martes, 12 de abril de 2011

Igualitarismo y consignas

En todas las empresas y en todas las organizaciones hay un porcentaje de torpes. Si, vale, de acuerdo, ese porcentaje es muy variable, pero no nos engañemos, es variable en función de la edad de la organización y del grado de responsabilidad, dureza y mala baba de sus dirigentes, porque aunque todo departamento de recursos humanos tiene como misión principalísima evitarlo, es prácticamente imposible impedir que poco a poco se te vayan colando inútiles o que gentes aparentemente válidas vayan llegando a su nivel de incompetencia, que como consecuencia de ello tienen más dificultades que los más vivos en cambiar de abrevadero para mejorar, así que se van enquistando en la organización hasta hacer que su funcionamiento sufra lo suficiente como para entrar en crisis, momento en el que, o bien la empresa pasa a ser dirigida por un killer, o sea, por un ejecutivo responsable, listo y con el corazón cuajado de mala leche que se lleva por delante a la mayor parte de las rémoras, o bien la empresa cierra.


A lo mejor me pasa como a los que se sientan en una mesa de poker y no detectan al pardillo a la primera ojeada, pero cuando llegué a donde hoy me gano las habichuelas me sorprendió agradabilísimamente darme cuenta de que el porcentaje de tontos era prácticamente nulo, de hecho, me costó un par de años detectar al primer incompetente; pero incluso hoy, muchos años después, sigo disfrutando una barbaridad en cualquier discusión porque no hay que simplificar las cosas para que todo el mundo pille todo a la primera.


En esta empresa, una parte de las remuneraciones nos las dan en forma de vales canjeables por comida en cualquiera de los restaurantes adheridos al sistema y que se van devengando día a día. Para tener derecho a ellos hay que estar en el puesto de trabajo un mínimo de seis horas. Es simple y no debería causar problemas, toda la reivindicación al respecto debería centrarse en acortar el plazo que da derecho al papelillo del día, pero recientemente se ha sabido que los jefes de los departamentos reciben todos los papelillos de todos los días aunque no estén en la casa, incluso aunque coman tirando de tarjeta de empresa, lo que les hace un servicio como de comer dos veces.


Me ha impactado ver como gentes que tenía como razonablemente brillantes se han decantado por desear que a los jefes les quiten esos privilegios en lugar de intentar conseguir que esa forma bonificada de gestionar los papelillos se extienda a todos los niveles. ¿Es que esos que yo tenía por gente de coco bien amueblado son en realidad unos tontos camuflados?


Me temo que no, que no son tontos, que simplemente son españoles. Porque los españoles somos envidiosos y miserables y se nos nota continuamente. Evidentemente, la reacción progresí a la intención de Aguirre de fomentar el esfuerzo de los bachilleres ofreciendo unos estudios adecuados a su nivel a quien se lo merezca no es otra cosa que la materialización de ese intento de mantener la igualdad por abajo. Los aullidos de “discriminación” o “elitismo” que han ido soltando algunos mendrugos para impedir que se ofrezca ofrecer un aliciente al esfuerzo y para intentar evitar que los más trabajadores tengan opciones adecuadas a su capacidad y sean más útiles para la sociedad no es sino otra gilipollez de esos progres envidiosos del triunfo ajeno, de esos que se dejarían sacar un ojo con tal de que a un triunfador le sacaran los dos. Sus pretensiones igualitarias serían igual de estúpidas si pretendieran prohibir que los más macizos/as pillaran cacho antes y mejor que los fondones/as, pero prohibiendo o dificultando la excelencia no alegran a los gorditos/as, sólo consiguen dañar el futuro.


El último “escándalo” causado por el igualitarismo idiota de los perdedores ha sido el de los viajes en business de los europarlamentarios. Aunque lo ideal habría sido montar un pollo para que los asientos de turista fueran lo suficientemente confortables como para que la clase business no fuera necesaria y todos pudiéramos viajar cómodos y bien atendidos, personalmente no me parece mal que esos señores que tienen que meterse tantas veces en un avión como yo en el metro vayan cómodos, en especial cuando el coste añadido es absolutamente ínfimo (alguna vez que he tenido que coger uno de esos vuelos he visto que a los mil trescientos lereles que costaba en turista, bastaba con poner cincuenta más para viajar en business, y si a ello le añadimos que con semejante cantidad de vuelos a cargo del Parlamento Europeo, su capacidad de negociación con las aerolíneas es brutal, llegamos a la conclusión de que lo que ahorraríamos encabronando a los europarlamentarios en clase turista es, probablemente, mucho menos de lo que despilfarramos en Memoria Histórica o en el Instituto Cervantes en Gibraltar (que manda pelotas que estos pollos hayan montado un Cervantes para promocionar el español mada menos que en Gibraltar). Ya sé que lo que se pretende es joder a lo que se considera una casta privilegiada (y lo es, que menudo morro se gastan) y que no se intenta extender la buena vida a cuanta más gente mejor, pero ya que la excusa es ahorrar en Parlamento Europeo, aboguemos por eliminarlo, que esa cosa sirve entre poco y nada, porque quien manda allí es la Comisión, que depende de los gobiernos en un a modo de democracia de escaparate con sustrato real de democracia indirecta, democracia por escalones o “democracia popular” como la de la RDA o Cuba.


Pero o nadie piensa como yo o quienes lo hacen no tienen visibilidad. He leído algún artículo en el mismo sentido, pero no hay ningún trending topic del Twitter, y ese es el canal del futuro, la visibilidad de la democracia inmediata, ese ha sido el instrumento que ha movido a los psocialistas a reaccionar en cuestión de horas y cambiar de opinión. “Ahora”, dicen, “hemos visto la luz: todos en turista”. Con la que se montó con lo de #eurodiputadoscaradura, no se han atrevido a seguir adelante. Es que Twitter todo lo mueve.


Y después de dar algunas vueltas sobre tan rápida reacción he sido consciente de que el mensaje es que no eres moderno si no twiteas, y me he dado cuenta de que cuanto más progre es el medio más fomenta el Twitter. la idea que nos están intentando embutir es que el Twiter es esencial para la vida, que si no tienes Twitter no te enteras de qué va el mundo. Pero ¿qué está pasando? ¿Por qué este gobierno reacciona tan bien a la mierdecilla esa de los mensajes cortos? ¿Por qué se entusiasmaron con que las protestas norteafricanas fueran supuestamente convocadas en ese canal? Pues fíjate, juraría que los tuiteros son de los suyos y por eso les hacen tanto caso. Me parece que todo esto esconde la gran batalla que se está librando por el control de internet. La blogosfera era un terreno perdido para la causa progre; claro que había y aún hay blogs y periódicos de izquierda en la interné, pero perdían claramente la partida; la red es básicamente de derechas. ¿Por qué? Pues vayustéasaber, pero lo de escribir y leer blogs o las páginas de opinión en los periódicos electrónicos exige un esfuerzo, un cierto nivel intelectual y, para mayor peligro para los progres, genera reflexión, y no hay nada más peligroso ni más negativo para lo multiculti progre que la reflexión, que cuando un progre se cuestiona sus fundamentos, suele tender a dejar de ser progre, de ahí que desde hace no mucho tiempo se esté sustituyendo el razonamiento de izquierdas por la simple propaganda, el discurso por la bárbara consigna.


No hace mucho, el mundo del intelectualismo progre en España estaba monopolizado por Prisa y El País, pero las cosas cambian y no siempre a mejor. Si te acercas a cualquier grupo de jovenzuelos, sólo en algunos hay periódicos, y donde antes estaba El País, ahora tienes Público. El truco de Público es simple: llega con facilidad a unas masas de votantes sólo parcialmente culturizados y fuertemente impregnados de consignas porque sólo ofrece titulares. “¿Para qué razonar? ¡grítalo!” es la kultura dos punto cero, y mira, coño, qué casualidad ¡eso es Twitter!, la recuperación de internet por sus legítimos dueños, los progres, pasa por sustituir la razón por la propaganda, el artículo sesudo por la consigna fácilmente memorizable. Con su pajarito azul tan mono y tan ecológico, Twitter sólo admite frases cortas, no da espacio a la reflexión ni al argumento complejo, sólo caben las consignas. Justo lo que necesitan los servicios de agit-prop del Nuevo Fascismo. ¡Twitter es progre!.




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