martes, 20 de julio de 2010

España fracasada (y iii)

La última rampa de esta carrera enloquecida hacia el desastre la ha tomado el Charnego Reconvertido a Molt Honorable President, ese que lleva a sus hijas al Liceo Alemán para que no se vean obligadas a estudiar en catalán, que (lo dijo su mujer) el alemán tiene muchas más salidas: Exige ahora Montilla “una reforma de la Constitución que reconozca explícitamente nuestra realidad nacional”, porque "si España quiere dar una solución al secular problema catalán, ha de estar dispuesta a cambiar". Apuntándose a la corriente para no dejar ni un centímetro de ventaja a los rivales, que estamos en campaña, Artur Mas da otra vuelta de tuerca en lo que parece una conversación de adolescentes bobalicones en un “Catalunya, yo te quiero más que nadie; yo te quiero más; no, que quien más te quiere soy yo; no, yo soy; tu no, yo” y nos amenaza a todos: "Si España quiere ser una sola nación tendrá muchos problemas". Y mientras tanto, el Gran Timonel, igual que si estuviera como un tejón, ha impuesto a su Comité Federal eso de seguir profundizando en el autogobierno de Cataluña, ante la alarma de los menos y la estupefacción de los más, que es muy serio eso de puentear al Constitucional para saltarse la propia Constitución. Aunque haya demostrado una indignidad casi pornográfica al llevarse por delante sin una lágrima ni un suspiro las esperanzas de salvar la Constitución más longeva y que más años de Paz nos ha facilitado a los españoles en la historia.

Pues bien. Voy a insistir. Es urgente dar satisfacción a Montilla, Más, Carod Rovira, Puigcercós y toda esa patulea de sinvergüenzas que sólo pueden vivir amarrados a la teta española, que sin ella se les acaba el discurso. Es el momento de reconocer que en una generación los españoles tendremos que entendernos con los catalanes en inglés, catalán o árabe, y la unidad ya no será sostenible, pero que hasta que llegue ese momento, seran incontables los chantajes que hayamos soportado, las distorsiones que nos habrán provocado en nuestra vida política, el dineral que nos habrán arrancado de nuestros bolsillos. Ellos y los vascos. Eso no debe suceder. Más vale una vez colorado que ciento amarillo. Adios, Cataluña, Adiós Vascongadas. Que os den. Y ya podeis ir devolviéndonos las inversiones que hicimos allí para que todos fueramos un poquito menos pobres y vosotros mucho más ricos.

¡Joder, Gato!. Eso no puede hacerse. ¿cómo vamos a dejar tirados a todos los vascos y catalanes que se sienten españoles?

A ver. A esos idiotas que se han dejado pisar las calles, la ideología, los sentimientos y la verdad, les pueden ir dando como le dieron al último heredero del Imperio Bizantino y a Lawrence de Arabia. Y que si quieren, se vengan aquí con sus cosas, que les haremos sitio. Pero a pesar de que eso es lo que se merecen, digo yo que quizá convenga que tengan una última oportunidad. Debemos comenzar por reconocer que la España de las Autonomías es un juguete que no funciona ni ha funcionado nunca, que lo único que ha hecho ha sido estorbar el buen funcionamiento de un país que podría ser mucho mejor de lo que es (destrucción de la unidad de mercado, fomento de la insolidaridad interregional, enfrentamientos inútiles entre autonomías, distorsiones del buen hacer político por miserables vanidades personales, corrupción a espuertas, especialmente urbanística, desigualdades en sanidad, educación, etc, etc), por reconocer que, además, mantener un segundo nivel de mamandurria para políticos es demasiado caro, es algo que no podemos ni debemos mantener. Igual que no se puede obligar a que se mantengan unidos quiene quieren vivir separados. Es imprescindible acabar con ese estado de cosas.

Creo que ha llegado el momento de dar matarile a esta Constitución agonizante, quizá no a toda, pero sí al Título VIII. Quizá se pueda mantener un remedo de autonomías para Festejos y Bailes Regionales con bandera, escudo, estandarte, Banda de Tambores y Trompetas y gastronomía regional, pero poco más. Sin elecciones separadas ni cristo que lo fundó, si acaso con los diputados que resulten de las generales en cada región autonómica reunidos en una sala del Senado, o en su propia sala en su capitalilla, pero sin palacios virreinales ni flotas de cochecitos oficiales, sin leyes que puedan intervenir en las cosas de comer, o sea, que no ensucien con sus patazas la economía, el mercado, la sanidad, la educación, la ordenación del territorio, el reparto del agua, las decisiones sobre la energía, las comunicaciones, la innovación, las pensiones, ni ninguna de esas cosas que son necesarias para el bienestar. Fuera los Presidentitos y los Ministrines, fuera los enchufados, los cuñados albañiles reconvertidos a promotores y los chupópteros y comisarios políticos de las mil empresas públicas y de las mil administraciones. Adiós a la duplicidad de funciones y funcionarios. Démonos cuenta de que esto no funciona pero también de que podemos arreglarlo arreglando la Constitución.

Y ya sabéis, Carme, Aleix, Txomin, Itziar, Martiña, Xenxo. Si no os gusta el panorama, sois, por supuesto, libres para ir solos a buscar vuestra identidad. Solos o todos juntos. Adios, que seais muy felices. Ha sido un placer convivir unos siglos con vosotros. La pasta que nos debéis nos la podéis ingresar de poco a poco cada año, y si queréis podemos empezar a negociar unos convenios de doble imposición para que vuestras empresas no tengan que pagar el IVA en vuestra casa cuando ya lo han pagado aquí, que pagarán aquí el que recauden aquí, igual que el impuesto sobre los beneficios que obtengan aquí, que también lo pagarán aquí. Sin rencores. Adios. Pero si lo que quereis es que sigamos todos juntos, estupendo. Eso si, se acabaron las bromas, las transferencias competenciales, el juguete del autogobierno y el hecho diferencial, tampoco podréis tener leyes propias salvo las de toda la vida, eso de las vecindades, el régimen matrimonial y de herencia, y poco más, con lo que todo será más fácil y más barato. Y por supuesto podréis hablar vuestro idioma dónde y cuándo os apetezca, salvo en los asuntos oficiales, que se solventarán en el idioma común, para dejarnos de líos, gastos y bromas.

Y no creas que tengo el menor interés en que se produzca la secesión. Todo lo contrario. Pero si no lo hacemos ahora, cuando sea inevitable la secesión se producirá, y habrá mucha sangre y mucho dolor, que la cosa no va a ser pacífica como nunca han sido pacíficas estas cosas en España. Sólo ahora, de sopetón, sin que aún haya más de unos puñados de idiotas encabronados con esas cosas, la secesión de España puede ser pacífica, que sólo ha empezado a envenenarse la convivencia.

Y además, es que estoy convencido de que en este momento, se salvaría la unidad y que dentro de quince o veinte años, o dentro de cinco, será absolutamente imposible. ¿Y por qué? Pues mira tú, porque con esto de la Copa del Mundo me ha parecido notar un cierto placer en muchísima gente en lo de sacar a la calle los símbolos tribales “mayores”, la bandera rojigualda y el himno sin letra, esos cuya exhibición, hasta ahora, podía ser considerada sospechoso si es que no punible (de hecho los mossos d’esquadra cargaron violentamente contra unos miles de ciudadanos catalanes que celebraban, bandera en mano, la Copa del Mundo de lo que en Cataluña sólo se llama “La Roja”, jamás “selección española”, que una cosa es una cosa, y otra muy distinta que se grite Vivaespaña en la Plaza de Canaletas, sagrado bastión del barcelonismo). Y aprovechamos el momento, o va a ser mucho más difícil que ya a los niños en los campamentos de la Generalitat no les dejaron ver la final, que manda güebos el putadón que les hicieron. Fíjate ¿quién no ha notado que eso de “Yo soy español, español, español” se cantaba con el orgullo reivindicativo de salir de las catacumbas con el que se cantaba La Internacional en el setenta y cuatro o con el que ahora se canta lo de “I will survive” al salir del armario?. Es como si el personal, a poco que se le empujara, estuviera más que dispuesto, ansioso de dejarse de jueguecitos rídículamente cantonalistas y asumir lo que es en realidad: español, español, español.

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