No acabo de entender cómo seguimos dando tanto la coña con las agencias de rating. Cada vez que aparece el tema de la financiación del estado o del diferencial con el bund, hay uno o dos merluzos que no dudan en echarle la culpa de nuestros males a las calificadoras y se dedican a buscarles tres pies en el accionariado. De vez en cuando, Público suelta un titular en el que denuncia que una de las empresas en las que invierte el fondo de un ricacho conocido tiene participación en otra sociedad que es titular del siete veintiseis por ciento, es un decir, de mudis, de fich o de estandarsanpurs.Reiteradamente se denuncia que con la caída en el precio de la deuda de algún país, provocada exclusivamente, dicen, por la bajada en la calificación crediticia, alguien ha ganado dinero. “Es que bajan la calificación para que sus amigos se hagan ricos haciendo más pobres a los pobres”. Y les brota la santa ira, que quisieran echar a gorrazos a los mercaderes del templo y destruir los ídolos de oro. Las agencias de rating son el demonio. Belcebú, Satanás y Lucifer en anotaciones en cuenta con los tridentes y el rabo en forma de triple A o de B menos.
Y yo diría, sin que sirva de precedente, que en parte tienen razón, parece las calificadoras no están haciendo bien su trabajo. Hace un par de años, esas empresas proclamaban a los cuatro vientos que la deuda emitida por el Reino de España podía ser adquirida por el inversor más miedoso sin ningún problema, que las probabilidades de que España no fuera a pagar sus deudas eran inexistentes. Pero llegó un momento en el que todos los países del mundo occidental casi habían terminado de sanear los balances de sus bancos y aparecieron serias dudas sobre la realidad de las cuentas y la solvencia de Grecia, de manera que los inversores, o sea, el tipo al que le has encargado que consiga rentabilidad y seguridad para tu plan de pensiones y muchos otros como él, no se preocupaban y cuando tenían que elegir entre comprar deuda emitida por Alemania o deuda emitida por España, les daba igual.
Como casi siempre, también en 2009 España necesita que alguien suscriba su deuda, es decir, que alguien le preste dinero porque contínuamente vencen préstamos que hay que devolver. Y después de tanto Plan E, tanto chequebebé, tanta dependencia, tanto gratis total, tantas autonomías, tantas subvenciones y tanta mandanga, lo que se dice pasta suficiente, o sea, el pastón necesario..., en fin, que no tenemos ni de broma. Así que, o nos vuelven a prestar o entramos en quiebra, en default, en suspensión de pagos o como quieras llamarlo. El primer problema es que con lo justo para pagar la deuda no nos vale, tenemos que pedir algo más. Y el segundo, que las agencias de calificación se han dado cuenta de que con cuatro millones y medio de parados las cosas no son como antes, cuando todo eran ladrillos y creditones para el pisito y el Cayenne, y modifican su opinión sobre España: aunque pueda haber algún problema transitorio en nuestra economía, dicen, la posibilidad de que no paguemos lo que debemos no es que sea nula, pero es prácticamente inexistente. y nos bajan de triple A a doble A, de matrícula de honor a sobresaliente.
Sin embargo, es bien sabido que para conseguir que alguien te preste, te puedes aprovechar de que los inversores son tan codiciosos y tan malvados que hasta pretenden ganar dinero, y ofrecerles una mejor rentabilidad de la que ofrece Alemania puede ser un buen argumento para convencerles de que hagan lo que haría cualquier hombre de bien sólo por solidaridad. El gestor de tus ahorros piensa “vale, aunque mudis diga que es menos segura que la de Alemania, también es supersegura y además nos pagan más”. Y el avezado inversor, miembro conspicuo de la banda de Johny Mercados, suscribe deuda española y al tiempo que Salgado respira, los votantes ni se enteran.Sin embargo, mientras Alemania apela al mercado simplemente para mantener la deuda que tiene, los españoles pedimos más que el año anterior: la que tenemos que devolver y un poco más, porque, mirusté, es que hemos gastado más de lo que hemos ingresado. Y lo malo es que en 2010, los inversores se han dado cuenta de que mientras Alemania ha utilizado los préstamos para invertirlos en cosas que les han hecho crecer y ganar dinero, nosotros hemos cogido esa pasta y hemos construído más aves que nadie en el mundo mundial, alguno sólo para nueve personas diarias, que tenemos más funcionarios por habitante que los que se permitiría un dirigente dipsomaníaco y analfabeto, ...y creciendo, que tenemos una cantidad insoportable de parados cobrando por la patilla, ...y creciendo; ...vamos, que euro que nos prestan, euro que malgastamos en fiestorros y francachelas. Eso gusta poco, pero nuestra deuda es segura, siguen diciendo las agencias.
Con Grecia intervenida, cae Irlanda y cae Portugal. Los prestamistas se acojonan, parece que ya no basta con ofrecer más remuneración, hay demasiado miedo. A Zeta le llaman algunos que conocen bien a la Banda de los Mercados. “Mira macho, Jose Luis, cariño, lo que pasa es que no se fían de tí: dijiste que ibas a reducir el déficit y te estás tocando el bolo esperando que eso pase solo, y además, no haces mas que prometer que vas a repartir pasta a manos llenas sin pararte a pensar en otra cosa que en los votos que puedes comprar. Los Mercados no quieren que esos fuegos artificiales los pagues con su dinero porque, como tampoco vas a cobrar entrada, sospechan que ni de coña vas a ganar lo suficiente para devolverles el préstamo y pagarles los intereses. Dicen que o te pones las pilas y atajas el derroche, o te va a prestar tu santa madre. O tu abuelo el de la Memoria Histórica”
Zeta se hace caquita, baja el sueldo de los funcionarios, congela las pensiones, cancela obras públicas, anuncia una reforma laboral..., es decir, acaba con cualquier posibilidad que le quedaba de volver a ganar las elecciones, pero la maniobra cuela y las aguas vuelven a su cauce. España sigue pudiendo conseguir que le presten dinero. Más caro, pero se lo prestan.
Y así pasa rápidamente un año. Las malvadas agencias de rating siguen confiando en la economía española, se han tragado la pamema de las reformas, nos siguen dando el sobresaliente, el paro sigue aumentando y se siguen cerrando empresas, seguimos sin hacer real la menor reforma para cambiar la tendencia... y los malos malísimos siguen diciendo que que son muy escasas las probabilidades de que no paguemos lo que debemos. Pero no contábamos con el otro brazo del Acontecimiento Planetario: al otro lado del mar, en USA, sigue el otro cantamañanas pretendiendo hacer políticas de izquierdas, o sea, gastando lo que no tiene. La economía americana empieza a frenarse, Estados Unidos sobrepasa el límite de deuda que se tiene marcado... y el día dos de agosto, estandarsanpurs les quita la triple A.
Aquello supuso un la cagamos con lazo de fiesta. Agosto se convierte en un infierno para prestamistas y prestatarios. Nadie se fía de nadie. Y en España seguimos sin saber qué es lo que hay en las tripas de los bancos y cajas, no ha habido reformas, se han anunciado elecciones anticipadas con varios meses de anticipación, el gobierno se queda pillado en semicampaña electoral y deja de gobernar. A pesar de que las agencias de calificación mantienen la doble A para España, cuando hay que salir a pedir dinero, nadie, pero nadie nadie, quiere prestarlo, nuestros bancos patrios, susceptibles de ser chantajeados por la debilidad valorativa consentida en sus balances no encuentran un duro ni rebuscando en los cajones y el fondo de reserva de la seguridad social ya está lleno de deuda nacional y no puede hacer nada. Estamos al borde de la suspensión de pagos.
Con el tormentón financiero y todos los ejecutivos europeos en sus despachos sin vacaciones, Zeta, desde Doñana y en chandal, debió llamar a Merkel, a Sarkozy, a Trichet, a Durao Barroso, a todos. “Es que, Jose Luis,” -le debieron decir- “eres un capullo. ¿No te habíamos dicho lo que tenías que hacer? ¿Por qué no has hecho nada?. Claro, y ahora vienes llorando” “Por favor, por favor. Es malo de pedir, pero peor es de robar”. “Mira tío. Que dejes de pagar tus deudas nos hace un roto, así que estamos dispuestos a darle a la máquina de hacer dinero y comprar tu mierda. Pero no nos fiamos ni un pelo de tí, así que si quieres que te saquemos de la ruina en la que vas a caer irremediablemente si no lo hacemos, te tienes que comprometer a controlar el déficit” “Que sí, que sí. Te lo juro que si, pero por favor, prestadme lo que necesito”. “Con eso no vale. Tiene que ir a la Constitución” “Que te digo que si. A la constitución este mismo mes, te lo juro”. “Okis. Pero si no lo haces, te puedes olvidar. Se cierra el grifo. Se te acabó la pasta”
Y en esas estamos. Vivos porque el BCE ha fabricado inflación para todos comprando deuda española con un dinero que no existía, y sabiendo que en cualquier momento puede dejar de confiar y cerrarnos el chorreón de dinero que nos está soltando. Mientras tanto, la reforma de la constitución que limita el derroche se hace pese a los perroflautas, pero no entrará en vigor hasta dentro de nueve o diez años y siempre que ya no tengamos paro, que eso es el déficit estructural; y la Salgado sale a dar la cara y dice que hemos controlado el déficit y que tenemos un nueve por ciento menos que el año pasado, pero si te vas a las cuentas del estado, mientras el año pasado, con menos deuda que este y bastante más barata, habíamos pagado diecisiete mil millones en intereses, y según estas cuentas, este año sólo hemos pagado nueve mil. Ni ellos se lo creen. No sólo les estamos intentando vacilar dejando ad calendas graecas el control legal del déficit y faltando a la palabra dada, es que cualquiera diría que estamos falseando las cuentas. Como Grecia.
Y mientras tanto, mudis, fich y estandarsanpurs siguen diciendo que nuestra deuda es de doble A, que las probabilidades de que no podamos pagar todo lo que debemos son escasísimas. ¿Te lo crees? ¿de verdad piensas que es tan improbable que suspendamos pagos, que somos solventes como para la doble A? ¿Te das cuenta de que las agencias de calificación, o son idiotas, o no se ajustan a la verdad? En vez de maldecirlas, los perroflautas y los sindicalistas deberían besar el suelo que pisan sus juniors.

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