Cuando leí las noticias de ayer sobre el acto de homenaje y defensa de Baltasar Garzón en la Complutense, en ese campus maravilloso, cuando fuí leyendo aquello, me horrorizé. Habían mancillado la Complutense, habían manchado de totalitarismo el Campus que tanto luchó por la libertad y por la democracia, el sitio en el que apalearon a tantos por pedir una amnistía que cuando por fin llegó (a la segunda, que la primera fué más bien una cosita cosmética) apaciguó a todos menos a los sanguinolentos y tontísimos vascos abertzales. Ayer sentí lo mismo que cuando el Gobierno de Franco nos metió a un policía uniformado en cada aula: una enorme repugnancia.Pero luego me pasó lo mismo que me pasó entonces, me pasó como cuando me fijaba en la cara de los pobres grises de las aulas tragándose una clase de Derecho Canónico o de Hacienda Pública: Me dió la risa. Me dio mucha risa cuando caí en la cuenta del porqué del aquelarre, de la escenificación, de la magnitud de las declaraciones y del cortísimo o nulo efecto que creo que va a tener toda la comedia de ayer sobre la decisión judicial: Es que se han hecho caquita y quieren aparentar que adoran al Superjuez y que morirían por él.
Me explico. Estos psocialistas gobernantes serán todo lo listos tácticos que quieras (que puede que alguno sí que lo sea, no todos, desde luego, ni siquiera la mayoría, ni una minoría significativa), pero en el fondo cualquiera diría que son muy tontos, de los de entrenamiento diario. Y si además quedan investidos de la suficiente dignidad institucional, parece que transmutan en unos idiotas que parecen artificiales de lo intensamente idiotas que son, que cualquiera los diría fruto de la creatividad de un guionista genial fabricando el personaje de tonto ensoberbecido por su posición social en una de aquellas maravillosas series de la BBC de antes de la telebasura. Y es que, cegados por su dignidad de Archipámpano de las Indias con Lazo Rojo, se les olvidó que Garzón puede ser un enfermo que, especialmente en estos momentos, necesita intensas muestras de adoración, y que, ya lo mencionaba en mi último post, dicen que tiene un más que famoso cajón que puede contener los documentos más variados que imaginarse pueda. Dicen que de ese cajón fué de donde salió el GAL cuando el Juez dejó la política activa y lo de Gürtel cuando convino, que en ese cajón está ahora lo del bar Faisán. Y parece ser que nadie sabe si tiene otras cosas, ni qué otras cosas tiene. Es el ya legendario Cajón de Porsiacaso.
Y claro, cuando le tocó hablar a la Marivice, se puso estupenda y asumió que una vicepresidenta debería ser moderada en sus manifestaciones sobre el tercer poder del estado y no podía tirarse a la yugular de los jueces como si fueran simples diputados del Pepé o periodistas de derechas, con lo que en lugar de hablar del facherío militante entre los viejarracos asquerosos del Supremo, sólo se le ocurrió decir “me apenaría que Garzón saliera así del Juzgado”, supongo que arrugando la nariz y levantando la mitad derecha del labio superior en ese mohín tan simpático y tan suyo. Error. Gravísimo e imperdonable error. Por Baltasar debería haberse mojado más. No sé si será casualidad, pero poco después del institucional comentario, la canallesca se llenó con una noticia peculiar: algunos huertos solares siguen produciendo de noche, y vendiendo la energía a precio subvencionado. En algún sitio he leído que familiares de la Vice tienen inversiones en ese sector (aunque desconozco por completo si es cierto o no).Lo mismo le pasó a la tercera autoridad del Estado, al Presidente de Las Cortes, a D.José Bono. Se invistió de autoridad institucional no partidista y sólo dijo algo tan melindroso como “me duele que el juez Garzón, que tanto ha hecho en contra de los terroristas y tan eficaz ha sido, se vea en esta situación”. Y eso no era lo que podía y debía haber dicho ayudar al Superjuez Superestrella Superdemócrata. Debía haber sido muchísimo más contundente en la defensa. Será una fatal coincidencia, pero estos días han salido diversas informaciones sobre algunos (demasiados) áticos que tiene en propiedad, por permuta o compra directa, la familia del bueno de Bono. Y había que verle sudar por el labio superior mientras explicaba que había acudido al fiscal para que le protegiera de las calumnias.
Ante esas coincidencias, s'ancagao. El Presidente de Gobierno, quizá al único que se le permitiría estar calladito ha llegado a mencionar “la valentía que el juez Baltasar Garzón ha tenido durante muchos años en la lucha contra la peor lacra de nuestro país, contra el terrorismo de ETA”, y que “esta trayectoria está siempre presente en la inmensa mayoría de los españoles y en el Gobierno de España" y a pedir “responsabilidad a los jueces”. Pero no podía acabar ahí la cosa. Han organizado deprisa y corriendo una serie de actos de desagravio y apoyo que ha empezado por el de la Complutense (y que no va a servir para nada, que los jueces son todos muy importantes, muy estupendos y muy “amínadiemetose”), para el que cada uno de los sindicatos tuvo que aportar la presencia de quinientos liberados, los prebostes psocialistas han empezado a hacer declaraciones verdaderamente subidas de tono, y hasta han conseguido que el Sindicato de la Zeja, encabezado por Almodóvar y Sacristan (supongo que éste para purgar los pecados de sus películas de sueca y gayumbos, el otro sólo por tonto) se encierre indefinidamente para defender al del mechón. Lo que sea con tal de que se cierre el Cajón de Porsiacaso.
Pero cuando algo puede torcerse, va y se tuerce: Los infames franquistas de El Confidencial, seguro que con la exclusiva finalidad de hacer daño, van y colocan en la portada de ayer mismo, con la mayor tipografía que tienen, que Chaves dijo que “Garzón es una mala persona; lo era antes y lo es ahora”. Ataque de pánico. ¡Chaves! ¡Veinte años Caudillo de Andalucía! ¡Gensanta, las cosas que podrían salir del Cajón de Porsiacaso!. Era necesario reaccionar de inmediato. Por lo pronto, el Vicepresidente Chaves había hecho constar su “indignación y repugnancia” por lo que le están haciendo al juez y dijo que “es incomprensible que se siente en el banquillo a un juez por investigar los crímenes del franquismo”. Pero como además había reconocido que quizá Garzón se pasó un poco, ha pensado que no era suficiente con eso, y como él no podía ir a una manifestación contra el Tribunal Supremo (sólo faltaba que un vicepresidente hiciera eso) ha mandado a su segundo, Gaspar Zarrías, a hacerse notar. ¡A Zarrías!, ¡Al perfecto aparatchick! ¡Al orondo caballero al que pillaron en el Senado votando con los pies para suplir la ausencia de un compañero!. Acojonao tenía que estar Chaves para mandar al Superburócrata a la fiesta. Juas, juas, juas. Menuda panda de nenazas. Es que son unos cagaos.Y aquí estamos, entre risas y lágrimas, porque el sainete en sí tiene poca gracia. Estos cagaos, estos hijosdeputa, estos tontosdelhaba han soltado al tigre. Estos discapacitados mentales que sólo buscan movilizar a su electorado, estos pomposos imbéciles que ni siquiera vivieron en la dictadura han hecho lo más profundamente torpe que podían hacer, porque lo peor del aquelarre es la resurrección a cara descubierta, sin antifaces, sin medias palabras y sin buenismos, del rencor y de la venganza, es la llamada a la toma del poder absoluto por la vanguardia del proletariado a costa del pueblo que dicen defender, es la resurrección de Pablo Iglesias gritando “El partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales, …esta aspiración lleva consigo la supresión de la Magistratura, la supresión de la Iglesia, la supresión del ejército… Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita, fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones”. Este es el ídolo de la militancia psocialista, el siniestro personaje al que dedican calles y escuelas. Estamos ante la vuelta de la violencia callejera, del miedo, de la necesidad de organizarse en la clandestinidad para defendernos de una dictadura. Cada vez tengo más dudas sobre si podremos salir de esto sin llegar a las manos o sin perder la libertad.

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