miércoles, 27 de mayo de 2009

Trasabuelos, choznos y memoria histórica

Hace un par de días, uno de esos adjudicatarios de las esencias democráticas descalificaba las opiniones de Vidal Quadras diciendo que no se podía esperar nada bueno de él porque sus antepasados eran traficantes de esclavos. Vidal Quadras, compungido, respondió “¿Qué quiere que le diga?. Últimamente no hablo mucho con mi tatarabuelo”.

Viene a cuento esta anecdotilla porque me ha hecho volver a pensar en alguna de las facetas del pensamiento solidario más peculiar: la tendencia esconder los antecedentes propios y a calificar el pasado mirándolo desde la óptica presente. Hacer eso así no pasa de ser una solemne bobada a la que cualquier adolescente encontraría graves defectos lógicos, pero tiene un eco mediático o incluso parlamentario espectacular. El centro y la derecha española ya han pedido perdón en sede parlamentaria por el franquismo media docena de veces, lo que teniendo en cuenta que descendientes directos de prebostes franquistas abundan en la izquierda y escasean en la derecha, no deja de tener su aliguí. La Iglesia ha pedido perdón por los juicios y condenas de la Inquisición más veces aún y todavía se sigue culpando de ese pasado oprobioso sobre todo a la española, aún teniendo en cuenta que los muertos por la inquisición anduvieron según fuentes fiables entre tres mil y cinco mil en tres siglos, que en España hubo poquísimos en comparación con Alemania o Suiza, o que en Reino Unido se mantuvo viva la institución hasta principios del siglo pasado, lo que también también tiene gracia. Y los ataques a la inquisición se hacen sin preguntarse siquiera por que era, en la misma época, la justicia “civil”, como si reinara entre los jueces del siglo XV un respeto exquisito a la presunción de inocencia y a las formas democráticas.

No recuerdo quien era el mindundi que le espetó la boutade a Don Aleix, pero quizá fuera interesante que se hubiera dedicado a estudiar la trayectoria personal de sus dieciseis tatarabuelos o sus treinta y dos trasabuelos. Dudo que no encontrara entre ellos y sus hermanos mas de un bandolero, un asesino, un noble o un cura. Pero es que una de las características de quienes claman por el pasado es la de que sólo se fijan en él cuando perjudica a su enemigo (no adversario, que ellos lo tienen como enemigo que quiere quitarles el sillón o impedirles llegar a él), mientras que las barbaridades que hicieron sus antecesores son acalladas escondidas o mutiladas.

¿Cuanta gente ha oído hablar de que ese insigne caballero que tantas calles tiene con su nombre en España, el ilustre linotipista Pablo Iglesias, dedicó su primera alocución parlamentaria a arremeter contra la democracia parlamentaria para afirmar que la aceptaban hasta que les llevara al poder y que en ese momento se acabaría dando inicio la revolución? ¿o de que el mismo personaje amenazó de muerte, también en el parlamento, a varios miembros del gobierno? ¿y cuántos saben que en el nacimiento del fascismo español, en la dictadura de Primo de Rivera, el Ministro de Trabajo era Largo Caballero, destacadísimo dirigente del PSOE?.

Hay infinidad de hechos que la historiografía actual esconde tratando de hacer que todos los males se achaquen a los conservadores identificándoles no solo con su pasado, sino con todo el pasado. Nadie menciona que los progromos contra los judíos empezaron en la Unión Soviética muchos años antes de que Hitler llegara al poder, y continuaron muchos años después, que el Gran Mufti de Jerusalén, Amin el Husseini, era aliado y admirador de Hitler y se salvó del Juicio de Nüremberg por intercesión personal de Stalin, que lo quería en el Próximo Oriente (su occidente cercano) tocando las pelotas a los aliados.

Hace no muchos meses, en una comida de viejos amigos, uno de ellos, polaco, nos habló de la matanza de Katyn, el bosque en el que se enterró a la élite polaca de la época. Oficiales, médicos, ingenieros, profesores universitarios… decenas de miles de polacos, la élite intelectual y operativa del país, fueron asesinados. Al principio dijeron que habían sido los alemanes, pero luego, cuando empezó a saberse que el autor había sido el Ejército Rojo, se empezó a echar tierra al asunto hasta que casi se olvidó. Pues contaba este amigo que acababa de asistir al estreno de la película con el nombre del bosque que había dirigido el mítico Andrej Vajda, y que estaba encantado con que, por fin, se supiera lo que se había hecho de su pais. Le intenté desengañar, que los solidarios jamás permitirían que esas cosas se supieran, pero discrepaba totalmente de mi. No era solo historia necesaria, era una grandísima película de un grandísimo director. ¿Alguien la ha visto? ¿se ha estrenado? ¿alguien ha leido una crítica?. Pues eso.

Seguro que el chozno del bandolero que intentaba insultar a Vidal Quadras mentándole el antepasado no tiene ni idea del primer genocidio organizado de la historia. No el primero de todos, claro, que ese honor probablemente corresponde a los romanos al menos en occidente, sino el primer genocidio organizado, la primera ocasión en la que se intentó acabar con una población con métodos industriales. Se introducía en barcazas a hombres, mujeres y niños, y se hundían, se intentó utilizar gas venenoso, y de hecho se utilizó con resultados no muy buenos, pero dieron la primera idea a quienes luego diseñaron Dachau.

Aquella barbaridad de la Vandée (hala, a la wikipedia) se llevó por delante a cientos de miles de personas. No exagero, fueron cientos de miles, y la única razón de que casi nadie haya oido hablar de esos crímenes radica en que fueron ejecutados por los trasabuelos ideológicos de nuestros solidarios, por quienes nos dotaron de principios democráticos e iniciaron las doctrinas socialistas inspirados por las ideas de Rousseau, antecedente de Hegel y base filosófica de toda tesis política basada en los derechos de los colectivos (y contraria, claro, a la libertad individual).

Es espectacular la dulcificación de los sucesos de La Vendée que aparece en la Wiki. Narra una especie de guerra civil y luego expone una tesis sobre la existencia de genocidio y otra contraria. Son los disfraces de los solidarios.

¿No van a pedir perdón como se ha pedido por la inquisición? ¿No hablamos de memoria histórica?

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