Si es que tenemos un país que no nos merecemos. O que sí nos merecemos. O mejor, tenemos exactamente el país que nos merecemos. Un país en el que el segundo más listo del partido que hemos elegido para ordenar nuestro presente y preparar nuestro futuro ¡dos veces!, ese personaje que desde su intensa defensa de los necesitados, el que permanentemente incita al odio contra los que más tienen desde su ático en el edificio ilegal de la ría y los hijos en el privadísimo colegio al que Letizia lleva a las nenas, ese a quien muchos señalan como la persona que mejor puede suceder al Rapsoda de Copenhague en el soporte de la pesada carga, ese, cansado de llevar gafas y sabedor de que las élites eliminan la necesidad de ese incómodo y anticuado adminículo en un plisplas, que para algo tenemos en Oviedo al más reputado y caro especialista del mundo en corrección quirúrgica de la miopía, aprovecha las vacaciones, le hace una visita, y sale de allí dispuesto a prescindir para siempre de las molestas gafas. Pero ¡Ay! Nada más mirarse al espejo descubre que lo que se ha quedado es con lo que no se si en lenguaje técnico se llama ojos de sapo, o sea, ojos saltones, muy saltones, y separados, muy separados, justo al lado de las orejas. Algo así como el Aigor del Jovencito Franckenstein. O como Ozïl, pero con la napia enorme y sin mentón. Acostumbrado a su nueva faceta ejetutiva, esa que le lleva a proclamar solemne que “nunca más serán las cosas como antes” para rectificar a los dos meses y destinar lo que le han birlado a los funcionarios a obras electorales en Andalucía y Cataluña, o asegurar que van a subir los impuestos para negarlo dos días después, no tardó en dar una solución: se pondría otra vez las gafas, pero con los cristales sin graduar. Se podía haber hecho una rinoplastia para disimular el muro separador de los ojos, incluso haber añadido unas inyecciones de silicona en los labios y en el mentón para compensar los volúmenes, pero entonces no parecería Pepiño sino Carmen de Mairena.Tenemos un país en el que cuando la Ministra de Economía lleva los presupuestos al Parlamento y se gira para exhibir el pendraib que los contiene, entre que ya todos sabemos que contienen unas previsiones que sólo piadosamente podríamos limitarnos a calificar de imaginativas, que disminuye todo menos los pagos al paro, a la deuda pública y a los sindicatos, que para eso han hecho una huelga, y que aún la recordamos como la de Sanidad que prohibió el tabaco y pretendía hacer lo mismo con el vino, las BigKing XXL y sólo Dios sabe cuántas cosas más si hubiera tenido tiempo, le sacan una foto en la que, señala Santiago González, el artilugio más que una memoria electrónica parece un supositorio y ella parece estar diciendo “Adivinad por dónde os vamos a meter estas cuentas”.
Tenemos un país en el que casi lo primero que hicieron nada más bajarse de los trenes de Atocha fue reconocer la última colonia en Europa como parte legitimada para tratar con el estado parcialmente colonizado, en una mesa a tres con la potencia colonial, los asuntos que les pudieran interesar, y luego mandaron de visita allí al Ministro de Exteriores (¿a que casi se os había olvidado?) para dar más importancia a la colonia, con lo que conseguimos que los traficantes de lancha se metieran en lo que ya consideran sus aguas protegidos por la Navy y sus patrulleras han llegado a detener a la Guardia Civil y a requisarles las armas (me pregunto si no funcionaría que después de cada incidente de esos la guardia civil registrara uno a uno a toda persona y vehículo que pasara por esa frontera y dedicaran quince o veinte horas a la cola de salida, porque al fin y al cabo, el contenido de esas lanchas pretenderían introducirlo en España ¿no?). Mientras tanto, hacen burla de los de verde.
El Adolescente piensa que “lo importante es la foto”, que lo demás da igual. ¡Coño, que así se lo dijo a Mohamed el otro día en la ONU!. Que me expliquen a mí cómo podemos pensar que con semejante individuo al timón podemos llegar a algún puerto. No ya a buen puerto, sino a cualquier puerto. Un tipo que piensa eso de la importancia de la imagen tiene que ser francamente torpe para dejarse fotografiar bajo un mural de Marruecos incluyendo Ceuta, Melilla y Canarias, y especialmente inepto para cualquier cosa que exija más esfuerzo intelectual que leer números en un papel y teclearlos en un ordenador si permite que en una reunión con el Rey Moro en la ONU, la bandera que preside sea únicamente la marroquí.Dejemos de dar vueltas conspiranoides y de pensar que lo que le pasa a éste es que considera que Marruecos tiene derecho sobre Ceuta, Melilla y Canarias, porque de ninguna manera ese ensoberbecido merluzo puede considerarse a sí mismo como súbdito de la bandera del príncipe de los Creyentes. No. Lo que pasa es que ese señor que aún representa a los españoles es lo que define la RAE como “engreído sin motivo para ello”: es un idiota.

No hay comentarios:
Publicar un comentario