Generalmente entiendo poco y mal a mis contemporáneos. Debería decir que no entiendo a mis compatriotas contemporáneos, pero hablar de algo que tenga que ver con el concepto de patria está mal visto, y todo aquel que utilice alguna palabra que remotamente pueda tener algo que ver con eso y no lleve un adjetivo detrás, inmediatamente es tachado de facha, retrógrado, franquista o cantamañanas. La patria es un concepto que por lo mal visto que está, ha dejado de usarse, y eso que la patria no es otra cosa que la tierra a la que se siente uno ligado por vínculos familiares históricos y afectivos. Otra cosa es cuando se habla de la patria vasca, por ejemplo. Entonces ya no eres facha, pero puedes ser tachado de nacionalista radical, izquierdista extremoso o terrorista, de manera que si se califica a alguien como patriota, no cabe duda, o es facha o es terrorista, así que un progre que se precie y que no sea originario de una de esas regiones de tendencias separatistas nunca jamás pronunciará palabra alguna que contenga el sonido “patr” al principio, en el medio o en el final de una palabra si no es para utilizarla como garrote para arrearle al contrario. Todavía me da la risa cuando me acuerdo de aquel pretendido capón de “patriota de hojalata” que recibió inmediatamente el monumental sopapo de lo de “bobo solemne”.
Bueno. Decía antes de ponerme las botas de tacos y lanzarme de nuevo a los cerros de Úbeda (cada vez que hablo de Úbeda, por alguna desviada conexión cerebral, me acuerdo de aquél ministro de Franco, Solís, la Sonrisa del Régimen le llamaban, natural de Cabra, a quien se le ocurrió decir que la enseñanza en España necesitaba “menos latín y más deporte”, y un columnista de ABC que le tenía especial ojeriza, comentando sus declaraciones, le recordó que gracias al latín podíamos saber que él era “egabrense”). Si, vale, hoy estoy disperso y montaraz. Vuelvo.
Pues eso. No nos entiendo. Ha sido hoy noticia que el sesenta y tres por ciento de los trabajadores son mileuristas. No dudo que la noticia ha sido forzada desde el gobierno, porque las coincidencias no existen y esta ha ido a coincidir con el anuncio de la subida de impuestos, presumiblemente a los ricos, o sea a los que ingresen más de veinticuatro mil euros (anuales, se entiende, que al mes, esa cantidad sólo la ingresan mi admirada Leire y poquita gente más). Pero ha sido piedra de escándalo y de lamento, dependiendo del sesgo ideológico, de la totalidad de las tertulias de la mañana. En lo mas profundo de los hombres de buen corazón se ha levantado el deseo de que todos esos trabajadores se conviertan, al menos, en dosmileuristas.
Pues a mi no me ha pasado eso. Debo ser mala persona, pero con la noticia sólo he conseguido enfadarme con la banca y con mis semejantes. Si, soy consciente que con mil euros, o los dos mil de la parejita, se llega mal a una hipoteca de mil, la luz, el móvil, el gas, la interné, la cena y las copas del viernes, el aperitivo del sábado, las letras del coche, el crédito de las vacaciones en Cancún y el carrito del hiper. Pero, coño, es que para poder ingresar más hay que ser capaz de aportar más a la empresa que te paga, y si no es así, pues uno no puede alternar vacaciones en el Caribe y en el extremo oriente salpicadas de puentes en Londres, el coche no puede ser un todoterreno, la cena y copas con amigos deben limitarse a unas tapas con cerveza, el güisqui, segoviano y las cervezas del carrito, las holandesas de la oferta del carrefur. Pero sobre todo, la hipoteca no puede ser una prieta soga al cuello durante cuarenta años.
De ahí mi cabreo con la banca y con el regulador que le ha permitido embarcarse en la concesión de créditos absurdamente excesivos. Ya he hablado (aquí, aquí, aquí, aquí y aquí) de que un piso digno de un mileurista vale exactamente la misma cantidad que un banco está dispuesto a prestarle a cualquier mileurista. Si el banco presta por el cincuenta por ciento de los ingresos durante cuarenta años, los zulos de soltero de cincuenta metros costarán ciento setenta mil lereles, pero su coste de construcción, incluidos los beneficios del constructor no sube de cuarenta mil, y por el de una familia con dos ingresos, de cien metros cuadrados, te van a pedir (y vas a pagar porque el banco te lo presta) trescientos mil euracos del ala, cuando su coste no llega a los cien mil. El resto se lo lleva el dueño del suelo, del puto páramo que es España, del trigal recalificado por obra y gracia del alcalde con cuñado listillo (a repartir con el pasapisos que hace negocio contigo porque tienes prisa para comprar)
Por eso no entiendo a mis compatriotas. Porque, a pesar de que todo pasa por la hipoteca y por la manirrotez de nuevos ricos, de que me voy a Bangkok y me compro un Audi porque yo lo valgo, todos están convencidos de que es imposible vivir con mil euros, de que es injusto e inmoral un sueldo así, cuando deberían estar clamando para que el gobierno hiciera que los bancos sólo prestaran por un tercio de los ingresos y a un plazo máximo de quince años, como ya han hecho los gobiernos de media Europa, donde el piso se lo compran con una sonrisa en los labioscomo ha sido en España hasta hace poco mas de diez años. Y puede hacerse sin acudir a estupideces como prohibir que se haga de otra forma, como, por ejemplo, impidiendo que la banca ejecute el crédito si tiene condiciones distintas, si se trata de un crédito arriesgado.
Y así, el zulo de cincuenta metro valdría cincuenta mil euros y el de cien, noventa mil, y se pagarían en quince años y sin agobios. Al mileurista soltero le quedarían setecientos pavos para tirar el mes, mas las pagas extras, y a la parejita con niños mil cuatrocientos limpitos, y con eso se marcha suficientemente bien. Sin viajes a Cancún y Londres, pero si a Fuengirola, con un coche apañadito pero no llamativo, y tirando de tapas y cerveza, pero se marcha bien, Pero es que si el sesenta y tres por ciento de los trabajadores no generan más, no se les puede pagar más, pero con eso deben poder vivir bien.
Vaya, que Corbacho tenía mucha razón hace unos días cuando dijo que la culpa de la burbuja del ladrillo la tenía la banca. Se le olvidó decir que la responsabilidad de la pasada de la banca ha sido de los gobiernos de su partido cuando en 1992 y 1994 permitieron que la banca empaquetara sus créditos y se los vendiera en pedazos iguales a los alemanes, y cuando a parti del 2004 no puso coto a que la banca concediera préstamos a más de veinte años y por más del treinta por ciento de los ingresos del pringado del pisito.
Y yo añado que la culpa de la depresión generalizada de los mileuristas la tenemos todos los que pensábamos que éramos el Archipámpano de las Indias porque el banco nos prestaba todo lo que pedíamos, cuando en realidad no pasábamos de ser unos curritos, de los curritos de toda la vida. A ver si nos enteramos, que es que no somos ricos, que rico sólo se hace quien se arriesga, le pone todo el esfuerzo y trabajo que le cabe en el cuerpo y además tiene una buena idea y mucha suerte. Los demás sólo nos merecemos vivir dignamente porque sólo estamos para dar gracias a dios por mantener nuestro trabajo.
Bueno. Decía antes de ponerme las botas de tacos y lanzarme de nuevo a los cerros de Úbeda (cada vez que hablo de Úbeda, por alguna desviada conexión cerebral, me acuerdo de aquél ministro de Franco, Solís, la Sonrisa del Régimen le llamaban, natural de Cabra, a quien se le ocurrió decir que la enseñanza en España necesitaba “menos latín y más deporte”, y un columnista de ABC que le tenía especial ojeriza, comentando sus declaraciones, le recordó que gracias al latín podíamos saber que él era “egabrense”). Si, vale, hoy estoy disperso y montaraz. Vuelvo.Pues eso. No nos entiendo. Ha sido hoy noticia que el sesenta y tres por ciento de los trabajadores son mileuristas. No dudo que la noticia ha sido forzada desde el gobierno, porque las coincidencias no existen y esta ha ido a coincidir con el anuncio de la subida de impuestos, presumiblemente a los ricos, o sea a los que ingresen más de veinticuatro mil euros (anuales, se entiende, que al mes, esa cantidad sólo la ingresan mi admirada Leire y poquita gente más). Pero ha sido piedra de escándalo y de lamento, dependiendo del sesgo ideológico, de la totalidad de las tertulias de la mañana. En lo mas profundo de los hombres de buen corazón se ha levantado el deseo de que todos esos trabajadores se conviertan, al menos, en dosmileuristas.
Pues a mi no me ha pasado eso. Debo ser mala persona, pero con la noticia sólo he conseguido enfadarme con la banca y con mis semejantes. Si, soy consciente que con mil euros, o los dos mil de la parejita, se llega mal a una hipoteca de mil, la luz, el móvil, el gas, la interné, la cena y las copas del viernes, el aperitivo del sábado, las letras del coche, el crédito de las vacaciones en Cancún y el carrito del hiper. Pero, coño, es que para poder ingresar más hay que ser capaz de aportar más a la empresa que te paga, y si no es así, pues uno no puede alternar vacaciones en el Caribe y en el extremo oriente salpicadas de puentes en Londres, el coche no puede ser un todoterreno, la cena y copas con amigos deben limitarse a unas tapas con cerveza, el güisqui, segoviano y las cervezas del carrito, las holandesas de la oferta del carrefur. Pero sobre todo, la hipoteca no puede ser una prieta soga al cuello durante cuarenta años.
De ahí mi cabreo con la banca y con el regulador que le ha permitido embarcarse en la concesión de créditos absurdamente excesivos. Ya he hablado (aquí, aquí, aquí, aquí y aquí) de que un piso digno de un mileurista vale exactamente la misma cantidad que un banco está dispuesto a prestarle a cualquier mileurista. Si el banco presta por el cincuenta por ciento de los ingresos durante cuarenta años, los zulos de soltero de cincuenta metros costarán ciento setenta mil lereles, pero su coste de construcción, incluidos los beneficios del constructor no sube de cuarenta mil, y por el de una familia con dos ingresos, de cien metros cuadrados, te van a pedir (y vas a pagar porque el banco te lo presta) trescientos mil euracos del ala, cuando su coste no llega a los cien mil. El resto se lo lleva el dueño del suelo, del puto páramo que es España, del trigal recalificado por obra y gracia del alcalde con cuñado listillo (a repartir con el pasapisos que hace negocio contigo porque tienes prisa para comprar)Por eso no entiendo a mis compatriotas. Porque, a pesar de que todo pasa por la hipoteca y por la manirrotez de nuevos ricos, de que me voy a Bangkok y me compro un Audi porque yo lo valgo, todos están convencidos de que es imposible vivir con mil euros, de que es injusto e inmoral un sueldo así, cuando deberían estar clamando para que el gobierno hiciera que los bancos sólo prestaran por un tercio de los ingresos y a un plazo máximo de quince años, como ya han hecho los gobiernos de media Europa, donde el piso se lo compran con una sonrisa en los labioscomo ha sido en España hasta hace poco mas de diez años. Y puede hacerse sin acudir a estupideces como prohibir que se haga de otra forma, como, por ejemplo, impidiendo que la banca ejecute el crédito si tiene condiciones distintas, si se trata de un crédito arriesgado.
Y así, el zulo de cincuenta metro valdría cincuenta mil euros y el de cien, noventa mil, y se pagarían en quince años y sin agobios. Al mileurista soltero le quedarían setecientos pavos para tirar el mes, mas las pagas extras, y a la parejita con niños mil cuatrocientos limpitos, y con eso se marcha suficientemente bien. Sin viajes a Cancún y Londres, pero si a Fuengirola, con un coche apañadito pero no llamativo, y tirando de tapas y cerveza, pero se marcha bien, Pero es que si el sesenta y tres por ciento de los trabajadores no generan más, no se les puede pagar más, pero con eso deben poder vivir bien.
Vaya, que Corbacho tenía mucha razón hace unos días cuando dijo que la culpa de la burbuja del ladrillo la tenía la banca. Se le olvidó decir que la responsabilidad de la pasada de la banca ha sido de los gobiernos de su partido cuando en 1992 y 1994 permitieron que la banca empaquetara sus créditos y se los vendiera en pedazos iguales a los alemanes, y cuando a parti del 2004 no puso coto a que la banca concediera préstamos a más de veinte años y por más del treinta por ciento de los ingresos del pringado del pisito.
Y yo añado que la culpa de la depresión generalizada de los mileuristas la tenemos todos los que pensábamos que éramos el Archipámpano de las Indias porque el banco nos prestaba todo lo que pedíamos, cuando en realidad no pasábamos de ser unos curritos, de los curritos de toda la vida. A ver si nos enteramos, que es que no somos ricos, que rico sólo se hace quien se arriesga, le pone todo el esfuerzo y trabajo que le cabe en el cuerpo y además tiene una buena idea y mucha suerte. Los demás sólo nos merecemos vivir dignamente porque sólo estamos para dar gracias a dios por mantener nuestro trabajo.

Siempre que mencionas a Leyre no puedo si no recordar aquello de que en los mítines del PSOE llegaban al éxtasis casi religioso y algunos hasta gritaban -¡Leyre, guapa!. jajaja
ResponderEliminarA mí no me parece mal que la gente gane mil euros, lo que es una mierda es que los pisos valgan 400.000.
En fin.
¡Qué país/nación?/conjunto de comunidades autónomas?/conjunto a secas?/nada? !