Un hábil analista de los comportamientos humanos que suele ilustrarme en la materia, a veces describe el mecanismo por el que nos damos cuenta del verdadero significado de las cosas como algo parecido a una de esas viejas máquinas de pinball: se meten una o dos ideas o noticias en forma de bola de acero en un cerebro que en realidad es ese pinball. Las bolas va rebotando por todas partes –ping, pac, ping, ping, ping, troc, prrrrr, ping-, hasta que, de repente, caen en un agujero que le viene exactamente a la medida y –clock- salta la partida. O sea, que de repente las piezas encajan y te das cuenta de qué es lo que hay.Y eso me ha pasado. tenía un par de noticias dándome vueltas por la cabeza hasta que esta misma mañana han caído las dos en los agujeritos adecuados y las cosas han casado. "Así nacen tus conspiranoias, Gato, que siempre estás igual", direis. Una de ellas es la carrera enloquecida de un conocido empresario comprando empresas con un dinero que consigue pidiendo prestado a la basca en general, ofreciendo tipos de interés que más que duplican lo que ofrecen los bancos y jurando que va a devolverlo en uno o dos años. Llevo tiempo preguntándome sobre cómo irá a devolver esos préstamos si no es manteniendo un esquema piramidal hasta que reviente. Otra es la noticia, aparentemente preparada por el gabinete de prensa del mismo empresario, de que está negociando con unos fondos americanos la venta en bloque de unos derechos que tiene contra el estado español. Las dos cosas han casado. Pagará los préstamos con lo que le paguen a él.
A ver si me ordeno y puedo explicar el alcance de la gracia, porque lo primero que debo poner en duda es la capacidad y el interés de este gobierno de sacarse de la manga el uno por ciento del peibé y dárselo nada menos que a un malvado empresario en lugar de destinarlo a subvencionar a los sindicatos o a renovar aceras y rotondas. Pongamos que eres un empresario que hace dos años que tiene pendientes en los Tribunales dos demandas de retasación de una indemnización gigante que deberá pagarte el estado español, supongamos que la indemnización se debe a una más que cuestionable actuación de un gobierno anterior, pero del mismo color que el actual. De hace la friolera de veintisiete años. Supongamos que tu especialidad es, precisamente, comprar empresas en dificultades y reflotarlas, y que en medio de la tormenta perfecta en la que estamos, hay un mogollón de empresas en esta situación gritando “¡cómprame!, ¡cómprame!”. Supongamos que tienes más de una razón para anhelar venganza y para no tener ni siquiera una pizca de confianza en un sistema y un partido que no sólo te arruinó, sino que incluso te metió en el maco. El empresario quiere la pasta que le deben, pero la pasta no llega, entre otras cosas, porque quien tiene que pagarla opina que es demasiada pasta y que los empresarios no se merecen nada salvo sacrificios que beneficien a los trabajadores. Se comienzan negociaciones con fondos americanos para venderles los derechos que puedan derivarse de esa indemnización pendiente, pero teniendo en cuenta que se trata de créditos litigiosos, la especial configuración de su transmisión en España, donde el deudor puede pagar sólo lo que se pagó por el crédito y no la deuda total (art. 1535 CC) y quedar liberado, dificulta sobremanera la operación.
Para acabar de estropear las cosas, cada día que pasa se acrecienta la desconfianza internacional hacia la posibilidad de que el estado español cumpla sus compromisos. Si además de la propia situación económica global nos encontramos ante un estado en la ruina y un gobierno hipersectario que estaría perfectamente dispuesto a aprobar un decreto ley que impidiera pagar indemnizaciones a “los ricos”, con un pueblo español que estaría encantado tragándose semejante ejercicio de demagogia, con una justicia que funciona de tres formas distintas, tarde, mal o nunca, y con un estado de derecho en plena descomposición, respetado por nadie y deseado por pocos, la consecuencia inevitable es que los posibles compradores de ese crédito se echarán atrás y el –habilísimo- empresario se verá impelido a buscar otra solución para conseguir ese dineral que le corresponde.Esa solución en el mundo jurídico privado pasa por la ejecución anticipada de la sentencia y el embargo preventivo de los bienes del deudor. Pero a un estado soberano no se le embarga, y menos preventivamente. Además, ¿qué le puedes embargar al estado? Por su orden, veamos, ¿de dónde saca el estado la pasta? De los bolsillos de los ciudadanos. ¿Qué podría hacer alguien que quisiera tener debidamente agarrada la pasta que le debe el estado para que no pudiera negarse a pagar? Tenerla trincada en la fuente, en los ciudadanos ¿Cuánto debería pillarles? Evidentemente, lo que le debe el estado. ¿Cómo? Pues primero pensaría en cuáles son los agujeros que se han dejado abiertos en la ley, luego los utilizaría. ¿Hay agujeros? Sí, el propio gobierno de Zeta llevó a cabo en dos mil cinco la más importante desregulación de la captación de ahorro público que nadie se había atrevido a hacer desde la dictadura, o desde mucho antes. Eso, la desregulación poco meditada, es un agujero en la ley para los fines no se si non sanctos del escaldado empresario, que casi faculta para que se pueda pedir prestado al mundo mundial de forma que quepa la posibilidad de que nadie mire cómo lo haces. Si quien debe cobrar del estado consigue tener en su poder mucho dinero de muchos ciudadanos y cuando debe devolverlo no puede hacerlo porque el estado no le paga lo que le debe, si el dinero que se tiene debidamente agarrado es mas que mucho, muchísimo, si los ciudadanos que se pueden quedar sin cobrar son mas que muchos, muchísimos, y si además quienes tienen su pasta pillada son los de menos cultura financiera, los que aún piensan que se dan duros a cuatro pesetas y que si pierden en su inversión la culpa la tiene el gobierno (además de la derecha con su avaricia, que ese tipo de gente suele ser progre pata negra), el estado tiene un problema grave. Si además el propio estado ha permitido que se trinque esa pasta sin hacer nada para controlarlo, el estado tiene un problema mas que grave, gravísimo.
Ya vas pillando por donde voy. Efectivamente. Las inversiones a largo plazo no pueden financiarse con créditos a corto plazo (salvo en el caso de los bancos, pero esa es otra historia y otro mecanismo). No puedes pedir un crédito a devolver en un año si lo que quieres hacer con él es comprar una empresa de la que sólo vas a obtener los beneficios necesarios para ello a lo largo de diez o quince. A menos que se trate de un crédito puente, un crédito que devolverás cuando consigas una financiación a largo o, aquí está el truco, cuando te paguen una enorme deuda que alguien tiene contigo.Vuelvo al empresario. Desconfía de que el Gobierno de Zapatero le vaya a pagar lo que le debe. Sin que nadie se dé cuenta ni nadie intervenga, consigue que un montón de ciudadanos le presten un montón de dinero durante un año, prorrogable por otro u otros dos o tres en un impecable esquema de Ponzi que sólo se solucionará si el estado le paga la descomunal cantidad de dinero que le debe (el uno y medio por ciento del peibé). Lo ha conseguido. Y lo único que ha hecho ha sido darse cuenta de que para que el estado le pague su deuda deberá arrancarla de los bolsillos de los ciudadanos, con lo que se ha adelantado y le ha pedido a los mismos ciudadanos que le adelanten el dinero en una especie de factoring en el que el deudor cedido (el gobierno) es una filial del financiador (el pueblo español), y así, cuando el gobierno le pague, él se lo devolverá a los ciudadanos para que a su vez tengan dinero que les pueda quitar el mismo gobierno para rehacerse del agujero creado por el propio pago. El hábil empresario tiene al Gobierno de esta nación arruinada agarrado por las pelotas.
Solo si el estado paga cobrarán los inversores. En la medida que le paguen lo que le deben, en los mismos plazos y en la misma especie que cobre podrán cobrar sus acreedores, si le dan dinero fresco, dinero pagará, si le dan bonos del estado a diez años sin intereses, pagará con bonos del estado a diez años sin intereses. Pero si el estado no paga lo que le debe, y a ver de donde saca ahora el uno y medio del peibé, ninguno de los desafortunados prestamistas cobrará y todos sabrán que no cobran porque el Sonriente Demagogo no le paga al empresario lo que González le dejó a deber y porque ha permitido, esta es parte de la gracia, que les trinquen sus ahorros sin hacer nada para evitar que les estafen. Bingo. El descrédito internacional y el broncón que se montaría en la sociedad española sería de dimensiones colosales. Muchas, muchas cosas, saltarían por los aires.

Si a lo que dices le añades que hace poco más de un mes domic´liaron sus empresas en Holanda, la cosa empieza a tener verosimilitud
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