viernes, 19 de agosto de 2011

Indeseables, fascistas y jMj

Nadie que no esté en Madrid puede llegar a imaginarse lo que está pasando con el fiestorro este de la jMj. De repente, las calles de Madrid, el Metro, los restaurantes, las tiendas, todo, se ha llenado de jóvenes con camisetas de colores con el logo, sombreros, abanicos y mochilas con los colores de España, que ondean, orgullosos, las banderas de sus países (¡qué envidia!). Los peregrinos cantan cuando pasean, cuando se sientan en grupos a descansar, cuando se meten en el metro a pasar calor porque los solidarios conductores apagan el aire acondicionado. Sin vergüenza de declararse cristianos, y sin miedo. Jamás había visto una exhibición de alegrìa y de buen rollito tan masiva. Y por primera vez desde hace medio siglo, en España se ha vuelto a insultar, a ofender y a agredir a alguien por hacer visible su religión.

Madrid, esa ciudad que dicen abierta a todos, moderna y tolerante, se ha revelado como lo que en realidad es: una guarida de indeseables intolerantes y agresivos. Los progres se tienen que haber cagao viendo la avalancha de católicos militantes y han enseñado los colmillos con la manifestación “laica” (manda güebos, laico soy yo, ellos son los alegres feligreses de la Calentología, de la Memoria Histórica y del Progresismo militante anticristiano) para protestar porque “sus” impuestos pagan la visita del Papa, “Contra la aportación de fondos públicos a la JMJ”. Les da igual que eso sea radicalmente mentira, que cada uno de los peregrinos haya pagado unos cientos de euros a la organización además del viaje y el resto del dinero lo hayan puesto cuatro patrocinadores, así que las cien organizaciones convocantes, todas ellas ávidas receptoras de subvenciones y mamandurrias, les siguen gritando “esa mochila te la he pagado yo”. Y si les explicas que no, que no ha habido un duro de subvención, replican como si te hubieran pillado mintiendo, que es que parecen gilipollas, “¿y el lucro cesante, qué?: se les ha rebajado el metro” lo que también es falso, que diez euros por una semana de bonobús cuando a los jóvenes les cuesta treinta por un mes, tampoco parece una rebaja para llamar a casa. Ayer ví a unos grupos de treintañeros que después de mirar con odio a un grupo de peregrinas adolescentes que pasaron por delante de ellos, se pusieron a hablar desde varias mesas en una terraza: “estas cervezas nos la podría pagar la Aguirre igual que a esos les regala la mochila” “no, la mochila la pagamos nosotros, que nos lo pague el Papa de su bolsillo, que bien lleno lo tiene”. Y no eran los punkarras, okupas y drogotas que son los camisas pardas del pesoe, eran progres de base con aspecto universitario, universitario imbécil, se entiende.

Si aún viviera, a Unamuno ya no le dolería España y sólo se sentiría avergonzado de ser español, “español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo”. La grotesca sinrazón de la intolerancia que otra vez ha vuelto a dominar esta masa informe de hidalgos, pícaros, bandoleros y paniaguados que somos los españoles, deja claro que ni somos libres, ni nos gusta la libertad, ni sabemos hacer otra cosa con ella cuando la tenemos, que corromperla hasta hacerla desaparecer, ya sea con “las cadenas” de El Deseado Fernando VII, con la Revolución de los que perdieron las elecciones del 33, o con la indignación de los iletrados vástagos de la LOGSE. Vale, la aversión a la libertad se gestó una vez con la invasión de quienes nos la traían flanqueada por la igualdad y la fraternidad a golpe de sable y fusil, otra, con la miseria profunda que saltó de la guerra de Marruecos y la crisis del 29, pero ahora, el resurgimiento de nuestras ansias de ser sometidos, de nuestra necesidad de que alguien nos dicte lo que debemos hacer o lo que podemos pensar nos lo hemos buscado nosotros solitos abrazando unos la religión de lo políticamente correcto, y los más, tolerando y tragando con que hay cosas que no hay que decir para no tener problemas.

Cuando, comentando una truculenta historia de celos, pobreza, incultura, desarraigo y violencia (lo que ahora se llama “violencia de género”), al grotesco y lúcido Sostres se le ocurrió decir que si una mujer le dice a su marido en medio de una agria discusión que el hijo que está esperando no es suyo sino de su vecino, al que se calza concienzuda y diariamente nada mas irse él al tajo, lo normal, lo que puede esperarse que suceda, lo que a nadie puede extrañar es que el astado se líe a palos con ella y llegue a matarla, la jauría de progres y biempensantes se echó encima de Pedro J. para que expulsara al blasfemo de su trabajo, lo denunciaron a la fiscalía y, no lo sé pero tampoco lo dudo, le debieron amenazar de muerte mas de una vez. Porque hay cosas que no se pueden decir aunque sean absolutamente irrebatibles. Y es que como los españoles queremos volver a la dictadura, lo primero que hemos hecho ha sido laminar la libertad de expresión.

¿Que no es así? ¿que toda idea se puede defender libremente? ...Ay, amiguito, qué ingenuo eres. A ver, métete en cualquier conversación amplia, y cuando salga el tema, que saldrá, ponte serio y afirma “los curas pederastas no violan niños porque son curas, sino porque son gays”. Pincho de tortilla y caña a que, en lo sucesivo, ninguno de los progres que te hayan oído volverá a saludarte y los que no lo son te rehuirán para que nadie los asocie contigo. A partir de entonces serás un apestado y tendrás suerte si uno de esos merluzos fascistoides no te pone una querella y te tienes que gastar un pastón en abogados.

Pues estos fascistas camuflados de oenegé, lo que peor llevan es el cristianismo. Para ellos cualquier religión, por aberrante que sea, debe ser respetada; salvo la cristiana, que sólo es digna de exterminio, para ellos es una religión, triste, represiva y oscura que hay que combatir (deben haber alucinado con los cientos de miles de adolescentes alegres y de colores que han tomado Madrid). Su problema básico con los cristianos militantes es que no son políticamente correctos, están contra el aborto y lo dicen, contra el homotrimonio, y lo dicen, a favor de la familia, y lo dicen, y eso lo llevan mal, muy mal. Tan mal, que consiguen que se les vea el plumero intolerante. Por lo pronto, con la visita de El Papa han tenido el cuajo alertar por carta nada menos que a la fiscalía para que vigile sus discursos “por si pudieran contener alguna crítica o condena contra el aborto o el matrimonio homosexual”. Y si lo contienen, ¿qué? ¿quieren encarcelar a Benedicto XVI? ¿quieren que se fusile a quienes condenan el aborto o el homotrimonio? ¿eso es defender la libertad y la tolerancia?. ¡¿Pero quién coño se creen estos que son para taparle la boca ni al Papa ni a nadie?!.

“El nacionalcatolicismo toma aire y sol estos días en Madrid utilizando espacios y recursos públicos” titulaba Público la mañana de la manifestación anticatólica. Pues claro, los espacios públicos son eso, públicos, vamos que no pertenecen a los perroflautas esos que hablan democracia real cuando quieren decir carcel y paredón para los que no traguen con ellos. Y con la manifestación a Sol, que portaba una enorme pancarta de “Viva Satán”, que hay que ser imbécil, pasó lo que tenía que pasar, que unos miles de fascistas se fueron a agredir a cuantos peregrinos-turistas pillaran al grito de “¡Pederastas!, ¡nazis!, ¡hijos de puta!”. Un periodista en El Mundo cuenta detalles brutales de lo que vió. Copio y pego: "Las caras de los radicales estaban completamente desencajadas, fuera de sí (...) hacía muchos años que no veía tanta inyección de sangre en ojos de manifestantes (...) algunos daban miedo (...) La visceralidad de los ataques de esos radicales fue intensa (....) Rodearon a los peregrinos mediante empujones, gritos, insultos y patadas para sacarlos de la plaza ante la pasividad policial (...) Auténticos cafres lanzando gritos y amenazas a los jóvenes. Vi mucho pánico en los ojos de los peregrinos y a muchas, digo bien, a muchas que al ver el espectáculo rompieron a llorar de puro miedo (...) las mochilas naranjas, los crucifijos y hasta los alzacuellos eran una «provocación» para esos radicales”. "Madrid era hasta ahora una ciudad donde cabían todos los pensamientos. En Sol eso se acabó".

El periodista se acercó a uno de los vociferantes. «Es que nos están provocando», «es que están rezando», escupió. Alguno gritaba "‘Os vamos a quemar como el 36’",. Me trae a la cabeza aquello que contaba Buñuel del relato en un periódico anarquista de un suceso que dejó tres sacerdotes muertos y uno herido aquel año: “subía un grupo de camaradas por la acera izquierda de la calle Montera cuando en dirección contraria vieron acercarse a cuatro sacerdotes vestidos de sotana. Ante tal provocación...”

Esta es la España que nos deja ese repugnante malnacido. El miserable que se va estará orgulloso de lo que ha hecho. Maldito sea.


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