martes, 13 de noviembre de 2012

Referendum


La constitución de Uruguay del 67 reconoce una peculiar forma de recurrir contra una Ley: el Recurso de Referéndum. Que sí, coño, que es verdad, busca en la interné el segundo inciso de su artítulo 79, que sigue ahí. Por lo que sé, si a los ciudadanos no les gusta algo aprobado por su parlamento, tienen la posibilidad de someterla a referéndum y derogarla. Con dos cojones. El único ejemplo de democracia directa del mundo, de democracia real, que diría un perroflauta, o incluso un progre, más aún si es sindicalista. Bueno, si un sindicalista de base se enterara de semejante prodigio, sólo el prurito de servicio a los trabajadores que le llevó a afiliarse a ugeté o a comisiones evitaría su inmediata emigración a la república oriental.

Seguro que por eso se ve a los uruguayos tan felices y sobre todo, tan prósperos, que por algo será eso de “la Suiza de América”. ¿Cómo? ¿que eso era antes? ...Opps. Vaya.

El caso es que ahondando en eso de la democracia directa, o asamblearia, o real, o como quieras llamar a esa sinsorgada de Uruguay, resulta que la cosa no es tan como lo pintan, sino que a pesar de la espectacularidad de la disposición, los matices no son moco de pavo. Por ejemplo, aunque sólo con el dos por ciento de la población pueda iniciarse el trámite del recurso por referéndum, es necesario que mojen el pulgar derecho en tinta indeleble el veinticinco por ciento de los votantes en plazo de cinco meses. Y la realidad es que pocas veces ha funcionado. Primero porque cuando inmediatamente después de aprobada esa constitución llegó al poder el Partido Colorado, tuvo más bien suspendidas las libertades públicas por Hache o por Be durante los años de su mandato (en realidad por Te de Tupamaros, una de esas guerrillas prosoviéticas sudamericanas, en este caso urbana), que terminaron con un golpe de estado y una dictadura militar en el 73. Y segundo, porque no cabía el referéndum en cuestiones impositivas ni en materias reservadas expresamente al gobierno, que se fueron incrementando con los sucesivos ejecutivos. Sin embargo, la jodía previsión de referendum consiguió tumbar las leyes de reforma de la jubilación y los intentos de prescindir o reformar las empresas públicas.

A pesar de que Uruguay es, mutatis mutandis, tan rica como Argentina y además no tiene peronismo, o al menos no lo tiene tan entreverado como sus vecinos, la cosa no arranca. ¿Tiene algo que ver lo del recurso de referéndum? Pues no lo sé, pero cada vez que tienen un gobernante idiota que promulga una ley populista para comprar votos y voluntades, ningún gobernante posterior, por más necesario que sea, se atreve a intentar que otra ley la derogue, porque sabe que si además de la bronca que se monta en cualquier país cuando retiras mamandurrias a cualquier colectivo y la pérdida de votos que eso supone, pueden derogar la ley derogatoria en un referéndum, con lo que el gobernante queda como Cagancho en Almagro. Y para qué hablar de dictar directamente cualquier norma que pueda desagradar a alguien, que los políticos son políticos y en los países en los que el poder depende de votos ciudadanos los que además de políticos son héroes se les pueden contar con los dedos de una oreja. O sea, no se pueden tomar medidas impopulares. Es un país abocado a no progresar mas que a remolque de los demás, y a tardar más que los demás en recuperarse de las vacas flacas.

Está claro que cuando un país entra en crisis y presiente que no va a poder cumplir con las obligaciones que el estado tiene con sus acreedores y con sus ciudadanos, el gobiernos tienen que intentar invertir la tendencia tomando medidas inmediatas, y que cuanto antes las tome, antes se recuperará. Estas medidas suelen ser desagradables para todos, y si no lo son... malo, porque no saldrá bien. En el caso de que el gobierno sólo se ponga a trabajar contra la crisis cuando el fantasma de los impagos ya ha empezado a asomar la orejilla, la cosa se puede poner muy cruda porque o bien suspende pagos, como hizo Argentina en el dos mil uno, y revienta a su clase media por la vía de los hechos, o usa el derecho para ordenar de forma eficiente el desastre y organiza la austeridad de forma que el dolor sea el menor posible.

Es lo que le ha tocado hacer al gallego. Decidir. La última legislatura del felón circunflejo, que Dios confunda, constituyó uno de los mayores disparates que se han perpetrado en Europa desde que Chamberlain y Daladier consiguieron volver de Berlín con el deshonor y con la guerra, que dijo Churchill, y sus promesas incumplidas a los que tenían que poner la pasta, su inacción y su absoluta mala fé para con su país, consiguieron que estuviéramos metidos en un pozo más profundo que el que el subconsciente negro de Rajoy pudiera haber creado en sus pesadillas más negras. Y su decisión ha sido ordenar las cosas para que puedan volver a funcionar cuando cambie el viento. Lleva diez meses mandando, y, aparte de perder muchos kilos, que se está quedando en ná, ha publicado nada menos que veinticuatro Reales Decretos-Ley metiéndole mano a la práctica totalidad de los sectores y hay en diversos grados de tramitación cuarenta leyes. Vamos, que no hace nada, como dicen las tertulias de derechas.

Hemingway opinaba que un idealista es quien, partiendo de que una rosa huele mejor que una col, deduce que una sopa de rosas tendría también mejor sabor. Le podríamos añadir que, si sigue su idealismo hasta el final y pasa el resto de su vida alimentándose de sopa de rosas, además de idealista es un cretino integral. Es evidente que los constituyentes uruguayos eran unos idealistas, pero con seguridad eran también unos cretinos de concurso, porque sólo un redomado imbécil puede asegurarse constitucionalmente de que jamás se aprobarán leyes que no puedan ser apoyadas de forma expresa por la mayoría de los votantes. Sólo un imbécil o un irresponsable o un cobarde sería capaz, por ejemplo, de someter a referendum la pertenencia de su país a una organización militar, por ejemplo, la OTAN, y sólo un imbécil o un irresponsable o un cobarde podría votar en referéndum para impedir que su país se asociara con esos países cuya cultura, eficacia y prosperidad ansía.

Pues ahí tienes a Yogui y Bubu, la bicefalia del sindicalismo de subvención, a Tomás Invictus Gómez, brillante exalcalde de Parla y privilegiado receptor de las crueles collejas de Esperanza Aguirre, a Jose Ricardo Martínez, ese exconsejero de CajaMadrid, sindicalista de pro y habitual convocante de huelgas, empeñados en que se convoque un referéndum sobre las reformas de Rajoy, “un referéndum que, en definitiva, oriente al Gobierno en la senda del empleo como prioridad, el diálogo social, la defensa de los servicios públicos y el crecimiento económico” Dice el tal Jose Ricardo en su blog. Farfolladas. ¿Son unos idealistas, unos idiotas, o unos charlatanes de feria que quiere aprovecharse de la estupidez de la mayoría sociológica española?

Fíjate. A mí me da la impresión de que lo que son es, simplemente, unos infames codiciosos. ¿Recortes en sanidad y educación? ¿Reforma laboral? ¿Subidas de impuestos? Eso es lo que nos están contando, pero la reforma laboral que combaten es la que utilizan para los despidos en sus organizaciones, protestan contra los recortes en sanidad y educación aunque se limitan a cepillarse interinos, porque los interinos apiolados son, precisamente, sus enchufados. Y lo que más les duele: las subvenciones directas han bajado a la mitad, los liberados, el setenta por ciento, los dineros de la formación, los van a tener que repartir con otros profesionales de la formación. Y como no hay referendum, mañana tendremos huelga general...

A veces pienso que si eso del referendum le gusta tanto a los progres, es por parecerse a Uruguay, que es la forma de acercarse mucho a Argentina. Porque tengo claro que lo que de verdad quiere la progresía es ser como Argentina. Por lo pronto, llenarán de piqueteros las calles de Madrid.

No hay comentarios:

Publicar un comentario