Estamos en un pais solidario. Solidario imperativamente, pero solidario. Somos capaces de cualquier cosa para apoyar movimientos o causas lejanos. A veces por convicción, generalmente por acriticismo. Eso si, la solidaridad con quienes tenemos cerca... Ay!, brilla por su ausencia.
Todos conocemos a algún superprogresista, superenrrollado, supersolidario personaje que tiene adoptado, o mejor que dice tener la firme intención de adoptar un niño a distancia (doce euros al mes), que clama por la pazzz, que defiende a capa y espada los derechos de los "sin papeles", que cuando la ocasión lo agradece lleva una kefiya al cuello... y que deja el coche en doble fila descuajaringando un carril entero de circulación mientras dice eso de "es que estoy trabajando", se cuela en la cola del supermercado o del cine, se escaquea en el trabajo y pasa los marrones a los demás. Es ese personaje que todo lo tiene perfectamente claro, que conoce a la perfección los culpables (la herencia franquista, Estados Unidos, los judíos, los especuladores...) y es capaz de exponer con absoluta claridad las soluciones a los problemas económicos o sociales del mundo o de su pais.
Lo que más me ha llamado la atención es la peculiar visión de la libertad que tiene ese personaje al que hasta no hace mucho se le llenaba la boca de elogios a la libertad de prensa, de conciencia o de cátedra: si discrepas de su opinión te tacha de facha, si le ofreces datos concretos que desvirtúan su verdad, dejan de hablarte y si alguien manifiesta públicamente una creencia distinta de la suya, se indigna y exige su inmediata destitución.
Qué fatiga!. En general, estas gentes no son malintencionadas de por sí, simplemente, suelen ser cortas de miras, escasas de luces y culturalmente limitadas, pero su soberbia es descomunal. Decían ser los herederos de Mayo del 68, hasta que alguien les recordó aquello de "Prohibido prohibir".
Pero no hace falta que los solidarios (pero poco) sean gente concienciada como el personaje del que acabo de hablar. No tienen por qué ser progresistas militantes, pero tienden a tener los mismos tics cuando les surge una oportunidad: expulsión para el catedrático que mantiene que la mente de los niños es diferente a la de las de las niñas con lo que se impone una educación separada, carcel indefinida para el agresor doméstico siempre que sea hombre, prohibición absoluta del tabaco en cualquier lugar público (si es un no fumador), control en el acceso a internet, prevalencia (de boquilla, y siempre que no les afecte a ellos mismos) de los derechos de las minorías sobre los de las mayorías...
La solidaridad (pero poco) se manifiesta también en quienes sin tener una opinión formada sobre un drama en cuestión pública, no dudan en entrar en el juicio paralelo y dar por condenado a uno u otro actor del drama, todos esos que odian "al del bigote", los que mantienen que España estuvo en la guerra de Iraq, que la intervención española no estaba apoyada por ninguna resolución de Naciones Unidas, que se creen los mensajes sobre la derecha y los repiten cuando tienen ocasión, los que hablan de la brutal dictadura franquista cuando no la vivieron y sus conocimiento se basan en propaganda barata o, si la vivieron, no recuerdan su actitud frente a ella y se declaran antifranquistas desde siempre.
Solidarios (pero menos), son, en fin, todos aquellos a los que no importa molestar al prójimo con su actitud diaria, los incapaces de ceder el asiento en el metro a un anciano, los que hablan a gritos por el móvil en el tren, los que aparcan en prohibido, los que ponen la música a todo volumen en su casa, los que tiran papeles por la calle, los que se cuelan en las colas, los que sólo hablan de los demás para resaltar defectos, mientras defienden, especialmente en época electoral, las virtudes progresistas frente a la caverna reaccionaria.


No hay comentarios:
Publicar un comentario