sábado, 23 de octubre de 2010

Eros y Thánatos (ii)

Eros y Thánatos dan y quitan el poder, pero no te pienses que es el miedo o el odio lo que gana las elecciones, ni tampoco el deseo o la ilusión, siempre es una mezcla de las dos cosas. Acuérdate de la España de principios de los ochenta, que cuando la derecha personificaba un miedo difuso a la terrible segunda crisis del petróleo, al paro, a la inflación, a ETA y a los golpistas, González pulsó la tecla del deseo y de la esperanza que todos los españoles necesitaban para tragar el desastre; llenó España de carteles con dibujos de niños con globos en parques con fuentes y palomas, y habló de El Cambio. Se llevó una mayoría absolutísima. En las siguientes elecciones no tuvo nada que hacer, porque sus rivales estaban tan descuajaringados que ni siquiera era necesario esforzarse para ganar.

Pero eso fué sólo hasta el noventa y tres. En ese momento, el Psoe estaba como la UCD once años antes: en medio de una crisis del carajolavela, con un paro desbocadísimo, con la ETA poniendo bombas por todas partes, triplicando la inflación europea y con el pestum del post festum de las alegrías de las olimpiadas y la Expo de Sevilla. En esta situación, el psoe despertaba un miedo difuso al futuro que le llevó a estar muy por debajo del primer pepé de Aznar en las encuestas. Y González, con Rubalcaba de la mano, utilizó el miedo y el odio dirigiéndolo hacia Aznar. Su campaña se limitó a acusarle de querer quitar las pensiones a los ancianos y a aquel anuncio del doberman que parecía querer salir de la pantalla para devorarte. Superó las encuestas y ganó.

Sin embargo, en el noventa y seis no pudo. La situación económica apuntaba mejoras, pero eran casi indetectables, y a pesar de que había lanzado a su escuadra mediática a llevar el odio a la derecha (Enric Sopena y García Candau fueron directores de TVE y Maria Antonio Iglesias, jefa de informativos, con Rubalcaba de portavoz) y su campaña se destinó al miedo a la derechona y a ridiculizar a Aznar enfocándole con un gran angular que le aumentaba la narizota y le escondía el limitado mentón, no pudo contrarrestar el empuje y el optimismo de aquellas jacarandosas “chicas del PP” que eran Loyola, Rudí, Mercedes de la Merced, Tocino, Esperanza Aguirre, Celia Villalobos, etc, etc, que se comían por los pies en los debates a los tristones y cariacontecidos psocialistas que llevaban demasiado tiempo pisando moqueta y se tomaban demasiado en serio, ni, especialmente, el odio que habían levantado las informaciones de Pedro J. Y no me refiero a lo de los GAL, que al personal le importaba una higa que el gobierno apiolase etarras, o incluso lo aplaudía, sino a lo de que los bandarras de Interior se quedasen con la pasta, de que el Gobernador del Bancoespaña fuera pillado con más pasta negra que legal, que Roldán se hiciera con unos miles de millones... eso no era aceptable en un país con un veinticinco por ciento de paro, eso levantó oleadas de odio hacia los mangantes psocialistas, se les percibía demasiado ricos. Y ganó Aznar.

En el dos mil, mientras el bueno de Almunia se lanzó a proclamar lo mala que era la derecha y el daño que iba a hacer a los trabajadores y por eso iba a pactar con IU, que le hizo aparecer como un agorero indeseable, el gobierno disfrutaba de una buenísima situación económica, el optimismo generaba esperanza y el miedo no cabía en una sociedad satisfecha, de vacaciones en el Caribe. Era inevitable, Almunia se la pegó y Aznar ganó con mayoría absoluta. A pesar de que todo el mundo percibía que era un personaje inmensamente antipático.

Así que apareció Zapatero jugando a dos bandas. Por un lado, desarrolló un punto de aparente sentido de estado pactando con todo el mundo, incluso con el gobierno de Aznar, por otro fomentó el miedo (a la catástrofe ecológica o a la guerra) y el odio al Pepé, que había favorecido el desastre del Prestige y nos había metido en una guerra inmoral, ilegal e injusta, con lo buenos y solidarios que tenemos que ser los españoles. Llegamos al dos mil cuatro con una enorme ventaja del Pepé, pero estallaron los trenes y los españoles cometimos un error del que nos vamos a estar lamentado durante una generación si es que tenemos suerte y salimos pronto del hoyo en el que nos ha metido este incompetente.

Porque, no te dejes engañar, aunque mucha gente supuestamente bien informada mantenga que si ganó ZP, aunque tuviera el apoyo del atentado del 11M y la agitprop de Rub Al Kaba en la jornada de reflexión (pásalo), la razón de su victoria fué el buenrollismo del talante, de la regeneración, del optimismo que irradiaba Zeta frente al adusto Aznar. Y no. Zeta ganó sólo por el miedo y el odio. Por el miedo al terrorismo islamista, capaz sólo tres años antes de derrumbar de un plumazo los símbolos del poder occidental y de volar tres trenes llenos de trabajadores justo antes de ir a votar, y odio al pepé, no por habernos metido en una guerra ilegal, inmoral e injusta, que tampoco habría movido a casi nadie a dejar de votarle, sino por ponernos en peligro. ¡Por tu culpa vienen a por nosotros!. Miedo y odio en enormes cantidades.

Y llegamos al dos mil ocho. Era evidente que la crisis que había empezado en agosto de 2007 se nos iba a echar encima y no iba a comer los higadillos. Si no se empezaba a trabajar contra ella, sus efectos iban a ser devastadores y si se hacía algo nos limitaríamos a pasarlo muy mal. La perspectiva era atroz. La negativa a aceptar la existencia de la crisis llevaba a cualquiera a darse cuenta de que mantener a esos pollos mandando, ya fuera por mentirosos o por incompetentes, era peor que darse un tiro en la pierna, y el pepé decidió apelar a la razón, a la seriedad, a la disposición para afrontar las dificultades. Gritó a los cuatro vientos que lo que venía era malo y demostró que zeta y su pandilla eran absolutamente incapaces de ponerle remedio. Fué un error. Los manipuladores de emociones primarias ofrecieron lo contrario: Ya habían articulado un fuerte odio al pepé y le añadieron la alegría de la zeja, la legislatura del pleno empleo, el adelanto a Italia y casi a Francia en PIB. Frente, otra vez, al miedo inconcreto de una crisis que aún no se notaba y el llamamiento a sufrir para que los daños fueran los menos posibles, el odio a quienes lo denunciaban y el deseo de que las cosas fueran como Zeta les ofrecía. Volvió a ganar el Psoe.

Ahora estamos sufriendo lo que hemos sembrado. Sabemos que nos gobierna una patulea de incompetentes que nos han hecho caer en la ignominia internacional y en el desastre interior, y claro, las encuestas dicen que se van a pegar el gran batacazo. Así, este cambio de gobierno sólo está destinado a ganar las elecciones, y para eso está el siniestro calvorota, el personaje que agitó al doberman y el miedo a la derechona, el que negaba el GAL, el que lanzó a sus fuerzas de choque contra la sede de Génova el dia de reflexión de las elecciones de dos mil cuatro, el hombre que lo único que no sabe ni le importa es si cuando habla dice verdad o mentira: el tenebroso Rubalcaba.

Hay quien dice que con él en el timón de la estrategia y la táctica y manejando a su antono a policías, jueces y fiscales, teniendo enfrente a un Mariano que no tiene ni media hostia, estos tipos que nos han arruinado van a volver a ganar. Y no estoy de acuerdo. nuestro futuro gobierno van a decidirlo, otra vez, Eros y Thánatos. Mañana o pasado mañana sigo.

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