“Mientras haya piedras en el campo y catalanes habrá guerra”, escribió Don Francisco de Quevedo y Villegas en 1641. Los vascos son otra cosa. Son como más nobles, como más brutotes. A lo mejor es que es verdad que su rh negativo les viene de una mayor proporción de parentes con los neandertal, pero a los vascos se les ve venir. No hay mas que fijarse en las creencias que han sustituido al catolicismo integrista entre los borrokas, que aunque ya Chesterton dijo eso de que “si dejas de creer en Dios, llegas a creer en cualquier cosa”, esa “cualquier cosa”, en los vascotes es una especie de animismo primitivo cuya figura es Aitor, el primer vasco, que nació, no lo sé, pero le pegaría, a raís de que se folló una gran piedra al principio de los tiempos y de ahí nacieron los vascos (y las vascas). Los vascos no se resistieron a los romanos, fueron los romanos los que pasaron de ellos, los que se resistieron fueron los astures y, sobre todo, los cántabros, pero los vascos hicieron el español metiéndole al latín su euskera, no se sabe si entonces era un único euskera o era una de las variantes que luego se unificaron en el euskera batúa, que es invención reciente), y luego, en todo el imperio se decía que el escribano debía ser vizcaíno.
No son los vascos, el problema han sido siempre los catalanes. Aunque suene parecido, la batalla de los Campos Catalaúnicos, en la que los restos del imperio romano y los ya poderosos visigodos pararon al “Azote de Dios”, Atila, no fue en Cataluña, sino más bien en elquintocoño. Mientras eran una marca francesa, los catalanes no daban la coña; cuando fueron parte del reino de Aragón, tampoco se hicieron notar, aunque sospecho que algo tuvieron que ver en el cambio de alianzas por las que el último rey gobernante en Aragón, Fernando el Católico, Que volvió a estar con los austrias y dejó de mirarse tierno con los franceses, tuvo que volver a echarse en brazos gabachos, y no fueron Isabel y Fernando quienes retiraron los fueros de Aragón, ni Felipe V los catalanes, sino Felipe II, por un quítame allá esas pajas (como castigo por amparar a Antonio López, primer ministro acusado falsamente de asesinato y cuyo auténtico pecado parece ser que fué pisarle la novia al rey), que la historia, en Cataluña, se cuenta de forma muy rara.
El caso es que Felipe IV, enchufado como un tonto en la Guerra de los Treinta Años, andaba mal de efectivo, tan mal, que aunque en 1627 había suspendido los pagos de las deudas españolas, después de una ligera recuperación gracias a las remesas americanas, su drástica reducción cuatro años después hizo que la pasta volviera a faltar (se volvieron a suspender los pagos españoles en 1647, con lo que al año siguiente acabó la guerra) y había mucho ejército que mantener. Una buena parte de los tercios estaba acantonada en Cataluña, y entre la falta de cash de las autoridades imperiales, y que las regionales catalanas cumplían malamente sus compromisos de mantenerlos, que no es que no participaran en la guerra como cuando los franceses intentaron quedarse con Fuenterrabía en el 38, es que no les daban de comer, los soldados cogían lo que podían de donde lo hubiera, es decir, de los propios catalanes. Y el día del Corpus de 1640, Corpus de Sangre, una banda de campesinos se cansaron y pasaron a cuchillo (o a hoz, más bien) a demasiados soldados imperiales. No parece aconsejable tocarle los pelendengues a la mejor infantería del mundo, de manera que los muy nobles catalanes acudieron a los brazos de Francia aprovechando que estaba de guerra con España.
Vale, vale, los catalanes luchaban por su independencia... pero poco; cualquiera diría que era pura y simple traición: a los seis meses de la primera gresca, en octubre de 1640, los catalanes ya permitian usar sus puertos a los franceses, enemigos de España en la Guerra de los Treinta Años que se estaba librando en ese momento, incluso llegaron nada menos que a pagar de su propio bolsillo ¡lo que les debió doler! un ejercito de tres mil franceses para que mataran españoles. ¿Por la independencia de Cataluña? nada de nada. En diciembre de aquel año proclamaron la República Catalana con sometimiento a Francia, pero eso no debió satisfacer a Richelieu, que era difícil de engañar, y una semana después, la Generalitat nombró a Luis XIII de Borbón (si, aciertas, el tatarabuelo del otro Borbón que ahora dicen que ocupó Cataluña) Rey de Barcelona con el nombre de Luis I. Independencia... ¡Manda güevos!
Lo cierto es que los catalanes no han hecho mas que joder la marrana mientras han estado en España. Como sus telares necesitaban lana barata, mantuvieron viva la Mesta hasta el siglo XIX, y la Mesta sacralizaba el dominio de los ganaderos sobre los agricultores de tal manera, que la agricultura española jamás pudo modernizarse, también con la excusa de proteger los telares, se impulsó desde el ministro catalán que siempre (¡siempre!) se ha sufrido en los gobiernos de españa, un férreo proteccionismo que impidió que la revolución industrial llegara a España. Hasta durante el denostado franquismo, Cataluña era la región a la que se dedicaban los mayores esfuerzos presupuestarios, que hasta tuvo autopistas veinte años antes que el resto de las regiones. ¿Y qué vamos a decir de los tiempos presentes? ¿que esa pandilla de provincianos siempre han apoyado al gobierno de turno para ir sacando una pasta gansa por cada voto de sus paniaguados?, porque no esperarás que se diga seriamente que han colaborado lealmente y por el bien de la nación. En fin, que mal negocio hemos hecho teniéndolos siempre tocando los cataplines y llevándoselo crudo.
Y me vuelvo a noviembre de 1640, cuando el tal Felipe IV tuvo que destinar un ejército de veinte mil soldados para empezar a controlar aquélla región, porque eso significaba que el esfuerzo bélico español se veía ya colmado, ya no podía más. Estaba claro, ese momento era el idóneo para que los caciques y caciquillos de esta desgraciada nación insistieran en las tendencias separatistas que periódicamente nos han estado jodiendo la prosperidad, que las fronteras cortas son las que mejor controlan quienes buscan sólo su propio beneficio. Y tres pelanas palaciegos portugueses lo aprovecharon. El 1 de diciembre entraron en el palacio de Lisboa para dar un golpe de estado, se llevaron por delante al Secretario de Estado, apresaron a Margarita de Saboya, que gobernaba en Portugal por delegación del Rey de España y proclamaron Rey al primero de los Braganza. El Reino de España tenía demasiados frentes abiertos, y como en lugar de arrasar el territorio que iban pillando por Cataluña, iba dejando demasiado sueltos a los que decían jurar fidelidad, se encontró con que el 24 de diciembre estalló allí otra revuelta incluso más recia que la del Corpus de Sangre, obligando a elegir entre redoblar los efectivos destinados en Cataluña o controlar Portugal.
Y Felipe IV la cagó. Se quedó con Cataluña y cuando pacificó aquello, intentó tirar hacia Portugal, pero los portugueses ya habían controlado los resortes de la zona y no pudo hacerse nada. Ya nunca pudo tener España la capital en Lisboa...
¡Con lo bien que estarían los catalanes con la frontera en el Ebro y siendo franceses de pleno derecho. Porque Francia les habría dejado hablar en catalán ¿o no? y habría destinado ingentes recursos para que Cataluña fuera una de las más ricas regiones europeas ¿o no? y ahora tendrían un maravilloso autogobierno ¿o no?. ¡Venga, coño, que se vayan!


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