Lo ha dicho Enrique Gil Calvo en El País: "si alguna catástrofe no lo remedia, el fatalismo de los españoles determinará el 20-N la mayoría absoluta del PP". Si a eso le unimos la peculiar personalidad del candidato, ya se llame Alfredo Manostijeras como para González Pons, Freddy Krueger para alguien menos pureta o Rub-Al-Caba para quienes aún quieren seguir sabiendo lo que pasó, y que, además ha dicho delante de unos miles de arrobados fieles que no está “dispuesto a dejarse ganar”, la cosa es de preocuparse.No sé si has caído en la cuenta, pero desde el año 2000 no hemos podido elegir en paz quién gobierna España: si en 2004 ZetaPe se bajó de los trenes de Atocha para entrar en La Moncloa, en 2008, al final de la campaña de la no-crisis, lavando el pecado de las negociaciones con ETA, le tocó base ser asesinado a un pobre socialista de en lo que funcionó como purgación absolutoria por el sacrificio simbólico de los que calificaban a los asesinos como “hombres de paz”, para que su hija, fervorosa militante, pudiera animar a todos desde las portadas de la jornada de reflexión a ir a votar por la memoria de su padre y en defensa de la democracia.
En la introducción a su biografía del Conde Duque de Olivares, Marañón se explaya sobre el deseo de poder. Mantiene D.Gregorio que al poder se suele llegar como cumplimiento del instinto de superación, es decir, el poder es consecuencia de la superación personal, pero que hay algunos hombres que “ansían el poder, pero no como fin, sino como medio, como mero instrumento para el logro de grados superiores de superación”, aunque “en otro grupo de seres humanos el mando es, por sí mismo, el fin de su instintivo afán: mandar por la fruición pura de mandar, como el avaro ama el oro por el oro: por el gusto de oírlo sonar en su bolsa”.
Dentro de ese grupo de “avaros del poder” es donde afila el colmillo el peligroso Rubalcaba. Si el pobre Zapatero en su delirio pensaba que debía alcanzar el poder para cumplir una misión trascendente a pesar de lo evidente que resultaba que toda su actividad giraba en torno a la conquista o el mantenimiento del poder, este pérfido candidato parece del todo consciente de que se trata de mandar por mandar, del poder por el poder, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
Porque si no es así, oiga, no me explico de qué van sus propuestas. Vale que Zeta, Pepiño y Caldera fuera un trío que parecía de broma, capaces de creer en la bondad de sus ideas de barra de bar, pero el señor Rubalcaba, antes Alfredo, antes Pepunto, antes Perez Rubalcaba, sabe que hay ideas que no pasan de ser sandeces que sólo sirven para engañar, y durante no mucho tiempo, a la parte mas torpe, envidiosa o simplemente inculta de la sociedad. Y sabe también que gracias a su propia labor como Secretario de Estado de Educación implantando la LOGSE), y a la de Zapatero reanimando la envidia como arma contra los asquerosos y ricos empresarios (ahora hay que llamarles emprendedores para evitar la ira de los tontos, otra batalla lingüística perdida) y al cainismo de la memoria histórica, hay un montón de españoles torpes, envidiosos o incultos. Con esos le bastaría para ganar las elecciones.
Pero aunque se ha librado por ahora del faisán, el candidato sabe que no puede ganar ni aún mediando la catástrofe de Gil Calvo, y se ha echado al monte de la satisfacción de la envidia como llevado por ángeles progresistas, y en lugar de plantearse la posibilidad de crear empleo, le ha prometido a cada uno de los cinco millones de parados que siempre tendrán una pensión a la que amorrarse, en lugar de proponer una racionalización de la sanidad para que sea igual para todos los españoles, racional, moderna y adecuada a sus fines, no se le ha ocurrido otra insensatez que anunciar que va a retirar la desgravación fiscal de las empresas que pagan seguros médicos privados a sus empleados. Trescientos millones dice que se ahorra con eso.O sea, el muy hábil Rubalcaba va a hacer que algunas decenas o centenarse de miles de trabajadores que a día de hoy, cuando se ponen malitos van a ver a un médico “privado” porque no les cuesta nada, se van a tener que ir a la seguridad social. ¿Pero no estaba colapsada? ¿pero no tenía ya pérdidas a espuertas? ¿qué pasaría si se le metieran de golpe muchos miles de usuarios nuevos? Apañados iríamos si por cualquier razón tuviera que poner esa barbaridad en práctica.
Rubalcaba se nos está presentando como el paradigma de la demagogia progresista capaz de proclamar al mismo tiempo que la banca tiene que aumentar el crédito a las empresas y que además necesita doscientos mil milones para recapitalizarse, y simultáneamente hacer que los bancos agoten su capacidad de financiación comprando la deuda que el estado no para de emitir y abogar porque les impongan una tasa para arrebatarles cincuenta mil millones mientras les impones a sus accionistas (y a los futuros recapitalizadores) un nuevo impuesto para castigarlos por ser asquerosamente ricos.
También hay una buena cantidad de individuos que a su envidia a todo aquél que haya conseguido triunfar unen una cosmovisión progresista que les lleva a tener permanentemente en la boca la palabra “igualdad” sin ser capaces de indagar en su contenido conceptual, o, en indagando, seguir siendo igual de incapaces de entender lo que significa. A estos les dedica su propuesta paritaria de la precampaña: las grandes empresas, las mayores, las que más dinero se dejan en impuestos, las que tienen una mayor cantidad de trabajadores, deberán tener en su consejo de administración tantas mujeres como hombres. A la tierna y tontita locutora de la tarde le va a encantar la idea, igual que a los laicos militantes persecutores de peregrinos, a los gays y lesbianas y a las y los feministas y feministos que andan sueltos y crecidos por España. Pero a los propietarios de las empresas no les va a hacer ninguna gracia. Lo intentaron una vez, pero Polanco dijo que en su empresa no iba a meter ni a mujeres para hacer bonito ni a independientes que no se jugaran la pasta en las decisiones. Así que recularon de inmediato, que con don Jesús no se podía jugar
Pero ha habido una cosa que de verdad me ha asustado: Rubalcaba sabe que tiene muchos, muchísimos posibles votantes psocialistas que en estas elecciones no lo van a ser, sino que se van a pasar a IU, donde un individuo de la talla intelectual de Cayo Lara se va a encontrar muchos miles de votos que no le corresponderían. Para esos votantes ha desarrollado otra sandez, una sandez peligrosísima, un dislate fascista: quiere ilegalizar aquellos partidos que fomenten el “odio ideológico”. Por supuesto que no se re refiere al pesoe, ni a los izquierdistas de la memoria histérica, ni a las bandadas de perroflautas, punkarras, okupas y sindicalistas de porra y pistola, sino a los liberales del pepé, siempre acusados de racismo o facherío. Y eso le gusta a esos votantes. Solo les falta una catástrofe para que se olvide el pasado o, si sale mal la catástrofe, una cervecería para preparar el futuro.

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