Es nuestro deber darle un final digno y pacífico. Las organizaciones sociales están destruidas bastante antes de que los principales actores se den cuenta de ello. El franquismo estaba acabado varios años antes de la muerte de Franco tras la muerte de Carrero y el Espíritu de Febrero de Arias Navarro, la Segunda República había desaparecido ya en el 34, antes de que se produjera el Golpe de Estado del PSOE y ERC, aunque aguantara hasta el 39, el Absolutismo terminó antes de la Restauración, y la Edad Media antes de los Reyes Católicos
Y esto se ha acabado. Probablemente está descomponiéndose desde el 2003, desde que empezó el PSOE a oponerse a la política de Estado española reuniéndose con Mohamed V bajo un mapa de Marruecos que incluía Ceuta, Melilla y las Canarias y criticandoa la operación de Perejil, criticando la defensa de la integridad territorial, y quedó definitivamente muerto con la puntilla que le dio el Estatuto Catalán. No tiene remedio. Fuí consciente de ello el miércoles pasado, durante la final de la Copa del Rey de fútbol. Me di cuenta de que no tiene futuro cuando la inmensísima mayoría del público pitaba el himno nacional. Ese público era la hinchada de los dos equipos, Barcelona y Athletic de Bilbao, que, de alguna manera, representan las esencias totales de sus regiones (la Real Sociedad está en segunda y el Espanyol es eso, español). Los pitos y las pancartas las habían pagado los gobiernos autonómicos, los que diseñan la política educativa que se ha inventado la historia. Ese público representaba a todas las capas sociales y estratos sociológicos del Pais Vasco y Cataluña. Desean de verdad separarse de España.
La destrucción del estado mas antiguo de Europa comenzó con la gestación de las autonomías y la estúpida decisión de aquella UCD de que las competencias debían ser iguales para todas. Las nacionalidades “históricas” querían más y ser diferentes. Tenían una base sociológica bastante como para que sus ínfimos partidos nacionalistas pudieran ser determinantes para la mayoría absoluta, y la cesión de la educación hizo el resto. Ahora, la región autonómica de Murcia o de Rioja tiene mas competencias que Irlanda del Norte o los francófonos del Québec.
Estas autonomías y sus competencias están fraccionando el mercado de una forma que empieza a ser determinante para la frustración de cualquier intento de recuperación económica, la disparidad de normativa está destruyendo el tejido comercial y la planificación empresarial no puede hacerse contando con las comunidades autónomas. El coste de su organización es estremecedor y su filosofía de gasto sin responsabilidad destruye cualquier principio de gobierno saludable. Las autonomías están provocándo enfrentamientos por la simple exaltación propia: yo soy bueno y los demás son malos, yo tengo derechos que los demás deben reconocer, el agua es mia y no se la doy a nadie, a mi me deben un dineral por los años de opresión.
Es el momento de dar un puñetazo en la mesa y acabar con esto. Ya está bien de mamoneo autonómico. Cuando por fin caiga el gobierno actual defenestrado por la crisis, cuando sus protagonistas queden destruidos políticamente y su futuro histórico quede reducido a un merecido oprobio, cuando los socialistas serios y con sentido de estado reconzcan su vergüenza por lo sucedido, habrá que tomar la decisión de acabar con esta moribunda Constitución rehaciéndola y permitiendo que Euskadi y Catalunya (y Galicia si les pinta) elijan entre independizarse o integrarse en un estado federal con muchas menos competencias que ahora. Hay que pagar los errores. Al resto, se le acabaron las competencias propias por completo.
No puede hacerse otra cosa si no queremos que la solución sea, otra vez, sangrienta. Me explicaré otro dia.
Y esto se ha acabado. Probablemente está descomponiéndose desde el 2003, desde que empezó el PSOE a oponerse a la política de Estado española reuniéndose con Mohamed V bajo un mapa de Marruecos que incluía Ceuta, Melilla y las Canarias y criticandoa la operación de Perejil, criticando la defensa de la integridad territorial, y quedó definitivamente muerto con la puntilla que le dio el Estatuto Catalán. No tiene remedio. Fuí consciente de ello el miércoles pasado, durante la final de la Copa del Rey de fútbol. Me di cuenta de que no tiene futuro cuando la inmensísima mayoría del público pitaba el himno nacional. Ese público era la hinchada de los dos equipos, Barcelona y Athletic de Bilbao, que, de alguna manera, representan las esencias totales de sus regiones (la Real Sociedad está en segunda y el Espanyol es eso, español). Los pitos y las pancartas las habían pagado los gobiernos autonómicos, los que diseñan la política educativa que se ha inventado la historia. Ese público representaba a todas las capas sociales y estratos sociológicos del Pais Vasco y Cataluña. Desean de verdad separarse de España.La destrucción del estado mas antiguo de Europa comenzó con la gestación de las autonomías y la estúpida decisión de aquella UCD de que las competencias debían ser iguales para todas. Las nacionalidades “históricas” querían más y ser diferentes. Tenían una base sociológica bastante como para que sus ínfimos partidos nacionalistas pudieran ser determinantes para la mayoría absoluta, y la cesión de la educación hizo el resto. Ahora, la región autonómica de Murcia o de Rioja tiene mas competencias que Irlanda del Norte o los francófonos del Québec.
Estas autonomías y sus competencias están fraccionando el mercado de una forma que empieza a ser determinante para la frustración de cualquier intento de recuperación económica, la disparidad de normativa está destruyendo el tejido comercial y la planificación empresarial no puede hacerse contando con las comunidades autónomas. El coste de su organización es estremecedor y su filosofía de gasto sin responsabilidad destruye cualquier principio de gobierno saludable. Las autonomías están provocándo enfrentamientos por la simple exaltación propia: yo soy bueno y los demás son malos, yo tengo derechos que los demás deben reconocer, el agua es mia y no se la doy a nadie, a mi me deben un dineral por los años de opresión.
Es el momento de dar un puñetazo en la mesa y acabar con esto. Ya está bien de mamoneo autonómico. Cuando por fin caiga el gobierno actual defenestrado por la crisis, cuando sus protagonistas queden destruidos políticamente y su futuro histórico quede reducido a un merecido oprobio, cuando los socialistas serios y con sentido de estado reconzcan su vergüenza por lo sucedido, habrá que tomar la decisión de acabar con esta moribunda Constitución rehaciéndola y permitiendo que Euskadi y Catalunya (y Galicia si les pinta) elijan entre independizarse o integrarse en un estado federal con muchas menos competencias que ahora. Hay que pagar los errores. Al resto, se le acabaron las competencias propias por completo.No puede hacerse otra cosa si no queremos que la solución sea, otra vez, sangrienta. Me explicaré otro dia.

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