miércoles, 2 de junio de 2010

la Flotilla de la Libertad

Si estás medianamente informado, probablemente sepas que Israel es un estado creado a mediados del siglo pasado que ha sido objeto de varias agresiones bélicas por parte de sus vecinos. De todos sus vecinos. De todos al mismo tiempo. Varias veces. Pese a todo, ha conseguido sobrevivir a todas estas agresiones con una mezcla de osadía, inteligencia, oportunismo y dinero, y mantiene el único régimen democratico de toda la región. Es el único país de todos los de la zona que periodicamente convoca elecciones en las que se vota libremente. Se trata de un estado multicultural que, al contrario de lo que muchos idiotas creen, no es teocrático, ni siquiera monoreligioso, sino que ahí hay diputados musulmanes, y no pocos. En cualquier caso, es un país en estado de alerta permenente, con un servicio militar obligatorio de cuatro años de duración y pendiente en todo momento de posibles nuevas agresiones (por ejemplo, a principios de los años noventa tuvo que destruir en un golpe de mano una central nuclear que Sadam Hussein estaba construyendo entre sus campos de petróleo, y hace menos de un año, acabó con unos transportes coreanos en siria que, dijeron, contenía material suficiente para fabricar un artefacto nuclear.

Las últimas agresiones sufridas por el estado de Israel se han distanciado de las tradicionales, son las guerras de cuarta generación, las de las quintas columnas, las de las infiltraciones y el amedrentamiento de la población civil. O sea, el terrorismo mas salvaje. Con lo medios de comunicación absolutamente en contra, dispuestos sólo a ofrecer al mundo lo malos que son los judíos que masacran a los pobres palestinos, casi nadie sabe que la segunda intifada se inició tras una explosión en una discoteca de adolescentes abarrotada de críos que llevó a Sharon un viernes al muro de las lamentaciones, en la explanada de las mezquitas. Era viernes. Intolerable. Una provocación.

Pues cuando el estado israelí estuvo ya absolutamente harto de que los terroristas de Hammás se introdujeran en su territorio desde la franja de Gaza (hace algunos años era allí donde tenían su sede los filisteos, no los palestinos) y asesinaran unas decenas de judíos, cuando ya no estuvieron dispuestos a soportar más tiempo que les lanzaran misiles desde Gaza (doscientos en un par de meses de 2008), decidieron bloquear los accesos a la zona, de manera que no pasara a Gaza ni un solo paquete que los israelíes no supieran qué contenía. Ya estaba bien de que les entregaran armas, municiones, explosivos y componentes de misiles sus amiguitos de la Umma.

Gracias a esa forma de actuar, o no, que también puede haber sido porque los milicianos de Hammas han entrado en razón y han decidido que no es bueno matar civiles ni es elegante desear echar al mar a todos los judíos (¿no encaja eso con la definición legal de genocidio? Vale, si, tengo que acabar el post sobre el genocidio, lo sé), gracias a lo que sea, los ataques a Israel se han detenido, pero la propaganda occidental sobre lo que dicen que es un bloqueo criminal y genocida ha arreciado de forma brutal. Tan convencidos por esa propaganda malintencionada y falaz están ya los progres, que hace no mucho tiempo se decidió acabar con el bloqueo. Crearon lo que decidieron llamar pomposamente la “Flota de la Libertad”. Había que darle el golpe de gracia. Para ello fletaron en Turquía (un país occidental, claro; un país que merece entrar en la Unión Europea) varios barcos, los llenaron de medicinas, alimentos y otros productos tradicionales para los refugiados y, ojo, que aquí está el detalle, añadieron un barco enorme, el Mavi Marmara, cargado con diez mil toneladas de cemento y hierro. Manda cojones el envío humanitario (aquí tienes una entrevista en la que se confirma el dato bárbaro).

El el puerto turco se hizo una fiesta para despedir a la Flota de la Libertad, con asistencia de varios mandamases de Hammás y de otras instituciones benéficas islámicas. Israel les dijo que no les pensaban dejar pasar, que podrían descargar en un puerto israelí y, por carretera, les llevarían a Gaza la mercancía, eso si, previo control, como hacen con cualquier otra mercancía con ese destino. Los de la Libertad se negaron. Iban cargados de centeneres de progres de paises occidentales y periodistas para que su detención antes de llegar a la costa se pudiera retransmitir en directo y así forzar a las cancillerías a obligar a Israel a dejarles pasar.

No contaron con que la batalla de la propaganda los israelíes ya la reconocen perdida y que su alerta frente a las innumerables amenazas que tienen que soportar no les permite permitir el paso ciego a diez mil toneladas de cemento en sacos y hierro inidentificable. Pensaban que lo único malo que les podría pasar era que la opinión pública se diera cuenta de que lo de menos era lo que en realidad llevaran de carga, que lo que de verdad importaba a Israel era lo que podía llevar, pero que no conocerían hasta detener el viajecito, pero esa posibilidad era remota. Lo que no se vería era la posibilidad de que el hierro y el cemento se pudiera mezclar con uranio enriquecido, o simplemente con los kalashnikov o las planchas cilíndricas de los misiles Qassam. Y no podían pasar.

Luego pasó lo que querían que pasara: un asalto militar. El problema fué que los tripulantes del buque container del cemento y el hierro plantaron resistencia. Una decena de muertos. Eso es malo. Muy malo. Pero no podía pasar otra cosa. La batalla de la propaganda ya la tenían perdida los judíos, ¿para qué cortarse un pelo si está en riesgo la seguridad nacional? ¿es entonces que los islamistas necesitan una excusa para bombardear Tel Aviv? Fíjate, yo creo que no. Mahmud Ahmadineyhad, el socio de Zetapé en la Alianza de las Civilizaciones, ha dicho decenas de veces que el fin de su vida es destruir Israel, Irán ya tiene permiso del Beato Obama para enriquecer uranio para usos civiles y dan palabrita de no usarlo en bombas ni maldades de esas. ¿Qué le importa a ninguno de los fieles que los comandos judíos hayan matado a diez o doce occidentales “cooperantes”, de esos de turismo de aventura, de esos que se manifiestan alegremente en Berlín o Madrid por los derechos de los palestinos pero que ni de coña se les ocurriría ir a Teherán o a Khabul a manifestarse por los derechos de las palestinas (o para qué hablar de los derechos de les palestines gays y lesbianas)?.

Me parece que lo que se ha acabado son los cruceros de aventura a Gaza, que una cosa es ir a unas manifas a Davos, a Copenhage o a Barcelona, donde lo más que te puede pasar es que te tengan unos dias en una celda con baño individual y comida especial si estás haciendo régimen y te pongan una multa que puede pagar tu oenegé con una parte de las subvenciones que recibe de la Secretaría de Estado de Ayuda al Desarrollo, y otra cosa distinta que la defensa de la libertad te lleve a una situación de riesgo real. Y los progres son muy solidarios, pero muy cagaos. Aunque nos vayan contando que son antifranquistas de toda la vida.

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