El domingo pasado, mientras veía pasar la vida tomándome un aperitivo en un bar y leyendo feliz el periódico, vi una de esas noticias cortas que tantísima importancia suelen tener. Una noticia escondida en una esquina. Hablaba de que la Vicepresidenta del Gobierno de España había hablado de la posibilidad de hacer un examen a las amas de casa para que acreditasen que saben cuidar niños y ancianos.Me saltaron todas las alarmas. La noticia no decía más, pero el argumento justificativo, apuesto pinto de tortilla y caña, seguro que es que dado que según la Ley de Dependencia van a poder cobrar una especie de sueldo del estado por cuidar a los familiares desvalidos, es justo y lógico que acrediten que saben y pueden hacerlo.
Es terrorífico. El poder del estado, ya lo denunciaba Wilhelm Reich en los años treinta, hará lo imposible por controlar la vida personal de los individuos. El truco de la Iglesia Católica con la confesión obligatoria. El poder quiere tener agarrado al individuo, y estas son las medidas que, razonable y falazmente justificadas, consiguen su objetivo.
Los solidarios patrios no dudarán en afirmar que es razonable y justo, que no se puede entregar a nadie un dinero que es del estado sin que el destinatario justifique que cumple las condiciones para recibirlo. Ninguno de ellos se va a parar a pensar que todas aquellas mujeres (supongo que también se extenderá a los hombres) que aprueben el examen dejarán de considerarse paradas cobren o no, que el exámen tratará de extenderse a todo aquel que quiera tener hijos o desgravarse por el cuidado de mayores de sesenta y cinco o menores de catorce, que será un indicio de malos tratos que un hijo tuyo se caiga y se haga una herida si no tienes el título de "cuidador/a de niños, niñas, ancianos y ancianas". ¡Ay de aquél que tenga un enemigo poderoso y no tenga el título o se lo retiren por tener una multa de tráfico! estará en riesgo de que le quiten sus hijos y los lleven a una institución bajo custodia del estado. Cada vez entramos con más decisión en el túnel negro del fascismo. Me recuerda a aquella barbaridad de la Ley de Seguridad Ciudadana o Ley de la Patada en la Puerta, que facultaba a las fuerzas de seguridad a entrar en domicilios particulares sin autorización judicial cuando tuvieran "constancia de la comisión de un delito". Aquél artículo se paró, y se llevó por delante al ministro Corcuera y unos cientos de miles de votantes que defendíamos la libertad como el atributo más importante de un ser humano. Nuestros queridos solidarios, que entonces no lo eran aún o no sabían que lo eran, también estaban en desacuerdo con aquella salvajada liberticida, pero les pareció estupendo que quedaran muchas otras cosas en aquella malhadada Ley como la posibilidad de detener a quienes no pudieran identificarse, las multas a los ya erntonces despenalizados consumidores de cannabis o la disminución generalizada de garantías y la manga ancha a las fuerzas de seguridad que supuso aquello.
Luego se intentó promulgar la Ley de Videovigilancia Indiscriminada, pero la decidida actitud de los medios de comunicación la detuvo. Curiosamente, el dia que el pleno del Congreso aprobó el comunicado institucional de condena del asesinato de Miguel Angel Blanco, el inicio del fin del terrorismo, el segundo punto del orden del dia fué la aprobación de la Ley de Videovigilancia. Coló. Por unanimidad y sin un solo comentario editorial.
Somos unos auténticos merluzos. Un fascista es un pequeñoburgués asustado. ¡Con lo que se nos viene encima!

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