lunes, 19 de julio de 2010

España fracasada (ii)

Mientras esperábamos una Sentencia que echara abajo las alucinaciones inconstitucionales del malhadado Estatut, han pasado cuatro años de leyes excluyentes, cuatro años de aliento y promoción de la desmembración de Estepaís, cuatro años de fantasmales exhumaciones, de tristes y sesgadas memorias ahistóricas, cuatro años de descrédito y menoscabo de cualquiera que admitiese desear sentirse orgulloso de España, cuatro años de silencio ante el victimismo falaz de los chupópteros catalanes. Esperábamos una Sentencia.

Pero ¡Ay! El Tribunal Constitucional hizo lo peor que podía haber hecho: intentar apaciguarles. Probablemente las presiones del fascista de Moncloa a “sus” magistrados han conseguido forzar una Sentencia que es fácilmente calificable como estúpida porque todo lo hace mal. En primer lugar, ha destruído definitivamente el prestigio que pudiera quedarle al Tribunal Constitucional después del espectáculo de Rumasa, en segundo lugar, no declara inconstitucional prácticamente nada, pese a que casi cien de sus artículos se reconocen como contrarios a la constitución en su dicción literal, pero ajustados a ella si en lugar de leerse lo que se lee, se lee algo distinto que aparece en negro sobre blanco, y, por último, consagra como ajustados a derecho algunas cosillas que, bien entendidas y bien trabajadas nos llevan a que España y Cataluña son entes equivalentes que deben sentarse en igualdad, frente a frente, con la peculiaridad que España debe garantizar a Cataluña que su nivel económico no disminuirá aunque dejen de trabajar (que si, que si el procentaje de particiación en el peibé español disminuye por debajo de lo que suponía en 2004, el resto de los españoles les tenemos que suplir lo que ellos solitos puedan haber perdido)

Y es que, claro, se nos han ido a juntar dos circunstancias demoledoras para la supervivencia de cualquier organización: falta de fé en sí misma y dirección absolutamente desviada, es decir, que los gobiernos españoles han llenado treinta años de dejación de funciones constitucionales con manifiesta permisividad ante las manipulaciones de la historia misma, treinta años de minusvaloración y desprecio de los símbolos nacionales con ensalzamiento brutal y solemne de los autonómicos, han conseguido fortalecer en tal grado el sentimiento de superioridad en vascos y catalanes y de inferioridad en el resto de los españoles que mientras la tendencia al reforzamiento de identidades divergentes se hacía cada vez más sólida en Euskadi y Cataluña, la identidad española se iba desdibujando y se convertía en vergonzante. Vamos, que vascos y catalanes eran cada vez más fuertes apoyados en raices artificialmente fortalecidas y símbolos nacionales asumidos como propios sólo desde el inicio de la transición (no antes, que no se tiren el rollo, que antes nadie se identificaba con aquello), y el resto de los españoles eran cada vez más débiles al haberse conseguido que se avergonzaran por apoyarse en una bandera de trescientos años, un idioma de mil millones de personas y una historia de unión nacional de sólo medio milenio, la más antigua de Europa. De verdad que pese a ese bagaje, los españoles se avergonzaban de la bandera de su patria.

Los treinta años de dejación, junto con los últimos seis de traca final han conseguido maravillas como, por ejemplo, que los catalanes nos hayan convencido a todos de que ellos, que son más ricos que los demás, contribuyen demasiado a la solidaridad nacional, que ponen más de lo que reciben. ¡Y nos han convencido de que eso es injusto!. Con el último acuerdo de financiación autonómica toda España ha tragado que sean ellos, los más ricos, los que más reciban de los impuestos de todos. Tanto reciben, que se han quedado tranquilos, señal inequívoca de que esos desvergonzados ya no ponen pese a ser los más ricos, sino que reciben de los demás, de que salen ganando ¡Y lo que se ha tragado el Constitucional les parece poco!.

Pero lo que tienen la avaricia o el egoísmo, los dos componentes más claros de los nacionalismos, es eso, que son insaciables, que siempre quieren más. Ni siquiera una Sentencia del Constitucional que permite hacer mangas y capirotes de la Constitución del setenta y ocho ha acallado a esos mentecatos. Convocaron una manifestación a la que, ahora sí, todos asumimos que asistió mucha gente reclamando la independencia ¡encabezada por Montilla, un psocialista!. El insensato de Zeta ha entrado en pánico. En el debate del Estado de la Nación llegó a apuntar que pasaba de la Sentencia, y que si el Tribunal había tirado atrás algunas cosas del Estatut, Él, el mismo incompetente que lo salvó con Artur Mas, estaba dispuesto a promulgar una serie de Leyes Orgánicas (que serían inevitablemente inconstitucionales) que recogieran lo que el Tribunal anuló, limitó o releyó. Este sinsorgo primero reanimó un Estatut que ya estaba muerto, ahora quiere enmendar la plana al Constitucional. Parece imbécil. O lo es, o es que está intentando destruir la nación más antigua de Europa por el placer de pasar a la Historia de la Infamia. Me inclino a pensar que concurren las dos circunstancias: pretende dividir lo que él, ese perfecto ignorante, considera un error histórico o una imposición franquista, y además en un imbécil redomado. Por lo pronto, la maniobra le sirve, además, para que los charnegos del Peesecé sigan dorándole la píldora, no lo desprecien públicamente y sigan votando las chorradas y ocurrencias que presenta al parlamento para ir salvando la legislatura un ratito más y para que los partidos catalanes se sientan cómodos con él. No se da cuenta de que nada servirá para calmar la voracidad de los nazionalistas.

O si, pero hará lo que sea con tal de conservar el poder, con tal de no tener que volver a los trabajos anteriores a la entrada en política, a los inexistentes empleos que nunca tuvieron, que ya lo denunció Leguina, que entre todos los de la Ejecutiva del Psoe no se ha cotizado ni un mes a la Seguridad Social. El Adolescente Iluminado está dispuesto a quitarse la careta y legislar a pecho descubierto contraviniendo a sabiendas, suyas y de todos, la Constitución y la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Está dispuesto a acometer, o a cometer lo que en tiempos honorables era un delito de lesa patria.

¿Eso prescribe?

No hay comentarios:

Publicar un comentario