miércoles, 2 de febrero de 2011

Como en el noventa y seis, pero a lo bestia (i)

En el año noventa y seis España estaba quebrada. Desde hacía tiempo se sabía que González se había quedado sin ideas y sin fuerza moral, que no es que no hubieran sabido gestionar la crisis del noventa y uno, es que la habían agravado con los gastos, derroches y despilfarros del noventa y dos. González ganó por la mínima las elecciones del noventa y tres (“he entendido el mensaje...”) con la ayuda inestimable de un tenebroso Rubalcaba moviendo los finos hilos de la propaganda, la persecución de los críticos y la movilización de sus soportes clientelares con el spot del Dóberman, pero en el noventa y seis no lo pudo evitar.

Sin embargo, a pesar de los cuatro millones de parados, a pesar de los escándalos de corrupción del Banco de España, de la Guardia Civil, del BOE, de la Cruz Roja, de..., a pesar de los crímenes de estado desvelados por El Mundo, a pesar de las tres devaluaciones, a pesar de las subidas de impuestos, a pesar de una inflación que triplicaba la media europea, a pesar del diferencial de ocho puntos en la colocación de la deuda y en el coste de los créditos a las empresas, a pesar de que no cumplíamos ni uno solo de los criterios de Mastrique para entrar en el Euro, a pesar de todo, el Pepé no consiguió la mayoría absoluta.

Para poder gobernar, Aznar tuvo que ponerse a hablar catalán en la intimidad y entregar a Pujol la cabeza de Vidal Quadras antes de poder siquiera empezar a negociar su apoyo a las brutales medidas de ajuste que eran necesarias para enderezar la economía y que, entre otros ahorros incluían una congelación de los salarios de los empleados públicos por la que le estuvieron insultando hasta mayo de dos mil diez. Lo consiguió. Con los ajustes y con las privatizaciones de las poderosísimoas empresas públicas.

El último acto de gobierno de aquellos psocialistas en retirada fue un acuerdo que se obligó a Telefónica, presidida por uno de los de puño cerrado y el carné psocialista en la boca, a suscribir con Sogecable y que le otorgaba la exclusividad en uso de la red telefónica para el transporte de datos. Deshacer aquello fue lo primero que hizo Aznar. En silencio y sin filtraciones. Luego se puso con las reformas estructurales, consiguiendo cada una de ellas con un apoyo de CiU pagado a precio de oro, pero con el psoe aún controlado por González y su camarilla, manteniendo un cierto sentido de estado y sin fuerza suficiente para oponerse en la calle a unos ajustes que el personal aceptó como inevitables.

Hoy España está igualmente quebrada. Desde hace tiempo se sabe que Zapatero se ha quedado sin ideas y sin fuerza moral, que no es que no haya sabido gestionar la crisis del dos mil siete, es que la ha agravado con los gastos, derroches y despilfarros de la negación de la crisis con la pamema de lo de la Championslig de la economía, con los dos mil quinientos lereles por niño, con los cuatrocientos en el ierrepefe, con las aceras y rotondas del Plan E, con las subvenciones estúpidas a causas ridículas. Zeta ganó por la mínima las elecciones de dos mil ocho con la ayuda inestimable de un partido y unos medios unidos como una piña alrededor de la acusación de antipatriotismo a quienes decían que el crunch crediticio y el consiguiente frenazo en la venta de viviendas implicaba la caída en la Gran Crisis. pero en el dos mil doce no lo podrá evitar.

Los cinco millones de parados, la dantesca destrucción de tejido empresarial, la desconfianza internacional hacia la economía española, la dificultad para colocar en el mercado una deuda que necesitamos para poder pagar el paro, las pensiones y los sueldos de los funcionarios, nos ponen en un riesgo cierto de caer en el más sonoro default que podamos imaginar, y eso es pobreza y paro. El desastre sólo lo podemos evitar imponiendo medidas de ajuste duras, durísimas, y ajustes económicos estructurales que convenzan a quienes nos tienen que prestar el dinero de que con la disminución del gasto y un relanzamiento económico que genere más ingresos vamos a controlar el déficit y vamos a poder devolver la deuda.

Pero este partido radicalizado no se lo va a poner tan fácil a Rajoy como González se lo puso a Aznar. Si funcionó la agitación del 11M, hay que preparar las cosas para que pueda haber más agitación aún durante los años que gobierne el Pepé. Y eso sabe hacerlo muy bien este partido traidor al que sólo le interesa mantenerse en el poder que aún dirige ZP. El propio Adolescente lo está dejando todo muy bien preparado, tanto, cualquiera diría que está asesorado por el pérfido Rubalcaba.

Para evitar que fuéramos intervenidos en mayo pasado fue necesario adoptar medidas terriblemente impopulares, pero fíjate, fueron medidas coyunturales que se agotaban con su propia ejecución: congelaron las pensiones, castigaron a los funcionarios con una reducción salarial y eliminaron el cheque-bebé; la suma total del ahorro no llega ni a lo despilfarrado con el Plan E. El resto de las medidas, las estructurales, las que servirían para que la economía pudiera funcionar a medio y largo plazo se quedaron en agua de borrajas, piensa en ello, ni siquiera tu te acuerdas qué otras cosas se anunciaron aquel 12 de mayo. Te lo voy a recordar: se iba a reducir la inversión en infraestructuras. No las subvencionas a los de la Zeja, ni los coches oficiales, no. Se iban a reducir las infraestructuras. Y acaban de inaugurar un nuevo aeropuerto en león con un (1) vuelo semanal.

Para calmar a los prestamistas fue necesario también meterse en una reforma laboral mil veces aplazada, pero las expectativas quedaron frustradas y su concreción se fue limando hasta quedar en una frustrante nadería que se desarrollará en un Real Decreto que parece que la va a dejar sin contenido relevante.

Y ahora, con los mercados soliviantados de nuevo, que si se calmaron un poco nunca dejaron de achuchar, y con la amenaza de intervención que vuelve a estar donde solía, le ha tocado el turno a las pensiones y al momento de la jubilación. Las cosas se pondrán en marcha poco a poco, para que no duelan, la edad de jubilación irá aumentado suavemente año a año y las pensiones se calcularán conforme a más tiempo de cotización (por cierto, ¿sabías que fue González quien pasó el periodo de cálculo desde dos hasta quince años?)

¡Qué pandilla de ingenuos somos los españoles! ¡Menudo hatajo de bobalicones! Ahora hay gente habitualmente respetada y respetable que va diciendo por ahí que ese que vino a gobernarnos subido en los trenes de Atocha está dispuesto a inmolarse por el bien de España y pasar a la Historia como Zapatero el Reformista, el Gran Hombre que supo asumir una derrota electoral con tal de adoptar unas medidas tan impopulares como necesarias para sacar a su país de una terrible crisis que habían provocado los malvados especuladores y los más malvados aún “mercados”. ¡qué tropel de tontainas!

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