jueves, 14 de mayo de 2009

El saltamontes

Para bien o para mal, este pobre país está siendo regido por un esquema convulsivo de resolución de problemas. Cuando aparece uno, el organismo al que se encomienda su gestión entra en convulsiones y le brota una solución como a quien le aparece un grano. La forma del brote, desgraciadamente, es aleatoria, de manera que ni nos encontramos con una línea coherente de actuación ni somos capaces de anticipar la dirección hacia la que nos encaminaremos, aunque si que conocemos la orientación, que será, tras la primera vacilación y el estudio del brote, una orientación feminista y solidaria.

A veces creo que lo que pasa es que la mente maestra que tiene en su mano la designación de los encargados de desbrozar nuestros destinos es la mente de un saltamontes, que, claro, nombrará congéneres para ello. Y que conste que no estoy comparando tamaños de cerebro.

El saltamontes, insecto del orden ortóptero suborden celífera es un bicho cuya característica mas acusada está en las patas traseras, enormes en comparación con el resto del cuerpo y potentísimas cuando se utilizan para iniciar un movimiento rápido. El inconveniente, o a veces la ventaja, es que, de tan potentes, no son controlables para su dueño, de tal manera que cuando el saltamontes da un salto, no puede decidir de antemano la dirección que va a tomar, ni la distancia recorrida, ni nada de nada, el saltamontes salta y el salto es aleatorio (con lo que el predador no puede anticipar el movimiento, esa es la ventaja, o puede caer en un sitio tan peligroso como un rio, ese es el principal inconveniente), con lo que el saltamontes, en su retorno al suelo, lo primero que hace es recomponerse y colocarse en la orientación adecuada.

Y eso es lo que venimos sufriendo. Cuando es necesario o conveniente tomar una decisión, es como cuando un saltamontes decide saltar. Ni siquiera él mismo sabe lo que va a pasar. Un buen dia, estabamos con un problema de disminución del consumo que no debía identificarse con el inicio de la abuela de todas las crisis, y para ponerle remedio, alguien decidió anunciar el regalo de cuatrocientos euros a los ciudadanos. Cuando el saltamontes llegó al suelo hubo que orientar la decisión de manera que no fuera necesario enviar un cheque a cada persona, ni obligar a rellenar un papel para solicitarlo, y se optó por descontarlo de las retenciones del IRPF.

Aquello resultó ser algo que contradecía las normas orientadoras de la sociología patria, porque aquí somos solidarios y esa medida favorecía a los que pagaban mas de cuatrocientos euros de impuestos, pero bueno. Al fin y al cabo, el regalo era para todos, para todos los que pagaran impuestos, pero para todos. ¿Qué mas daba que le hubiéramos pegado fuego inútilmente a seis mil millones?

Aquí tenemos un saltamontes. Un bicho que es incapaz de medir el efecto y la dirección de sus decisiones. Un saltamontes que, el domingo, en el baño de masas, decidió aparecer con uniforme solidario feminista: zapatos negros, tejanos, camisa blanca sin corbata, chaqueta negra y cinturon negro. Pero no supo medir. A pesar de que había decidido saltar (vestirse de progre) no sabía la dirección (elegir sus componentes), con lo que la elección del atuendo fue tan aleatoria como cualquiera del resto de las decisiones.

Y así, mientras levantaba el brazo para decía eso de que la derecha neoliberal había engañado a todos para ponerse sueldos millonarios y llevarnos a esta crisis y que él, el saltamontes nunca dejaría de defender a los desfavorecidos, se le levantaba la chaquete y dejaba ver que una de las decisiones, la de la elección de su cinturón, un cinturón solidario y enemigo de los ricos era una decisión aleatoria y fallida para su visión del mundo. El cinturón del saltamontes era un cinturón de Hermés de quinientos pavos. ¿Se lo compró él mismo o la saltamontesa? ¿No será un regalo que le han hecho como si fuera un traje de Milano?

Cuando el saltamontes comete pifias impropias de alguien tan progre y solidario en temas tan nimios, me temo que no podemos extrañarnos que el resto de sus saltos, de las medidas anticrisis nacidas de convulsiones puedan llegar a ser no solo inútiles, sino a veces, dañinas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario