Ya estoy en Madrid. Desde hace varios días. Ya he mencionado (o no, a lo mejor sólo lo he pensado) que si voy escribiendo aquí es porque la gente con la que me podía permitir el lujo de desbarrar, los que aguantaban mis agoreras charletas, deglutidas u obviadas gracias a se solían acompañar con alguna caña fresquita, se han marchado de por aquí, así que como no puedo darle a nadie la paliza en directo, pues escribo. Es una forma de ordenar mis ideas. Pero la verdad es que estos dias no tenía ninguna gana de hacerlo. No porque no tuviera nada que ordenar, sino por todo lo contrario, tenía demasiadas cosas, estaba demasiado impresionado por todo lo que he visto, oído y leído desde que salí del adormecimiento multiculti en el que me hizo caer eso de pasarme diez días teniendo como únicas fuentes de información dos cadenas de pensamiento único.
Y me sigue pasando lo mismo, hay tantas cosas que comentar que no sé por donde tirar en la nueva temporada. Empecé un post, nada más llegar, sobre el Plan 2000 para la compra de coches, ese que se sacó de la manga El Adolescente en el debate sobre el Estado de la Nación, y sobre la falta de dinero que ya se nota en las arcas del estado, que un mecánico y vendedor de coches amiguete (al que tuve que acudir en medio del viaje de vuelta, no me privo de nada) me había comentado que desde que salió el dichoso plan, él ya ha adelantado sesenta mil lereles de cuya devolución por el gobierno empieza a dudar porque sólo le dan largas. Pero lo dejé a la mitad y no tengo ganas de seguirlo.
En cualquier caso, la cuestión que más necesito ordenarme dentro del embotamiento de entendederas que me ha dejado como efecto secundario el excesivo y reiterado contacto con la toxicidad de la Ser es la del estado policial que parece que, por fin, ha empezado a salir a la luz y a denunciarse en público. Ya he dejado dicho que creo que esta gente que nos colocaron los trenes de Atocha está dispuesta a todo con tal de no volver a tener que buscarse los garbanzos en un trabajo normal, y como sus planes de reactivación económica eran a corto plazo y la crisis va para largo, que no se ha llegado a refundar el capitalismo, se van dando cuenta de que las urnas les pueden dar una poderosísima patada en el culo. Y han sacado el grueso calibre. O mejor dicho, la rabieta que han cogido y la torpe reacción que les ha provocado, ha permitido que se les vea el plumero y el calibre se ha conocido, que lo que vemos ya estaba.
Lo primero que ha quedado claro es que el contacto entre MariVice y la fiscalía es permanente y no siempre tan público como cuando les ordenó recurrir la absolución de Camps desde Paraguay y por televisión: un solo día después del auto del TSJPV sobre la majadería esa de los trajes, hacen una redada de peperos en Mallorca, los tienen enchironados el tiempo máimo que permite la ley y les aplican las medidas de seguridad destinadas a sirleros multireincidentes, violadores y chorizos violentos para que la escena quede inmortalizada debidamente y repetida mil veces en las televisiones amigas. Todo por el sobrecoste (“reformados”, se llama en lenguaje administrativo, y se da en el cien por cien de las obras públicas) de la construcción de nosequé, que, en caso de ser delito, sólo conllevaría inhabilitación, nunca cárcel, ni siquiera para compensar los tres dias que los han tenido guardados “para ablandar”.
No parece que el tratamiento que se está dando a la presunta corrupción sea igual para todos, que al mismo tiempo que la policía, apoyada en los periodistas amigos como sucede tradicionalmente en Canarias en periodos preelectorales, trincaba a los peperos de Baleares, se destapaba que todas las obras municipales de Santiago de Compostela llevan tres años adjudicándose por el alcalde socialista a la misma empresa (creo que regida por notorios correligionarios). Y no es que no los detengan, es que ni siquiera mencionan el asunto en absolutamente ninguna parte. Como cuando el GAL, como cuando Roldán, como cuando lo de los fondos reservados. Silencio. Apagón informativo. El mismo tratamiento que está recibiendo por parte de mis amigos de la Ser el detalle de que el anterior alcalde de Seseña, socialista por supuesto y profesional del taxi, se le hayan probado unos ingresos, previos a la aprobación de la edificación de la monstuosidad de Paco el Pocero, de setecientos mil lereles sobre los que ha declarado que “no recuerda bien a qué se deben”. Vamos, que esas cantidades las cobraba tantas veces con el taxi que no puede identificar en concreto quién se lo pagó.
Como se ve, hay materia sobre la que intentar aclarar mis ideas. Pero entre las muchas cosas que me inundan la mollera hay una que me preocupa especialmente, una que corrobora mi muy pesimista afirmación de que estos son capaces de cualquier cosa para mantenerse. Porque las que he mencionado antes, al fin y al cabo, son casi aceptables por la Ley. Vale, suponen una cacería, una utilización torticera de los recursos del estado, una gravísima responsabilidad política sobre la que creo firmemente, que no se pasará página como hizo Aznar (cagándola con fuerza, como se vió luego), pero casi podrían calificarse como simples extralimitaciones que entrarían en los cánones legales de lo que ya se empieza a calificar como una “democracia de baja intensidad” en la que nos entierra la degradación de la cosa pública que provocan unos irresponsables cuya moralidad empieza a estar fuera de cualquier duda. Ahora bien, hay otra cosa que me ha puesto los pelos de punta.
Cuando me he enterado me he quedado de piedra. Pensaba que algo así no volvería a pasar después de que causara el inicio del fin de González. Pero no. Estos pollos han caido en la misma tentación que aquél. Quienes hemos tenido acceso a fuentes de información no militantes (sólo media España, que la otra media no es que no quiera oir otras cosas, es que no puede) nos hemos enterado del porqué de la insistencia de los medios progubernamentales en que Federico Trillo estaba presionando al tribunal de Valencia: parece ser que le tienen pinchado el telefono. Ese detalle parece nimio con la que está cayendo, pero es brutal, más butal aún que los esposados en pareja o que el silencio sobre la corrupción del psoe en Palma, Elche, Pinto, Leganés, Santiago, etc, etc. Eso ya no es una trapacería típica, sino la asunción consciente de que las cloacas del estado pueden usarse para inmiscuirse de forma selectiva en la privacidad de los individuos.
Y el colmo es que no solo parecen malos, es que parecen tontos, tontos de capirote. Resulta que Trillo había estado los dias previos al auto de Valencia hablando continuamente con un tal Montero, abogado del Pepé. Y resulta que Montero se llama tambien un catedrático de Procesal que es uno de los asesores del TSJPV. El analista de las conversaciones pinchadas se equivocó de Montero. Quien coordina las operaciones no se dio cuenta. El encargado de filtrar a Prisa no se olió nada. Los periodistas no contrastaron la información. Cuando González y Corcuera se metieron en los teléfonos de la gente nos enteramos gracias a filtraciones de descontentos. Ahora nos hemos enterado gracias a una cadena de torpezas. La historia se repite, primero como tragedia, después como farsa, que a veces Marx tenía razón.
En cualquier caso, la cuestión que más necesito ordenarme dentro del embotamiento de entendederas que me ha dejado como efecto secundario el excesivo y reiterado contacto con la toxicidad de la Ser es la del estado policial que parece que, por fin, ha empezado a salir a la luz y a denunciarse en público. Ya he dejado dicho que creo que esta gente que nos colocaron los trenes de Atocha está dispuesta a todo con tal de no volver a tener que buscarse los garbanzos en un trabajo normal, y como sus planes de reactivación económica eran a corto plazo y la crisis va para largo, que no se ha llegado a refundar el capitalismo, se van dando cuenta de que las urnas les pueden dar una poderosísima patada en el culo. Y han sacado el grueso calibre. O mejor dicho, la rabieta que han cogido y la torpe reacción que les ha provocado, ha permitido que se les vea el plumero y el calibre se ha conocido, que lo que vemos ya estaba.
Lo primero que ha quedado claro es que el contacto entre MariVice y la fiscalía es permanente y no siempre tan público como cuando les ordenó recurrir la absolución de Camps desde Paraguay y por televisión: un solo día después del auto del TSJPV sobre la majadería esa de los trajes, hacen una redada de peperos en Mallorca, los tienen enchironados el tiempo máimo que permite la ley y les aplican las medidas de seguridad destinadas a sirleros multireincidentes, violadores y chorizos violentos para que la escena quede inmortalizada debidamente y repetida mil veces en las televisiones amigas. Todo por el sobrecoste (“reformados”, se llama en lenguaje administrativo, y se da en el cien por cien de las obras públicas) de la construcción de nosequé, que, en caso de ser delito, sólo conllevaría inhabilitación, nunca cárcel, ni siquiera para compensar los tres dias que los han tenido guardados “para ablandar”.
No parece que el tratamiento que se está dando a la presunta corrupción sea igual para todos, que al mismo tiempo que la policía, apoyada en los periodistas amigos como sucede tradicionalmente en Canarias en periodos preelectorales, trincaba a los peperos de Baleares, se destapaba que todas las obras municipales de Santiago de Compostela llevan tres años adjudicándose por el alcalde socialista a la misma empresa (creo que regida por notorios correligionarios). Y no es que no los detengan, es que ni siquiera mencionan el asunto en absolutamente ninguna parte. Como cuando el GAL, como cuando Roldán, como cuando lo de los fondos reservados. Silencio. Apagón informativo. El mismo tratamiento que está recibiendo por parte de mis amigos de la Ser el detalle de que el anterior alcalde de Seseña, socialista por supuesto y profesional del taxi, se le hayan probado unos ingresos, previos a la aprobación de la edificación de la monstuosidad de Paco el Pocero, de setecientos mil lereles sobre los que ha declarado que “no recuerda bien a qué se deben”. Vamos, que esas cantidades las cobraba tantas veces con el taxi que no puede identificar en concreto quién se lo pagó.
Como se ve, hay materia sobre la que intentar aclarar mis ideas. Pero entre las muchas cosas que me inundan la mollera hay una que me preocupa especialmente, una que corrobora mi muy pesimista afirmación de que estos son capaces de cualquier cosa para mantenerse. Porque las que he mencionado antes, al fin y al cabo, son casi aceptables por la Ley. Vale, suponen una cacería, una utilización torticera de los recursos del estado, una gravísima responsabilidad política sobre la que creo firmemente, que no se pasará página como hizo Aznar (cagándola con fuerza, como se vió luego), pero casi podrían calificarse como simples extralimitaciones que entrarían en los cánones legales de lo que ya se empieza a calificar como una “democracia de baja intensidad” en la que nos entierra la degradación de la cosa pública que provocan unos irresponsables cuya moralidad empieza a estar fuera de cualquier duda. Ahora bien, hay otra cosa que me ha puesto los pelos de punta.
Y el colmo es que no solo parecen malos, es que parecen tontos, tontos de capirote. Resulta que Trillo había estado los dias previos al auto de Valencia hablando continuamente con un tal Montero, abogado del Pepé. Y resulta que Montero se llama tambien un catedrático de Procesal que es uno de los asesores del TSJPV. El analista de las conversaciones pinchadas se equivocó de Montero. Quien coordina las operaciones no se dio cuenta. El encargado de filtrar a Prisa no se olió nada. Los periodistas no contrastaron la información. Cuando González y Corcuera se metieron en los teléfonos de la gente nos enteramos gracias a filtraciones de descontentos. Ahora nos hemos enterado gracias a una cadena de torpezas. La historia se repite, primero como tragedia, después como farsa, que a veces Marx tenía razón.

Me dan verguenza. Porque estan jugando a las casitas con nuestro país.
ResponderEliminarEn fin ...