martes, 7 de septiembre de 2010

Cooperantes Tapioca

Uno de los espectáculos más lamentables que nos han facilitado nuestros próceres este verano ha sido el chou de los cooperantes catalanes secuestrados por lo que se hace llamar pomposamente Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), pero que a mí me da la impresión de que más que unos apóstoles de una fé, son lo que siempre ha habido por los secarrales de la Umma, unas bandas de miserables que pretenden completar sus medios de vida asaltando caravanas, viajeros o lo que se tercie para quedarse con lo que llevan y, quizá, si los asaltados son ricos, pedir rescate por ellos, de forma que si están en una zona transitada y su modelo de violencia funciona lo adecuadamente bien como para que no los masacre alguien más poderoso y violento, pronto se van organizando y reclutando gente y recursos hasta que se hacen con el control de un territorio mas o menos grande. A partir de entonces lo que pretenden es trepar al mando absoluto, al control de toda la región. ¿O cómo crees que funcionaba en la edad media la pamema esa del feudalismo?

O sea, lo mismo que pasa en cualquier zona del mundo lo suficientemente subdesarrollada como para no haber podido superar el mandato de la vida en la naturaleza: independientemente de la cantidad de alimento producido, la población fluctúa de manera que en todos los casos los más débiles mueren de hambre, máxima que se cumple inexorablemente en todas partes y entre la totalidad de las especies animales que no han conseguido un grado de civilización capaz de aumentar la producción controlando la población. Hay que recordar que todavía en el siglo XVIII, Malthus se apuntaba a que eso era inevitable pero enunciando su ley de una forma menos brutal, a pesar de que ya había empezado a superarse, primero en algunos países, luego en el todo el mundo occidental, un poco después en el extremo oriente de influencia americana, y ahora empieza en los más que famosos BRIC.

Permíteme una dispersión: siempre he pensado que el gran milagro de la generalización del uso de la penicilina en los años cincuenta fue su coincidencia con una sociedad preparada religiosa y socialmente para dejar de tener hijos a espuertas; en caso de no haber sido así, el estallido demográfico por la supervivencia de casi todos se habría llevado por delante cualquier posibilidad de mantener el crecimiento y habría provocado la misma debacle sociológica que ahora se está produciendo en una buena parte de los países que deberían empezar a desarrollarse, o sea, demasiada gente para lo que producen, altas tasas de pobreza, emigración a mansalva, y auge de los fundamentalismos o pintoresquismos religiosos, que a algo hay que agarrarse para mantener algo de coco en su sitio. Y conste que no me quedo en el fundamentalismo islámico, que lo de la Pachamama de ese bienintencionado pero sórdidamente incompetente Evo Morales también manda buebos.

Pues eso, lo que pretendían los asaltantes de caravanas que al fin han encontrado la bonita excusa argumental de su religión y de la lucha contra la opresión occidental es lo mismo que quieren siempre los bandidos fuertes, quedarse con el poder absoluto en sus países. Y para eso necesitan pasta. Y nosotros se la damos a cambio de la foto con dos sinsorgos pijos de Barcelona vestidos de Solidarios Tapioca. Por lo pronto, la gracia del pago del rescate por los turistas aventureros nos ha metido en un follón del carajolavela con el gobierno de Argelia, el primer objetivo de esos bandidos ahora subvencionados con nuestros impuestos. Por lo pronto parece ser que los argelinos, rebotados porque nuestro dinero vaya a financiar violencia allí, nos van a subir el precio del gas que nos venden aprovechando un laudo a su favor, que, dicen, puede llevarse por delante a Gas Natural, a la que por otra gracia parecida (los apoyos de Zapatero a Marruecos) echaron del accionariado del gasoducto de Orán, aquella obra impulsada por Aznar para disuadir a Marruecos de ponerse farruco y presionarnos cerrando el grifo en el único gasoducto que había entre los yacimientos y Europa, y que controlaba Mohamed. Vamos que la gracieta de irse treinta y cinco pijos de vacaciones a Mauritania ‘va a hacer inevitable que aumente el quince por ciento el precio de la energía.

Así que este gobierno que comanda un incompetente incapaz de manejar simultáneamente tres datos, se ha encontrado con que gracias a su fomento del turismo de aventura disfrazado de solidario y a la búsqueda de una foto con los “cooperantes” de vuelta gracias al gobierno que tapara la crisis de las policías con Marruecos (a ver si pillo el tema ese, que manda pelotas los grititos que han estado dando los progres cuando vieron a Aznar en Melilla dejándoles con sus sonrosados culetes al aire norteafricano), nos ha provocado un conflicto diplomático (que nos va a sacar los colores en la ONU por financiar el terrorismo), económico y, por lo que a ellos les interesa, electoral, que el subidón de la luz va a poner de los nervios hasta a sus votantes más fieles.

Y es que lo de las oenegés apesta como caca de mono. Todavía recuerdo cuando eso de llamar “oenegé” a los misioneros laicos que se organizaban solos y que no seguían consignas de sus gobiernos por eso de que manejaban sus propios dineros era cosa de iniciados, que nadie había oído hablar de ellas hace ni veinte años. Ahora, la sobreabundancia de dinero e impulso gubernamental a los que sin pudor de ningún tipo siguen llamándose “no gubernamentales” ha provocado una exuberancia en su crecimiento que repugna a la gente seria (léase a Javier Nart, progre confeso y ateo pero persona cabal, que sólo salva de su indignación y alipori a las ong religiosas). No se trata solo de que dependan del dinero de los gobiernos, de que se dediquen a los proyectos que agradan a los gobiernos (si no, no se los subvencionan), de que se hayan convertido en una especie de agencias de viajes para gente de carné de progre patanegra, de que los modernos misioneros sean como funcionarios con cartilla de buena persona, es que se les ha empezado a ir la mano con ellos, crecidos y descontrolados. Y tanto se les ha ido, que hasta los progres oficiales se han dado cuenta de que se ha ido más allá de lo recomendable. Si además resulta que ya les han explicado de forma que hayan podido entenderlo que los pagos que han hecho a los piratas del Índico y a los salteadores de caminos del Sahel han conseguido que todos los bandidos del mundo sepan que si cazan franceses a lo mejor les llegan unos comandos y los apiolan, pero que si lo que trincan es personal español no religioso van a recibir un pastón por dejarles marcharse, parece que ha llegado el momento de rectificar el rumbo.

¿Qué hacer? Pues en estos tiempos de recortes de los sueldos de los funcionarios y de las pensiones de los viejos, cualquier ser vivo con dedo y medio de frente habría echado el freno a la pasta que les damos entre todos para que puedan irse al amazonas a apadrinar guacamayos y habría avisado de que si alguno de estos tontainas vestidos de explorador se deja pillar por un indígena agresivo o cegado por la codicia del tesoro que puede conseguir secuestrando a un español (que ocho millones de euros aquí ya es una pasta, pero en Mali, en el Orinoco o en la selva birmana es un fortunón obsceno), pues tendrá un problema que tendrá que comerse solito, que para eso es aventurero y las aventuras es lo que tienen, que a veces salen mal.

Pues no, amiguitos, no. Eso lo habría hecho alguien serio, no estos cantamañanas. Lo suyo es la imposición, la imagen del poder, el ordeno y mando, el fascismo, que lo único que se les ocurre es prohibir, exigir licencias y sometimiento a la autoridad. Aunque no sirva de nada. ¿O es que crees que la prohibición de los bollos en los colegios va a acabar, o siquiera va a disminuir el número de niños gordos?. Pues para evitarse problemas entre cooperantes y bandoleros, a estos merluzos totalitarios lo mejor que se les ha ocurrido ha sido ponerse a redactar leyes... ¿Leyes? ¿para qué? ¡Acertaste!, ¡para regular las caravanas solidarias!. Con dos cojones y en caliente. Y todos tan contentos...

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