Durante años, el precio de la vivienda subía y subía, hasta que llegó un momento en que el importe de los créditos no pudo aumentar más, se había llegado al límite absoluto en la capacidad de
pago de los sufridos compradores de pisos, parecía que la situación estaba a punto de venirse abajo. Era cuando decían que se iba a producir “un aterrizaje suave” en el precio de la vivienda, que poco a poco los precios iban a dejar de aumentar como había pasado con las crisis de los 80’s y los 90’s, pero sin mencionar que los pisos no subieron durante dos o tres años y que la inflación estaba alrededor del quince por ciento, es decir, que los precios de los pisos habían bajado entre un treinta y un cuarenta por ciento. Pero la fatalidad quiso que apareciera, en ese mismo momento, un movimiento mundial de pánico por el que los bancos dejaron de prestarse dinero entre sí.
Si un banco no recibe préstamos, el dinero que le queda lo destina a pagar sus deudas, no a prestárselo a nadie. Y eso pasó, la banca dejó de prestar dinero a los particulares, que no pudieron comprar mas pisos. Y el mercado se rompió
Ya podían los bancos centrales facilitar liquidez a las entidades de crédito, que como seguían sin prestarse entre sí, ese dinero lo seguían destinándo a pagar sus propias deudas y negando los préstamos a empresas y particulares. Además, sabían que esa actitud iba a dañar a las empresas, muchas tendrían que cerrar con la inevitable consecuencia del aumento del paro, con el consiguiente aumento de la morosidad de los compradores de los pisos, por lo que cualquier garantía era poca, y los pisos en sí, menos que poca, que son bancos, no inmobiliarias, la banca no quiere los pisos sino el dinero.
El cacao estaba servido, y es lo que tenemos ahora. Una crisis monumental de la que nos va a ser extraordinariamente difícil salir.
Ojo, Gato, que te desvías y vas camino de los cerros de Úbeda. Hablabas del precio de la vivienda, no de la crisis.
Vale, Continúo al tema.
Entonces, ¿cómo se fijan los precios de la vivienda?. La cuestión no es difícil de resolver a poco que nos demos cuenta de que , al fin y al cabo, un promotor es tan comerciante como el dueño de una mercería, aunque venda pisos y no botones. Veamos.
A un profesional no le es difícil saber cuál es el importe máximo del crédito que le dan a la persona que se ajusta al perfil del barrio en el que está el solar al que se le ha echado el ojo, conoce perfectamente el coste de la edificación por metro cuadrado, la cantidad de metros cuadrados que puede edificar en ese solar, el tiempo que va a tardar en hacerlo y lo que le va a costar la financiación. Estas cantidades, divididas entre cada piso que va a construir las resta del importe máximo del crédito del comprador, le resta también el treinta por ciento de su baneficio industrial (una cantidad relativamente modesta para obtener en dos años de construcción arriesgando todo su patrimonio, que por menos beneficio invierte su dinero en Letras del Tesoro), y lo que queda es el precio que puede y que va a pagar por el solar, que su dueño también sabe hacer esas cuentas. Vende sobre plano al precio calculado y, quizá, se reserva algún piso para aumentar el beneficio si sube su precio. Y se pone a trabajar.
Como vemos, todo depende del importe que los bancos estén dispuestos a facilitar al pringadillo que necesita una vivienda. Si los bancos dan créditos más y más altos, el precio de los pisos sube y sube. Es decir, la banca sabe perfectamente que si un promotor tiene cien pisos que vender y los cien posibles compradores de esos pisos que disponen de más dinero tienen cien mil euros, los pisos se venderán por cien mil euros cada uno. Si tienen doscientos mil, los pisos valdrán doscientos mil lereles. Ni un euro más, pero tampoco un euro menos. Y como la cantidad de dinero de que disponen los compradores de pisos depende exclusivamente de lo que los bancos quieran prestarles, es la banca, en definitiva, quien marca el precio de los pisos. La banca sabe perfectamente que si el importe del préstamo que dan es cada vez más alto, el precio de los pisos será también cada vez más alto. Y eso les pone.
Continúa…
pago de los sufridos compradores de pisos, parecía que la situación estaba a punto de venirse abajo. Era cuando decían que se iba a producir “un aterrizaje suave” en el precio de la vivienda, que poco a poco los precios iban a dejar de aumentar como había pasado con las crisis de los 80’s y los 90’s, pero sin mencionar que los pisos no subieron durante dos o tres años y que la inflación estaba alrededor del quince por ciento, es decir, que los precios de los pisos habían bajado entre un treinta y un cuarenta por ciento. Pero la fatalidad quiso que apareciera, en ese mismo momento, un movimiento mundial de pánico por el que los bancos dejaron de prestarse dinero entre sí.Si un banco no recibe préstamos, el dinero que le queda lo destina a pagar sus deudas, no a prestárselo a nadie. Y eso pasó, la banca dejó de prestar dinero a los particulares, que no pudieron comprar mas pisos. Y el mercado se rompió
Ya podían los bancos centrales facilitar liquidez a las entidades de crédito, que como seguían sin prestarse entre sí, ese dinero lo seguían destinándo a pagar sus propias deudas y negando los préstamos a empresas y particulares. Además, sabían que esa actitud iba a dañar a las empresas, muchas tendrían que cerrar con la inevitable consecuencia del aumento del paro, con el consiguiente aumento de la morosidad de los compradores de los pisos, por lo que cualquier garantía era poca, y los pisos en sí, menos que poca, que son bancos, no inmobiliarias, la banca no quiere los pisos sino el dinero.
El cacao estaba servido, y es lo que tenemos ahora. Una crisis monumental de la que nos va a ser extraordinariamente difícil salir.
Ojo, Gato, que te desvías y vas camino de los cerros de Úbeda. Hablabas del precio de la vivienda, no de la crisis.
Vale, Continúo al tema.
Entonces, ¿cómo se fijan los precios de la vivienda?. La cuestión no es difícil de resolver a poco que nos demos cuenta de que , al fin y al cabo, un promotor es tan comerciante como el dueño de una mercería, aunque venda pisos y no botones. Veamos.
A un profesional no le es difícil saber cuál es el importe máximo del crédito que le dan a la persona que se ajusta al perfil del barrio en el que está el solar al que se le ha echado el ojo, conoce perfectamente el coste de la edificación por metro cuadrado, la cantidad de metros cuadrados que puede edificar en ese solar, el tiempo que va a tardar en hacerlo y lo que le va a costar la financiación. Estas cantidades, divididas entre cada piso que va a construir las resta del importe máximo del crédito del comprador, le resta también el treinta por ciento de su baneficio industrial (una cantidad relativamente modesta para obtener en dos años de construcción arriesgando todo su patrimonio, que por menos beneficio invierte su dinero en Letras del Tesoro), y lo que queda es el precio que puede y que va a pagar por el solar, que su dueño también sabe hacer esas cuentas. Vende sobre plano al precio calculado y, quizá, se reserva algún piso para aumentar el beneficio si sube su precio. Y se pone a trabajar.
Como vemos, todo depende del importe que los bancos estén dispuestos a facilitar al pringadillo que necesita una vivienda. Si los bancos dan créditos más y más altos, el precio de los pisos sube y sube. Es decir, la banca sabe perfectamente que si un promotor tiene cien pisos que vender y los cien posibles compradores de esos pisos que disponen de más dinero tienen cien mil euros, los pisos se venderán por cien mil euros cada uno. Si tienen doscientos mil, los pisos valdrán doscientos mil lereles. Ni un euro más, pero tampoco un euro menos. Y como la cantidad de dinero de que disponen los compradores de pisos depende exclusivamente de lo que los bancos quieran prestarles, es la banca, en definitiva, quien marca el precio de los pisos. La banca sabe perfectamente que si el importe del préstamo que dan es cada vez más alto, el precio de los pisos será también cada vez más alto. Y eso les pone.Continúa…

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