Los progres es lo que tienen, que pocas veces se enteran de qué va la cosa. Y si uno se para a pensar en la lo que define a la progresía, lo primero de lo que se da cuenta es en que todos hemos asumido como buena la contradicción nominal intrínseca. Lo progre me hace pensar en lo que decía Unamuno refiriéndose a un periódico de su tiempo que se llamaba El Pensamiento Navarro: “es un oxímoron”, una contradicción en los términos.
Porque pocas cosas hay más alejadas del deseo de progreso que un progre militante. Y cuanto más progre, mas interés tiene en mantener las cosas como están. Recuerdo a Don Miguel Ríos, allá por el ochenta y uno en el mejor concierto de rock de la historia de España, aullando entre cantautor y mitinero contra el futuro informático que nos esperaba:
“Esta es la era de Mister Chip
el ordenador de tu porvenir
que por lo pronto te quita el curro
ademas de hacer tu ficha sin fín.
Alguien dicta tu progreso
diciendo que es por tu bien...”
Vamos, que los ordenadores eran máquinas de fabricar parados y de fichar progres que reprimir y había que destruirlos como se hacía con las cosechadoras en los años treinta. ¡Apañaos estaríamos si estos o aquellos mentecatos hubieran tenido éxito y siguiéramos segando con hoz o llevando la contabilidad y las bases de datos con pluma y manguitos! Y eso, por no hablar de la querencia que tienen por esa legislación laboral franquista que nos mantiene con un diez por ciento o más de paro estructural, o ese rechazo violento a la energía nuclear que nos hace enriquecer obscenamente a las satrapías que más interés tienen en acabar con nuestra civilización y depender de las ventoleras que les puedan dar.
A veces creo y así lo he mantenido en otras entradas de este blog, que lo que caracteriza a un progre es su absoluta incapacidad de análisis. Van de laicos, pero incurren en las dos principales características definitorias de un fundamentalista religioso: la fé y la persecución de los infieles. Si te fijas, aceptan cualquier cosa que sea calificado como dogma por sus clérigos, acuérdate de la Calentología, ahora tan amortiguada por el descubrimiento público de las trampas de los (¿)científicos(?) del IPCC, y no admiten que nadie ponga en cuestión sus creencias bajo pena de anatema o excomunión, que mira la inhabilitación que le cayó a un juez de familia que opinaba que eran demasiadas las falsas denuncias por violencia de género y que la cantidad de inocentes que resultan aniquilados por una legislación profundamente injusta es algo de lo que debemos avergonzarnos.
Y entre la traca de la fé del carbonero y la matraca de las consignas, nuestros queridos progres se tragan una cosa y su contraria sin pararse a respirar; ahora bien, cuando la cosa va de economía, el asombro de cualquier espectador imparcial ante la estulticia esencial de la fiesta acaba siendo antológico. Cuando nuestros acreedores empezaron a mosquearse con nuestra capacidad de devolverles el dinero que nos prestan, los progres, como una sola persona, se pusieron a echar pestes contra “los mercados". Dando por buena la explicación basada en una conspiración de cuatro malvados carcamales empeñados en hundirnos como país en venganza por ser la democracia más avanzada del mundo, quisieron expulsarlos de nuestra vida. Estaba claro que no podíamos ceder a las exigencias de esos encapuchados fascistas que reunidos en secreto pretenden dirigir el mundo para beneficiar a los ricos y perjudicar a los pobres. No decían nada más, pero supongo que sus mentes, aunque cortitas, llegan a concluir que para hacer eso, para impedir que tus acreedores te señalen las condiciones que debes cumplir para que te presten su dinero lo único que se puede hacer es no pedirles prestado y no tener más acreedores que los que tu elijas. Y no hay otra forma.
Y de repente, los desbarajustes españoles han empezado a ser tal problema para la estabilidad financiera y el bienestar europeo, que la jefa Merkel, por boca de su ayudante en finanzas Trichet, le ha venido a decir a nuestro Cantamañanas que si quería que España siguiera jugando en la liga europea y no descendiera al pozo de las regionales, debía limitar el déficit público por ley; vamos, que no le valía un compromiso verbal, que su credibilidad la tiene entre escasísima y nula y no confía en su palabra y sus intenciones más de lo que confiaría en en una anaconda adulta que quisiera darle un abrazo diciendo que es por cariño.
Así que el Cesante Circunflejo tuvo que elegir entre joderle la campaña progresista al taimado Rubalcaba y que nos echaran del euro, que se fuera Alemania, o que nos intervinieran sí o sí, que tanto da, y eligió la menos mala para su futuro en la Historia por lo que ha pactado con el pepé modificar la Constitución para limitar el déficit “estructural”, justo el camino correcto para que en quince o veinte años, si las cosas van bien, podamos quitarnos de encima las exigencias de los que nos prestan dinero, o sea, acabar con la “dictadura de los mercados”. Los progres deberían estar contentos.
Pues no. El cacao mental de los progres ha hecho que se pongan a aullar otra vez. ¡Nada de acabar con el déficit! ¡Eso sería acabar con servicios públicos esenciales!... Pretenden acabar con la “dictadura de los mercados” y mantener el déficit. A ver como se hace. ¿En qué coño quedamos? ¿queremos dejar de hacer caso de los mercados o no? ¿queremos que nos presten o no? ¿sabemos que tener déficit implica pedir prestado? ¿nos hemos enterado de que lo que nos dicen no es sólo que no nos van a prestar más de lo que ya nos han prestado, sino que no nos van a prestar nada si seguimos gastando lo que no tenemos? A lo mejor alguien puede explicarles que si queremos que una viuda escocesa, un ingeniero sueco o un maestro canadiense, que esos son los mercados y no otra cosa, nos siga prestando sus ahorros, debemos hacer caso de lo que nos dicen, que el déficit no se paga solo, que si nos empeñamos en gastar más de lo que ingresamos no nos van a renovar los créditos actuales y adiós a los servicios esenciales y a los secundarios, incluyendo las mamandurrias, que si gastas más de lo que ingresas, para pagar la diferencia alguien te la tiene que prestar y que cuando hay poca gente prestando y mucha pidiendo, quien presta impone sus condiciones o le presta a otro, que no se puede tener déficit y decirle a la viuda, al ingeniero o al maestro, si no quieres que pasen de ti, que cada año vas a deberle más y más porque no puedes ingresar tanto como te gusta gastar porque tienes que mantener diecisiete autonomías, decenas de sindicatos, centenares de oenegés, miles de cargos públicos y millones de parados sin remedio porque no te da la gana cambiar la situación que te ha llevado a donde estás. Y a lo mejor alguno lo entiende y deja de ser progre.
Porque pocas cosas hay más alejadas del deseo de progreso que un progre militante. Y cuanto más progre, mas interés tiene en mantener las cosas como están. Recuerdo a Don Miguel Ríos, allá por el ochenta y uno en el mejor concierto de rock de la historia de España, aullando entre cantautor y mitinero contra el futuro informático que nos esperaba:
“Esta es la era de Mister Chip
el ordenador de tu porvenir
que por lo pronto te quita el curro
ademas de hacer tu ficha sin fín.
Alguien dicta tu progreso
diciendo que es por tu bien...”
Vamos, que los ordenadores eran máquinas de fabricar parados y de fichar progres que reprimir y había que destruirlos como se hacía con las cosechadoras en los años treinta. ¡Apañaos estaríamos si estos o aquellos mentecatos hubieran tenido éxito y siguiéramos segando con hoz o llevando la contabilidad y las bases de datos con pluma y manguitos! Y eso, por no hablar de la querencia que tienen por esa legislación laboral franquista que nos mantiene con un diez por ciento o más de paro estructural, o ese rechazo violento a la energía nuclear que nos hace enriquecer obscenamente a las satrapías que más interés tienen en acabar con nuestra civilización y depender de las ventoleras que les puedan dar.
A veces creo y así lo he mantenido en otras entradas de este blog, que lo que caracteriza a un progre es su absoluta incapacidad de análisis. Van de laicos, pero incurren en las dos principales características definitorias de un fundamentalista religioso: la fé y la persecución de los infieles. Si te fijas, aceptan cualquier cosa que sea calificado como dogma por sus clérigos, acuérdate de la Calentología, ahora tan amortiguada por el descubrimiento público de las trampas de los (¿)científicos(?) del IPCC, y no admiten que nadie ponga en cuestión sus creencias bajo pena de anatema o excomunión, que mira la inhabilitación que le cayó a un juez de familia que opinaba que eran demasiadas las falsas denuncias por violencia de género y que la cantidad de inocentes que resultan aniquilados por una legislación profundamente injusta es algo de lo que debemos avergonzarnos.
Y entre la traca de la fé del carbonero y la matraca de las consignas, nuestros queridos progres se tragan una cosa y su contraria sin pararse a respirar; ahora bien, cuando la cosa va de economía, el asombro de cualquier espectador imparcial ante la estulticia esencial de la fiesta acaba siendo antológico. Cuando nuestros acreedores empezaron a mosquearse con nuestra capacidad de devolverles el dinero que nos prestan, los progres, como una sola persona, se pusieron a echar pestes contra “los mercados". Dando por buena la explicación basada en una conspiración de cuatro malvados carcamales empeñados en hundirnos como país en venganza por ser la democracia más avanzada del mundo, quisieron expulsarlos de nuestra vida. Estaba claro que no podíamos ceder a las exigencias de esos encapuchados fascistas que reunidos en secreto pretenden dirigir el mundo para beneficiar a los ricos y perjudicar a los pobres. No decían nada más, pero supongo que sus mentes, aunque cortitas, llegan a concluir que para hacer eso, para impedir que tus acreedores te señalen las condiciones que debes cumplir para que te presten su dinero lo único que se puede hacer es no pedirles prestado y no tener más acreedores que los que tu elijas. Y no hay otra forma.
Y de repente, los desbarajustes españoles han empezado a ser tal problema para la estabilidad financiera y el bienestar europeo, que la jefa Merkel, por boca de su ayudante en finanzas Trichet, le ha venido a decir a nuestro Cantamañanas que si quería que España siguiera jugando en la liga europea y no descendiera al pozo de las regionales, debía limitar el déficit público por ley; vamos, que no le valía un compromiso verbal, que su credibilidad la tiene entre escasísima y nula y no confía en su palabra y sus intenciones más de lo que confiaría en en una anaconda adulta que quisiera darle un abrazo diciendo que es por cariño.
Así que el Cesante Circunflejo tuvo que elegir entre joderle la campaña progresista al taimado Rubalcaba y que nos echaran del euro, que se fuera Alemania, o que nos intervinieran sí o sí, que tanto da, y eligió la menos mala para su futuro en la Historia por lo que ha pactado con el pepé modificar la Constitución para limitar el déficit “estructural”, justo el camino correcto para que en quince o veinte años, si las cosas van bien, podamos quitarnos de encima las exigencias de los que nos prestan dinero, o sea, acabar con la “dictadura de los mercados”. Los progres deberían estar contentos.
Pues no. El cacao mental de los progres ha hecho que se pongan a aullar otra vez. ¡Nada de acabar con el déficit! ¡Eso sería acabar con servicios públicos esenciales!... Pretenden acabar con la “dictadura de los mercados” y mantener el déficit. A ver como se hace. ¿En qué coño quedamos? ¿queremos dejar de hacer caso de los mercados o no? ¿queremos que nos presten o no? ¿sabemos que tener déficit implica pedir prestado? ¿nos hemos enterado de que lo que nos dicen no es sólo que no nos van a prestar más de lo que ya nos han prestado, sino que no nos van a prestar nada si seguimos gastando lo que no tenemos? A lo mejor alguien puede explicarles que si queremos que una viuda escocesa, un ingeniero sueco o un maestro canadiense, que esos son los mercados y no otra cosa, nos siga prestando sus ahorros, debemos hacer caso de lo que nos dicen, que el déficit no se paga solo, que si nos empeñamos en gastar más de lo que ingresamos no nos van a renovar los créditos actuales y adiós a los servicios esenciales y a los secundarios, incluyendo las mamandurrias, que si gastas más de lo que ingresas, para pagar la diferencia alguien te la tiene que prestar y que cuando hay poca gente prestando y mucha pidiendo, quien presta impone sus condiciones o le presta a otro, que no se puede tener déficit y decirle a la viuda, al ingeniero o al maestro, si no quieres que pasen de ti, que cada año vas a deberle más y más porque no puedes ingresar tanto como te gusta gastar porque tienes que mantener diecisiete autonomías, decenas de sindicatos, centenares de oenegés, miles de cargos públicos y millones de parados sin remedio porque no te da la gana cambiar la situación que te ha llevado a donde estás. Y a lo mejor alguno lo entiende y deja de ser progre.

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