miércoles, 6 de junio de 2012

Las raíces del problema: Golpismo

En las elecciones de mayo de 1910 aparece por primera vez en las cortes el Partido Socialista Obrero Español. Su líder y fundador, Pablo Iglesias, en su primera intervención nos da la clave de lo que iba a ser su actuación en los siguientes cien años:

"El partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales,... esta aspiración lleva consigo la supresión de la magistratura, la supresión de la iglesia, la supresión del ejercito... Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones"
Con dos cojones. Que semejante pollo tenga calles en tantas ciudades, dé nombre a decenas de institutos y siga siendo venerado por gentes que se dicen demócratas, nos debería ir dando pistas sobre la catadura moral de una buena parte de la sociedad española. Sólo una cosa cabe alabar de ese individuo, que no faltaba a la verdad; creo que la mendacidad extrema aparece como esencial característica orgánica de esta tropa tras el congreso de Suresnes, aquél en el que gracias a las maniobras de Castellanos, Mújica y Redondo se alzaron con el control del partido Isidoro –González- y Canijo –Guerra-.

En septiembre de 1923, Primo de Rivera dio un golpe de estado e instauró una peculiar dictadura que pretendía regenerar un país desmoralizado y convulso, derrotado por los rifeños de Abd-El-Krim, y en el que se llegó al asesinato del Presidente del Gobierno. Una vez asentado el militarote a poco más de un mes del golpe, el propio Iglesias dice: "Nosotros estamos dispuestos a vencer -¿se entiende?-, no a defendernos. A matar y a dejarnos matar. A todo". En su consecuencia, el psoe accede por primera vez al poder: Largo Caballero entra en el Consejo de Estado a colaborar fielmente con el autoritarismo.

Las elecciones municipales de 1931 las ganan las derechas en plan cuatro a uno, pero antes de conocerse los resultados, los republicanos toman las calles de Madrid, el cagueta del Rey sale de najas hacia Cartagena y se proclama la República. Nuevamente tras un golpe de estado el psoe vuelve a tocar pelo. Con sus ciento quince diputados es la la mayor fuerza parlamentaria en las elecciones de junio y llegan los primeros ministros psocialistas, Indalecio Prieto se pone a dirigir la economía, y del trabajo se encarga Largo Caballero, que tampoco se mordía la lengua ni escondía sus intenciones: “La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.

Para desolación de todos estos que ahora tienen nombre de calle y monumentos por todas partes, en las elecciones de 1933 se vuelven a imponer las derechas. Primero forma gobierno Lerroux, pero cuando Gil Robles pide meter ministros en el gobierno, coño, que estaba en su derecho, que había ganado las elecciones, estalla un nuevo golpe de estado organizado por nacionalistas y psocialistas, aunque esta vez fracasa.

Nunca se sabrá quién ganó las elecciones de abril de 1936, pero todo apunta a que volvió a ganarlas la derecha. Los del frente popular, entre los que se encuentra por supuesto el pesoe, asaltan las mesas de las circunscripciones más proclives a votar a la CEDA, roban centenares de actas y se proclaman vencedores (señalemos que para que la República celebrara unos comicios válidos, los resultados debían ser publicados, lo que nunca se hizo). Otro golpe de estado les devuelve el poder que creen que les pertenece. Largo Caballero seguía siendo clarito: "Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos".

La cosa acabó como acabó, y no solo porque la organización económica y, por consiguiente, las fuerzas militares de Franco fueran superiores (los republicanos, a pesar de tener todas las reservas de oro, consiguieron depreciar su moneda casi un trescientos por cien, y no contentos, desde el principio se empeñaron en pagarle el armamento a Stalin en metálico, o sea, en oro, con lo cual, y entre otras cosas, consiguieron que la URSS no estuviera especialmente interesada en que la guerra la ganaran ellos), también colaboró en la derrota la subguerra civil que se desató en la zona republicana y que más o menos acabó con el psoe colocando a Negrín, un corrupto prosoviético, al frente del gobierno que iba a ser inexorablemente derrotado. En fin, que en cuarenta años no rascaron bola en España y se limitaron a pelear por la pasta que habían sacado y a dar la coña en la ONU para que se hiciera la vida imposible a sus compatriotas.

Casca Franco en su cama en el 75 y las fuerzas de la derecha (si, las de la derecha) se confabulan para instaurar un régimen democrático. Primero se convoca un referendum para aprobar la Ley de Reforma Política en el 76, y en el 77 se convocan las primeras elecciones generales con carácter constituyente. El psoe está dispuesto a participar en ellas con el partido comunista (que entonces era la única fuerza de izquierda con presencia en el interior) aún en la clandestinidad, pero Suarez los legaliza en plena Semana Santa y obliga al psoe a pedir ayuda logística a la CIA y pasta en cantidades a Willy Brandt para colocarse como alternativa. Y lo consiguen.

Con la Constitución aprobada, las elecciones a la primera legislatura producen un fuerte disgusto en el partido: sorprendentemente para González, las gana la UCD de Suárez en marzo del 79. Eso no podía quedar así. El psoe inicia una labor de zapa y descrédito del presidente y azuza las diferencias entre los miembros de aquella heterogénea UCD. Todos se traicionan entre sí, y la mitad apoya al psoe. En mayo del 80, Alfonso Guerra grita desde la tribuna del Congreso: “Suárez no soporta más democracia; la democracia no soporta más a Suárez”. En octubre se reunen a comer en casa del alcalde socialista de Lérida, Enrique Múgica (vicepresidente de la comisión de defensa del Congreso), Joan Raventós (secretario del PSC) y el general Alfonso Armada, tradicional jefe de la Casa del Rey. Vayustéasaber de qué hablaron...

Con una crisis económica del carajolavela, un partido repleto de traidores y soplones, una opinión pública ya dominada por los medios psocialistas y un dolor de muelas que no le dejaba ni hablar, Suárez sólo aguanta hasta enero del año siguiente y decide proponer que Calvo Sotelo le sustituya en la presidencia. Todos sabemos lo que pasó en la investidura de Feopoldo: aquella aventura que estropeó el decimonónico sentido del deber de Tejero, pero que todo parece indicar que debería haber acabado con un gobierno previamente consensuado y que Armada llegó a ofrecer a Tejero, cuando aún estaba dentro del parlamento, para intentar que se fuera a casa tranquilo y dejara trabajar a las personas mayores, sin conseguirlo:

-Presidente: General Alfonso Armada.
-Vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González (PSOE).
-Vicepresidente para Asuntos Económicos: J.M. López de Letona (banquero).
-Ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza (Coalición Democrática).
-Ministro de Defensa: Manuel Fraga (Coalición Democrática).
-Ministro de Justicia: Gregorio peces Barba (PSOE).
-Ministro de Hacienda: Pío Cabanillas (UCD).
-Ministro de Interior: general Manuel Saavedra Palmeiro.
-Ministro de Obras Públicas: José Luis Álvarez (UCD).
-Ministro de Educación: Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD).
-Ministro de Trabajo: Jordi Solé Tura (PCE).
-Ministro de Industria: Agustín Rodríguez Sahagún (UCD).
-Ministro de Comercio: Carlos Ferrer Salat (CEOE).
-Ministro de Cultura: Antonio Garrigues Walker (abogado lobbysta).
-Ministro de Economía: Ramón Tamames (PCE).
-Ministro de Transportes. Javier Solana (PSOE)
-Ministro de Autonomías: General José Antonio Sáenz de Santamaría.
-Ministro de Sanidad: Enrique Múgica (PSOE).
-Ministro de Información: Luis María Ansón (director de la agencia Efe).

Malograda la operación de acceso del psoe al gobierno, les tocó esperar. Pero no creas, no se limitaron a perder el tiempo, lo dedicaron, con gran aprovechamiento a seguir socavando los cimientos de la derecha, de manera que en las elecciones de octubre del 82, el partido del gobierno se quedó en diez tristes diputados mientras que el psoe conseguía doscientos diez y diez millones de votos. Y siguiendo como siempre la estela de un golpe de estado, vuelven al poder. Se mantuvieron allí casi catorce años. Deberían haber sido sólo once en aquella España sumida en una enorme crisis, con un diferencial con la deuda alemana de ochocientos puntos (ahora se le llama “prima de riesgo”), pero en el último momento de la campaña del noventa y tres, cuando los bondadosos cretinos que luego les devolvieron el poder no eran aún suficientes, sacaron el doberman de la derecha a asustar viejecitos. Y volvieron a ganar.

La cosa ya no se sostuvo más, España estaba arruinada moral y económicamente y en el 96 Aznar sacó a Felipe de la Moncloa, desde donde en sólo ocho años colocó Estepaís entre los más influyentes del mundo. A pesar de una violentísima campaña pacifista contra la guerra de Iraq, venían otros ocho años como mínimo de los psocialistas sin pisar moqueta. Pero cuando todas las encuestas daban por ganador a Rajoy, pocos días después de que a Pepiño se le escapara que “todavía hay tiempo para que un acontecimiento cambie las cosas”, varias bombas colocadas en cuatro trenes de cercanías se llevaron por delante casi doscientas personas y dejaron heridas a otras mil quinientas. En Ferraz se recibían las informaciones policiales antes que en Moncloa, desde los principales medios de comunicación se hablaba de terroristas islamistas suicidas con triples gallumbos para protegerse los cataplines y poder hacer uso de las cuarenta huríes que les correspondían, se llamaba a la insurrección de los incondicionales y al mismo tiempo se apelaba a la reafirmación pacífica de la democracia frente al terrorismo para llevar a la mayor cantidad de gente posible a votar con el convencimiento de que serían votos contra la guerra, es decir, contra Aznar. Era un golpe de estado de tercera generación. Y los psocialistas volvieron al poder.

Esta vez no eran unos psocialistas dispuestos a gobernar, no. Se trataba de una pandilla de progres conspiradores de bar que, subidos en la ola de la bonanza económica se dedicaron exclusivamente a preparar las cosas para mantenerse en el poder indefinidamente. Durante la primera legislatura de Zapatero dedicaron sus mejores y únicos esfuerzos a devolver a sus bases la carga ideológica necesaria para llenarlas de odio hacia cualquier cosa que pudiera asociarse a la derecha. El homotrimonio se aprobó con el fin exclusivo de hacer reaccionar a los obispos y poder lanzarse contra la Iglesia como en el 31, se inició una espectacular campaña de tergiversación de la Historia, cosa para la que los españoles ya estábamos suavizados después de treinta años de demonización del franquismo, a base de, primero, subvencionar a cualquier mindundi que quisiera hacer cine, televisión, canciones libros o cualquier cosa que presentara a los milicianos frentepopulistas como arcangélicos demócratas y a los religiosos, militares y civiles con mando como perversos torturadores de niños, y segundo, culminando la jugada con una ley de “Memoria Histórica” que, después de nominar calles o institutos con los nombres de prohombres destacados en la represión republicana (hay, al menos, un Instituto Margarita Nelken, una diputada cuyo mayor mérito fue el de esconder en su propia casa a los asesinos de Calvo Sotelo mientras pasaban los primeros días de agitación), prohibía cualquier mención pública de cualquier personaje que tuviera lo más mínimo que ver con quienes ganaron la guerra o gobernaron los cuarenta años siguientes, intentando borrar de la memoria una parte importante de nuestra historia en el más puro estilo estalinista. Las cosas no le fueron mal a ese insensato malnacido, aunque los daños para esta desgraciada nación se van a prolongar todos los muchos años que tendremos que dedicar a devolver la sensatez a los más cerriles ideologizados y la concordia a todos.

En agosto de 2007, se declaró un credit crunch que anunciaba la madre de todas las crisis, y por definición, si una crisis es demasiado profunda, provoca cambios en el poder. Zapatero se dio cuenta de que con la crisis y el credit crunch la brutal burbuja inmobiliaria que había estado alimentando iba a estallar llevándose pòr delante millones de empleos y el bienestar y los sueños de una clase media cada vez más dependiente de fanfarrias y subvenciones, y de que con ello el psoe iba a volver a perder el gobierno, así que decidió que su segunda y definitiva legislatura la iba a destinar a preparar un retorno triunfal que aniquilaría durante muchos años a cualquiera que le quisiera hacer oposición.

Comenzó por negar la crisis y prometer el pleno empleo planteando ilusión frente al pesimismo de los populares, con lo que ganó en 2004. Siguió todo el tiempo que pudo sin hacer otras cosas que tirar dinero en cheques bebé, rotondas, piscinas en los pueblos y subvenciones a oengés y sindicatos, diciendo por todas partes que éramos los mejores del mundo mundial, mientras en todos los paises sensatos recapitalizaban los bancos y preparaban la salida de la recesión. ZetaPé se hacía el loco esperando retrasar los más visibles efectos de la crisis todo el tiempo posible. Cuando en mayo de 2010 le obligaron a enfrentarse con la realidad, acertó a congelar las pensiones y rebajar los salarios de los empleados públicos. Con eso y con varias promesas grandilocuentes, consiguió parar el desastre. A partir de entonces, convencido ya de que el psoe iba a perder el gobierno, se dedicó a poner los explosivos en la sociedad para que el problemón le estallara en la cara a Mariano

Cuando le apretaban en Europa, prometía acometer reformas en un sinfín de palabras huecas y grandilocuentes, y cuando ya no pudo aguantar más porque esto estallaba, convocó elecciones ¡para seis meses después! sabiendo que el mercado (o más bien, el BCE) daría una tregua. Las cosas llegaron a un punto que cuando en agosto de 2011 el BCE le envió una carta con las medidas que debía adoptar, no sólo siguió traicionando a su país con las manos en los bolsillos, es que ni siquiera se la dejó ver a la oposición que iba a ser gobierno en unos meses

Y en esa situación llegó el pepé, en medio de más poderosa crisis conocida en España, ya arruinados y con todo por hacer. A razón de un Real Decreto Ley por semana, Rajoy le va metiendo mano a la casi totalidad de la supraestructura nacional. Simplemente quedándose callados habrían provocado que los inversores pensaran “vaya, estos españoles se han quitado de encima al cantamañanas ese, parece que vuelven a ser un país serio”. Pero los psocialistas, en lugar de tratar de echar una mano, se dedican a tocar los pelendengues, a “exigir” medidas descabelladas, a convocar huelgas y manifestaciones todas las semanas, a llevar al constitucional todo lo que debió hacer aquel traidor y no hizo y a boicotear, o intentar boicotear, cualquier asomo de medida sensata. ¡Pero coño!, ¡si hasta han votado en contra de la estabilidad presupuestaria que ellos mismos introdujeron en la Constitución!. Desde luego, el mensaje a los inversores es “cuidado, que en tres años pueden volver aquellos insensatos, que estos son como los griegos, quieren seguir viviendo como marqueses sin dar un palo al agua y a costa nuestra”.

Desde luego, la dureza del ajuste que está protagonizando es tan intensa que mucha gente duda de que pueda mantenerse gobernando más de cuatro años, y lo que ven que puede suceder a continuación es ese tropel de indocumentados que pretende obligar a “los mercados” a funcionar “democráticamente”. ¿Alguien se atrevería a meter dinero aquí?

Esta estrategia psocialista está perfectamente planeada para volver al poder. Si el golpe de 2004 fue un golpe de tercera generación, lo que preparan ahora es un golpe de estado de guante blanco. Ya se han lanzado las primeras columnas en prensa: “O nos metes en el gobierno de concentración nacional, o forzamos las cosas para que nos obliguen a colocar un técnico en plan Monti en la presidencia para que forme un gobierno que implique concentración y ministros psocialistas y haga el los ajustes. La alternativa son nuevas elecciones, ahora sí, arropados por nuestros bondadosos votantes, volveríamos a ganar, porque vamos a usar el argumento de destrucción masiva que es el impulso al crecimiento Y si esto implica nuestra salida del euro y entrada en un periodo de cuarenta años de recesión, mejor, porque los culpables habréis sido vosotros”

Al pesoe, ya lo dijo Pablo Iglesias, le gustan muy poco las urnas, especialmente si los que pierden son ellos. Pero son maestros consumados en apuntarse o montar golpes de estado. Al poder sólo llegan de esa forma. Y ahora están preparando un golpe light.



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