miércoles, 30 de mayo de 2012

Carlo M.Cipolla

Hace un par de días, nada más sentarme en el tren, saqué como siempre el ibuc para pasar el viaje leyendo. No sé por qué razón, al encenderse no se abrió por donde lo dejé la última vez, así que tuve que ir a la lista para encontrarlo. Entre que el tren arrancó en ese momento y que mi dedo es más gordo que lo aconsejable para usar fácilmente las pantallas táctiles, no le dí al que pretendía (Tiempos Modernos, de Paul Johnson, una historia del último siglo más que recomendable) sino a otro distinto. Era el “Allegro ma non troppo o Teoría de la estupidez humana” de Carlo María Cipolla (también muy recomendable) y se abrió precisamente por el famoso cuadrante de sus Leyes fundamentales de la estupidez. Por si no lo conoces, el cuadrante está organizado sobre un eje de abscisas (x) que marca el beneficio o la pérdida del individuo a estudiar, y un eje de ordenadas (y) que indica el beneficio o la pérdida del destinatario de las acciones del mismo individuo, de manera que el espacio queda dividido en cuatro cuadrantes D (H en otras traducciones), I, B (M) y E, de izquierda a derecha y de arriba a abajo

Mientras lo miraba, me iba acordando de las reflexiones que hice mientras lo leía, y se iban encuadrando solos los nuevos personajes que el zapaterismo y la crisis han hecho aparecer en un primer plano de la escena.

El primer cuadrante, el D o H (desgraciados o incautos) además de mucha otra gente, es donde están todos los héroes, los que ofrecen voluntariamente mucho para conseguir un beneficio mayor o menor para los demás. Es el lugar de la madre Teresa de Calcuta, de Leónidas y los trescientos espartanos que se sacrificaron para detener la invasión oriental el tiempo suficiente para que los ejércitos y la armada occidental pudiera organizarse y vencer, de los caídos en la playa de Omaha, imprescindibles para darle fin a una buena parte del totalitarismo europeo.

Cuando pensé sobre el segundo cuadrante, el I (inteligentes), donde se encuentran aquellos individuos cuyas acciones les producen beneficios y benefician también a los demás, volví a pensar en Bill Gates, cuyo Microsoft le ha hecho inmensamente rico a él y ha generado tres décadas de crecimiento de toda la humanidad. Allí es donde están la mayoría de los empresarios con éxito, que se enriquecen a cambio de ofrecer unos productos o unos servicios que son útiles a muchos, a todos aquellos que los adquieren porque les parecen bellos, les solucionan problemas o les hacen la vida más fácil, es decir, que cuando los adquieren, consiguen de esos productos o servicios unos beneficios que consideran porcima del tiempo de trabajo que tienen que destinar a conseguir el dinero necesario.

Fijándome en el cuadrante B o M (bandidos o malvados, en el decir de Cipolla), donde se encuentran los que se benefician mientras perjudican a los demás, coloqué en él de inmediato a los políticos, pero me di cuenta de que había tenido una reacción instintiva más que racional, casi de defensa. Porque, reflexioné, la obtención de beneficio no es la motivación de todos los políticos, y, desde luego, desgraciadamente hay cada vez más miembros de la casta que les importa una higa que sus acciones beneficien o perjudiquen a la sociedad a la que dicen servir, lo único que les interesa es el beneficio de un poder que para algunos es un inmenso salto a mejor y para otros, casi, casi, una carga, que dime tu qué gana el Registrador de la Propiedad de Santa Pola comiéndose marrones gigantes un dia sí y otro también, y me dí cuenta de que los políticos andan, como cualquier otro oficio, repartidos en todos los cuadrantes.

Abajo a la izquierda está el cuadrante E (estúpidos), donde aparecen los que se dañan a sí mismos y dañan a los demás. “Así son la mayoría de los griegos”, me dije, porque, efectivamente, son la mayoría los que en las últimas elecciones han votado a los partidos que se niegan a apretarse el cinturón como les exige la UE como condición sine qua non previa a sudarles la pasta que necesitan como el agua para beber. Es complicado ser tan profundamente estúpidos: saben que si se niegan a intentar a gastar lo mismo que ingresan, la UE no va a darles lo que necesitan para mantenerse en pie y van a entrar en una espiral de impago, salida del euro, devaluación, desaparición de inversores e incapacidad para colocar nueva deuda en el mercado, inflación por el enorme aumento del coste que las devaluaciones producen en el coste de, por ejemplo, el petróleo, pérdida gigantesca de poder adquisitivo, más inflación por la impresión de billetes para pagar siquiera nominalmente las nóminas públicas y las pensiones... El desastre más absoluto acompañado de los recortes expresos o tácitos más brutales que se puedan imaginar. En fin, que no se puede esperar más de una nación que, desde su independencia del imperio turco junto con las enormes cagadas de su política interior y exterior (es de recordar la invasión de Turquía a poco de acabar la Primera Gran Guerra, de la que salieron con los morros partidos de todo lo que recibieron y perdiendo, además, las ciudades de la costa de Anatolia que habían sido griegas desde hace tres mil años), se había acostumbrado a vivir de las espléndidas dádivas y financiaciones y las consiguientes quitas de las potencias que querían tener a su lado a los griegos por meras razones geoestratégicas.

Y me di cuenta de que entre los estúpidos también se encuentran no ya los antisistema del 15M, clavaítos a los griegos en sus pretensiones pero que aquí son más bien pocos, sino una inmensa cantidad de gentes que siguen votando como borreguillos a los que no contentos con prohibirles fumar a ellos, comer chuches en el recreo a sus hijos y que estuvieron a punto de prohibir a los todoterrenos circular fuera de carreteras asfaltadas, que hay que ser merluzo, les han llevado al paro, a los recortes y a las subidas de impuestos, que aceptan como dogmas de fe las consignas que difunde el Comando Rubalcaba y que no pueden evitar ponerse a excitarse como mandriles cuando alguien menciona en su presencia el nombre completo de la Lideresa de Madrid. Porque las propuestas de Rubalcaba, como las de Zeta, Chomsky, Moore, Jiménez Villarejo, Willy Toledo o Bardem, no se limitan a ser sandeces infumables para cualquiera que pueda hilar dos premisas y llegar a una conclusión coherente (¿te acuerdas de aquello de obligar a los mercados a un funcionamiento democrático?), es que si se ponen en práctica, generarían desastres que comprometerían la riqueza que aún nos pudiera quedar además de arrasar cualquier tipo de libertad individual. No sólo en Grecia, también en España hay un montón de gente que encaja en la definición de Cipolla, gente que con sus acciones se causa daño a sí mismo y causa daños a los demás.

¿Pero cómo es que tanta gente ha llegado a constituir un corpus social que puede ser caracterizado por su tendencia a hacer daño sin obtener beneficio de ello o incluso sufriendo el mismo daño? ¿Cómo coño hay tanto estúpido suelto? ¿Podrían estos E tener alguna relación con los del cuadrante B o M?

Y aquí se me aparecieron Zapatero y sus Secuaces, esos que para llegar a obtener el placer del mando, unos, y el simple beneficio de un sueldo claramente inalcanzable por los medios habituales otros, cuatro años después de haber explotado en utilidad propia el miedo y la rabia del 11M, no habían dudado en negar con toda la rotundidad que fueron capaces que se acercara la crisis económica de proporciones bíblicas que ya asomaba las orejas, llegando a insultar a quienes avisaban, y sobre la que prevenían la totalidad de los analistas. El daño producido con la trola y el posterior mantenella y no enmendalla ha sido estremecedor: mientras el resto de los países europeos se ponían las pilas y destinaban un pastón a mantener en pie sus entidades de crédito y nadie tenía tiempo ni ganas de fijarse en los demás, aquel individuo sacaba pecho y decía que teníamos el sistema financiero más sólido del mundo mundial, y ahora, cuando ya ha sido inevitable cantar la gallina de que el activo inmobiliario de nuestros bancos valía menos de la mitad de lo que decíamos, ya nos ven y nos miran mal desde todas partes.


Pese a que de forma inmediata coloqué a los miembros de esta troupe de frikis en el cuadrante B (M) pronto me di cuenta de que no era así, que con su insensata negativa sólo pretendían perpetuarse en el poder (beneficio) negando la crisis y evitando actuar contra ella (daño). Ganaron las elecciones apoyados en los once millones de votos que recibieron, no sé si todos, de especímenes tipo E, pero era inevitable que la Gran Crisis estallara y se los llevara por delante, de manera que con esa maniobra, paradigma del cortoplacismo y la estrechez de miras, habían conseguido tres años de poder y salario y pasar a la Historia como responsables máximos de los daños, así que casi todos ellos habían conseguido arrasar su propio futuro: se trataba de ilustres individuos tipo E, si bien, parafraseando a Baudelaire, iluminados a ráfagas por soles cegadores de comportamientos tipo M, como la Memoria Histérica, el estatuto catalán, la demonización de los triunfadores, la división intencionada por el homotrimonio o la negociación filoterrorista, el cinturón sanitario o la minusvaloración de la mitad de los ciudadanos imponiendo cuotas femeninas, como si las mujeres fueran tan tontas que no pueden competir con los hombres en igualdad de condiciones.

Sospecho que la mayoría de la gran cantidad de individuos E que se mantuvieron incólumes en su fe y de los que me temo que antes o después volverán a aupar a otros nuevos E o M a dirigir nuestro destino hacia el abismo, como siempre, no son auténticos nativos de ese cuadrante, sino que han sido empujados ahí por otros Bandidos Malvados: aquellos que para ser aceptados como únicos legitimados para ostentar el poder, hicieron todo lo que estaba en su mano para desterrar de cada uno de nosotros cualquier atisbo de capacidad de crítica, de análisis y de valoración del esfuerzo, es decir, la Camada de Suresnes, el Clan de la Tortilla o como quieras apodarlos. Probablemente todos ellos eran clase M. Y probablemente consiguieron su objetivo de llevar la mayoría sociológica al cuadrante E, no hay más que darse cuenta de que España es “un país de izquierdas” en el que el pesoe, después de crear tres o cuatro millones de parados nuevos (los otros dos millones aparecieron como paro estructural entre el ochenta y dos y el noventa y seis, también gracias al pesoe), después de quebrar medio millón de pequeñas empresas, después de haber sido obligado a congelar las pensiones y a reducir el salario de los funcionarios, recibió más de ocho millones de votos en lugar de desaparecer engullido por la rabia de una nación arruinada

He dicho antes que en principio tuve la tentación de colocar a los políticos en el cuadrante B (M) como si yo también me adhiriera al muy famoso “todos son iguales” que tanto repiten los conspicuos votantes del pesoe que se hacen conscientes de los desastres que provocan cada vez que llegan a mandar, aunque sea en la comunidad de vecinos, pero luego añadía que parándome a pensar, había pasado a sospechar que los políticos, como cualquier otro grupo social, tenía a sus miembros repartidos entre todos los cuadrantes. Y probablemente sea así.

Lo que tengo cada vez más claro, es que los miembros de un mismo partido tienden a agruparse en los mismos cuadrantes, de manera que si los ucedeos pueden colocarse en el cuadrante D (H) gracias al pilotaje de la ejemplar transición y la apertura del camino para la salida ordenada de las crisis del petróleo, perdiendo todos ellos prestigio y dinero, aunque se deslizaron hacia el M en una agonía de traiciones internas que les llevó a la desaparición, el pesoe de González y sus cuates es fácilmente identificable con el cuadrante M (B) desde que nos obligó a tragarnos la decisión de la OTAN en lugar de comerse él el marron, intentó colar la falta de garantías judiciales con su ley de la Patada en la Puerta e institucionalizó la corrupción con Filesas, Malesas, Roldanes y demás gentuza, y desde aquel mismo cuadrante y entre devaluaciones se marcharon. Indudablemente, los peperos de Aznar se colocaron sólos en el cuadrante I dejando a España entre los paises más influyentes del mundo, pero salieron desde el D (H), en tren y entre abucheos.

Y con este tema de Bankia, que si Rato, que si el agujero, que si la nacionalización, que si la quiebra, que si los activos tóxicos, me he vuelto a poner a darle vueltas a los números gordos que andan publicando los periódicos. Repaso: en Bankia hay que meter veintitres mil millones para que no cierre y deje tirados a los once millones doscientos mil clientes que tienen allí depositados ciento cincuenta y seis mil millones. El insigne ZetaPé, al principio de la crisis que no era crisis prometió que, pasara lo que pasara con cualquier banco, los depositantes tenían garantizada la recuperación de hasta cien mil euros cada uno en lugar de los veinticinco mil anteriores, un pastón. Las cuentas salen a una media de catorce o quince mil lereles por cliente. Luego si quiebra Bankia, habría que pagar esa cantidad a los depositantes aunque el Fondo de Garantía de Depósitos esté tieso como la mojama después de la aventura de Hernández “Míremealosojos” Moltó, su CCM y su aeropuerto. Además, Bankia tiene emitidos bonos por veinticinco mil millones que no podría pagar, pero ¡ay! se emitieron con el aval del estado y el acuerdo del gobierno anterior, el de Pepiño y Leire, Moratinos y Salgado, Rubalcaba y ZetaPé, luego habría que poner la pasta del fondo común, o sea, dinero público. A mí, el sentido común me dice que si hay que poner veintitres mil millones para quedarse Bankia y que no eche la cancela y evitar rascarse el bolsillo soltándoles sus cien mil a cada depositante y sus veinticinco mil millones a los bonistas, la cosa sale a cuenta, sobre todo si dentro de unos pocos años, el banco se puede vender y recuperar la inversión. Estoy seguro de que esos números se los saben de pe a pa nuestros queridos responsables políticos, incluido el taimado Rubalcaba, y de que Tomás Gómez incluso los ha entendido con solo un par de tardes de estudio.

Pese a lo clarito que está, el tenebroso Rubalcaba lleva unos días gritando lo de “¡Ni un euro de dinero público para Bankia!” esperando desgastar a D.Mariano y pillar cacho en las próximas elecciones. ¿En qué cuadrante de los de Cipolla lo colocarías? yo, desde luego en el M. ¿Y a los corifeos que le hacen la ola y lo escriben en las pancartas?, pues yo, que quieres que te diga, a los que esperan trincar sillón público en el M, pero a todos los demás, y son legión, los pongo sin dudar en el cuadrante E.

¿Y a D.Mariano? ¿Dónde puede colocarse a D.Mariano?. Pues a este grandón que está tomando ahora las medidas que debió haber tomado ZetaPé cuando se lo ordenaron para seguir comprando deuda española y que puede dejarnos otra vez bien colocados entre los europeos, pero al que están poniendo a parir no ya los medios progresíes, sino también los de derechasdetodalavida, a ese que se quedó con la burra del gobierno sabiendo que estaba ciega y que está descubriendo que también es paralítica, sólo puede colocársele en el cuadrante H. En el de los desgraciados incautos.



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