jueves, 3 de mayo de 2012

Impulsar el crecimiento

Hace años que abrí este blog hastiado de la pomposa liviandad de aquel mamarracho que Dios confunda que llenaba sus discursos de cantos a la Pazzz, a la Tolerancia y a la Pachamama, de aquel bellaco que hipnotizaba a los ciudadanos más incultos y acríticos, que envalentonó a los dictadores wannabe, a los progres liberticidas, a los solidarios fascistoides y que acabó arruinando esta desgraciada nación. Escribía porque no podía soportar mi silencio ante la sarta de sinsorgadas, estupideces y mentiras evidentes que había que aguantar cada día, porque tenía que gritar.

Cuando el Bobo Solemne se retiró de las portadas y sus sucesores comenzaron a apuñalarse entre sí, entre que los progres tenían poco tiempo para decir sus habituales vacuidades, ningún poder para escribir una línea en el boletín oficial, y que yo tenía otras cosas más importantes por las que preocuparme, perdí el impulso violento que me provocaban las majaderías que pese a todo soltaban a cada rato, y mi necesidad de escribir casi desapareció.

Pero en este tiempo han pasado dos cosas que han posibilitado que la progresía salga de sus cuevas y una que le ha obligado a hacerlo: la primera, que las reformas y los ahorros que se anunciaban han ido cobrando forma y el personal ha descubierto, horrorizado, que la cosa no iba de declaraciones solemnes ni de discursos floridos, sino de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, y eso es jodido. La segunda, que los socialistas franceses, casi tan insensatos como los españoles, pueden echar a Sarkozy colocando al más insensato de entre ellos, que, como el infausto Zetapé o los trágicos Perón y Sra., está dispuesto a llegar al poder regalando los oídos de los votantes más tontos con lo que quieren oir, a saber, que el ahorro no funciona, que eso del esfuerzo y de no gastar más de lo que se tiene es de tontos y que lo que hay que hacer es subsidiar cualquier cosa que el mentecato de turno pueda atreverse a calificar de “derecho”.

Para un país como este, que desde que dejaron de llegar las riquezas de las colonias está condenado a que sus gentes vivan en permanente encabronamiento porque creen que todo lo merecen sólo por haber nacido, porque su derecho es vivir mejor que su vecino pero sin dar palo al agua, no hay mensajes que tan bien calen en el personal que esos dos, y a ellos se han abrazado los progres como el náufrago al tablón: no te esfuerces, no ahorres, que el estado está obligado a soltar la mosca para que tu sigas viviendo como un potentado de los que no necesitan madrugar ni doblar el espinazo porque tienes derecho a ello, y se conseguirá impulsando el crecimiento a base de regar España de dinero fresco. Si se les pregunta que de dónde sacarán la pasta, contestarán que de incurrir en más déficit, si dices que así, los mercados dejarán de prestarte dinero, hablarán de obligar a los mercados a un funcionamiento “democrático”, cuando les hagas ver que los mercados son los ahorradores extranjeros a los que no les puedes obligar a prestarte nada, dirán que el déficit lo cubrirán haciendo que paguen “los ricos”; cuando les demuestres que ni los ricos son lo suficientemente ricos como para cubrir los derroches y que si los expolias será como matar a la famosa gallina de los huevos de oro porque te quedarás sin ricos a los que robar, dirán, en voz baja esta vez, que siempre habrá quien gane más que los demás y reconocerán que la mayoría de los votantes son de izquierdas, y que basta con que los ricos sufran para que estén contentos. Lo dijo ayer Sarkozy a Hollande, lo que quieren los socialistas es que no haya ricos, lo que quieren los liberales es que no haya pobres.

No es solo que los mensajes puedan ser rápida y fírmemente asimilados por un cuerpo social enfermo, ni tampoco se reduce la cosa a un intento de recuperar los sillones perdidos, es que se trata de obrar de acuerdo con los planes de pura traición a su país que pergreñaron sin duda aquel orate circunflejo y el pérfido Rubalcaba y de la que ya hablé aquí, aquí y aquí, “Zapatero aspira a destruir a los populares en su primera legislatura obligándoles a adoptar medidas más duras de las que serían necesarias si, con un mínimo sentido de estado, hubiera tomado las imprescindibles, como muy tarde, cuando se vio llegar la quiebra de España en mayo pasado”, con perdón por la autocita, con lo que deben estar felices de que desde países mucho más disciplinados que nosotros vean factible un apoyo al crecimiento que a nosotros nos arruinará para varias generaciones.

Por añadidura, y este es el tercer acontecimiento a los que me refería antes, el que obliga a la progresía a salir a defender su supervivencia, el que hace que no les quede más remedio que apoyar a gritos esa tremebunda insensatez de prescindir de ahorros y seguir gastando lo que no tenemos y que, como ellos saben muy bien, nos llevará al desastre económico y social: han ganado las elecciones en Andalucía, la región en la que han llevado al extremo la política de la tierra quemada, la región con un régimen más parecido al peronismo que se pudeda imaginar. Porque como decía M.Ridi, capaz de sintetizar lo que a mi me cuesta un aburrir a las ovejas (copio y pego):

El problema es que no pones un pais en orden en tres meses y medio. Ojo, tres meses y medio. Que son muchas leyes y muchos topos y muchas trampas las que han dejado por ahi esos hijos de puta, que mala muerte tengan. Que quede claro que los que mandaban hasta hace poco se pegaron los dos ultimos años intentando que esto no les explotara en la cara a ellos, PERO QUE SI LES EXPLOTARA EN LA CARA A LOS SIGUIENTES. De hecho, estoy mas que seguro que si hubieran ganado, no habrian sabido que hacer.
Y en Andalucía le puede explotar la miseria en la cara y no saben qué hacer. La alianza de Griñán con esos lunáticos de IU acabaría arrasando la región, destruyendo el partido y arrastrando a estos vocacionales golpistas al infierno del grupo mixto si no hubiera sido por el mensaje que tan hábilmente han lanzado los socialistas europeos del crecimiento impulsado por los dineros del estado, o sea, de los sufridos contribuyentes actuales, o de los futuros si consiguen colocar la deuda que necesitarán o de todo tipo de proveedores si no lo consiguen. ¿Y cómo evitar ese desastre psocialista? No les queda más remedio que dejar el silencio avergonzado que tenían hasta ahora para salir a la calle exigiendo gasto público. Por más que se hable de estímulos al crecimiento, o España se mantiene con los recortes brutales o no le vamos a colocar nuestra deuda ni al más tonto de los inversores, así que lo que se puede esperar es que el supuestamente vago Rajoy se mantenga en sus trece para convencer a los responsables del BCE de que pueden seguir poniendo dinero en lo que, gracias a la estabilidad presupuestaria a la que vamos, no será una espiral ruinosa, y, en última instancia, impedir que España vuelva al tercer mundo del que salimos con los fondos estructurales europeos.

De manera que están dispuestos a impedir que el estallido andaluz les alcance a ellos. ¿Cómo? te preguntarás. Pues como siempre, te puedes responder tu solito: tomando la calle. Stefan Zweig lo cuenta con mucho estilo cuando habla de los prolegómenos de la votación que iban a ganar los moderados girondinos sobre la decapitación del ciudadano Luis Capeto, en su biografía de Fouche: “Los radicales... han puesto en marcha la máquina de la rebelión de las masas que saben dominar tan magistralmente... Siempre, cuando hay que romper el dique de las leyes, se revuelve a la fuerza esta gigantesca ola del pueblo... Si pasan diputados sospechosos de votar por la clemencia, se vierte sobre ellos un diluvio de insolencias como cubos de basura, se alzan puños, se profieren amenazas contra los representantes del pueblo. Con todos los medios del terrorismo y de la fuerza bruta trabajan los amedrentadores para conseguir que la cabeza del rey sea puesta bajo la cuchilla”. Con la consigna del impulso al crecimiento van a poner en marcha en Andalucía un a modo de Plan E y unos nuevos impuestos a los ricos. Y cuando llegue el desastre que eso provocará y ya no puedan ni pagar las nóminas de sus funcionarios, como la culpa será del Pepé, saldrán a la calle como hienas a apedrearles las sedes, asaltar bancos y apalear fascistas, y además, de propina, conseguirán tener una nueva “deuda histórica” para seguir lloriqueando.

Es que no nos enteramos, los progres están dispuestos a cualquier cosa con tal de mantener el poder, que ya lo dijo Pablo Iglesias en 1910, “Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones” (Diario de Sesiones, 5 de mayo de 1910), y lo dicen ahora esos estadistas que son Yogui y Bubu, Méndez y Toxo, “No se puede impedir que la sociedad se defienda”. Y todos nos quedamos tan tranquilos con que esos chantajistas se arroguen la representación de la mayoría. Mientras tanto, ahí los tienes: el tenebroso Rubalcaba y su rotunda vicesecretaria, la iletrada Valenciano, llamando a la rebelión popular en la calle, nada menos que para impedir el remedio que se necesita de forma urgente para la supervivencia de España como país próspero.

Mientras que los que lanzan las consignas progres lo saben, los ciegos voluntarios que les siguen no pueden ni sospechar que todo el movimiento que surge en Europa para que las exigencias de estabilidad se relajen en favor de un cierto impulso keinesiano para driblar esta nueva recesión en la que nos estamos metiendo todos, implica pasar de los problemas de los periféricos, especialmente de España, quicir, que si se impone la tesis del impulso al crecimiento, nos podemos ir olvidando de cualquier tipo de ayuda del BCE en forma de efectivo para comprar deuda española, que bastante ocupado estará controlando la inflación y la monetarización de la deuda de los países serios.

Rubalcaba, Toxo, Méndez, Llamazares, Cayo Lara..., bueno, Cayo Lara quizá no, pero los demás sí que son conscientes de que en el caso de que consigan lo que están intentando, si echan al pepé y pueden disponer de las cuentas y volver a un déficit público del ocho o del diez por ciento que es el mínimo que exigen para mantener esos supuestos “derechos sociales” que dicen defender y que en el caso de los sindicatos se concretan en las mamandurrias que disfrutan, mucho antes de lo que podríamos sospechar habremos llegado a que ni siquiera el BCE nos preste indirectamente el dinero que necesitamos para pagar las pensiones, saben que si como consecuencia inevitable declaramos un impago de la deuda soberana y tenemos que acudir al FMI para mendigar unos créditos que nos permitan comprar petróleo, los recortes van a ser estratosféricos.

Pero les importa un pito. Ya irán decidiendo qué hacer, a quién echar la culpa y a qué países pedir ayuda desde los coches oficiales. Por lo pronto, manejando ese argumentario del “no a los recortes de los derechos sociales, por una política que incentive el crecimiento”, y movilizando a los radicales en la calle, se quieren poner en condiciones de volver inmediatamente a controlar nuestros dineros y terminar lo que no terminó Zetapé: llevar a España al lugar que creen que le corresponde: el de las paupérrimas dictaduras populistas.



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