martes, 4 de mayo de 2010

Ejercicios de memoria (i)

Es curioso, pero a todos se nos ha olvidado. Es necesario hacer un ejercicio de memoria para volver a ser conscientes de los primeros pasos de aquel individuo, todo talante, que irrumpió en nuestra vida desde unos trenes de cercanías, una fantasía afeitada con varias capas de gallumbos y una movilización agresivamente espontánea ante las sedes del Pepé, aquel individuo, todo talante, que llegó a ponerse al timón de este esquife de quinientos años de historia sin haber trabajado ni un solo dia en toda su vida, sin haber doblado el espinazo para otra cosa que para hacer reverencias a los mandamases de su partido. Incluso haciendo el esfuerzo, estoy seguro de que no consigo recordar todas las insensatas iniciativas que tomó ese Iluminado en sus primeros meses en el poder.

Seguro que mientras lees esto te van viniendo al caletre más de una de las diferentes hazañas que pudimos disfrutar hace nada menos que seis años. Como cuando decidió ordenar el abandono de la misión en Iraq dejando tirados a los aliados, provocando que los sucesores de aquellos Tercios del Gran Capitán fueran humllados por los cacareos de la despedida de los soldados que se quedaban. Como cuando derogó aquél Plan por el que el agua sobrante de unas zonas se iba a llevar a otras en donde no tenían suficiente, y todo ello pagado con dineros que nos regalaban los alemanes y los franceses. Decía que no era necesario el agua que se iba a tomar del Ebro mucho más abajo de Zaragoza, porque se podían hacer muchísimas desaladoras que proporcionarían a Murcia, Valencia o Almería toda el agua necesaria, y sin que los maños tuvieran que volver a votar al Pepé (¿cuántas funcionan de todas las prometidas?). Como cuando derogó la Ley de Educación con tan mala fortuna que no se sabía cuál era la aplicable, y durante un curso y medio hubo que tirar con una ley derogada. Como cuando revitalizó un Estatut que ya estaba muerto y que, desde entonces, no ha dejado de darnos problemas. Tantos problemas que hasta puede cargarse definitivamente el Tribunal Constitucional.

Ya vas recordando ¿no? Porque es que hay cosas que, vistas ahora, hasta tienen peor pase que entonces. Como la renuncia a seguir recibiendo los fondos de cohesión de la UE y lo de significarnos como contribuyentes netos, o como la renuncia a aquellos dos diputados que Aznar había arrancado de más en Niza y que este Cantamañanas despreció, perdiéndonos la posibilidad de articular minorías de bloqueo de las normas que nos dañaran. Uno no puede menos que preguntarse que a santo de qué se le ocurrió hacer aquella idiotez, porque es que hay que ser idiota para renunciar gratis a una situación que te favorece. Desde que el emperador austriaco lo hizo en Austerlitz, nadie nunca había vuelto a renunciar por su propia iniciativa a una situación de ventaja, hasta que llegóeste mago de la táctica política. Fuentes bien informadas dicen que lo hizo porque para “retornar al corazón de Europa”, que era lo que decía que quería hacer, debía llevarse bien con franceses y alemanes, es decir, con aquellos que más escocidos estaban con que un bigotín les hubiera vacilado y se hubiera puesto en situación de tener tanta influencia como ellos. Zeta pensó que, renunciando a la ventaja del antipático de Aznar, a él lo recibirían con los brazos abiertos.

Evidentemente, se equivocaba. Los ecos de las carcajadas de Schroeder y Chirac todavía resuenan por el Justus Lipsius, el edificio por el que se pasean sus fantasmas políticos, esos de miras cortas y políticas estrechas que sólo por dinero, por aprovecharse de la corrupción del programa “Petróleo por Alimentos”, se negaron a apoyar la segunda parte de la Guerra del Golfo y fortalecieron sobremanera el fanatismo de los guetos islámicos de sus propios países, además de empujar al Mentecato español hacia Moncloa (con lo que aunque algo les salió bien, que España dejó de contar en Europa, Occidente debilitó uno de los flancos de resistencia al islam, quien sabe si de forma definitiva), para que pudiera convencer a algunos miles de mentecatitos españoles que lo de que unas decenas de musulmanes se metan a rezar mirando a la Meca en la catedral (antes mezquita) de Córdoba es un hecho multiculti estupendo al que tienen derecho todos los islamistas del mundo mundial, empezando por Mansur Escudero

Pero tras aquellos meses que asombraron al mundo (que si que lo asombraron, que nunca nadie había cometido tantos errores, tan graves y tan seguidos), nuestro héroe siguió haciendo de las suyas, una política alicorta sólo llena de guiños a su electorado para distraer la atención de los errores económicos. ¡Ah! diréis ¿Tuvo errores económicos al principio también?. Bueno, en realidad no sé si fueron errores o medidas conscientemente malintencionadas, pero creo que su primera medida fiscal fué gravar el ahorro con unos impuestos que González había empezado a eliminar y con los que acabó Aznar, y reducir la presión impositiva a la especulación pura y dura. Que sí, que sí. ¿No lo sabías? pues sí que lo hizo: antes de esa modificación legal, si vendías tu casa para comprarte otra mayor, no pagabas impuestos por el aumento de precio producido desde que la compraste hace diez años y el momento de la venta, pero los que compraban un piso y lo vendían seis meses despues por un precio mayor, los pasapisos, pagaban el cuarenta y cinco por ciento. Zeta decidió que todos, el pasapisos y el ahorrador iban a pagar lo mismo: el dieciocho por ciento (ya sabes, si vendes tu casa, tendrás que pagar el dieciocho por ciento de los supuestos beneficios para que este pollo pueda subvencionar a los de la Zeja, al cine español y a la oenegé de la Pajín). Es conocido a mi alrededor el caso de un tipo que se dedica a hacer operaciones intradía en bolsa y que todos los días recuerda a Zapatero en sus oraciones y pide a Dios por su larga vida en el Gobierno, que sabe que nadie mas que él, el rojo y feminista mas peculiar que pueden haber visto los siglos, le va a permitir forrarse pagando sólo un dieciocho por ciento de impuesto sobre la renta. Como si fuera un pobre de los de menos de veinticuatro mil euros al año.

¿Esto es memoria histórica?, porque acordarnos, nos acordamos, y eso es memoria, pero lo que dudo es que ahora ya sea histórico. No que esa sarta de errores serán historia en un futuro, lo que no sé es si ahora lo son o son los desgraciados antecedentes de nuestros inmediatos males.

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