Llevo ya tiempo preguntándome que es lo que se ha estropeado en el coco de los progres, porque funciona raro. Me refiero a que es una gente que en muchos casos parece que sabe pensar, es decir, que si se discute serenamente con ellos dan argumentos coherentes, alguno hay que incluso lo hace con brillantez, pero aunque en esas conversaciones participan con el hándicap de que se basan en una serie de axiomas que no pasan el menor filtro lógico, dialéctico o histórico, lo cierto es que, a algunos de ellos el seso les funciona con una cierta agilidad.El problema nace siempre cuando les cuestionas el fundamento, la “verdad” de la que parten. Ahí se rompen los puentes, que por el cuestionamiento de esas cosas no pasan de ninguna manera, se bloquean. Es como si tuvieran un virus residente en memoria de esos antiguos que se activaban cuando el usuario pulsaba una secuencia de teclas predeterminada. Les niegas la mayor, les dices que no, que los curas que abusan de adolescentes lo hacen por ser gays, no por ser curas, que las leyes no son justas por ser leyes, sino que las leyes deben ser leyes por ser justas, que los ricos no son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, sino que desde hace bastante tiempo los ricos son cada vez más ricos, sí, pero los pobres son cada vez menos y son cada vez más ricos, y que para que pase eso es necesario que coincidan ausencia de dirigismo económico, seguridad jurídica, libertad individual y un alto grado de esfuerzo y deseos de progreso, que la chorrada del "respeto multicultural" ha provocado que los gays holandeses se hayan visto obligados a votar en masa al partido xenófobo de Wilders porque los tradicionales no persiguen la homofobia violenta islámica, y se cortocircuitan. Pantalla azul. Dejan de poder pensar. Las subrutinas del virus arrancan y se les jode el chip. Levantan la voz, se indignan como si les hubieras mentado a la madre, te miran con el desprecio de “no imaginaba esto de ti”, te llaman facha, españolazo, y/o reaccionario, y si insistes en tu postura de no haces autocrítica, si no vistes de saco inmediatamente y con la cabeza humillada y cubierta de cenizas no pides perdón, llegan muchas veces a retirarte la palabra y el saludo, aunque seáis amigos desde Infantil. A partir de que descubren tu desviacionismo, si te siguen queriendo y tratando, siempre te mirarán con un cierto recelo, siempre se considerarán mejores que tu, y si las cosas se tuercen más y llegamos a donde muchos empezamos a temernos (a donde llegó tras una situación parecida lo que era Yugoslavia), cuando aparezcas bocabajo en una cuneta te llorarán, pero se secarán las lágrimas con un “es que claro...”
Pero ya digo, lo que me tiene intrigado es que muchos de ellos, o bastantes, o algunos, son gentes de razonamiento brillante, coco bien amueblado y, fíjate lo que te digo, hay quien llega a manifestar un sentido crítico realmente notable. Pincho de tortilla y caña a que estás pensando algo así como “vale, Gato, llevas años despotricando con el acriticismo inducido o innato de los progres y ahora me vienes con esas”. Pues sí, pero no he dicho que buen coco y sentido crítico sean cualidades netamente progresíes, sino que algunos progres las tienen, pero en su inmensa mayoría no pasan de ser elementos del cardumen (hala, a la Wiki), algunos pueden comportarse como mandriles en un clan, y de ellos, sólo unos pocos, los más listos, son capaces de cuestionar el comportamiento del grupo con la inmediata consecuencia de que son castigados o directamente expulsados. Pero ni siquiera esos se atreven, o mejor, ni siquiera esos son capaces de cuestionar sus “verdades evidentes”, sus axiomas, y cuando uno lo hace, deja de inmediato de ser progre y abandona el grupo para evitar ser arrasado por la jauría.
No es difícil caer en la cuenta de que esta forma de no cuestionamiento no es rara, sino que es la norma. El ser humano ha sido siempre así, el acriticismo progre no nace con Rousseau, Hegel, Martin Luther King, Keruak, con el guru Maharishi o con los Santos Padres Fundadores de Greenpeace, sino que está en la mayoría de los individuos. Porque fíjate, mientras Rousseau o Hegel defendían el sagrado valor del colectivo, la inexistencia de libertad fuera del grupo, los otros, con Galileo, Copérnico, Miguel Servet o Marx, lo que hicieron fue cuestionarse los fundamentos de su tiempo. Estos tipos no eran progres, eran críticos brillantes que dieron lugar al nacimiento de una patulea de mentecatos que los idolatran sin plantearse jamás si estuvieron acertados o no. Quiero decir que junto a una masa indolentemente acrítica siempre ha habido gente capaz de romper el tabú de la puesta en solfa de los axiomas. Y hubo un momento en que cada vez aparecían más y más de estos individuos excepcionales, de estos personajes que tan libres eran que no temieron socavar las bases de una sociedad.Y gracias a ellos, la sociedad creció, se rompieron los esquemas de miles de años y el mundo occidental dio el paso que nos ha permitido vivir tan bien que nos hemos impuesto la obligación de regalar una buena parte de nuestra riqueza a otras gentes que no han sabido cuestionar su ineficiente forma de vida y evolucionar hacia el esfuerzo por el progreso, la libertad individual y la seguridad jurídica (porque en cuanto lo hacen, dejan de ser objeto de la caridad de los ricos y pasan a ser ricos ellos mismos ¿Qué no? Mira Corea, o Japón, verás China o Brasil). Porque ese occidente tan denostado por los progres pata negra ¡regala cosas a otros pueblos! ¡¡¿cuándo se ha visto en la Historia del Mundo una cosa así?!!
Pero el progre actual, el que tiene como maestros y referentes a Al Gore o Marx, el de los homenajes a Galileo para dañar a la Iglesia, el que repudia asqueado el Humanismo Cristiano que plantó las condiciones para que existiera la sociedad que le sustenta, no ha dejado de comportarse como el pobre hombre del Medievo, como el siervo de la gleba que tenía todas sus referencias en el Señor feudal y en el Obispo que le decían cómo actuar y qué pensar. Porque es el mismo tipo de ser humano antes y ahora. La única diferencia es que ahora hay muchos más capaces de actuar como Miguel Servet y cuestionarse la divinidad (que, digámoslo, era de Huesca, no catalán). Y ninguno de ellos es progre.
En fin, que me da la impresión que he llegado a una de esas conclusiones que tanto juego me dan cuando me voy de cañas y que tanto cansan a los que con paciencia y piedad me perdonan que las repita una y otra vez: una de las diferencias esenciales entre los progres y los que no lo son, es que entre los primeros no hay ni uno capaz no ya de refutar, sino simplemente de poner en cuestión cualquiera de las supuestas verdades en las que se basa el grupo en el que se insertan, todos los individuos capaces de hacerlo están en el otro lado. Cuestionándolo. ¿O no?

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