¿Crisis? ¿Cómo que crisis? aquí no hay nada de eso, estamos en la championslig de la economía y nuestro sistema financiero es el más sólido del mundo. Y para que veáis que no hay crisis, aquí van los dosmil quinientos del cheque bebé, cuatrocientos lereles para cada declarante de IRPF, diez mil millones para hacer rotondas en los pueblos... y ¡niño!, ¡otra de gambas!. Y estando en ese plan, bonificaron el cien por cien del impuesto del patrimonio adelantándose a lo anunciado por Esperanza Aguirre para Madrid (por cierto, Esperanza, pese a todo, también lo bonificó aunque ya no sirviera para nada en la ley de acompañamiento de 2008, repitió la bonificación al año siguiente, y a mitad del ejercicio 2010 incluyó esa misma bonificación del cien por cien en una ley fiscal de carácter permanente), previo acuerdo con las ccaa para soltarles el equivalente a lo que venían cobrando por el impuesto, pero directamente del estado. Bueno, a Andalucía le dieron el doble y a Cataluña el triple.Pero la crisis no era una crisis en V, ni en L, ni en W. Era una crisi de C, una crisis del Copón, y las medidas económicas del indocumentado de las dos tardes, con la inestimable ayuda de Yogi y Bubu, quicir, Méndez y Toxo, eran las peores que se podían tomar. Y así, con cinco millones de parados, más de cien mil empresas cerradas, y quizá un millón de autónomos viviendo de chapucillas en negro (en 2010 se dieron de baja en la seguridad social trescientos sesenta mil) con el único consuelo de poderse casar con alguien del mismo sexo y de que su hija abortase con dieciseis años sin decírselo, con la pasta del estado acabada y pidiendo prestado un día sí y otro también, llegó el día del pánico: ni un euro más para España si no ponía orden en las cuentas, que no se puede andar gastando en gilipolleces con dineros ajenos.
El inútil que gobernaba podía haber dicho “Entiendo la sutileza del mensaje. A partir de ahora nos vamos a poner las pilas, que se ha acabado la fiesta. Se acabaron los servicios duplicados o triplicados, es decir, si el estado presta un servicio, ni las autonomías ni los ayuntamientos pueden ofrecerlo; se acabaron las subvenciones a esa cosa del cine de zeja; los sindicatos, a vivir de sus afiliados y sus liberados, al tajo; la sanidad cuesta un pastón, y ya está bien lo de llenar urgencias porque estás mareado, hacerte tacs de porsiacaso, acudir al especialista un par de veces al mes porque te preocupa el gorgoteo de tus tripas y traerte a tu cuñado desde el altiplano para que le arreglen los pies planos y a tu abuela para que te paguen un dinerillo por cuidarla, y si quieres hacerlo tendrás que pagarlo; los coches oficiales, se los vendéis a los jeques o a la mafia rusa; las oenegés a currar en España y en cosas necesarias, o a convertirse en no gubernamentales de verdad, es decir, a buscarse la pasta en la buena voluntad de la gente, porque eso de subvencionar programas para extender la igualdad de género entre los cazadores de cabezas de Nueva Guinea se acabó; los parados, a aceptar cualquier cosa que se les ofrezca aunque sea en las chafarinas, y si no, se acabó el subsidio; desde luego, ni un ave ni un aeropuerto más: de los que hay vamos a cerrar dos de cada tres y los aves, con trenes de los de toda la vida y sólo si son rentables; y se acabaron los polideportivos municipales, los velódromos olímpicos, las piscinas cubiertas y las autovías autonómicas con peajes en la sombra. Con esas medidas, nos ahorramos troquitantosmil millones”. Probablemente, las cosas nos irían mejor y ahora habría dudas sobre quién iba a ganar las elecciones. Pero de donde no hay no se puede sacar. Y este pollo hizo lo que podía esperarse de él, oséase, cagarla: congelar las pensiones y bajar el sueldo a los funcionarios. A lo mejor era lo que le exigieron expresamente, pero con eso, se rompió el juguete. Ya no tendría arreglo de ninguna manera: Zapatero se acabó.
Y en esto, llegó el pérfido Rubalcaba. He dicho muchas veces, que sé que soy un pesao, que el calvorota este no tiene ninguna ideología si convenimos que el deseo de poder, por sí mismo, no es una ideología. Rub-Al-Kaba es un profesional que disfruta y domina el navajeo y la mentira en su beneficio personal, y le importa un pito usar su arte para el pesoe, para la democracia cristiana o para la Iglesia de la Cienciología si con ello consigue mandar; en esas circunstancias, militando en el pesoe y con las encuestas pintando bastos, no le queda otra cosa que aprovechar lo que ha ido preparando su partido durante treinta años y Zeta ha azuzado siete y renegar de éste siempre que pueda para poner distancia con un individuo que ya empieza a darse cuenta de cuál va a ser su lugar en la historia.
Desgraciadamente, una de las cosas más dañinas que ha ido haciendo la progresía durante treinta años con su monopolio de la cultura y la educación ha sido indisponer a dos generaciones contra los empresarios, contra los creadores de riqueza y promotores de empleo, que es que para hacer una idiotez mayor hay que entrenarse mucho. Recuerdo mi estupefacción al leer un libro de Sociales de Primero de la ESO en el que para describir los diferentes regímenes económicos se decía que el capitalismo produce contaminación, mientras que el socialismo promueve la distribución más justa de la riqueza. En forma más académica, un tal Manuel Jesús González en un estudio sobre el empresario y la economía de mercado en los libros de texto de Historia, Geografía y Economía utilizados en los centros de Enseñanza Media concluye que “en nuestra educación primaria, secundaria y bachillerato no se transmiten los principios característicos de lo que es la libre empresa y el libre mercado. Se presta una gran atención a las políticas redistributivas antes que a las creadoras de riqueza, o a la defensa de criterios de seguridad antes que a la creatividad, visión de futuro o asunción de riesgos. Se manifiesta verdadero miedo a la libertad y se subraya por el contrario la necesidad de controlar los mercados y las actividades privadas”. Tres décadas en ese plan no pueden menos que generar un sonorísimo desastre productivo en un futuro que empieza a ser presente.Y para acabar de joder la marrana, lo único que le ha salido bien a Zeta le ha salido ha sido su fomento del cainismo y la envidia, cualidades ambas para las que estamos especialmente bien dotados en este desgraciado país. Pero como ha denunciado Manuel Saco, ese personaje a quien alguien menos moderado y tolerante que yo no dudaría en calificar como un auténtico gilipollas, “la más sutil de las trampas de los sistemas democráticos es el habernos convencido de que los ciudadanos tenemos el derecho a elegir en libertad a nuestros representantes políticos”, y cayendo en esa trampa el personal va a votar algo que no conviene a los intereses de los herederos del futuro Supervisor de Nubes, así que el siniestro Rubalcaba, su heredero directo, exento de ideología pero muy necesitado de arañar votos para que su partido siga pintando y él mismo mandando, no se ha parado a pensar en lo razonable de su actitud, se ha apoyado en lo que ya tiene hecho y se ha puesto a hacer demagogia contra “los ricos”. ¿Qué quiénes son los ricos? pues cualquiera que tenga más que el destinatario del mensaje, y especialmente, los empresarios.
El mecanismo ha sido alucinante: el candidato le ha dicho al Presidente del Gobierno “Oye, Jose Luis, quiero que repongas el Impuesto sobre el Patrimonio para que los ricos redoblen su esfuerzo contra la crisis” y el Presidente del Gobierno de España se ha puesto en marcha para ayudar al candidato de su partido. No tengo palabras para definir semejante barbaridad, nada menos que el gobierno de España y el Parlamento apoyando una medida que sólo tiene fines electorales al dictado de uno de los candidatos, ni siquiera han tenido la decencia de intentar justificar económicamente la medida, ni su utilidad, ni nada de nada. La han aprobado en el último pleno de la legislatura y sabiendo que en ningún caso la van a poner en práctica ellos: es una bomba retardada que le dejan a los que llegan para montarles un pollo si la quitan o para hacer daño a las empresas y crear parados si la dejan. Mientras tanto, al singular Pepiño se le llena la boca de saliva mientras denuncia una defensa del pepé a “los ricos” y todos hacen comparaciones entre el dinero que el pepé no quiere recaudar con ese impuesto y los recortes que van teniendo que hacer en las autonomías. Y a nadie le importa lo especialmente dañino que es este impuesto en la actual situación, con tal de que paguen “los ricos”.

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