miércoles, 23 de marzo de 2011

La guerra de Libia

- Que no, Nicolás, que no puedo hacerlo. Tengo elecciones dentro de nada, y con un quince por ciento de los votantes musulmanes religiosos o culturales no puedo hacerlo, con todos los turcos de mi casa votando o hablando con los votantes no puedo.

- Es que no tienes que hacerlo, Angela. Tenemos la excusa perfecta. Con unas imágenes de las revueltas, un par de presidentes defenestrados y unas decenas de muertos, llevarnos Libia por delante, dividirla y conseguir el control y la influencia en esa zona que se nos está yendo de las manos es pan comido. Lo que tienes que hacer es no vetar. No te estoy pidiendo que apoyes nada, sino que te abstengas. Y luego ya veremos, pero, por ejemplo, puedes retirarte del operativo con gran repercusión mediática, eso te devolvería los votos que pudieras haber perdido y te dará muchos más.

- Y de paso tu le quitas bastantes votos a tu Frente Nacional... ¿Y Barak qué dice?

- Pues que también tiene elecciones el año que viene y que muchos de sus votantes verían mal que se quedara sin hacer nada en un conflicto internacional en el que hay muchos intereses americanos e israelíes en juego, pero que muchos otros verían peor que se descalabrase como en Iraq o Afganistán o, peor aún, que pudieran darle a un niño estando un fotógrafo cerca. Y que, como además tiene el Nobel de la Paz, ha prometido acabar con las guerras y salen por una pasta que no se atreve a cobrar a sus contribuyentes, está dispuesto a dar la cara de impulsar la actuación porque al fin y al cabo, el castigo a Libia ya está en el Himno de los Marines que todos los niños saben cantar (From the Halls of Montezuma/To the shores of Tripoli/ We fight our country's battles/ In the air on land and sea), pero que se quedará en segundo plano empujando discretamente lo que pueda desde allí.

- ¿Y los demás?

- Convencidos. Todo está ya hecho: Mohamed apoyará todo lo que diga Barak por eso de que quiere que sepa que es su fiel socio de referencia en esa parte del Mediterráneo y que aunque tenga ya los fosfatos, quiere también las dos ciudades ocupadas; si además le empujo yo un poquito, estará dispuesto a pedirnos que intervengamos y a ofrecerse como fuerza de interposición entre los trozos que hagamos de Libia por eso de que su influencia en el Magreb aumentará lo suficiente como para dejar Argelia entre sus dos manos (lo que a nosotros nos viene de perlas, porque para pararlos, Buteflika nos tiene que dejar todo el gas que necesitemos); los Jeques, viendo que los chiíes de Irán han olido la sangre de Hosni y Ben Alí, no les llega la chilaba al cuerpo, así que harán lo que les digamos con tal de tener nuestro apoyo, y Silvio nos deja su casa para lo que queramos, aunque se verá obligado a protestar un poquito para distraer su patio, que lo tiene revuelto. También está el pobre Jose Luis que sólo vive para hacerse fotos con nosotros, y si Barak le anima un poco y nosotros le decimos que es para liberar al pueblo libio y le proponemos una foto entre nosotros dos en las Azores, las Bermudas o las Chimbambas, es capaz hasta de poner barcos, aviones y soldados para lo que queramos disponer. Sólo falta que tú, Angela, te abstengas y no lo estropees todo, que Vladimir se va a quedar callado viendo que una fulminante subida de los carburantes le va a llenar los roídos arcones con la subida del precio de sus ventas desde el Caucaso.

- Está bien, Nicolás. Me abstendré, pero luego me retiro con gran alharaca y allí os dejo a tí, a ese pobre español y a los demás que puedas engatusar. Y ya hablaremos de las instituciones europeas...

- Muy bien Angela. Hablamos de ello cuando tengamos un rato. Y dale una colleja de mi parte a tu comisario por lo del apocalipsis nuclear. Un abrazo.

-Adios Nicolás. Ya se pondrán en contacto nuestros técnicos de asuntos europeos con los vuestros. Un abrazo..

No ha sido así, pero a lo mejor se le parece. Me temo que esta conversación puede ser como uno de los antecedentes de lo que ha desencadenado nuestra entrada en la aún no reconocida Tercera Guerra Mundial, en la que nuestros enemigos –ellos si saben que son nuestros enemigos y que están en guerra contra nosotros- deben estar asistiendo atónitos al cúmulo de despropositos que llevamos demasiados años cometiendo.

Es que hasta el ahora denostado Gadafi, demostrando que siempre ha sido un auténtico outsider, se fue de la boca: “Europa caerá, no por las armas, sino por el vientre de nuestras mujeres”. Y saben que van ganando, que por lo pronto ya nos han colocado los locales en los que organizar sus enseñanzas en nuestras ciudades ¡pagados por nosotros! y para ello les ha bastado con llamarlos “escuelas”, que en todas partes tienen barrios en los que se les respeta la aplicación de sus leyes, que se les permite mantener sus costumbres poligámas y les pagamos a tres de sus mujeres por considerarlas madres solteras, que pueden vejar nuestra religión con el aplauso de la mitad de nosotros, que no nos permitimos bromas con la suya, que no tienen que respetar aquellas leyes que van contra su libro, que les permitimos llegar a nuestra tierra en oleadas, les permitimos establecerse incluso infringiendo nuestras leyes, les damos sanidad, cultura y espectáculos absolutamente gratis, tenemos que contar con ellos porque ya son muchos votando, aunque todavía no sean suficientes. Y así, todo lo que una quinta columna pudiera requerir para asentarse firmemente entre sus enemigos.

Y ahora, cuando la primera fase de las hostilidades comienza, todo lo que hacemos con nuestro impresionante capacidad de defensa y ataque es el más espantoso de los ridículos. Después de que nuestros líderes proclamaran a los cuatro vientos que Gadafi se tenía que ir como se han ido otros dos mandatarios prooccidentales en Túnez y Egipto, resulta que ni siquiera la finalidad de los ataques es la de derrocar a esa especie de Drag Queen que es el que fuera presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, y cuando nos ponemos a ello, cuando ya hemos empezado a soltar fuego contra el malvado Gadafi para proteger a su pueblo, no hay quien mande en ese ejército de sainete y risa, ni quien quiera mandarlo. Y los malos, descojonándose de nosotros.

Francia, que fue quien empezó la fiesta, está calladita a ver qué pasa. La OTAN no puede coordinar nada ni mandar nada porque tiene el veto de Turquía, que es más o menos de la cuerda de los malos, y de Alemania, en donde votan muchos de los de esa misma cuerda, Estados Unidos no quiere intervenir porque su Jefe, Barak Hussein Obama, que si no es también de la cuerda (vaya tela de reverencia le soltó a un Jeque Saudí), ha dicho demasiadas veces que lo suyo es la paz y no quiere ponerse a gastar el pastón que cuesta eso y que tendría que arrancar de los bolsillos de los que pretende que sean sus votantes. España no dice nada, pero ahí está, sin ser consciente todavía del principio internacional de que “quien rompe, paga”, o sea, que el que se lleve por delante la gobernabilidad de un país, está obligado a mantener el orden y la seguridad de los negocios de los que no han roto nada. Y eso es carísimo.

De repente, la progresía está viendo romperse una de las pocas armas que le quedaban para dañar a la derecha: el “No a la Guerra”. Todos sus afanes están puestos ahora en negar que lo sea, en convencer de que no es como Iraq, en demostrar que Zapatero no es un genocida como Aznar. Las hordas mediáticas lo tienen claro: no hay guerra, es una “intervención humanitaria”, no hay fotos de niños heridos, no hay videos de misiles llegando a los blancos, no hay listas de abajofirmantes; por si acaso, ya van hablando de escudos humanos, de partidarios de Gadafi que acampan junto a las baterías antiaéreas y los palacios del dictador, de la barbarie de su ejército con los civiles, del sufrimiento de las tribus rebeldes. Silencio. Libia no es Iraq. Estamos defendiendo al pueblo. Silencio.

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