En Estepaís aún queda gente con esos ramalazos de genio que llevaron a poder escribir aquello de “miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados...”, y si no fuera por ellos no deberíamos evitar lo de salir huyendo sin mirar atrás en el preciso instante de darnos cuenta de la calidad del ganao que vota y manda. Pero queda gente brillante. A pesar de la LOGSE, de El País y de los Informativos de cualquiera de los canales que irremediable y felizmente fenecerán a partir de la desaparición de la televisión tradicional, la de los seis canales y un solo impulso ideologizante, que después de ver la 1, la 2 (eso que era el UHF), Tele5, Cuatro, la Sexta o Antena 3, lo de hablar de pluralidad se queda en si tienes a Belén Esteban en plantilla o tienes a Ana Rosa.
Pero el genio se mantiene. Para el caso de que esos vergonzantes magistrados del Constitucional cedan a las presiones políticas (vale, ya sabemos que los nombrados por el psoe tienen eso, que tal es su monolitismo que cualquiera diría que estuvieran obligados por contrato a asentir a lo que les mandan los designadores de la mamandurria) y permiten que Cataluña se autocalifique como nación, aún cuando mi opinión sea, ya lo sabes, que deberíamos ir a una modificación constitucional y un referendum en Cataluña, Galicia y Euskadi para que eligieran entre muy limitada autonomía o la independencia en crudo (con devolución por su parte de lo que representó en porcentaje del peibé lo que vinimos destinando a su desarrollo), me ha fascinado la idea de una bloguera, Mujer Pez, que en brillantísimo hallazgo propone que para mantener este tinglado, nada mejor que España se constituya en Imperio, con lo que no habrá problema en permitir la coexistencia de dos naciones en el mismo estado. Así "el Consejo Nacional de la Judicatura pasa a ser Consejo Imperial de la Judicatura, el Instituto Nacional de Estadística, Instituto Imperial de Estadística y tendremos un Instituto Geográfico Imperial". No me digas que no suena que te cagas. Añade Mujer Pez, en felicísimo estrambote, que “hasta nuestra Letizia se haría enseguida a la idea de ser Emperatriz en el futuro”.
Supongo que si disfruto tanto con estas genialidades es por lo llamativo de la flor en el erial, por pura comparación con la perniciosa mediocridad grisacea que tiñe nuestra vida oficial, a pesar de que nuestros mentecatos de guardia serán pronto como Baudelaire y podrán contar eso de “mi juventud ha sido como un gran temporal iluminado a ráfagas por soles cegadores”, porque a veces el desastre de su indolencia malintencionada se ilumina con las luces brillantes de algunos colosales disparates.
Pero es que son disparates que, de tan frecuentes, ya han entrado en la normalidad, y a nadie le sorprende, por ejemplo, que el pintoresco Zerolo presida (sospecho que entre grititos de excitación y felicidad) la asociación “Afrosocialista”, la que agrupa a los socialistas afrodescendientes, que con semejante palabro es con el que hablan de la gente de color (de color negro, que a los de color azul les llaman Na’vi, en lugar de llamarles Pitufos). Porque es que últimamente les ha dado por la negritud, y no precisamente por la calidad literaria que dicen que tenía aquella corriente, que dudo que ni siquiera sepan que “Negritud” es como se llamó a la literatura de los negros franceses (a los que se unió Sartre, supongo que para ver si se tiraba a alguna, que ese tipo entraba en todo con las mismas intenciones) que buscaban independizarse de la opresión y diríase que aplaudían las violaciones de blancas que acometieron casi de forma sistemática el Mau Mau de los kikuyu o las guerrillas de Lumumba, sino por hacerse fotos y aprovechar la carga de exotismo y la apariencia de solidaridad no discriminatoria que da el contraste de tono de piel, para que no se diga que sólo se llevan bien con los islamistas y para que no se sepa que el único alcalde negro es el de Villamantilla y es de la derechona xenófoba y racista del Pepé (el primero fué en Islacristina, y también era de derechas, de UCD).
La cosa del exotismo tiene ya su tiempo, que me parece inolvidable la escena de Marivice, la Pajín y Elena Valenciano bailando exóticos ritmos al son del tam tam y la marimba, en Mozambique, vestidas de aldeanas locales, que cuando Zaplana se cachondeó de la permanente adaptación de De la Vega a la moda cualquiera que ésta fuera y la llamó Lady Maputo, la aludida, más que como aldeana de color se puso como una hiena hambrienta y llamó a todas las progresistas del congreso a abandonar el hemiciclo, como así hicieron de inmediato y “como un solo hombre”, me temo que porque interpretaron mal el género de la jocosa alusión y desconocían que Maputo es la capital de Mozambique, que esas señoras son muy feministas pero poco leídas.
Y es que la querencia por la negritud y los patinazos con lo políticamente correcto nos han traído una nueva jornada de alegre palabrerío hueco y solidario, porque el fin de semana pasado se reunieron las progresistas con una nutrida representación de africanas ataviadas de vivos ropajes entre los que se podía apreciar algún Rolex de oro (alguna foto ví, pero no la he podido recuperar) en un congreso en el que prohibieron la entrada a los hombres en aras de “la igualdad” excepto a Zapatero, quien sabe si porque la tiene pequeña, y quien después de decir que estaba encantado en aquel “recinto lleno de color”, soltó la supermajadería de “voy a acabar con siglos de dominación del hombre” y finalmente, en este país de millones de parados, de miles de quiebras provocadas por los retrasos en el pago de las administraciones públicas, de sequía en el crédito porque todo el existente se va a financiar su política de déficit suicida, soltó que se encuentra “orgulloso de haber multiplicado por cuatro la ayuda a Africa en solo cinco años”.
Y debía estar orgulloso de verdad, que es que parece tonto, que le pone regalar un dinero que ni tiene, ni cuando lo tenga será suyo, sino nuestro, de los contribuyentes. Porque la realidad del despliegue mediático, publicitario y propagandístico del “Encuentro” con las mujeres africanas sólo se debió al intento de tapar con algo el enésimo ninguneo y desprecio recibido por España en la UE, que ese mismo fin de semana se reunieron para hablar de Grecia, y a Zeta, el presidente de turno, sólo lo miraron cuando anunció que España estaba dispuesta a aportar casi tres mil millones de euros, medio billón de pesetas, con “b” de barbaridad, para la causa griega. Y esta misma mañana, Lady Maputo se ha plantado en la reunión de solidarios con Haití y ha anunciado que les vamos a dar, me temo que a los corruptísimos dirigentes de ese país, la bonita suma de quinientos millones de dólares. Una limosma para los negritos que decían las monjas de mi infancia. Una fruslería. ¿somos o no somos gilipollas?
Pero el genio se mantiene. Para el caso de que esos vergonzantes magistrados del Constitucional cedan a las presiones políticas (vale, ya sabemos que los nombrados por el psoe tienen eso, que tal es su monolitismo que cualquiera diría que estuvieran obligados por contrato a asentir a lo que les mandan los designadores de la mamandurria) y permiten que Cataluña se autocalifique como nación, aún cuando mi opinión sea, ya lo sabes, que deberíamos ir a una modificación constitucional y un referendum en Cataluña, Galicia y Euskadi para que eligieran entre muy limitada autonomía o la independencia en crudo (con devolución por su parte de lo que representó en porcentaje del peibé lo que vinimos destinando a su desarrollo), me ha fascinado la idea de una bloguera, Mujer Pez, que en brillantísimo hallazgo propone que para mantener este tinglado, nada mejor que España se constituya en Imperio, con lo que no habrá problema en permitir la coexistencia de dos naciones en el mismo estado. Así "el Consejo Nacional de la Judicatura pasa a ser Consejo Imperial de la Judicatura, el Instituto Nacional de Estadística, Instituto Imperial de Estadística y tendremos un Instituto Geográfico Imperial". No me digas que no suena que te cagas. Añade Mujer Pez, en felicísimo estrambote, que “hasta nuestra Letizia se haría enseguida a la idea de ser Emperatriz en el futuro”.
Supongo que si disfruto tanto con estas genialidades es por lo llamativo de la flor en el erial, por pura comparación con la perniciosa mediocridad grisacea que tiñe nuestra vida oficial, a pesar de que nuestros mentecatos de guardia serán pronto como Baudelaire y podrán contar eso de “mi juventud ha sido como un gran temporal iluminado a ráfagas por soles cegadores”, porque a veces el desastre de su indolencia malintencionada se ilumina con las luces brillantes de algunos colosales disparates.
Pero es que son disparates que, de tan frecuentes, ya han entrado en la normalidad, y a nadie le sorprende, por ejemplo, que el pintoresco Zerolo presida (sospecho que entre grititos de excitación y felicidad) la asociación “Afrosocialista”, la que agrupa a los socialistas afrodescendientes, que con semejante palabro es con el que hablan de la gente de color (de color negro, que a los de color azul les llaman Na’vi, en lugar de llamarles Pitufos). Porque es que últimamente les ha dado por la negritud, y no precisamente por la calidad literaria que dicen que tenía aquella corriente, que dudo que ni siquiera sepan que “Negritud” es como se llamó a la literatura de los negros franceses (a los que se unió Sartre, supongo que para ver si se tiraba a alguna, que ese tipo entraba en todo con las mismas intenciones) que buscaban independizarse de la opresión y diríase que aplaudían las violaciones de blancas que acometieron casi de forma sistemática el Mau Mau de los kikuyu o las guerrillas de Lumumba, sino por hacerse fotos y aprovechar la carga de exotismo y la apariencia de solidaridad no discriminatoria que da el contraste de tono de piel, para que no se diga que sólo se llevan bien con los islamistas y para que no se sepa que el único alcalde negro es el de Villamantilla y es de la derechona xenófoba y racista del Pepé (el primero fué en Islacristina, y también era de derechas, de UCD).
La cosa del exotismo tiene ya su tiempo, que me parece inolvidable la escena de Marivice, la Pajín y Elena Valenciano bailando exóticos ritmos al son del tam tam y la marimba, en Mozambique, vestidas de aldeanas locales, que cuando Zaplana se cachondeó de la permanente adaptación de De la Vega a la moda cualquiera que ésta fuera y la llamó Lady Maputo, la aludida, más que como aldeana de color se puso como una hiena hambrienta y llamó a todas las progresistas del congreso a abandonar el hemiciclo, como así hicieron de inmediato y “como un solo hombre”, me temo que porque interpretaron mal el género de la jocosa alusión y desconocían que Maputo es la capital de Mozambique, que esas señoras son muy feministas pero poco leídas.Y es que la querencia por la negritud y los patinazos con lo políticamente correcto nos han traído una nueva jornada de alegre palabrerío hueco y solidario, porque el fin de semana pasado se reunieron las progresistas con una nutrida representación de africanas ataviadas de vivos ropajes entre los que se podía apreciar algún Rolex de oro (alguna foto ví, pero no la he podido recuperar) en un congreso en el que prohibieron la entrada a los hombres en aras de “la igualdad” excepto a Zapatero, quien sabe si porque la tiene pequeña, y quien después de decir que estaba encantado en aquel “recinto lleno de color”, soltó la supermajadería de “voy a acabar con siglos de dominación del hombre” y finalmente, en este país de millones de parados, de miles de quiebras provocadas por los retrasos en el pago de las administraciones públicas, de sequía en el crédito porque todo el existente se va a financiar su política de déficit suicida, soltó que se encuentra “orgulloso de haber multiplicado por cuatro la ayuda a Africa en solo cinco años”.
Y debía estar orgulloso de verdad, que es que parece tonto, que le pone regalar un dinero que ni tiene, ni cuando lo tenga será suyo, sino nuestro, de los contribuyentes. Porque la realidad del despliegue mediático, publicitario y propagandístico del “Encuentro” con las mujeres africanas sólo se debió al intento de tapar con algo el enésimo ninguneo y desprecio recibido por España en la UE, que ese mismo fin de semana se reunieron para hablar de Grecia, y a Zeta, el presidente de turno, sólo lo miraron cuando anunció que España estaba dispuesta a aportar casi tres mil millones de euros, medio billón de pesetas, con “b” de barbaridad, para la causa griega. Y esta misma mañana, Lady Maputo se ha plantado en la reunión de solidarios con Haití y ha anunciado que les vamos a dar, me temo que a los corruptísimos dirigentes de ese país, la bonita suma de quinientos millones de dólares. Una limosma para los negritos que decían las monjas de mi infancia. Una fruslería. ¿somos o no somos gilipollas?

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