Si. Creo que la solución está en una Ley de Sobreendeudamiento de las Familias que incluyera alguna previsión específica destinada a evitar que los intereses espurios de las entidades de crédito consigan que todos nosotros nos veamos obligados a atarnos a una hipoteca durante toda nuestra vida, pero estoy convencido de que puede ser la mas eficaz para hacer que la vivienda, aunque se mantenga como la más importante inversión que hacemos en nuestra vida, no sea a única que podemos hacer.El truco, en la misma dirección hacia la que ya han ido varios paises europeos, estaría en la previsión de que, en caso de que una familia no pueda pagar todas sus deudas, pueda declararse sobreendeudada y hacer un plan de ingresos y pagos en la forma en que ahora lo hacen las empresas, cuyo resultado fuera mantener un importe mínimo de supervivencia durante un plazo mas o menos dilatado, y que elimine las que, respetando ese mínimo, no puedan pagarse. Con una especialidad: en el caso de que en ese sobreendeudamiento haya tenido influencia importante una entidad de crédito que ha prestado una cantidad excesiva para la capacidad de pago acreditada por la familia, no pueda ejecutar los avales o garantías que tenga para cobrar esa deuda.
Es decir, si un trabajador normal, que tiene un sueldo normal quiere comprarse un piso más caro de el que razonablemente puede pagar, y lo consigue pidiendo un crédito por el que tiene que pagar unas cuotas que no le dejen lo suficiente para seguir viviendo, en caso de declaración de sobreendeudamiento, el banco que le dio ese crédito excesivo no podría ejecutar la hipoteca ni acudir a reclamar el crédito a sus avalistas.
Con esa simple medida, se conseguiría que de inmediato se dejaran de conceder créditos cuyas cuotas supusieran más del treinta por ciento de los ingresos, y que se dejaran de conceder créditos cuyo pago se alargara por encima de los quince o veinte años, como única forma de evitar que la hipoteca se volatilizara en caso de problemas. Incluso en el caso de que la quiebra de la familia fuera fortuita, como, por ejemplo, que se quedaran en paro, el banco que dio el crédito para pagar el piso debería probar que fué lo suficientemente prudente.
¡Pero qué barbaridad, Gato! direis. ¡Al precio que están los pisos no se podrían comprar!. Error. Ya he explicado que no pueden venderse pisos por un precio superior al que se puede pagar. Es de cajón. Y sólo se pueden pagar en virtud del crédito que facilite la banca. Si los compradores de los pisos sólo tienen cien mil euros porque la banca sólo da cien mil euros de crédito, los pisos sólo pueden valer cien mil euros.
¡Pero entonces alguien tiene que perder!, ¡y la parte que pierda no va a querer jugar, con lo que no se edificará nada! Otro error. Lo único que va a disminuir va a ser el precio del suelo: La construcción va a costar lo mismo, la financiación también, el beneficio del trabajo del constructor, igual Como el precio del solar resulta de restar al precio del piso (que es igual al crédito que da la banca) el coste de construirlo, los impuestos, la financiación y un beneficio razonable del constructor, será el suelo el que soporte la bajada del precio. Como siempre ha sido.
De esta forma, el que tenga un trigal cerca de un pueblo, seguirá teniendo un trigal, no como ahora, que tiene un posible solar que vale diez veces más. Con eso se acabaron las corrupciones en la recalificación de suelo, dejarán de aparecer los cuñados del concejal de urbanismo agazapados entre las matas del campo que se recalifica. Y el ayuntamiento se vería obligado a recalificar los terrenos necesarios, porque si no lo hace, el precio del poco suelo efificable que hubiera subiría de manera que no podrían pagarse los pisos que se edificara en él porque la banca no daría crédito para ello y se provocaría un motín popular (ahora ya no se ahorca a los alcaldes, se les deja de votar, que les duele casi lo mismo que si les ahorcaran).Y el resultado final es que todo el mundo podría tener pagado el piso cuando aún le quedan años de vida laboral. Podría dedicar el dinero que dejara de pagar a financiar los negocios que emprendieran sus hijos, o garantizarse ingresos en su jubilación metiéndolos en planes de pensiones (que invierten en empresas), con lo que mejoraría la economía del país y la prosperidad de todos.
Esta propuesta podría mejorarse con otras leyes, como la limitación de la duración de los fondos de titulización, la expropiación automática de los campos recalificados a urbanos (que saldría muy barato) o la planificación centralizada. Pero eso ya es otro cantar…
Para completar esta serie, os dejo un interesantísimo artículo linkeado aquí: Nos querían esclavos y estafados

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