Hay noticias que llaman la atención por lo inesperado. A ver, no es que no se espere una noticia como esa, sino que es la forma de darla incluyendo detalles lo que la convierte en muy especial. Estas cosas pasan sobre todo en agosto. Digo yo que por la sobreabundancia de becarios cubriendo las vacantes de los periodistas de nómina que ya tienen perfectamente aprendido qué es lo que pueden y qué es lo que no pueden contar.Aunque todos (o casi todos, que es probable que alguno se salve) cometen espectaculares faltas de ortografía que a pesar del corrector de Word y por mor de las vacaciones del único corrector humano en plantilla lucen esplendorosas en los muy sucintos periódicos de agosto, entre los becarios hay dos clases que pueden diferenciarse fácilmente: los que tienen asumido que el periodismo es una forma de lucha contra el fascismo del Pepé, contra el imperialismo yanqui y contra el mercado, avaricioso y criminal, que está acabando con la vida de millones de personas en el mundo, por lo que todo vale para defender la causa, y si es necesario tergiversar una noticia, se tergiversa, y si es necesario mentir, se miente; estos becarios son asiduos de esos profesores que resultan ser los más comprometidos, que aparecen algunas veces, como los más aguerridos defensores de la Pazz, otras como los que con argumentos más brillantes justifican la alianza con dictaduras sangrientas.
El otro tipo de becario, mucho más escaso, es el del becario de vocación informativa que piensa, iluso, que la de periodista es una profesión que sirve para informar de la forma más completa y veraz posible, de manera que cualquiera pueda tener los datos suficientes como para hacerse una idea completa de lo que sucede a su alrededor. Este tipo de becario es el que ha pasado por la facultad sin que sus vocacionales culos hayan hollado, salvo en los exámenes, los egregios bancos de las aulas de adoctrinamiento, son los artistas del bar, los chulazos de llegar a última hora y conseguir los mejores apuntes de la más brillante amanuense, los que no se sabe como aprueban, pero aprueban, y además defienden a capa y espada la libertad de la profesión y la responsabilidad neutral que adquieren. Como no pisan un aula ni bajo amenazas, nadie ha conseguido adoctrinarlos lo suficiente como para que sólo sean capaces de mirar por un canutillo estrecho, por un canutillo progre. O a lo mejor es que son tan vagos que no quieren perfer tiempo de fiesta en reelaborar unos datos para darles un sesgo ideológico determinado y se limitan a unir esos datos gramaticalmente sin pararse a omitir ni a desarrollar los que perjudican o benefician la línea editorial del tipo al que sustituyen en la redacción.
Y unos y otros se cuelan en medios en los que no repetirán, pero al menos durante un verano ahí están, contradiciendo a los ideólogos oficiales de los medios que les semipagan y sorprendiendo a la afición que, como yo, aún tiene capacidad de sorpresa con la forma de dar las noticias.
Dí un respingo. No podía ser verdad que estuvieran contando esas cosas en un sitio que no fuera Telemadrid o Intereconomía. Y la cosa no quedaba ahí. El locutor insistía: Lo peor de esa falta de suministro era que se producía cuando más necesidades hay, en medio de una ola de calor que exigía lo mejor de los equipos de aire acondicionado, que lo dieran todo. ¿Cómo? ¿Aire acondicionado? ¿Es que los palestinos no viven en la miseria? ¿Es que Israel no tiene sometido al pueblo palestino a condiciones infrahumanas?. ¡Joooder con el becario redactor de la noticia!
En cualquier caso, el patetismo de la noticia era grande. Se trata de la única central eléctrica en Gaza, y aunque tampoco sea para tanto, que Gaza mide siete y medio por cuarenta y cinco km, vamos que es chiquitísima, la única central es la única central, y si se para, es malo malísmo ¿o no?. Pues el locutor estaba empeñado en estropear otra buena razón para justificar el bombardeo de Israel. No es que el bloqueo Israelí no sea tal bloqueo, es que la central eléctrica parada sólo atiende el treinta por ciento de la electricidad consumida, que los estados árabes hermanos amantísimos de los palestinos les proporcionan alrededor del nueve por ciento, y el resto, más del sesenta por ciento, lo obtienen nada menos que de Israel. Vamos, que no solo es que no hay bloqueo de los bienes que les envían sus hermanos de la zona y de occidente, es que les envían poco, y es que la propia nación israelí les suministra lo más necesario, la electricidad.. Hay que echar al becario. Estas cosas no se pueden exponer así, en crudo, a una opinión pública que por fin está convencida de lo malos que son los judíos y lo bueno que son los musulmanes, aunque ejecuten públicamente adúlteras y monfloritas, la opinión pública no está preparada para recibir giros tan bruscos. ¿Quién eligió a ese becario? ¿quién es su supervisor? ¡A la calle también estos!
Pese a que lo anterior no deja de tener su gracia si uno se pone tirando a cínico, más gracia aún tiene lo que me he encontrado buscando datos sobre la noticia en la interné. En principio parece que nace de agencias: Europa Press nos cuenta de una forma bastante fría y sin adornos de ningún tipo lo que pasaba. En ABC parece que la noticia la redactan dos manos, una, apuesto que la del becario, después de relatar el drama que están viviendo y que achaca prima facie a la clausura del paso fronterizo por la jornada sabática (Israel malo, que los sábados deja morir palestinos sin electricidad en los hospitales), cuenta el resto de la noticia, apuesto que por orden de su supervisor. Eso si, si la primera parte contenía una cierta poesía relatora, la segunda se limita a dar datos escuetos. Muy lindo.
Y todo lo contrario sucede en Público. Han ido a contratar uno de esos becarios golfos, de los que no han pisado un aula y van de vocacionales de la información imparcial. Contradiciendo una tradición de parcialidad sonrojante y de titulares tendenciosos que le ha ganado unos lectores semiletrados, pero pasionales, fieles y militantes convencidos de la causa de los que menos tienen contra los mercados criminales y antidemocráticos, en lugar de hacer como su correligionario La Voz del Sandinismo, ese gran diario nicaragüense y bolivariano, y titular la noticia con un contundente “Bloqueo israelí impide suministro de combustible en Franja de Gaza”, va y dice una mariconada melindrosa como “Los hospitales de Gaza declaran el estado de emergencia”.Pero lo más gracioso del caso es que el desarrollo de la noticia, el titularín intermedio y las negritas que tan bien usan y que necesitan para que sus lectores sepan en qué fijarse y a qué destinar sus esfuerzos en la comprensión lectora son pudorosamente imparciales. Es como si el diario tan generosamente financiado, dicen, por Caixacataluña, se hubiera quedado sin pasta suficiente para pagar a suficientes periodistas expertos que se queden de guardia velando por la ortodoxia ideológica y se les pasen gazapos fascistoides como estos que no culpan a Israel, no destacan la situación de bloqueo inhumano y llegan a echar las culpas a fricciones entre el mismo pueblo oprimido. No creo que el compromiso progre de Nacho Escolar hubiera permitido un titular como “Disputa entre Hamás y la ANP” o unas negritas diciendo fascistadas como que “una disputa administrativa desde hace meses” derivada de que un grupo de palestinos “no paga la electricidad” y de que el otro “ha incumplido un compromiso”, por lo que con los “largos cortes de suministro eléctrico”, nacidos con la colaboración de una ola de calor de hasta 35º que ha disparado “el consumo de aire acondicionado y ventiladores” se “podría causar decenas de muertes”. Y para colmo habla de los “dos gobiernos” palestinos y de que más de la mitad de la energía que se consume en Gaza viene de Israel.
En fin, claramente estamos ante un becario en el sitio equivocado, ante una clamorosa falta de supervisión eficiente para evitar desviacionismos y ante unas palabras incómodas para la causa palestina, para el pensamiento único y para el occidente suicida y prácticamente ganado ya para la Umma. Pero nos podemos felicitar de como un solo becario se lleva por delante toda una línea editorial y provoca sofocos en la casta progre.

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