lunes, 21 de marzo de 2011

Contradicciones

Llevo una temporada intentando aclararme sobre cuáles son las peculiaridades que llevan a un ser humano, aparentemente racional, a convertirse en un progre, cuáles son las notas distintivas de esa subespecie, qué cualidades hacen que una persona pueda instalarse en ese estado autocomplaciente de la progresía por el que llegan a convencerse de que son ellos quienes saben lo que nos conviene a nosotros y que es su deber llevarnos a la felicidad incluso contra nuestra voluntad. Hasta ahora había detectado varias características que aparecen en la inmensa mayoría de los progres contemporáneos, como la ínfima capacidad de crítica, el respeto fervoroso a las falacias, la afición a dar o recibir promesas demagógicas o la peculiar y masoquista afición a ver cine raro, no sí si bueno o malo por eso de que los críticos son casi todos progres y califican ese cine como cine de calidad, pero sí sé que cuanto más insufrible, tediosa o amarga es una película, más estrellas tiene su crítica y más gente con esa peculiar estética de los tejanos, pisacacas y afeitados escasos se ven en la puerta del cine.

El caso es que no sé si leyendo unas declaraciones de Bono sobre la agresión al Consejero de Cultura murciano o a viendo por la calle a una mujer con el pañuelo en la cabeza que seguía respetuosamente a quien presumiblemente era su marido y me ha recordado que la fiesta del cordero -Aid al Adha- o pascua musulmana se ha celebrado gozosa y especialmente en Cataluña y en Ceuta y Melilla, donde ha sido incluso fiesta oficial este año, me he dado cuenta de uno de los requisitos necesarios para alcanzar un cierto nivel progresí es la resistencia a la contradicción. No la resistencia que evita la contradicción, no, sino la incapacidad para detectarla o, en caso de ser consciente de ella, la capacidad de evitar que te haga pensar y replantearte las cosas. Si no eres capaz de soportar a pie firme cualquier contradicción en la que puedas incurrir, no eres ni serás jamás digno de entrar en el paraíso progre, en esa arcadia feliz en la que se puede decidir por los demás, elegir por los demás, saber que les conviene a los demás o, ya puestos a las malas, decidir quienes de esos demás están necesitados de un proceso de reeducación o quienes tienen una actitud suficientemente insolidaria como para que no pueda dejarse en sus manos la educación de sus propios hijos.

Me explico. Cuando alguien es medianamente sensato tiende a sufrir no sólo por las estupideces que aprecia a su alrededor, sino también, y muy especialmente, por los errores que uno mismo comete. Probablemente, lo más desconcertante para ese individuo razonable es descubrirse en contradicciones internas. El ejemplo prototípico es el del insistente defensor de la libertad individual y de conciencia que tiene que decidir cuánta actividad tolera a quienes abiertamente proclaman su intención de tomar el poder para eliminar esa misma libertad. Con cada solución que le pueda dar cualquiera que defienda que las libertades de pensamiento, de cátedra o de expresión son sagradas entra en una dolorosa contradicción, incluso si se limita a reprimir las conductas violentas, la contradicción nacerá inevitablemente cuando se vea obligado a decidir si tolerar o no las voces que tacharán de crimen de estado la represión de aquella violencia: si las tolera, por no defender la libertad con la suficiente convicción y ponerla en clamoroso peligro, si no las tolera, por limitar una manifestación extrema de la libertad de expresión. En fin, que las contradicciones existen, son difícilmente salvables y extremadamente dolorosas para quien las padece.

Eso sí, el dolor de la contradicción sólo se produce en la gente sensata y razonable, en aquellos que intentan obrar de forma que pudieran llegar a ver bien que la norma de su conducta llegara a ser la norma de conducta universal. Pero no todo el mundo es así, no. Hay montones de individuos a quienes esas cosas ni se les pasan por la cabeza, millones de personas en Estepaís que ni siquieran rebuscan en su mollera para detectar las contradicciones, o sea, que son capaces de defender una cosa y la contraria, incluso de forma simultánea, sin enrojecer, sin que se les escape ni un parpadeo ni una risita, sin rascarse siquiera la nariz. Cuando veas alguien así, no lo dudes: es progre.

A ver. Un progre como Bono puede decir que peor aún que la agresión sufrida por el consejero murciano son las calumnias que espetó a los prebostes socialistas al hablar de su inacción para limitar el tono de las imprecaciones que venía sufriendo o la incitación a la violencia que había provocado la proclamación de la “Caza del Consejero” por las más altas personalidades socialistas regionales; y esa reflexión sobre la gravedad de unas afirmaciones calificadas como calumnias puede hacerlas, sin pestañear, el mismo pájaro que se inventó una inexistente agresión en una manifestación por la que fueron detenido y sufrieron pena de telediario dos personas inocentes que fueron expuestas a la pública vergüenza como militantes del Pepé. Bono es un buen progre.

Sigo. A la inmensa mayoría de los progres les repugna el maltrato animal hasta unos límites que hasta han presentado alguna proposición de ley por la que se pretendía que los simios tuvieran los mismos derechos que los humanos, y aunque aquello se desechó después de la ola de cachondeo que se levantó, no han parado de promulgar leyes de protección animal, de agravar las sanciones a quienes los maltraten y de reglamentar todo lo que tuviera que ver con los bichos. Han llegado hasta a aplaudir la prohibición de la fiesta de los toros en Cataluña (en la que el toro muere con sufrimiento pero en instintiva lucha con el torero después de ser casi el único animal que vive feliz y bien tratado en toda España), y, aquí viene la primera contradicción animal, también han aplaudido la no prohibición de los correbous o toros de fuego de los pueblos catalanes. Pero a pesar de tanta comprensión animal, de tanta legislación para proteger a los bichos, no solamente están encantados, es que exigen que se respete la fiesta del cordero de celebración del fin del ramadán y exigen que los musulmanes puedan comprar carne Halal. En España.

Es decir, que para redondear la contradicción multiculti se ven obligados a hacer la vista gorda con los mataderos Halal, en los que los animales son sacrificados a mano y sin aturdimiento previo pese a la obligación legal, y siguiendo el método dhabihah, se les hace una incisión en el cuello para cortar la yugular y se deja que se desangren. Es absolutamente importante que pierdan la sangre por las “convulsiones naturales” de la agonía. Por supuesto, a los que en otros momentos defienden con uñas y dientes los derechos de los animales, a los que les parece obligado prohibir los toros en todas partes, les parece estupenda esta forma medieval de sacrificio porque es una manifestación de una cultura que debe respetarse y no se plantean que pueda ser contradictorio.

Y ahí están. Calladitos cuando en Venezuela, Bolivia o Cuba alguien se mueve para denunciar la falta de libertad, pero encantados haciendo declaraciones sobre el supuesto clamor por la democracia del pueblo árabe (bonito papelón el de Zapatero cuando se fue a ver al tunecino...). Impulsando la multiculturalidad mientras impiden que la UE condene el asesinato de cristianos. Echando pestes contra el denunciable y próximamente proscribible derechismo de la interné por lo que llaman “crispación” y deseosos de salir en La Noria, ese programa de debate sosegado protagonizado por esos modelos de tolerancia y diálogo que son los directivos de la tele felipista Maria Antonia Iglesias y Enric Sopena. Exigiendo la carcel para Camps por dos trajes y haciendo la vista gorda por los setecientos millones ¡más de cien mil millones de pesetas! desviados en Andalucía, clamando por el cese de Nacho Uriarte por soplar en su despedida de soltero y luego coger el coche y manteniendo orgullosos en sus cargos a Leire, pillada en lo mismo que el de NNGG y a Chusito, condenado por sobarle el hocico a su mujer con una plancha. Ahora quieren impulsar una Ley de Igualdad de Trato para sancionar, no sé aún si con la cárcel, a quienes cuenten chistes machistas por considerarlos menosprecio de género, pero disculpan en público y seguro que se regocijan en privado de que cincuenta activistas se empelotaran en una capilla universitaria ¡habría que dejarlas tal cual en la M30, entre el Tanatorio y la Gran Mezquita! ¡a ver si hacen las mismas risas con el Coran!. Francamente, hay que ser muy raro para poder pensar, decir y hacer lo que estos pollos piensan, dicen y hacen

Y ahora renacen los del “No a la Guerra”, pero con el “Sí a la Guerra”. Con dos cojones, sin despeinarse ni sentir que están en medio de otra contradicción.
- Coño Gato, es que Gadafi es un dictador.
- Y Sadam Hussein un líder elegido democráticamente ¿no?
- Pero Gadafi está atacando a su pueblo y nuestra misión es liberarlo.
- Igual que pasaba con Sadam ¿pero qué es eso de su pueblo? Eso es una sublevación de unas tribus contra otras para conseguir el poder. Y la diferencia entre las masacres populares de Gadafi y las de Sadam y Alí el Químico contra los Kurdos está en que los rebeldes libios tienen hasta cazas de combate (el otro día tumbaron un Mig 23 de los rebeldes) y a los kurdos los gasearon.
- Mira, Gato, nosotros sólo intervenimos cuando lo ordena la ONU, y la Resolución 1973 tiene el mandato de crear una zona de exclusión aérea y proteger a los civiles.
- Eexactamente igual que la que había sobre Iraq cuando Bush intervino, y además había otra ordenando que se permitiera la inspección de las instalaciones militares iraquíes y Sadam lo impidió a pesar de las advertencias y amenazas de la propia Resolución. España sólo envió soldados a Iraq cuando lo ordenó expresamente la ONU para participar en la reconstrucción, no como pasó cuando González envió aviones y tropas a Kosovo con la OTAN que comandaba Solana y con la ONU en contra.
- Es que lo de Kosovo lo impidió el veto de Rusia, que iban con los malos.
- Y lo de ampliar la intervención en Iraq lo vetaron Rusia y Francia que se estaban aprovechando de la corrupción aquella del “Petróleo por Alimentos”. Además Chiraq quería cobrar las instalaciones nucleares que le había vendido a Sadam. Pero allí sólo hubo soldados españoles a partir de que la ONU dijera que había que mandarlos.
- La guerra de Iraq la empezó Bush, que Allah confunda, para quedarse con el petróleo iraquí.
- Y ahora va a resultar que Libia no tiene petróleo, ni es el petróleo la razón determinante de la intervención. Anda que si vamos a ir allí sólo a defender los intereses estratégicos franceses como parece ahora que estamos haciendo...
Entonces suelta la bomba dialéctica, el argumentazo del Gran Pepiño, sólido, elaborado y convincente como sólo puede serlo un icono de la propaganda progre.
- ¡Pero ahora no salimos en “La Foto de las Azores”!
- Pues no salimos, no, grandísimo tontolculo, ahora no salimos porque no pintamos nada. ¿Sabes quién es el que sí que sale pidiendo la intervención aliada? pues Marruecos. Si, Marruecos, que se ha afianzado como gran aliado de los Estados Unidos de Obama en el Mediterráneo occidental. A pesar del acontecimiento planetario, a pesar del desayuno de oración, Obama prefiere al moro antes que a un cantamañanas veleidoso con un ojo puesto en las encuestas y el otro en el Calentamiento Global. Es que puestos a cagarla no hay quien mejore lo vuestro. Sois una máquina de hacer las cosas mal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario