Poco a poco se van conociendo las razones de la toma de contacto con la realidad que llevó a Zapatero a adoptar varias medidas de medio alcance, pero que consiguieron evitar el desastre español a mediados de mayo. Parece ser que no fueron las llamadas de Obama, Merkel y Sarkozy lo que convenció a ese tipo que aún nos gobierna (qué raro que se pusieran todos de acuerdo para llamarle ¿no?), sino la de Wen Jiabao, primer ministro chino, a las cuatro de la mañana del día ocho de mayo. No me cabe duda de que esto se ha sabido por las filtraciones del propio servicio diplomático de la República Popular, que no debe querer tener que volver a avisar, porque ya no cabe. Un solo aviso y lo siguiente es la ejecución.Dicen que la conversación fué muy escueta, y que, de inmediato, le pasaron la nota sobre lo hablado a los popes de USA, Francia y Alemania, o se les contó detalladamente a sus embajadores, que de eso ya no sé nada, pero tanto dá. Lo que dijo el chino fué algo así como “Mira amiguito, Jose Luis, atiende, guapo: La Republica Popular China ha invertido algo de sus ahorros, una bonita suma, en comprar deuda de tu país, de manera que tiene aproximadamente una cuarta parte de la pública y una buena parte también de la privada, y estamos muy preocupados por cómo estás afrontando la crisis. Nada de lo que estás haciendo sirve para nada. Quizá pueda ayudarte en tus elecciones, pero de poner orden en esa economía caótica, nada de nada, de manera que la seguridad que pudimos tener en que ibais a tener dinero suficiente para pagarnos esa deuda a su vencimiento va desapareciendo cada vez más deprisa. En el caso de que no se adopten medidas que nos devuelvan la confianza, venderemos la totalidad de la deuda española por lo que nos den. Nosotros perderemos dinero, aunque no demasiado para los volúmenes que manejamos, pero, por supuesto, el Reino de España entrará en suspensión de pagos, su sistema financiero quebrará y el euro desaparecerá como moneda y probablemente como organización, que de ninguna manera nadie podría aguantar semejante presión vendedora. Así que ponte las pilas ya, nene, si no quieres que la República Popular China demuestre al mundo que nadie puede intentar estafarla”. Evidentemente lo que dijo el chino era una orden envuelta en una amenaza en toda regla. Muy de la cultura china tradicional.
Se convocó con carácter urgente al Ecofin en Bruselas, se aprobó a altas horas de la madrugada el macrofondo de setecientos cincuenta mil millones de euros (es una cifra inimaginablemente brutal) después de que los prebostes en persona, incluyendo a Obama, llamaran a Zeta para decirle que la fiesta se había acabado, que se dejara de tonterías y pusiera de inmediato y como poco media docena de medidas sensatas pero impopulares en las primeras páginas de los periódicos para clamar al amigo Wen, o, supongo que añadirían sin decirlo, harían todo lo que estuviera en su mano para que tuviera que convocar elecciones, para que las perdiera miserablemente y para que su memoria fuera maldita durante generaciones y entrara en grandes caracteres en la Historia de la Infamia de forma que hasta sus hijas se avergonzaran de su apellido y se lo cambiaran por otro que resultara mas querido, como Dracul o Nosferatu.
Y por una vez el Estadista pasó por un momento de lucidez y entendió solito parte de lo que le estaban diciendo: que la economía española debía empezar a funcionar correctamente, como la de cualquier país occidental que tuviera una deuda pública que pagar. Es decir, que querían recortes, que exigían sacrificios, que había que apretarse el cinturón. Le estaban exigiendo a él, al rojo feminista revolucionario, al más social presidente del gobierno mas social de la historia de Estepaís, que adoptara inmediatamente medidas de restricción del gasto, en poco tiempo más debería reformar el marco laboral y, finalmente, reestructurar el sistema fiscal. Y no podía hacer otra cosa que seguir lo que ese chino cuyo nombre desconocía le había ordenado. Que se dejara de tonterias. Se la tenía que envainar, no podía dar un requiebro florido de esos suyos que tanto le aplaude su amigo Suso de Toro y que dicen que le escribe su primo, de esos cursis que suelta ahuecando la voz y que no quieren decir nada, pero que dejan prendada de pasión a la multitud ovina que sigue prefieriendo sus vacuidades a la realidad (genial aquella viñeta del genial Rodera en las elecciones: “basta de datos, exigimos promesas”). Es decir, que tomara medidas impupulares ¡que tenía que dejar de ser bueno, el más bueno de todos, el más sensible, el que más hace por los que menos tienen!Y no empezó mal la cosa. De entrada, tajó un cinco por ciento los salarios del sector público. Doloroso. Y contra sus ideas más profundas. Pero sin darse cuenta de que eso no dejaba de ser como la mitad del brutal ajuste de gastos laborales que había que tenido que asumir el sector privado por la vía del despido y la creación de paro. Además, en lo que aparenta un acto de automartirio consciente, que parece que lo ha hecho para hacerse más daño a sí mismo que a sus sufridores, decide congelar el aumento de las pensiones. Vale que las había incrementado de forma irresponsable por inasumible, pero dudo que se dé cuenta de eso. Finalmente ordenó una gran reducción del gasto público. No, de las partidas inútiles no, la reducción del gasto es del gasto en infraestructuras. Sí, probablemente alguien le dijo que hacer eso era estúpido y que significa limitar el crecimiento y la competitividad, que es lo que se necesita para poder devolver las deudas, pero no se le puede pedir a un Iluminado que parece sufrir una grave enfermedad mental que no volviera a intentar engañar a sus “socios europeos”, que después de bajar los sueldo públicos y de parar el crecimiento indefinido y feliz de las pensiones, limitara además los regalos a los tiranuelos y dictadorcillos del tercer mundo, eso que llaman “solidaridad para acabar con el hambre” y que tanto ayuda a los gobiernos corruptos a vivir mejor y a pagar las armas con las que imponen sus dictaduras, ni acabara con las subvenciones a sus amigos de la Zeja y a las oenegés que en cualquier momento puede volver a necesitar para que espontáneamente ataquen y den cerilla a las sedes del Pepé.
La última y sobrecogedora estupidez que he oido del Iluminado sobre estos temas ha surgido entre los comentarios sobre la nasciturus “reforma laboral” (por cierto, menuda chapuza va saliendo, que lo único que hace es subvencionar el despido: las empresas pagan una parte y nuestros impuestos otra, ¡una soberana gilipollez, una ocurrencia idiota, en vez de regular las relaciones laborales como Dios manda!; por ejemplo, podría eliminar la exigencia de que los despidos deban ser calificados como improcedentes por un juez y puedan ser reconocidos por el empresario; o podía limitar el alcance de los convenios colectivos, que parece mentira que los convenios que negocian entre los grandes parasitos sindicales y los ejecutivos de las multinacionales de cada sector deban aplicarse obligatoriamente a todo el sector, como si no fuera de cajón que unos convenios así negociados incluirán todas las medidas que perjudicando a los pequeños favorezcan a los grandes, de manera que los grandes, poco a poco y con la ayuda de los sindicatos, que parecen tambien tontos, vayan limitando la competencia).
Sigo, sigo con lo que iba. Parece ser, o al menos así lo contaba muy serio el lunes pasado un locutor, no sé si becario víctima de un bromazo de sus compañeros, que para compensar el impacto social y electoral de las subvenciones a los despidos, los equipos gubernamentales y sindicales estaban llegando a la cumbre de la insensatez económica: se pretendía prohibir las reducciones de plantilla (o sea, los despidos, entre otras cosas) en las empresas con beneficios. Con dos cojones. Una medida puramente bolivariana que supone la vuelta directa al franquismo más rancio en todo su esplendor, al franquismo más fascista. Pretende aplicar una de las medidas mas torpemente contraproducentes de todas las teorías políticas fracasadas. Lo próximo será el control de precios de los productos de primera necesidad, y seguidamente, el racionamiento y el estallido social (contra los ricos, claro). Aunque eso sea materia para otro post, Dios quiera que sea un simple globo sonda lanzado por un negociador sustituto de los sindicalistas que andan por los despachos ministeriales intentando descafeinar las intenciones anunciadas por el Gran Líder del plurinacional-sindicalismo...

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