Decía en la entrada de ayer que estaba entre apabullado y entretenido por las revueltas y ahogos que los becarios descontrolados pueden causar en la linea editorial de los periódicos, especialmente cuando el lector es progresista y el periódico de izquierdas, que no están en absoluto acostumbrados a sioportar ideas o noticias que contradigan las respuestas fisiológicas que ya tienen preparadas de antemano. Hay veces que algunos de estos, se ve en las tertulias televisivas, al encontrarse con hechos que contradicen sus preconcebidísimas ideas, entran en convulsiones y comienzan a escupir insultos y veneno. A alguna hasta le ha dado un infarto.El caso es que siguiendo una noticia de estas que encargan estudiar en agosto a los becarios por lo evidente de su desarrollo, porque son nocticias con las que no es posible equivocarse, me he encontrado que la personalidad del becario ha vulnerado la línea ideológica del periódico. Se trataba de las restricciones al consumo eléctrico en Gaza que ha provocado el impago del combustible a la Autoridad Palestina por parte de los que la echaron de Gaza, los terroristas de Hamas. En ABC la tendencia parecía claramente decantarse a un “en Gaza no hay electricidad porque Hamás se queda con la pasta que cobra y no paga el combustible”, mientras que en Público lo procedente era “el inhumano bloqueo israelí a Gaza pone en peligro la vida de centenares de enfermos en los hospitales de la franja”.
Pero las cosas tienden a no salir como se espera. Así, parece que la tendencia del becario de turno de culpar a los judíos, los malvados Neocon y a Esperanza Aguirre de todo lo malo que sucede en el mundo pudo ser oportunamente corregida por el supervisor de guardia, y lo que empezaba con críticas a Israel, terminaba con una fría exposición de datos que limpiaban su imagen. Por el el contrario, en Público se culpaba claramente a los propios palestinos de lo que estaba pasando. Con toda seguridad habrán echado al becario, pero eso puede ser un punto más en los méritos para acceder a según qué grupo de comunicación. Lo que no creo que tenga un remedio inmediato son las convulsiones, sofocos y erupción de granos que la sola lectura en su periódico favorito de algo que podía calificarse como políticamente incorrecto (aún sigo alucinando con que decir la verdad pueda ser considerado políticamente incorrecto) puede provocar en progres y militantes.
Sin embargo, saben los solidarios patrios que hay cosas que no pueden fallar, y para los más mayores que aún saben leer, El País se erige en guardian de la ortodoxia y nos presenta un artículo sobre Gaza en el que Javier Ayuso aporta la visión sobre el conflicto que cualquier progre que se precie exige en sus lecturas estivales. Pero le falta convicción y contundencia. Aunque lo titula “Encarcelados por amigos y enemigos”, en el subtítulo afirma que nadie muere de hambre ni de enfermedad en Gaza. Aunque denuncia que desde 2009 no se ha podido “reconstruir” ninguna vivienda por falta de materiales de construcción y tienen que levantar casas de barro “como solución provisional”, cuatro párrafos más abajo narra cómo se ven “toneladas de cemento recién traído de Egipto por el túnel de al lado” desde uno de los túneles que tiene Gaza con Egipto que está visitando el periodista. Aunque habla de la amabilidad del soldado israelí que le examina la documentación para entrar en la franja, insinúa con un pueril “con el visado, entrar es fácil; salir, ya veremos”. El insidioso remoquete, que parece anunciar una odisea para escapar del cruel bloqueo israelí con que amenaza el título del reportaje, queda en nada. Silencio. Apuesto que el agudo periodista salió “del encarcelamiento” sin ningún tipo de problema. O sea, que como diría Cervantes, aquel que zurrándole la badana a los correligionarios de estos modernos filisteos por allí cerca, en Lepanto, cedió el brazo que no el ingenio ni la mala leche, “y luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”.Y es que se está perdiendo la seguridad y la convicción en lo que se hace. ¡Mira tú que insinuar en ese reportaje de que las invasiones se deben al secuestro de soldados y a la inevitable hartura que producen los más de ocho mil misiles que los pobrecitos palestinos han lanzado desde Gaza hacia Israel! ¡Mira que calificar de “amable” al soldado de la frontera israelí y decir que los soldados palestinos del otro lado, en cambio, van “de negro y con cara de pocos amigos”! ¡Mira que reconocer que “Gaza vive una guerra interna entre las dos organizaciones palestinas: Fatah y Hamás” y que los pajarracos de Hamás “han instaurado un régimen radical islámico” en Gaza! ¡A quién se le puede ocurrir poner por escrito en un diario progre que entre los dos grupos palestinos hubo una guerra en junio de 2007 que se llevó por delante a setecientos palestinos sin que intervinieran los judíos!
Afortunadamente para sus lectores, que no creo que aguantaran a pie firme el sofoco que la lectura de esas incorrecciones políticas seguro les produce, la ortodoxia ideológica termina imponiéndose en el buque insignia que fué de D.Jesús de Polanco. El desaliento palestino ante la fuerza israelí se traduce en un gemido: ¿qué va a ser de nosotros?. El arrojado reportero conoce la solución: “la única respuesta que reciben viene de los clérigos en las mezquitas: hay que seguir luchando”, por lo que consecuentemente, casi aplaude el sentimiento religioso que le hace apreciar que “hasta en la calle se nota el aumento del velo entre las mujeres”.
El lector progresista podrá sentirse satisfecho: ¿cómo no vamos a justificar el auge del islamismo más radical en esos países? ¿cómo vamos a impedir que esapobre gente se agarre a la religión para huir de su triste condición? ¿cómo vamos a impedir que esa religión que acoge a esos desgraciados se haga visible en nuestros países cuando llegan aquí después de conseguir escapar de sus miserables futuros? Es una forma de compensarles de los daños que reciben por nuestro inaceptable apoyo a Israel, su demoníaco y cruel torturador.Ese mismo lector progresista no se dará cuenta de lo que está pasando delante de sus narices y con su colaboración. Lo contaba Genoveva hace unos dias en La Gaceta: no hace mucho, en una peluquería habían acabado con una cliente y le habían dejado una melena esplendorosa. Antes de irse se puso un hijab y se tapó lo que le habían hecho. Las peluqueras y las clientes se hacían lenguas diciéndole que ese pelo tan bonito era para lucirlo, que no se lo tapara. Y la pájara soltó "Yo me pongo el pañuelo porque quiero, mañana tú te lo pondrás por obligación". Los progres pueden estar tranquilos, especialmente los de la cuerda de Zerolo. O no.

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