque que sin duda le dará, porque tendrás que explicarle que la privatización es a través del cheque escolar, es decir, a cada colegio se le dan fondos por cada alumno que consigue convencer de que su enseñanza es mejor que la del colegio de al lado: enseñanza adecuada a la que los padres quieren darle a sus hijos = más alumnos = más fondos. El progre probablemente fallezca si le sugieres que la forma de implantar eso en España sin que levantara demasiadas protestas en las calles sería regalando los colegios públicos al personal que trabaja en esos momentos en ellos, con la obligación de contratar nuevos titulados cuando se produzcan bajas: sin duda se darán cuenta de que el adoctrinamiento les será más difícil, si no imposible, y que además, a la larga, obligará a trabajar a los profesores, acostumbrados hasta ahora a tocarse el bolo a dos manos con tal de que eso mantenga a los niños felices, a los papás calmados y a los inspectores sin nada que hacer.
Está bien, aunque mi tendencia a pasear por los cerros de Úbeda es grande, a veces vuelvo a la consciencia, así que retomo el sólo mencionado y casi olvidado leit motiv de la perorata: “La Marea Blanca”. Y es que esta huelga, aparentemente política, está poniéndome de los nervios, y no sólo porque me hierva la sangre cuando veo que periodistas de todos los colores, aferrados a la españolísima costumbre de no trabajar ni pensar más que lo que resulte absolutamente imprescindible, han adoptado la eufónica expresión de “Marea Blanca” para hablar de una huelga de médicos y enfermeras en Madrid.

De entrada, hay que dejar claro que considero una absoluta vergüenza que un médico en la sanidad pública tenga un sueldo de dos mil euros. Un médico es un tipo que se ha tirado estudiando como un poseso una barbaridad de años mientras sus amiguetes se iban de fiesta: entre un bachillerato brillantísimo, la selectividad impecable, una carrera muy exigente de cinco o seis años y tres o cuatro años de preparación del MIR, el aspirante a médico las ha estado pasando putas más de diez años mientras su amiguete se iba de copas y sacaba magisterio o derecho sin dar palo al agua. Una vez médico de plantilla, es la persona a la que encomendamos que nos cure cuando tenemos pupita, o que nos salve la vida cuando la cosa pinta mal; todos pasamos por él y le exigimos que, además de sabiduría, tenga humanidad y sufra con nosotros. Y eso a cambio de dos mil eurillos de sueldo, bastante menos que un conductor de metro o un mosso d’esquadra. La sanidad pública es tan repugnantemente cicatera, que llega a pagar la productividad a los cirujanos por cada intervención, sea de la clase que sea, es decir, que un cirujano general que hace diez extirpaciones de amígdalas en una mañana es diez veces más productivo que otro que se pasa doce horas en un quirófano con un trasplante de corazón y pulmón. Pero, tambien debe saberse, no todo es el sueldo miserable y la productividad, esos superprofesionales consiguen unos ingresos razonablemente adecuados a su nivel a base de horas extras y guardias mucho mejor pagadas que las horas normales, es decir, lo consiguen dándose serias palizas a trabajar. Entonces, ¿por qué se oponen a cualquier cambio, con lo quemados que deben estar? ¿por qué se oponen a una Ley que probablemente mejorará la mejor sanidad pública de España (y probablemente de las mejores de mundo), y que llevada al extremo que ellos denuncian acabaría mejorando los sueldos de los profesionales más competentes?

Ya sé lo que me vas a decir: “coño, es que la sanidad es de todos y no se puede privatizar porque empeorará el servicio”. Pues no. Lo que se va a privatizar es la gestión, y además, ni lo privado empeora nada, ahí tienes los seguros médicos compitiendo en calidad, ni es la calidad del servicio lo que lleva a esta gente a la huelgaporque, seamos serios, a la mayoría de los huelguistas, la calidad del servicio les importa un pito. El principal objetivo de esta Ley es que los centros públicos abran también por las tardes. Como eso motivará la contratación de centenares o miles de médicos más, los actuales no tendrán que hacer horas extras y las guardias se les reducirán a la mitad, con lo que se quedarán a panpedir con el sueldo pelao y el hipotecón sin pagar. Tienen razón en montar el pollo por eso, que no se merecen unos ingresos tan tristes, pero la pierden al no contar las verdaderas razones.

Desde luego, el mensaje no es malo, no olvidemos que los médicos sindicalistas, aunque sean sindicalistas, son gente estudiada, y han encontrado un mensaje que puede calar: la defensa de la calidad de lo público (que hay que joderse que nadie insista en que lo público siempre es de peor calidad de lo privado), y cuando además han llegado a afirmar que la privatización de los hospitales obligaría a pagar la visita al médico, el mensaje era inevitablemente arrollador para un cerebro español medio, porque en Estepaís nadie analiza nada, nadie se pregunta si le están vacilando, nadie sabe siquiera qué es lo que quiere sin que otra persona se lo diga. Pero aunque aquí casi todos somos más o menos progres, socializantes o intervencionistas y el mensaje puede tener éxito o no (en este caso lo ha tenido), lo que de verdad nos pone es descubrir que alguien gana más que nosotros, así que si se enteran de que lo que están defendiendo estos pollos de la “Marea Blanca” son unos ingresos porcima de tres mil lereles (que mantengo que son justos y adecuados a los conocimientos, la profesionalidad y la entrega de esa gente, que conste), les apedrearían por la calle, exigirían una subida de impuestos para los ricos y la dimisión de Rajoy. Esos detalles había que ocultarlos, incluso silenciando los informativos de Telemadrid con una huelga.

Pero la realidad está en algo en lo que nadie ha caído, y quienes se han dado cuenta no lo quieren decir, ni los médicos, porque estarían obligados a trabajar menos tiempo pero con más intensidad y porque sólo ascenderían los mejores, no cualquiera que estuviera equis años en el escalafón, ni los políticos de derechas, aunque sean ultraliberales, porque en caso de que el personal se percatara de lo que implica, igual se apuntaban y perderían grandes parcelas de poder, ni, por supuesto, los políticos de izquierdas, que les produce erisipela sólo pensarlo, ni los progres en general, porque, si es que han conseguido darse cuenta, les horroriza la idea. Si quieres tener emociones fuertes, puedes ejercer de irreductible incorrecto y decirlo tomando unas cañas con un par de progres y en caso de que hayas encontrado alguno de los progres listos que siguen siendo progres (sí, hay muchos progres listos), y se dan cuenta de la segunda derivada, te ganarás, con un par de frases, los más sonoros aullidos, las imprecaciones más broncas y el odio eterno a partir de su salida del shock: Porque la auténtica verdad es que a la inmensa mayoría del personal se la bufa la sanidad pública, lo que todo el mundo quiere es sanidad gratuíta, y si me apuras, a lo que de verdad todos se apuntarían es a una sanidad privada en la que puedas pedir cita con el especialista que te pete, segundas opiniones, análisis y cualquiera de las ventajas que ofrecen los seguros médicos por un precio muy inferior al que se paga por otras vías a la SS. Eso sí, se apuntarían a la privada siempre que se siga usando como ahora, de gañote. Y si hay que pagar algo, que lo paguen los ricos.

Quien piense en ello se dará cuenta de que si la generalidad del personal se diera cuenta de que si se privatizara la pública, la sanidad privada podría ser gratuita para todos los españoles, exigiría a voces la privatización. ¿O no?.



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