En principio, casi todos confiaban en que la campaña de Blanco funcionara pese a estar desactivadas las apelaciones a Gürtel con Ivancito Chaves y los Eres de llevárselo crudo, aunque todavía les quedaban armas. Lo primero que hicieron fué dar una cierta visibilidad a las negociaciones con la ETA; así que con eso, con la legalización de Bildu/Batasuna y con la excarcelación pública de un par de etarras de los más malotes habría bastado, en otras circunstancias y con otro estratega enfrente, para centrar la artillería gruesa de la campaña en lo de que si el pepé no quiere la pazzz, y que si lo que quiere el pepé es que haya atentados para culpar al gobierno y ganar las elecciones, y con ello, entre dimes y diretes, se habrían calentado los progresistas de la abstención y saldrían a votar. Al psoe, por supuesto.
Pero no funcionó. Para disgusto de Federicos y Federicas, Rajoy no entró a ese trapo; de lo único que hablaba era de los cinco millones de parados y de la política estúpida de Zapatero. Sacaron la ley de Muerte Digna para ver si calentaban a los obispos. Y tampoco funcionó, los medios, al hablar de la campaña, sólo hablaban de la matraca de Rajoy con los cinco millones de parados. Aunque los poderosísimos medios del gobierno no paraban de afirmar que de lo que se tenía que hablar era de los problemas autonómicos y locales y que el malvado Rajoy estaba haciendo juego sucio hablando de economía, que ahora no tocaba, al personal se la traía floja, porque el personal está acojonaíto con un cuñado en el paro y él mismo a punto de ser despedido.
Y es que con los previsibles efectos de la desastrosa gestión de la crisis, los disparates del Plan E, los cuatrocientos euros, el cheque bebé, los anuncios de medidas de choque, los brotes verdes, los suelos que nos dicen cada mes que hemos tocado y la sarta de mandangas que malamente llevan vendiendo tres años, hasta los más prominentes barones querían esconder al cada vez más innombrable ZetaPe. Y eso era lo planeado. Tan planeado estaba que hasta pasaron de empezar con la fiesta de Vistalegre como empezaban todas las campañas desde que Pilar Miró le pintó unas canas a González, y desde antes de empezar dieron una brasa poderosa con que había que hablar de alcaldes y de autonomías, que la política nacional no se discutía en esas elecciones, que no era un plebiscito sobre Zapatero. Pues, fíjate bien que ahí está la mano del taimado Rubalcaba, El Innombrable ha estado apareciendo una y otra vez en los mítines, ha estado ocupando él solito los minutos de directo en los telediarios dejando a un lado a los candidatos reales. Seguro que al Gran Calvo no le costó ningún trabajo conseguirlo, que el ego elefantiásico del todavía Presidente jugó a favor de los planes del todavía Vicepresidente, y con un simple “Jose Luis, las cosas no van bien, tienes que sacar tu carisma en los mítines” debió consiguir que se tirara al ruedo a recibir las cornadas de un cuerpo electoral que ya estaba toreado.
Quizá te preguntes que porqué estaba Rubalcaba por sacar a bailar a Zeta. Mi impresión es que porque como ya sabía que no podían ganar salvo milagro, siempre sería más fácil recuperarse si consiguiera poner todos los focos apuntando al Estadista Planetario, que como ya no se va a volver a presentar, el votante psocialista, ese que sería capaz de votar una candidatura paritaria de chimpancés y chimpancesas antes que cambiar de partido y que posiblemente se iba a abstener porque ya ha descubierto que el Líder es un inútil, vería satisfechas sus ansias de venganza y consideraría castigado debidamente al responsable del desaguisado propio y colectivo con el palo en las autonómicas, con lo que en las generales podría volver a votar psoe. Vamos, que muerto el perro se acabó la rabia y se empezaba a quitar a Zapatero y su pandi de su camino.
El peligro de esta maniobra era que el Gran Timonel, perdido ya el seso, se pusiera a cagarla concienzudamente. Y eso fue precisamente lo que pasó. Mucho criticar a Rajoy por hablar de España y de Zapatero en vez de promover a sus alcaldes y va el de León y suelta el gloriosísimo cagarro de los bellacos. En su enloquecida soberbia no se le ocurre nada mejor que insultar a todo el mundo, incluso a los que podrían votar al psoe aunque fuera tapándose la nariz, vendándose los ojos y lobotomizándose con un cuchillo de cocina, llamándoles bellacos por pensar que él, el Gran Líder de los Desfavorecidos, el Defensor de la Alianza de Civilizaciones, el Adelantado de la Pachamama, el Gran Papa Laico, había reducido derechos sociales. ¡Al pobre Jose Luis se le había olvidado que ha congelado las pensiones de los viejos, que les ha bajado el sueldo a los funcionarios, que quiere subir la edad de jubilación...!
Pero Rubalcaba es un genio. Vió que si seguían así lo que se les iba a caer encima era casi el extraparlamentarismo y decidió dar por terminada la campaña electoral. Buscó uno de esos grupúsculos de radicaloides (perroflautas les llaman en la frikipedia) que hubieran convocado algún sarao contracultural exigiendo la felicidad universal, el fin del consumismo y la vuelta a la vida feliz en las cavernas o la huelga general revolucionaria, le dio alas con unos cuantos reportajes en los periódicos afines y un poco de telediario, y a correr. En dos días llenaron la Puerta del Sol de carteles y consignas y ya no se volvió a hablar de los parados ni de Zapatero, los telediarios se llenaron de periodistas idiotas dejando atrás su frustración de cronistas de sucesos de medio pelo y deseosos de poder contarle a sus nietos que ellos retransmitieron desde dentro la revolución que mejoró la francesa, el Mayo del Sesenta y Ocho y la Movida Madrileña.

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