Pedro J. jamás reconocerá en público que fue él quien puso a Zapatero en la Moncloa, de entrada porque casi nadie le creería. Igual que te está pasando a ti en este momento. “Ya está el Gato desbarrando otra vez”, piensas. Y a lo mejor tienes razón y es un nuevo delirio por el síndrome de abstinencia de las cañas afterwork que sufro, pero bueno, todo sale de mi admiración hacia Isaac Asimov, que me lleva a tomarme muy en serio aquella teoría suya del Cambio Mínimo Necesario (CMN) que desarrollaba en “El fin de la eternidad”.
Dice Asimov que para cambiar la Historia sólo suele ser necesario un ínfimo cambio en una situación mínima. Vale que las grandes ondas históricas son imparables –el dominio alemán sobre Europa es inevitable desde que Napoleón excitó el militarismo europeo y tras Waterloo comenzó a nacer el Primer Reich en torno a Prusia, y las guerras que emprendieron para acelerarlo únicamente tuvieron éxito con la franco prusiana del 70, con lo que se emprendió la unificación, y consiguieron retrasarlo con las sonoras derrotas en Versalles y en Yalta-, pero, si te fijas, las cosas se alteran con hechos mínimos –la Guerra franco-prusiana comenzó con la mínima alteración que Bismark introdujo en el Telegrama de Ems (a la wikipedia, corre)-. Asimov lo ejemplificaba en el cambio de lugar de una lata de aceite en el garaje de un estudiante de física cuya pérdida motivó la avería del coche del estudiante, que no pudo asistir a la conferencia que años después le diera la idea que le llevó a un descubrimiento que podría haber originado un arma brutal, con lo que ese descubrimiento se retrasó medio siglo una guerra extremadamente dañina.
Pues en mi delirio sostengo que con una sola portada, Pedro J. obró el CMN que al final del camino llevó a la Moncloa a ese bobo que había sido elegido para fracasar devorado por una mayoría de Rajoy en 2004 y para ser sustituido inmediatamente después por la alternativa psocialista real, y aunque la Historia siga adelante, aquella portada adelantó una decena de años la disgregación o la unificación de Europa (y ya se sabrá cual es el puerto, que por ahora sólo hay tormenta). Me refiero a aquella portada en la que se veía una niña iraquí que llevaban en brazos con un pie colgando de unos jirones de carne durante un bombardeo americano.
Y es que en España hay un tropel de bondadosos alimentadores de palomas. Son esas gentes caritativas empeñadas en ofrecer miguitas de pan a esas ratas del aire “para que no pasen hambre”, sin darse cuenta de la inexorabilidad de las leyes de la naturaleza: si hay poca comida, las palomas más débiles morirán de hambre, pero si hay mucha, nacerán muchas palomas, con lo que las más debiles también morirán de hambre. Es la gente que llora o se indigna cuando leen que un veinte por ciento de la población de un país está por debajo del umbral de la pobreza, sin caer en la cuenta que el umbral de la pobreza es una medida estadística que considera pobre a todo aquel que tiene ingresos inferiores a la mitad de la media; en España, por ejemplo, a las parejas que ingresan un solo sueldo mileurista pelao, pero en los USA, los oficialmente pobres tienen aire acondicionado, coche, casa propia y, en su mayoría, incluso televisión por cable. O sea, son unos cretinos, pero cretinos bondadosos.
Estos bondadosos españoles son progres de corazón pero no ideológicamente progres, y en definitiva son los que deciden quién gobierna porque son legión y se mueven por impulsos muy primarios, su capacidad crítica es escasa y no tienen ningún interés ni en informarse, ni en pensar, ni en ir más allá de desear que todos seamos justos y benéficos, como nos obligaba La Pepa. Se consideran progres ideológicos, pues han sido abducidos por consignas de solidaridad, humanitarismo y multiculturalidad, y cuando las cosas van bien, viven encantados con las leyes o declaraciones que proveen o prometen proveer cualquier necesidad de cualquier individuo proviniente del magreb, centroáfrica, latinoamérica o europa oriental que se ha colado o se quiera colar en España, pero quizá solo lo hagan porque en realidad no saben que esos regalos se hacen con su dinero, con el dinero de todos y cada uno de nosotros, mejor dicho, con el dinero de nuestros hijos, que el nuestro ya lo hemos gastado; viven aplaudiendo la acción de las oenegés que desarrollan programas gubernamentales con fondos públicos, viven indiferentes con la intervención del poder en la vida privada. En realidad no saben que lo que quieren ellos, esto es, que no haya pobres, es de derechas y se contrapone, especialmente en el plano de la praxis, con el intento de que no haya ricos que propugnan las izquierdas (nunca he sabido cuáles son las razones profundas de esta propuesta tan claramente desencaminada si lo que queremos es un mundo mejor, pero la intuición me dice que se debe sólo al intento de capitalización de la envidia en beneficio propio)
Las intervenciones de los bondadosas acaban arruinando el país, su capacidad de devastación es indirecta, pero la devastación se produce siempre que los progres ideologizados quieren cumplir con las promesas que hicieron a los progres bondadosos, porque, como dijo Jefferson, un gobierno que te da todo lo que quieres, puede quitarte todo lo que tienes. Su problema solo aparece cuando las cosas dejan de ir bien y ellos deben empezar a renunciar a cambiar de coche o a irse al Caribe en un todo incluido o cuando su cuñado se queda en paro. Entonces es cuando retiran su confianza al psocialista gobernante (siempre ha sido socialista quien arruina España) y, aunque no voten pepé, le dan el gobierno al Rajoy o al Aznar de turno quedándose el dia de la votación en su casa, enfurruñados, maldiciendo a los ricos insolidarios y codiciosos, a los bancos, a los mercados y al maestro armero, y dándole el gobierno al que toque. Los bondadosos cretinos pasan su vida sesteando su solidaridad con el tercer mundo.
Pues Pedro J. despertó a los bondadosos con la foto de la niña en la guerra de Iraq, porque la gente bondadosa son tan pacifistas como aquellos grupos británicos de los años treinta, infiltrados hasta el tuétano por agentes de Hitler y de Stalin, que propugnaban la desmovilización total del ejercito y la armada de Su Graciosa Majestad. Alguien se dio cuenta de que se habían despertado y los lanzó a la calle financiando la campaña del “No a la Guerra”, y como a pesar de todo las cuentas electorales les seguían sin salir, aprovecharon, como poco, las explosiones de Atocha para instalarse en el poder durante los siete años más aciagos que ha sufrido España en tiempos de paz.
Mientras los incautos del pepé, que no sé si han identificado las motivaciones de este tropel de votantes, pero juraría que no han podido, apelan a la sensatez, a la utilidad de sus propuestas y al sentido común para hacer entrar en razón a estos varios millones de votantes, a los psocialistas, que los tienen más que calados pues son ellos quien los educaron, les basta con plantarles en los morros cuatro deshaucios, un par de historietas lacrimógenas de que la seguridad social no le paga el más moderno tratamiento que se ofrece en Mount Sinai a una viuda congoleña y de que las autoridades de interior se niegan a dejar entrar en España al abuelo de un boliviano ilegal que necesita una operación de próstata, y una promesa grandilocuente de reactivación económica para volver a ponerlos en pie de guerra contra la malvada derechona.
Es trascendental conseguir que todos esos bondadosos ciudadanos se den cuenta de que la riqueza o los bienes materiales, son cosas que hay que crear día a día, de que lo más beneficioso que le puede pasar a una sociedad es que haya muchos, muchísimos empresarios, de que es necesario que cuando una empresa vaya mal, el empresario pueda soltar lastre para que quede lo suficiente como para volver a empezar, de que el hecho de que haya más ricos implica que hay menos pobres, de que incluso lo de que muchos ricos sean obscenamente ricos va siempre acompañado de que los pobres muy pobres vayan desapareciendo, en fin, de que el imbécil de San Jerónimo, Padre de la Iglesia, no era más que un mentecato bondadoso y que eso que decía de que “un rico es un ladrón o un hijo de ladrones” es una sinsorgada, peligrosa, pero sinsorgada. Para conseguir eso sería necesario dinamitar uno de los principales axiomas progresíes.
Dice la RAE que un axioma es una proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración. En el mundo progresí, los axiomas son aquellas proposiciones que, por ser aplaudidas como indudablemente ciertas y evidentes, tienen proscrita su puesta en cuestión, son inatacables. Uno de ellos es que el capitalismo salvaje y el neoliberalismo que gobierna el mundo hacen que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. El fundamento “intelectual” aparece en la estúpida creencia de que la riqueza del mundo es de una magnitud determinada, ni más, ni menos, ni se crea ni se destruye, sólo se reparte, de tal manera que, siendo Dios, o la Pachamama, tanto da, quien nos la otorga a los humanos, a cada uno nos corresponde un trozo igual al de cualquier otro; esto lleva a la ineludible conclusión de que si uno tiene más que otro, es porque se lo ha robado: cuando los ricos son más ricos, los pobres son más pobres. Atrévete a negárselo a la cara a un progre pata negra y se lo tomará como un insulto personal, como si le mentaras a la madre, y si no pides de inmediato perdón haciendo formal protesto de vestirte de saco o de perroflauta y cubrirte de ceniza para purgar el desliz, te considerará un facha y quedará liberado de su compromiso con la Pazz y de su obligación de respeto a la libertad de expresión y tratará de medirte concienzudamente los lomos y el hocico con algún objeto contundente.
No, no te extrañes. Eso no contradice otro de los axiomas de esos merluzos iletrados, el de que “todas las ideas son respetables” pese a que los rebotes que se pillan cuando les llevas la contraria denotan que de la presumible respetabilidad que presumiblemente otorgan a cualquier presunta idea quedan excluídas todas las que contradigan las suyas, porque aquellas ideas que no coincidan con el dogma progresí son ideas fachas y, como tales, no son respetables (en realidad, el axioma debería ser “todas mis ideas son respetables”). Aunque sus padres le hayan explicado de pequeñito que algunas ideas pueden ser verdaderas sandeces y que lo respetable no son las ideas sino las personas y su libertad para mantener y expresar sus ideas aunque sean gilipolleces de libro y lo hayan entendido, parece que tienen asumido el otro axioma progresí que excluye a los fachas de la categoría de personas con derechos, por lo que aún entendiendo el concepto de respetabilidad de las personas, tampoco desde este punto de vista pueden los fachas tener libertad para exponer sus ideas fachas.
No creo que los bondadosos alimentadores de palomas, miembros casi todos de la antigua clase media, hoy en trance de desaparición subvencionada, sean tan dogmáticos como los progres ideologizados, y me da la impresión que, a pesar de la LOGSE, están abiertos a recibir ideas nuevas o refutaciones de las viejas, pero explícales de forma que puedan entenderlo y asimilarlo que gracias el sucio capitalismo y los malvados empresarios se crea riqueza de la nada, sin arrebatársela a nadie, de forma que gracias a los empresarios y su creación de riqueza, la pobreza extrema de Corea, VietNam, Birmania (o Myanmar, o como se llame ahora), Thailandia, Filipinas, Taiwan etc, se ha reducido del setenta y siete al catorce por cien, que en China, a pesar de la aparición de ricos riquísimos, esa pobreza ha pasado del ochenta y cuatro por ciento al trece, que India ha reducido la pobreza en un treinta por ciento y que como dice el Banco Mundial, en estas zonas, “teniendo en cuenta los puntos de partida de 1990, el progreso se ha acelerado en la última década, arrancando a millones de personas de la pobreza, llevando a millones de niños a la escuela y reduciendo drásticamente la pérdida de vidas humanas debida a causas que se pueden prevenir”, y que “las estimaciones preliminares de 2010 muestran que la tasa de pobreza extrema cayó aún más, con lo que se ha alcanzado el objetivo global (...) de reducir la pobreza mundial cinco años antes”.
La progresía internacional introdujo los “Objetivos del Milenio” como un caballo de troya que por ser imposible de cumplir, les daría nuevos argumentos para fusilar ricos, pero los objetivos se van a conseguir, no porque nadie haga nada, que al fin y al cabo, eso de la ayuda exterior es trasladar el dinero de los pobres de los países ricos a los bolsillos de los ricos de los países pobres, sino porque cada vez más zonas se incorporan a la protección de la propiedad privada, la libertad de empresa y el estado de derecho. Pero hay que convencer a todos los bondadosos que se sienten en deuda con la humanidad y que quieren pagarla con el dinero de los demás, de que es la libertad y la seguridad jurídica lo que hace avanzar al mundo y no la labor de las oenegés. Si lo consigues, la famosa mayoría progresí española, esa pamema de que España es un país de izquierdas, habrá saltado por los aires, nunca más podrán los progres ideologizados llegar al poder apelando a sus buenos sentimientos y acendrada bondad frente a la codicia y negro corazón de la derecha, porque los bondadosos cretinos y caritativos votantes dejarán de creerlos y la democracia española dejará de ser como dos lobos y una oveja votando sobre qué van a comer.





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