Cuando todavía no existían las ONG dependientes de las subvenciones gubernamentales era muy frecuente poner a parir a los misioneros católicos diciendo (no se si justificadamente) que se limitaban a llevar alimentos y medicinas a los países pobres. “Es estúpido darles peces, hay que darles una caña para que ellos mismos los pesquen”. Pero claro, es que entonces no éramos ni progresistas, ni multiculturales, ni solidarios.
El mundo, que va cambiando... Cuando González se hizo con las riendas de Estepaís la inflación era superior al quince por ciento, el paro estaba subiendo de forma extraordinaria, las pensiones de jubilación eran del ochenta por ciento del salario medio del último año (con lo que todo el mundo ascendía a la categoría de jefe cuando le quedaba un año para jubilarse), el subsidio de paro era permanente y sólo existían contratos fijos. Evidentemente, esa estructura heredada de la feroz dictadura franquista no podía mantenerse. Y como González tenía un cierto sentido de estado, deseaba sinceramente un futuro mejor para los ciudadanos, estábamos metidos en una crisis económica del carajo de la vela y, sobre todo, era consciente de que no había una oposición con opciones para desbancarlo de su magistratura, que si Fraga hubiera podido apretarle a lo mejor las cosas habrían sido distintas, se decidió a emprender durísimas reformas estructurales.
Lo primero que hizo fue acabar con aquellos sectores industriales que el franquismo había mantenido desde la época de la autarquía, que Suárez no se había atrevido a tocar, y que eran perfectamente ineficientes o incluso dañinos (naval, altos hornos, minería...). Aunque lo llamó “reconversión”, la cosa fue “laminación”. Además, tomó una decisión trascendental para el futuro: aprovechando que los ingresos públicos habían crecido desaforadamente gracias a que Suárez había convencido a los españoles de que era necesario pagar impuestos (con Franco prácticamente no pagaba nadie nada) y que la capacidad de endeudamiento estatal era inmensa (no había deuda heredada del franquismo y muy poca de Suárez), decidió dotar a España de un montón de cañas de pescar. Y dejó de dar peces.
Redujo el tiempo de subsidio de paro a cuatro o cinco años, que no recuerdo bien, pasó a calcular las pensiones de jubilación conforme a los últimos cinco o diez años, permitió los contratos de trabajo temporales y de primer empleo, o sea, más baratos, y se ganó una huelga general. Y destinó todo el dinero que había y todo el que pudo pedir prestado a mejorar infraestructuras y facilitar el crecimiento económico.
Con esas cosillas, González colocó a España en el camino hacia una relativamente confortable situación que nos permitió entrar en la Unión Europea (eso si, con unas pésimas negociaciones finales que nos causaron bastante daño, que estábamos en periodo electoral y algo tenía que ganar el Psoe con la tan deseada entrada en la UE). Al final de su mandato, González la cagó estrepitosamente, sus medidas populistas para ganar votos a pesar de la corrupción agravó la crisis de los noventa y tuvo que ser Aznar, a base de austeridad, liberalización y medidas impopulares, quien consiguiera entrar en el euro y que nos empezaran a tomar en serio en Europa.
Ahora estamos en una situación parecida a la que se encontró González en el ochenta y dos: estamos también en medio de una crisis descomunal, el paro aumenta a una velocidad enloquecidamente mayor que entonces, hay sectores que deben ser reconvertidos (el financiero y la construcción, al menos), el marco laboral, exactamente el mismo que dejó González en el noventa y seis, se está mostrando como un pesado lastre para la competitividad y debe ser retocado (lo intentó Aznar y le montaron una huelga general), los sindicatos están envalentonados y dictan la política económica. La situación es francamente difícil.
Sin embargo, hasta hace nada, teníamos cosas positivas: la capacidad de endeudamiento era altísima gracias al crecimiento de la política económica del Pepé, aún se puede conseguir que la recaudación del estado aumente muchísimo sin dañar el bolsillo de los ciudadanos gracias a que está bajando el IPC (la maldita deflación), así que si se sube un punto o dos, el incremento del ingreso estatal será enorme y los ciudadanos no lo notarán en absoluto en su capacidad de consumo.
Hay dinero para poner el país a funcionar, ahora hay que tener ideas y valor para ponerlas en marcha.
¿ Y qué es lo que está haciendo este insensato demagogo con los mimbres que tiene?. Pues exactamente lo contrario que haría cualquier adulto con dos dedos de frente, lo contrario que hizo González (otro demagogo) en su momento, y eso que la situación no era tan grave como ahora: mantener viva la construcción y mantener la banca como si no pasara nada a base de permitirles que sigan sobrevalorando los inmuebles, con lo que la depresión se alargará en el tiempo y la salida del follón tardará mas tiempo, y no se conseguirá evitar el desplome final de los precios de la vivienda y la crisis bancaria, mantener a toda costa el marco laboral perpetuando la división entre fijos y temporales, que quedan condenados de por vida al paro o al subempleo, endeudar el país hasta el límite para gastar en estupideces improductivas como el plan de despilfarro municipal, los dos mil quinientos pelotes por hijo o los cuatrocientos a devolver en la declaración de la renta. En fin, gastar todo lo que hay y que habrá en repartir peces. Ni una sola caña para pescar.
Y de repente, sin venir a cuento, cualquiera diría que para mas y mejor estropear las cosas, nos sale con la macromajadería, con la insensatez de los cuatrocientos veinte lereles para los parados que hayan agotado la prestación, cuatrocientos veinte euros al mes para alargar seis meses la agonía, justo lo contrario que hizo González. Y se han quedado con el culete a la intemperie. Su habitual técnica discriminatoria ha soliviantado a la mayoría de los parados. Ahora rectifica y dice que va a repartir más peces a más gente. Pero como se ha dado cuenta de que ya no queda pasta y que tampoco le presta nadie, tiene que subir los impuestos. Ah, que va a subir el IVA, que tiene margen, claro. Pues no. el IVA no, va a subir los impuestos a los ricos, que en idioma zapateril significa que se los va a subir a la clase media, a los que aún tienen un mínimo margen para ahorrar (o sea, para invertir). Para repartir peces. Para decirle a sus parados, antes de que definitivamente se acabe el dinero y entremos en un default a la argentina, lo que Don Juan Tenorio le dice cada uno de noviembre a las tumbas del cementerio:
El mundo, que va cambiando... Cuando González se hizo con las riendas de Estepaís la inflación era superior al quince por ciento, el paro estaba subiendo de forma extraordinaria, las pensiones de jubilación eran del ochenta por ciento del salario medio del último año (con lo que todo el mundo ascendía a la categoría de jefe cuando le quedaba un año para jubilarse), el subsidio de paro era permanente y sólo existían contratos fijos. Evidentemente, esa estructura heredada de la feroz dictadura franquista no podía mantenerse. Y como González tenía un cierto sentido de estado, deseaba sinceramente un futuro mejor para los ciudadanos, estábamos metidos en una crisis económica del carajo de la vela y, sobre todo, era consciente de que no había una oposición con opciones para desbancarlo de su magistratura, que si Fraga hubiera podido apretarle a lo mejor las cosas habrían sido distintas, se decidió a emprender durísimas reformas estructurales.
Lo primero que hizo fue acabar con aquellos sectores industriales que el franquismo había mantenido desde la época de la autarquía, que Suárez no se había atrevido a tocar, y que eran perfectamente ineficientes o incluso dañinos (naval, altos hornos, minería...). Aunque lo llamó “reconversión”, la cosa fue “laminación”. Además, tomó una decisión trascendental para el futuro: aprovechando que los ingresos públicos habían crecido desaforadamente gracias a que Suárez había convencido a los españoles de que era necesario pagar impuestos (con Franco prácticamente no pagaba nadie nada) y que la capacidad de endeudamiento estatal era inmensa (no había deuda heredada del franquismo y muy poca de Suárez), decidió dotar a España de un montón de cañas de pescar. Y dejó de dar peces.Redujo el tiempo de subsidio de paro a cuatro o cinco años, que no recuerdo bien, pasó a calcular las pensiones de jubilación conforme a los últimos cinco o diez años, permitió los contratos de trabajo temporales y de primer empleo, o sea, más baratos, y se ganó una huelga general. Y destinó todo el dinero que había y todo el que pudo pedir prestado a mejorar infraestructuras y facilitar el crecimiento económico.
Con esas cosillas, González colocó a España en el camino hacia una relativamente confortable situación que nos permitió entrar en la Unión Europea (eso si, con unas pésimas negociaciones finales que nos causaron bastante daño, que estábamos en periodo electoral y algo tenía que ganar el Psoe con la tan deseada entrada en la UE). Al final de su mandato, González la cagó estrepitosamente, sus medidas populistas para ganar votos a pesar de la corrupción agravó la crisis de los noventa y tuvo que ser Aznar, a base de austeridad, liberalización y medidas impopulares, quien consiguiera entrar en el euro y que nos empezaran a tomar en serio en Europa.
Ahora estamos en una situación parecida a la que se encontró González en el ochenta y dos: estamos también en medio de una crisis descomunal, el paro aumenta a una velocidad enloquecidamente mayor que entonces, hay sectores que deben ser reconvertidos (el financiero y la construcción, al menos), el marco laboral, exactamente el mismo que dejó González en el noventa y seis, se está mostrando como un pesado lastre para la competitividad y debe ser retocado (lo intentó Aznar y le montaron una huelga general), los sindicatos están envalentonados y dictan la política económica. La situación es francamente difícil.
Sin embargo, hasta hace nada, teníamos cosas positivas: la capacidad de endeudamiento era altísima gracias al crecimiento de la política económica del Pepé, aún se puede conseguir que la recaudación del estado aumente muchísimo sin dañar el bolsillo de los ciudadanos gracias a que está bajando el IPC (la maldita deflación), así que si se sube un punto o dos, el incremento del ingreso estatal será enorme y los ciudadanos no lo notarán en absoluto en su capacidad de consumo.
Hay dinero para poner el país a funcionar, ahora hay que tener ideas y valor para ponerlas en marcha.
¿ Y qué es lo que está haciendo este insensato demagogo con los mimbres que tiene?. Pues exactamente lo contrario que haría cualquier adulto con dos dedos de frente, lo contrario que hizo González (otro demagogo) en su momento, y eso que la situación no era tan grave como ahora: mantener viva la construcción y mantener la banca como si no pasara nada a base de permitirles que sigan sobrevalorando los inmuebles, con lo que la depresión se alargará en el tiempo y la salida del follón tardará mas tiempo, y no se conseguirá evitar el desplome final de los precios de la vivienda y la crisis bancaria, mantener a toda costa el marco laboral perpetuando la división entre fijos y temporales, que quedan condenados de por vida al paro o al subempleo, endeudar el país hasta el límite para gastar en estupideces improductivas como el plan de despilfarro municipal, los dos mil quinientos pelotes por hijo o los cuatrocientos a devolver en la declaración de la renta. En fin, gastar todo lo que hay y que habrá en repartir peces. Ni una sola caña para pescar.
Y de repente, sin venir a cuento, cualquiera diría que para mas y mejor estropear las cosas, nos sale con la macromajadería, con la insensatez de los cuatrocientos veinte lereles para los parados que hayan agotado la prestación, cuatrocientos veinte euros al mes para alargar seis meses la agonía, justo lo contrario que hizo González. Y se han quedado con el culete a la intemperie. Su habitual técnica discriminatoria ha soliviantado a la mayoría de los parados. Ahora rectifica y dice que va a repartir más peces a más gente. Pero como se ha dado cuenta de que ya no queda pasta y que tampoco le presta nadie, tiene que subir los impuestos. Ah, que va a subir el IVA, que tiene margen, claro. Pues no. el IVA no, va a subir los impuestos a los ricos, que en idioma zapateril significa que se los va a subir a la clase media, a los que aún tienen un mínimo margen para ahorrar (o sea, para invertir). Para repartir peces. Para decirle a sus parados, antes de que definitivamente se acabe el dinero y entremos en un default a la argentina, lo que Don Juan Tenorio le dice cada uno de noviembre a las tumbas del cementerio:No os podéis quejar de mí
aquellos a quien maté.
Si buena vida os quité,
buena sepultura os di
Es espeluznante este pájaro, es como si estuviera realmente descerebrado o se hubiera vuelto loco por completo. Es un verdadero insensato. Está haciendo bueno al González de la corrupción y el crimen de estado. González nos metió en Europa y este solemne sectario va a conseguir que nos echen del Euro, devolvernos a la miseria de la que nos sacó el esfuerzo de dos generaciones de españoles, que haya que volver a emigrar para poder sobrevivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario