sábado, 11 de septiembre de 2010

Cómo hacerse caquita, o dando calor al Corán

Desde los avances del libro de Hawking, en el que cuenta desde un punto de vista aparentemente científico que al principio no existía nada, pero nada nada, ni espacio, ni tiempo ni nada, y de repente surgió una singularidad que explotó (el Big Bang) y surgió el universo, o sea, todo todo, los progres se han crecido. Para regocijo de Público, de esas conjeturas deduce el científico (¿) escritor que la existencia de Dios no es necesaria, aunque no se sabe por qué lo dice, pero quizá haya sido porque nadie le ha sugerido que eso de que en el principio no hubiera nada, y luego todo existiera se parece extraordinariamente al Génesis en lo de que en no había nada hasta que Dios se puso a crear cosas. En fin, que los progres, ante ese silencio y merced a su incapacidad de pensar por sí mismos, estaban encandilados con la ciencia y francamente interesados en dar bola a la supuesta demostración de la innecesariedad de la existencia de Dios y, consecuentemente, sospecho, en la obligatoriedad de eliminar cualquier signo que pudiera sugerirlo. No han parado de hacer ateísmo militante hasta que un personaje de esos de película de sangre y vísceras en la que unos viajeros caen en manos de un sheriff psicópata del medio oeste americano ha llamado a quemar coranes como un a modo de homenaje a los muertos de las Torres gemelas.

¡Gensantísima cómo se han puesto con el predicador! Los progres, porque una cosa es cachondearse del cristianismo, y otra distinta hacer mangas y capirotes de la multiculturalidad, de la Alianza de Civilizaciones y del Islam; los demás, porque aprovechando su capacidad y experiencia en cogérsela con papel de fumar, han apreciado que se trata de un insulto de tal magnitud hacia una Fe, que puede generar atentados contra occidentales a lo largo de todos los territorios ocupados o infiltrados por los islamistas, peligro que se incrementa por coincidir con la sagrada fiesta del fin del Ramadán.

A ver. Es repugnante quemar libros, es imperdonable mofarse de las religiones propias o ajenas, y quienes lo hacen deberían ser repudiados por la sociedad, pero no es razonable mantener al mismo tiempo que es estupendo cocinar un Cristo como hizo Javier Krahe, hacer exposiciones de fotos pornográficas con la Virgen de protagonista, las coñas de Carod Rovira con una corona de espinas o el aplauso a las celebraciones por la masacre de las torres gemelas en todo el medio oriente, y que resulte malísimo pegarle fuego a un Corán. Tan insultante es darle cerilla a una bandera americana o a una foto de los Reyes como hacerlo con una Biblia o un Corán. Si se quema un Corán en USA, los mullah iraníes pueden quemar Biblias en las plazas de los pueblos sin que nadie les diga nada si de lo que se trata es de vengarse. En este caso, el problema sería encontrar Biblias en Irán.

Luego ¿cuál es la diferencia entre hacer coñas con el cristianismo, con las banderas occidentales o con las fotos o efigies de los mandatarios occidentales y hacer lo mismo con los símbolos mahometanos, sean coranes o efigies del Profeta? Pues que nos hemos cagao por si nos hacen pupa. La única diferencia es que nos hemos hecho caquita encima, que nos da mucho susto que los moros se enfaden y se pongan a matar cristianos. Como si no lo hicieran siempre que pueden...

Tuve la suerte, o la desgracia, que nunca se sabe, de hacer la mili nada mas estallar la segunda crisis del petróleo, y mi sargento primero, un militar de los de entonces, chusquero, de grandes bigotes caídos, con poca formación y mucha inteligencia emocional, hablando de la terrible crisis en la que nos habíamos metido con la multiplicación por quince del precio del petróleo que había generado una inflación del veinticinco, decía algo como “no entiendo cómo soportamos esto sin hacer nada: bastaría un mínimo esfuerzo militar para acabar con es tas cosas”. Evidentemente, era una barbaridad de alguien poco acostumbrado a ser medianamente respetuoso con la libertad. Pero tenía razón. Un ínfimo esfuerzo militar habría bastado para acabar con las decisiones autónomas de los países árabes, que entonces no tenían media hostia. Hace diez años habían mejorado, pero todavía podíamos con ellos. Ahora nos vamos de Iraq y de Afganistán con el rabo entre las piernas pese a que todavía podríamos haber ganado si los medios mas puretas no se hubieran puesto en contra.

Las tendencias históricas tienden a ser inexorables, de manera que los caminos tienden a llegar hacia un sitio determinado, pase lo que pase, en un momento que también suele estar determinado y que solo puede cambiarse con un gran esfuerzo, de forma que, por ejemplo, la hegemonía alemana, una vez desecados los pantanales y canalizado el Rhin era cuestión de tiempo y el intento de Hitler de adelantarla estaba abocado al fracaso. Además, con su especial ideología y la peculiar manera con la que intentó consiguirlo hizo que la hegemonía se retrasara veinticinco años en lugar de acelerarse. Intentar intervenir en esos flujos históricos es inútil, lo más que se puede conseguir es alterarlos, que las cosas van por donde pueden ir y antes o después acaban llegando.

Y me temo que el broncón violento con el Islam es inevitable. Si nos encontramos con una forma de vida que desprecia al individuo y que preconiza su superioridad y la obligación de los fieles someter a todos los demás, enfrentada a otra que defiende la libertad individual tanto tanto, como para permitirse ser infiltrada y acosada hasta soportar no ya que les derriben uno de sus símbolos con sus propios aviones matando a varios miles de personas de una tacada, sino para permitir que para más joder, pocos años después levanten un templo para mayor gloria de los que lo hicieron en el sitio en el que lo hicieron..., amigo, tenemos un problema al que antes o después nos tendremos que enfrentar.

Empezamos reciamente con las caricaturas de Mahoma, envainándonosla y prohibiendo su reproducción..., y soportamos a pie firme que quemaran embajadas y banderas y que asesinaran cristianos rezando porque los ánimos se calmaran lo antes posible. ¡unos valientes que fuimos defendiendo la libertad de expresión!. ¿Quién duda que antes o después encontrarán la excusa final para empezar a soltar las bombas que hemos permitido que fabrique Irán porque nos da reparo hacer nada que les pueda levantar el ánimo agresivo? ¿Ahora por quemar coranes? ...No, ahora es difícil, que aún no tienen las bombas. ¿Mañana por no cumplir el ramadán y abrir los bares? ¿pasado mañana por ir a la playa en bikini?. Pues si tiene que haber problemas, que los haya ya, si tiene que pasar algo, que pase ya, si se tiene que adelantar la cosa por defender el derecho de un imbécil a quemar coranes, de otro a cocinar cristos o de otro más allá a ciscarse en los muertos de Benedicto XVI o de Ahmadineyhad, adelantémoslo, porque el follón es inevitable. Si es que las reacciones a un acto estúpido pero banal pueden ser tan extremadamente desproporcionadas como para provocar un conflicto serio como nos cuentan, respetémonos a nosotros mismos respetando y defendiendo a cualquier precio la base de nuestra civilización, la libertad, y aprovechemos que las reacciones, si las hay y no alcanzamos a evitarlas, pueden ser tan estúpidamente violentas que será posible que la opinión pública se dé cuenta de la realidad y que el mundo libre pueda reaccionar a tiempo frente a una amenaza no supuesta sino real y expresamente proclamada a los cuatro vientos. Aunque los progres que ahora defienden la prohibición de quemar el libro (desde luego, no la de quemar la foto del Rey o la bandera americana) puedan decir que “era lógico, porque si se queman coranes, se pueden matar personas (occidentales)”, que tan estúpidos parecen que cualquiera diría que dedican su tiempo a buscar excusas para legitimar los atentados suicidas.

Lo gritó un poeta amenazado hace cuatrocientos años, cuando nos las teníamos tiesas aún con el Turco: "No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo...", así que quede claro que no estoy abogando por quemar el Corán, que eso es algo que me parece francamente mal, sino por que si alguien lo hace, le demos el mismo trato que cuando otro quema una bandera o cocina un cristo, o sea, manifestar nuestra repugnancia y dejar claro que sabemos que el autor del hecho es un descerebrado. Lo que digo es que no podemos intentar apaciguar a quienes nos odian profundamente y ya nos tienen amenazados (y de cuando en cuando, directa y sangrientamente atacados) prohibiendo algo si ello supone saltarnos nuestras propias exigencias de libertad de expresión y tolerancia hacia cualquier manifestación mientras tratamos de taparnos el culo que nos hemos dejado al aire diciendo que lo hacemos por respeto hacia todas las culturas, cuando la realidad es que estamos impidiendo la quema del Corán porque nos da miedo lo que nos puedan hacer, que el islam nos tiene acojonados. Se lo dijo Churchill a los idiotas que bajaban de un avión con un papel firmado por Hitler y proclamando que traían la paz: “para conseguir la paz habéis renunciado al honor. Ya tenéis el deshonor, pronto tendréis también la guerra”. ¡Anda que se equivocaba...!

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