lunes, 15 de marzo de 2010

Sólo un poco impertinente (y ii)

Decía en el post anterior que inmediatamente después de la mayoría absoluta de Aznar del 2000, el ala radical del Psoe que llegó al control del partido en 2001 (con la intención de la vieja guardia de ganar tiempo para reorganizarse mientras esos radicales eran arrollados electoralmente y así aprovechaban también para quitárselos de encima, que ya habían jodido demasiado al partido demasiadas veces, la última de ellas obligando a Almunia a pactar con IU en las elecciones del 2000, facilitando así la victoria de Aznar), a pesar de su limitación intelectual, consiguió darse cuenta de que lo que significaba esa mayoría absoluta era que se había olvidado la dictadura, que el pueble español había dejado de temer por su libertad en caso de que gobernara la derecha, y de que con ello se impedía que se pudiera utilizar el miedo a la derecha como único argumento electoral. ¡Y no tenían otro!

A pesar de los intentos de radicalización de la sociedad (lo del Prestige, con la bufonada aquella de sustituir las campanadas de fin de año por las sirenas de doce pesqueros que se negaron a hacerlo en directo, lo de Iraq, siguiendo la estela de ese desvergonzado de Chirac, que sólo quería cobrar la central nuclear que vendió a Sadam Hussein y seguir sacando la pasta del programa “petróleo por alimentos” del corrupto Kofi Anam, las manifestaciones llamando asesinos a los diputados del Pepé, las agresiones de las turbas a las sedes...) solamente un golpe de suerte, o de estado, diría yo, de tres trenes explotando junto con la violenta agitación de las vanguardias progres consiguió que se diera un vuelco a lo que decían todas las encuestas y que esos socialistas radicales, esos estúpidos de entrenamiento diario llegaran al gobierno. Pero no porque hubieran convencido a nadie más, sino porque el shock del atentado, la manipulación posterior de la opinión pública y la exaltación de la violencia contra el gobierno, que se llegó a agredir a algún ministro de verdad, no como a Bono, hicieron que muchos abstencionistas de los del ochenta y dos salieran a votar. A votar progresista, claro, que no les gustaba el bigotín de Aznar (de verdad, es el argumento que más veces he oído de la gente que me ha confesado que aquél día votó por primera vez en diez o doce años). Sin embargo, sabían que no mantendrían el poder si no cambiaban la percepción social del Pepé como partido defensor de la libertad que aún se conservaba en la mayoría de los españoles.

Así que había que acabar con ese estado de cosas: era necesario impedir que se olvidara el franquismo para mantener el poder, había que conseguir que no se olvidara que hubo una dictadura, modificar la percepción que treinta años habían hecho de ella y eliminar la conciencia de su superación, de que era una cosa pasada, para así evitar no ya el perdón, que en aquel momento no era necesario, sino cualquier tipo de apreciación de que en esa época se hiciera algo bueno (hace nada que ZaPo dijo que la Seguridad Social era socialista, inaugurando lo que será la futura verdad de que no fue Girón de Velasco quien la puso en marcha en los años cuarenta, sino el Psoe el ochenta y dos). Todos los esfuerzos de los seis años de gobierno y dos de oposición de esta banda de facinerosos han ido encaminados a lo mismo: a resaltar la religiosidad de algunos votantes de derecha para asociarlos a la Inquisición de la Leyenda Negra, a disfrazar de intransigencia el interés en la unidad de España, a confundir al personal llamando antipatriotas a quienes se alarmaban por el pedazo de crisis que se nos venía encima y extrema derecha a quienes quieren impedirt que se suban los impuestos. Quieren que nadie olvide una Guerra Civil que se sufrió en la primera mitad del siglo pasado, y aprovechan que no hay mas que unos pocos miles de personas que la recuerdan de primera mano y que además sólo lo hacen muy vagamente, para tergiversarla, para falsearla, para reescribirla a su antojo. Hay que hacer olvidar que la dictadura acabó siendo una dictablanda, un régimen amable con un intenso apoyo popular, aunque sólo fuera por el síndrome de Estocolmo.

Y lo han conseguido. Lo han conseguido con tal intensidad que cuando algún imbécil que pide la retirada del nombre de la Calle Alemania por ser un país fascista que apoyó a Franco, sigue, seguro, recibiendo subvenciones, mientras demasiados periodistas incompetentes llegan a dar importancia a unas declaraciones políticas de gente del nivel de Guillermo Toledo, del que dicen las malas lenguas que tuvo que llevarse en la mano unas cosas que había comprado en MediaMarkt porque nadie le quiso dar una bolsa de esas de “Yo no soy Tonto”. Y luego le ha apoyado el tal Miguel Bosé (que estuvo a punto de ser Ministro de Cultura, que no se nos olvide) y otros diecinueve actorcitos que se creen listísimos, que por eso les llaman “las gentes de la cultura”, manda güebos. No puedo evitar preguntarme qué tienen esos tipos que los diferencie de Belén Esteban o Paco Porras, que al fin y al cabo su preparación, su profesión y su inteligencia aparentan ser la misma. Y en este país sólo conseguimos estar encantados de habernos conocido cuando ponemos en marcha las mejores tonterías, como esa que ha dejado tan orgullosos a los aragoneses de que Zaragoza ha sido la primera ciudad en limitar la velocidad a treinta. ¡Serán gilipollas...!

El caso es que ahora les es imprescindible asociar al Pepé con los moros de Franco, con la Cuarta de Navarra, con los Requetés recién comulgados, con los Camisas Viejas y el Cara al Sol, con el bigotito recortado del Gobernador Civil, con Carabanchel y Las Salesas, con El Alcázar y con Girón de Velasco. Hay que quitar las placas de las calles para que se vuelva a hablar, ahora para mal, de Millán Astray, de la División Azul, de Primo de Rivera, el dictador con el que colaboraba UGT, del Cardenal Gomá, del General Mola, del Semíramis que trajo en 1954 desde Odessa a los cautivos en la URSS, de Calvo Sotelo, aquel jefe de la oposición asesinado por los guardaespaldas de Indalecio Prieto, Presidente del Psoe, que había sido Ministro de Obras Públicas y que luego lo sería de Marina y Aire y de Defensa. Imagina lo que pudiera ser algo equivalente: una noche, los guardaespaldas de Chaves, o de Pepiño, aparecen en casa de Rajoy y le dicen que les acompañe; Rajoy se despide de su mujer diciéndole que no se preocupe, se mete en el coche, y unos minutos después, en Velazquez esquina con Ayala, el socialista que tiene sentado detrás saca una pistola y le pega un tiro en la cabeza; tiran el cadaver en el Cementerio del Este, un poco más allá de la Plaza de la Ventas. Acojona la escena ¿no?. Fernando Condés, el jefe de los asesinos, después de estar un tiempo oculto en casa de la diputada Margarita Nelken fué muy considerado por todos y se dedicó a dar conferencias por las Casas del Pueblo, mientras que el sumario que se estaba instruyendo en el Tribunal Supremo fué robado a punta de pistola por las Milicias Socialistas. Como colofón de este muy democrático episodio, la muchedumbre que volvía del entierro del jefe de la oposición fué tiroteada por esos demócratas en Goya esquina Alcalá, en lo que es ahora la Cruz Blanca. Cinco muertos y treinta y cuatro heridos. Y esos, los que jamás han pedido perdón, los que no se avergüenzan de sus hazañas, los de los cien años de honradez, son los que van a sacar al doberman de la derechona de paseo para que vuelva a dar miedo.

Lo sé, soy un facha irredento. ¡Cómo se me ocurrirá hablar de estas cosas! ¡Coño Gato, que la Memoria Histórica es hablar de lo malísimo que era Franco! Si, si, me doy golpes de pecho. Estas cosas no deben saberse, por eso lo de la Educación para la Ciudadanía. Pero, bueno, siempre he mantenido que no se puede abdicar, disimular, esconder, camuflar las ideas propias bajo intereses electorales más o menos sórdidos, lícitos o no. Hay que asumir y proclamar las ideas propias a cualquier coste (si, mi incorrección política también la mantengo en voz alta cuando alguien se interesa por ella, y no solo en este blog), incluso aunque se lleven por delante miles de votos, y si quieres hacer una reforma laboral hay que decirlo en la campaña y que te voten sabiendo de qué vas (y luego hacerla deprisa, antes de que se les olvide). Pero estamos en una emergencia, en un momento histórico al que falta muy poco para que, sólo si somos lo suficientemente capaces, sólo si nos percatamos de lo que está pasando y sólo si somos lo bastante valientes, tengamos la oportunidad y la obligación de defender una sociedad en la que pueda discreparse, en donde la libertad del individuo sea un hecho y no un mantra pronunciado y ensuciado una y otra vez por esos indeseables que sólo pretenden limitarla, que hasta hay quien quiere encarcelar a quien llame “dictador” a Chavez. Si no lo hacemos, antes o después estaremos obligados a defender con las armas una civilización en la que el estado no asesina a quienes no tienen la fé suficiente o no siguen los mandamientos adecuados, en la que la ley está basada en un pensamiento posterior al año 622, en la que no se ahorca a los homosexuales y en la que si una mujer se calza al butanero, no tiene por qué ser apedreada hasta la muerte. Porque lo que nos están vendiendo mientras tanto, lo que nos está dejando inermes y adormecidos en nuestro torpe y alicorto bienestar es el ansia infinita de pazz de ese cantamañanas, la estúpida cantinela del cambio climático y el panteismo totalitario del que deriva, y, como estrambote, la memoria histórica, ese puro oxímoron, que es historia o es memoria, pero jamás las dos cosas, sobre la convivencia de las tres culturas, lo de que el Islam es una religión de Pazz y lo de que para violencia y esclavitud, la de la Iglesia Católica. ¿O es que quieres que gobierne Rouco Varela?.

Me temo que estamos en un momento de tan especial trascendencia, que si no conseguimos cortar la radicalización a la que nos están llevando unos gobernantes que sólo tienen como objeto mantenerse en el poder, y para ello suman los gestos a la galería (como esa impresentable, medieval y fascistoide imprescriptibilidad de los delitos de terrorismo) a la única idea que pueden aportar, el odio a la derecha, que si no conseguimos acabar con las mandangas de la memoria histórica, de los derechos sin obligaciones de supuestos “colectivos”, del subvencionismo, temo que estemos abocados nuevamente a la violencia o a la dictadura, esta vez de rostro bolivariano, o sea, de cabeza a la pobreza y a la clandestinidad para volver a luchar por la libertad. ¡Hay que joderse!. Y en este momento no cabe que las Federicas insistan en votar a esa socialista que quiso encarcelar a Mingote por una viñeta que no le gustaba, no cabe eludir el voto a Gallardón porque ha puesto Madrid patasarriba o porque se querelló (y condenó) a ese orate genial que es Jiménez Losantos. La gravedad de la situación es tal, que hay que saltarse el principio de mantenimiento de las propias ideas pase lo que pase, si con ello podemos desalojar a estos peligrosísimos individuos del poder.

Acabo de mencionar la pretensión que tienen de declarar imprescriptibles los delitos de terrorismo, de abandonar esa institución que nació del estado de derecho, de la prevalencia de las leyes sobre la voluntad de los poderosos, y me aterra, porque también al Pepé le parece bien, o dice que le parece bien. Y es que lo aterrador es que el populacho exija que ese delito no prescriba y los poderosos tengan el "gesto" de concederlo. ¿Cuanto tardaremos en declarar imprescriptible la pederastia? ¿y la violencia de género? Ya sé que alguno dirá que es que eso es gravísimo. ¡Estais tontitos! ¿Cuánto tardaremos en declarar imprescriptibles las injurias a los ministros, la descarga ilegal de canciones, las declaraciones antipatrióticas? ¿para cuando se impondrá cadena perpetua revisable para todos los delitos, de manera que sólo te dejen salir si una comisión de jueces, sindicatos, oenegés y "colectivos ciudadanos" certifica que estás "reinsertado"?. No. No es una broma. Eso llegará si no lo detenemos ahora, que el estado de derecho es frágil y la libertad siempre es la primera víctima de las cacerías del poder, especialmente cuando los poderosos son idiotas y sus súbditos, acríticos. Y a la libertad se le ataca poco a poco, sin que nos demos cuenta porque los primeros ataques parecen razonables. Y el Pepé todavía no puede ni menearse.

Este momento histórico requiere un a modo de “Taquiya”, un disimulo, una muestra de suavidad, de blandenguería, de sosez, este momento exige que los empollones de El País deseosos de constituirse en abajofirmantes o los estudiantes (el taliban, plural pashtún de la palabra árabe “talib”, que significa “estudiante”) de esa abominación para inteligencias limitadas que es Publico no encuentren argumentos que puedan excitar los ánimos de los descerebrados hijos de la LOGSE o de los admiradores de Belén Esteban para que salgan de los pisitos que sólo con suerte conseguirán seguir pagando el resto de su vida y vayan a “votar progresista”, porque en este país, cuanto más falto de información estás, más progresista se considera uno.

Este momento histórico implica que el Pepé esté obligado más que a ganar algún voto por su izquierda, a no perderlo, y desde luego, es imprescindible que no soliviante a quienes no van a ir a votar porque van dándose cuenta de que lo que está haciendo ZaPo es destruir su vida y su bienestar, pero todavía no lo tienen claro del todo, que sólo saben que no quieren que mande la Iglesia de Franco. En este momento Rajoy sólo se puede permitir ser un poco impertinente, tiene que mantener tranquila a la bestia progresista que nos han creado. Tiene que hacer lo que le aconseja Don Rosendo Mercado,

Voy a ser un chico inteligente
y ya no me la van a dar
nunca más.

Voy a ser un poco impertinente
y a caer un poco mal
sin faltar.

Voy a ser el enemigo
disparando pan de higo
Ojo no te vaya a dar

En fin...

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