miércoles, 29 de abril de 2009

A costa del Papa

A algún listo se le ha vuelto a ocurrir que, en España, una de las mejores formas de hacerse propaganda es meterse con la Iglesia. Mejor si la cuestión va contra el Papa. Y lo malo es que tiene razón. Los españoles siempre vamos detrás de los curas: con cirios y velones o con garrotes y navajas. Ahora tocan los garrotes. Cuando alguna vez le he comentado a alguien que la primera vez que se prohibió la esclavitud en el mundo, ¡la primera!, el impulsor fué un obispo, en Chiapas alrededor de 1540, trescientos años antes de Lincoln. Me miran alucinados, algunos con cara de preguntarse si será verdad, los más, como pensando "este es un facha", que la Iglesia es mala.

El caso es que un grupúsculo marginal del congreso ha presentado una "moción de reprobación" contra Benedicto XVI por sus comentarios sobre el sida y los preservativos en su último viaje a Africa.

¡Vaya tela, Gato. Ahora resulta que además de facha eres también un meapilas! ¡Seguro que ahora te pones a defender al Papa! ¡¿es que te parece bien que alguien diga que los preservativos ayudan al contagio del sida?!

¡Para!, ¡para!, que por mí, como si el Papa enloquece de repente y empieza a recomendar la sodomía como remedio de la gripe porcina, que mi estupefacción no va por ahí: lo que me sobrecoge es que estos chicos de la izquierda ecologista, tan calladitos contra el menosprecio que algunos paises tienen con las mujeres o cuando el presidente de una potencia regional se pronuncia abiertamente a favor de la aniquilación de una raza (el de Irán contra la judía), ahora les dé por presentar nada menos que una moción para que el parlamento español repruebe al Papa, a un jefe de estado extranjero, por unas declaraciones sacadas de contexto o aunque no lo sean.

Lo que yo veo es que el Papa, como cabeza visible de una organización que se dedica a marcar pautas morales de quienes voluntariamente quieran adoptarlas, debe estar en eso, y nadie puede meterse con él por hacer su trabajo. Si no te gusta, no lo cumplas. Si la crítica es porque interpretas que quienes le hagan caso se lo harán sin preservativo y tendran más probabilidades de contagiarse, estás en un error, porque quienes le hagan caso no se lo harán, ni con ni sin condón. Y en todo caso, si te empeñas en la aliporífera reprobación de opiniones (Ay! ¡¿dónde se quedaría aquello de la libertad de expresión y cátedra por las que luchamos?!), reprueba simultáneamente al Presidente de Sudáfrica, que mantiene en público que para no contagiarse de sida basta con ducharse después de hacerlo.

El verdadero drama de esta historia, que ha calado en la opinión pública, es que todo proviene de un titular malintencionado y/o bobo y de que muy poca gente somete a la menor crítica las cosas que le ponen delante. Despues de los titulares que decían que "El papa dice que los preservativos propagan el Sida", el tal Benedicto XVI quedó como un capullo. Sin embargo, conviene leer detenidamente sus declaraciones en respuesta a un periodista que le dijo que "la postura de la Iglesia católica sobre el modo de luchar contra él [el sida] es considerada a menudo no realista ni eficaz". El bueno del Papa, que, por otro lado dicen que es un tipo intelectualmente muy brillante contestó:

"Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos… diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humana que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen"

Si se consigue leer entera la parrafada, la cosa parece que cambia. Y tanto ha cambiado que uno de los mayores especialistas sobre el sida y su propagación, el director del Proyecto de Investigación de Prevención del Sida, en el Centro Harvard para Estudios para la Población y Desarrollo, alguien de cuya honestidad y objetividad no puede dudarse, ha declarado que
"El papa está en lo correcto, las evidencias que tenemos apoyan sus comentarios. No podemos asociar mayor uso de preservativos con una menor tasa de SIDA. Cuando se usa alguna tecnología para reducir un riesgo, como el preservativo, a menudo se pierden los beneficios asumiendo un mayor riesgo que si uno no usara esa tecnología"
No, no defiendo al Papa. Me defiendo a mí mismo de la demagogia y de la cortedad de miras.

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