El caso es que dicen las encuestas que la mayoría del personal está encantado con la prohibición de fumar, sin darse cuenta de que se trata de un paso más en el control de los comportamientos personales. Incluso a muchísimos fumadores les parece estupendo. El otro día dieron como noticia en un telediario uno de esos asaltos de cámara y micrófono a viandantes que hacen en las televisiones, la de un par de chonis de escotazo y piercings en los labios encantadas de salir en la tele diciendo que era buenísima la prohibición, que eso le iba a ayudar a dejar de fumar y que les parecía muy requetebién. Me pregunto por qué coño no han dejado antes tan malsano vicio si lo único que necesitan para ello es que les impidan hacerlo en sitios determinados. Es como si se aliviaran porque los poderes públicos van a impedir que se ganen unas lúas porque se imponga obligatorio el uso del preservativo y la exhibición de los oportunos certificados médicos antes de encamarse con el maromo que acaban de conocer y apunta maneras, sin darse cuenta de que ahora mismo están en condiciones de evitar pillarse el mal francés poniéndole un gorrito a cualquier cilindrín que se les acerque.Porque creo que lo malo de este asunto ya no es que los poderes públicos piensen que somos idiotas menores de edad y sin conocimientos suficientes para tomar las decisiones que más nos convienen, que decidan con quién puedes establecer una .relación jurídica y las condiciones que se pudieran acordar al efecto cuando se trata de prestación de servicios en un local del que un empresario, jugándose su patrimonio, es pacífico poseedor, que si cualquiera es libre para comprarse una faja de ballenas, comerse lo más picante que sirvan en un mejicano o arriesgarse a quedarse ciego soplando espirituosos en el Bar El Colonio, de afamado garrafón, también es libre de no hacerlo y ahí está el riesgo del comerciante, porque cuando nadie compre la garrafa, nadie venderá la garrafa, es decir, que tendrá que elegir si cierra o pone buenos destilados. Si mucha gente entrara sólo a bares de no fumadores, habría bares de no fumadores. Pero a los no fumadores, en general, les importa un bledo que el tajao que tienen sentado a su derecha se esté fumando un Camel, un porro, un cigarrillo de chocolate o un manojo de alfalfa enrollada en el Marca, igual que le importa un rábano que la pareja que se besuquea en el parque vaya a acabar en el sofá del piso sin tiempo para comprar condones. Porque tampoco le preocupa que en un futuro próximo puedan ser ellos los destinatarios de los cariños del besucón que puede haberse pillado unas calandracas por la falta de preservativos, que para eso llevan siempre dos o tres encima, ni que el humo del tabaco les pueda perjudicar como fumadores pasivos porque piensan que tan malo o peor es aspirar el humo del autobús o porque no se creen lo del tabaquismo pasivo. Al fin y al cabo, si el humo del tabaco les llegara a los fumadores pasivos con la intensidad que dicen los talibanes, todos deberían estar enganchadísimos a la nicotina. Y casi como que no es así.
No. Lo malo no es eso, lo malo es que esos no fumadores que entraban por su propia voluntad a locales con humo hayan recibido alborozados la prohibición. “Es que ahora entras a un bar y puedes llenarte los pulmones de aire limpio” dicen con evidente e intencionado olvido de que la peste a fritanga la enmascaraba el farias del parroquiano. Pues mira, para respirar aire limpio, lo mejor es irse al centro de un parque amplio o subirse a sietepicos. Si lo que pretendes es castigar el hígado apretándote dos cubatas y el cerebro con un par de rayas de coca mientras te convulsionas al ritmo que marca el diyey, tampoco te va a pasar nada si respiras aire con humo. Lo malo es que todos, fumadores y no fumadores hayan aceptado de buen grado que el gobierno se haya arrogado la potestad de cuidar preventivamente la salud de los ciudadanos, aunque sea contra su voluntad. ¿Qué será lo siguiente? ¿hacer obligatorio el uso del condón para evitar la sífilis? ¿incitar a los verduleros de barrio a denunciar a los vecinos que les compren poco porque pueden estar favoreciendo el cáncer de colon?. “Es que provoca mucho gasto en sanidad”. Bueno. ¿Y qué? Para eso está la sanidad, para curar a los enfermos ¿o es que no cuida a los que se pillan el dengue en un viaje voluntario a Thailandia?. Y además, ¿no habíamos quedado en que el tabaco mata, que acorta la vida?, pues digo yo que eso será bueno para el país con el problema de pensiones que tiene ¡Vaya pastón que se ahorra la seguridad social con las pensiones que no tiene que pagar a los fumadores que cascan prematuramente!
Y las razones que nos vienen dando el personal es la muestra palpable de que en este país de mierda no cabe un tonto más. “Estoy harta de llegar a casa y tener que airear la ropa porque apesta a tabaco” dice una con evidente aspecto de albergar feraces colonias de bacterii pestiferae en los sobacos. “Es que es peligroso para la salud”, dice otro terminando su bocadillo de panceta con el colesterol chorreando todavía por las comisuras de la boca. Si, y correr en San Fermín también entraña peligro, luego habrá que exigir un carné o, mejor, prohibirlo. “Es que estoy harto de tomarme un café teniendo que tragar el humo del tío de al lado” Pues búscate un bar donde no dejen fumar, capullo, ¿Qué es eso de querer prohibir las actitudes que te molestan? también me molesta a mí el tonillo de sobrao que te sale al hablar, la música Trance y el olor a pachulí y no estaría dispuesto a apoyar que lo prohibieran. “Es que quería ir de cañas con unos amigos fumadores sin tener que aguantar el humo”. ¿Lo ves, chaval? ¿te das cuenta de que eres imbécil? ¿piensas que ahora tus amigos fumadores van a estar tan contentos como tu y que las cañas van a ser igual de divertidas? ¿Qué te apuestas a que ahora empiezas a quejarte del frío que pasas en la puerta del bar mientras tus amigos salen a fumar?De todos los ejemplares de defensores de la prohibición, el que más imbécil me parece es el pureta enterao. “Se trata de una cuestión de Salud Pública, hay que pensar en los no fumadores y en los camareros” dice con la voz impostada y poniendo los ojos en blanco del placer que le produce considerarse defensor de los más altos valores. Pues no, listo, ¿a que tu votas a Zeta? Deja que los no fumadores se cuiden a sí mismos y que los camareros conserven su trabajo. El cuidado de la salud pública es otra cosa. No estamos hablando de una epidemia, que en todo caso tampoco podría combatirse con prohibiciones. Es necesario clorar el agua para hacerla potable y eliminar el cólera, si, pero cuando hay gripe no se obliga a los enfermos a quedarse en casa para no contagiar a pesar de que la gripe común mata bastante gente todos los años y dispara el abstencionismo laboral; nadie obliga a vacunar a los niños, pese a que todos los años se generan gastos sanitarios por sarampión, las secuelas de la polio originan ingentes gastos para las necesidades de los que son minusválidos por no haberse inmunizado; si no quieres tratarte una tuberculosis, la sufres, mueres y nadie te dice nada, ni te prohíben siquiera meterte en el metro en hora punta ¿o es que apoyas también que esas cosas se regulen?. ¡Salud Pública...! el tabaco molesta y puede causar daño, como la música a todo trapo, como salir a la calle en invierno a echarse un pitillo, como el alcohol, como conducir, como follar sin condón, como participar sin entrenamiento en las carrerras populares...Y encima nos ponen una ley de muerte digna que nos va a permitir elegir nuestra propia muerte... siempre que no sea de fumadorpasivismo, claro.
A muchos les parece bien prohibir, les parece bien que el gobierno meta mano en sus preferencias, les parece bien que decida por ellos con quien celebran contratos, que decida qué pueden y qué no pueden ver sus hijos. Lo que sea con tal de no que tomar decisiones por sí mismos. Y a muchos otros les parece mal, pero ahí estamos, calladitos, sin molestar, sin crear conflictos, acojonaos. Y las pocas decenas de insurrectos que se niegan a acatar la prohibición, tan heroicos como Cascorro, van dispuestos a inmolarse defendiendo sus negocios. Y los demás veremos su fin en avergonzado silencio. Callados frente al totalitarismo prohibicionista de estos pájaros que han decidido que saben lo que nos conviene mejor que nosotros mismos. El pueblo insurrecto de Viriato, de Indíbil y Mandonio, de Don Pelayo, el que alimentó con orgullo, valor y sangre a los Tercios que dominaron el mundo puede que siga por ahí, pero está callado como una puerta porque se ha vuelto cobarde, que desde el palizón de Rocroi nada ha vuelto a ser lo mismo.No lo dudes, esos puretas que aplauden que se prohiba fumar y que los niños vean cómo se fuma y que te denunciarán si te ven hacerlo en un local o al lado de un columpio, son los mismos que te denunciarán por contrarrevolucionario cuando empiecen a aparecer fascistas bocabajo en las cunetas, los mismos que te privarán de la custodia de tus hijos si los intentas educar en lo que ellos consideren reaccioario. Lo recordó Pérez Reverte: a Anna Frank la denunció un vecino cuando bajó de su escondite a fumar en un café

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