Estoy de vacaciones (¿no lo había mencionado ya?) En uno de esos hoteles de cuatro estrella para gente de clase media y media baja, esas clases sociales que nuestros igualitarios mandamases pretenden proletarizar magnus itineribus, probablemente votantes de partidos solidarios y fervientes odiadores (¿se dice así?) del bigotín de Aznar. Y se les nota. Se les nota la solidaridad que les rebosa por todos los poros. Se les nota solidarios con cualquier causa justa que quede convenientemente lejana. Solidaridad con sus semejantes cercanos... pues mas bien poca.
Y todo parte de la estúpida necesidad que tiene la gente de acumular cosas innecesarias “por si acaso”, lo que generalmente suele ser inocuo para la sociedad, pero que en ocasiones produce escasísimos beneficios inmediatos al acumulador y daños graves al sistema
Esa necesidad se aprecia claramente en el espectáculo que da la basca en el bufé del restaurante, que parece que la similitud de ese mecanismo del bufé con lo de comer de balde hace que al personal se le vaya la olla y se llene los platos con una cantidad tal de viandas que produciría alipori a cualquier espectador imparcial, vista la absoluta imposibilidad de dar cuenta de ellas. Que no aprendemos. Que eso de comer de gañote que tantos problemas nos ha traído desde siempre (incluso al mismísimo Roger de Flor, uno de los mas fieros españoles, y a los demás capitanes de sus almogávares se los pulieron en un banquete al que acudían de gorra) es algo que nos sigue poniendo tanto que perdemos la educación quien la tiene, y los papeles casi todos. Pero eso sólo causa daños importantes al acaparador si intenta cegarse comiendo tres veces diarias, porque los daños a los demás sólo consisten en que se nos encarece el servicio.
Y es que cuando no hay escasez de algo, acumularlo es simplemente una necedad, pero cuando ese algo está limitado, su acaparamiento innecesario es miserable (y en ocasiones delito). No cabe mayor muestra de insolidaridad que hacer propios bienes que deberían estar al alcance de todos, y no para usarlos, sino “por si acaso” se quieren usar. Y no sé por qué, tengo la impresión de que quien más habla de solidaridad, mayor tendencia tiene a esa forma de insolidaridad cercana a que se reduce el “ande yo caliente y ríase la gente”. Es, por ejemplo, el que aparca en doble fila porque “son sólo dos minutos”. Cuando veo a alguien así, siempre sospecho que vota progresista.
Me dí cuenta de que en el hotel había mucho solidario con Etiopía o con cualquier otro sitio lejano y exótico (no puedo resistir. Lo cuento: dicen que, cuando las hambrunas de África oriental, poco antes de llegar a Tomelloso había una pancarta que ponía “Tomelloso, por Etiopía”, y uno que la vió cuando volvía de vendimiar no pudo menos que exclamar “¡Arrea, que vuelta!”. Jejeje), Decía que me di cuenta de que había mucho progresista el día que llegué, alrededor de las cinco de la tarde: todo el espacio alrededor de las piscinas estaba abarrotado de tumbonas, todas las tumbonas tenían encima una toalla (generalmente horrorosa), pero gente usando esas tumbonas había muy poca. Deduje que los dueños de las toallas estaban durmiendo la siesta en sus habitaciones. Probablemente estaba en lo cierto, pero me faltaba llegar al dato de que, también probablemente, en ningún momento del día había habido nadie sobre las toallas que ocupaban las tumbonas. Nadie salvo los miembros de algunas tribus de orondas matronas y churumbeles desnudos con los que tengo el dudoso placer de compartir comedor y piscina.
La explicación a la falta de uso de las tumbonas y la simultánea imposibilidad de encontrar una vacía apareció sola a la mañana siguiente. Soy de mucho madrugar, y después de desayunar, alrededor de las ocho de la mañana, me gusta sentarme a fumar junto a la piscina. Paso un rato francamente agradable con el olor a nuevo que tiene el mundo de madrugada y el fresquito que todavía no ha empezado a estropearse. Pero todos los días acabo pensando en lo miserable de la condición humana en lugar de limitarme a sentirme bien. Porque el personal es infumable. Lo he visto todas las mañanas. La tropa se despierta, se pone el traje de baño y la camiseta del Carrefour, coge las toallas, las posa sobre las tumbonas de la piscina para que nadie mas que ellos puedan usarlas durante ese día y se va a desayunar. Ya volverá luego. O no. Y al que no le guste, que se joda. Él ya tiene su tumbona reservada. Solidaridad en estado puro.
¡Tanto piarla con la solidaridad con el tercer mundo y somos perfectamente incapaces de tener el mínimo gesto, no ya solidario, sino simplemente cívico, con la gente que tenemos a nuestro alrededor!
Esa necesidad se aprecia claramente en el espectáculo que da la basca en el bufé del restaurante, que parece que la similitud de ese mecanismo del bufé con lo de comer de balde hace que al personal se le vaya la olla y se llene los platos con una cantidad tal de viandas que produciría alipori a cualquier espectador imparcial, vista la absoluta imposibilidad de dar cuenta de ellas. Que no aprendemos. Que eso de comer de gañote que tantos problemas nos ha traído desde siempre (incluso al mismísimo Roger de Flor, uno de los mas fieros españoles, y a los demás capitanes de sus almogávares se los pulieron en un banquete al que acudían de gorra) es algo que nos sigue poniendo tanto que perdemos la educación quien la tiene, y los papeles casi todos. Pero eso sólo causa daños importantes al acaparador si intenta cegarse comiendo tres veces diarias, porque los daños a los demás sólo consisten en que se nos encarece el servicio.
Y es que cuando no hay escasez de algo, acumularlo es simplemente una necedad, pero cuando ese algo está limitado, su acaparamiento innecesario es miserable (y en ocasiones delito). No cabe mayor muestra de insolidaridad que hacer propios bienes que deberían estar al alcance de todos, y no para usarlos, sino “por si acaso” se quieren usar. Y no sé por qué, tengo la impresión de que quien más habla de solidaridad, mayor tendencia tiene a esa forma de insolidaridad cercana a que se reduce el “ande yo caliente y ríase la gente”. Es, por ejemplo, el que aparca en doble fila porque “son sólo dos minutos”. Cuando veo a alguien así, siempre sospecho que vota progresista.
La explicación a la falta de uso de las tumbonas y la simultánea imposibilidad de encontrar una vacía apareció sola a la mañana siguiente. Soy de mucho madrugar, y después de desayunar, alrededor de las ocho de la mañana, me gusta sentarme a fumar junto a la piscina. Paso un rato francamente agradable con el olor a nuevo que tiene el mundo de madrugada y el fresquito que todavía no ha empezado a estropearse. Pero todos los días acabo pensando en lo miserable de la condición humana en lugar de limitarme a sentirme bien. Porque el personal es infumable. Lo he visto todas las mañanas. La tropa se despierta, se pone el traje de baño y la camiseta del Carrefour, coge las toallas, las posa sobre las tumbonas de la piscina para que nadie mas que ellos puedan usarlas durante ese día y se va a desayunar. Ya volverá luego. O no. Y al que no le guste, que se joda. Él ya tiene su tumbona reservada. Solidaridad en estado puro.
¡Tanto piarla con la solidaridad con el tercer mundo y somos perfectamente incapaces de tener el mínimo gesto, no ya solidario, sino simplemente cívico, con la gente que tenemos a nuestro alrededor!

"orondas matronas" eres muy mordaz.
ResponderEliminarMe encanta :D.