Hace unos días hablaba de los saltamontes, de esos bichos que saltan pero no saben hacia dónde. Es un ser vivo de la especie humana que abunda en el metro, gente que no sabe hacia dónde va, que en un momento determinado comienza a agitarse y moverse enérgica y aleatoriamente hacia un lado u otro sin que pueda anticiparse qué va a resultar de esa agitación, de forma que interrumpen, empujan, giran, cambian de dirección o se paran varias veces en un periodo corto de tiempo y generalmente cuando están rodeados de mucha otra gente.
El caso es que los saltamontes me recuerdan a un personaje que iba para carne de cañón electoral pero que un rasurado y varias capas superpuestas de ropa interior lanzaron al estrellato. Ni había rasurado ni exceso de gayumbos, pero el personaje se armó de teléfono móvil y le contó su invención a todos los periódicos. Bastó con eso, con la eficacísima agit-prop del excelso calvorota y con la ferocidad de los solidarios en la calle Génova, para que el fabulador accediera a una posición desde la que tomar medidas para combatir la crisis con el alcance, la coherencia y la eficacia con la que el saltamontes ejecuta sus cabriolas.
Voy a que la fauna subterránea recuerda muchas veces a personajes públicos. Esta mañana, la abundancia de señoras gordas me ha hecho pensar en que el Secretario General del sindicato de cabecera de El Saltamontes es en realidad una Señora Gorda.
A ver, cuidado, una Señora Gorda no tiene por qué ser un ser vivo de la especie humana y sexo femenino con un índice de masa corporal superior a treinta, no. Los señoras gordas son de cualquier sexo o tamaño, puede ser un espigado veinteañero, una ejecutiva con maletín o un inmigrante hispano. Reciben su nombre de la peculiar forma que adoptan para desplazarse por los túneles del metro cuando tienen prisa y que es porcentualmente mas alta en quienes efectivamente son señoras gordas. Me explico. Hay mujeres que, entradas en carnes, tienden a que les moleste la sisa de los vestidos por la acumulación adiposa que tienen en la zona de la axila. Estas señoras, por tanto, como tienen dificultades para que su brazo cuelgue desde el hombro en paralelo al cuerpo, tienden a llevarlo perpendicular. Si a la peculiar forma de colocar el brazo se le une que tengan prisa y fuercen el paso, para que el centro de gravedad quede equilibrado en todo momento deben acudir a la utilización de un enérgico braceo que llega desde algo adelante hasta bastante mas atrás del eje corporal. Es decir, con un brazo se aferran al bolso y con el otro van realizando poderosos movimientos como si se impulsaran andando en una piscina con un metro de agua mientras patojean dando rapidísimos pasos cortos y sus correlativos, amplios e igualmente rápidos braceos.
El caso es que esa forma de deambular sacudiendo los brazos como aspas de molino no se da solo entre quienes materialmente son señoras gordas, aunque en ellas sea disculpable por evidentes razones físicas, también se encuentra en cualquier otra tipología humana, quizá como efecto de la interiorización permanente de la instrucción recibida en la escuadra de gastadores del regimiento en el que cumplieron el denostado servicio militar obligatorio, quizá por pretender una ventaja comparativa en la velocidad, asociando el braceo a la energía con la que se mueven, o quizá, simplemente, para conseguir amplia difusión publicitaria a lo que pretenden que se consideren unos ebúrneos brazos o una prestancia singular.
Sea cual sea la causa, el efecto es que a pesar de que su velocidad de crucero puede ser limitada como consecuencia de la escasa distancia recorrida con cada paso, los señoras gordas son dificilísimos de adelantar, no solo por la estrechez de los túneles y la aglomeración que se produce, sino también, y de forma mas significativa, porque adelantarlas o simplemente acercarse a ellos implica un riesgo cierto de que el braceo te alcance en alguna parte especialmente blanda y dolorosa. Con lo que provocan serias aglomeraciones a sus espaldas forzando a todos a asumir su ritmo o recibir fuertes golpes.
Y el secretario general del sindicato de marras actúa exactamente igual que una señora gorda en el metro: lo que aparenta ser un desplazamiento rápido, o la ardua defensa de los intereses de los trabajadores, en realidad se reduce a un braceo inútil pero violento que impide que la sociedad vaya acomodando su progreso a las exigencias de los tiempos de crisis y depresión que nos ha tocado vivir, y su lentitud, el peligro que supone intentar adelantarlos y su firme decisión de no cambiar la dirección de sus esfuerzos, no supone sino una dolorosa rémora a las reformas que sin duda mejorarían la situación general.
No contentos con que sea tal señora gorda el condicionante al que se debe acomodar cualquier acción a adoptar en el campo del Ministerio de Economía y Hacienda (casi el ministro en la sombra), ahora se pretende también que el sindicato sea nada menos que uno de los participantes en el diseño del “Nuevo Modelo Productivo”. Que es ese y no otro el mantra con el que ahora pretenden sofronizarnos.
Personalmente, para eludir las involuntarias agresiones de los señoras gordas utilizo un sistema similar al que utilizan los corredores en los encierros de San Fermín para evitrar los derrotes del toro: un periódico. Se acerca uno, armado de la prensa del dia, a una distancia prudente del braceo del señora gorda. Cuando llega al máximo de oscilación se le dá un toque ligero con la prensa en la mano, y la sorpresa hace el resto, el brazo se retira durante los pasos suficientes para que se le pueda adelantar.
El braceo del sindicato impide por completo cualquier medida de alcance para combatir la crisis, y me pregunto si un toquecito con la prensa sobre la financiación del sindicato no surtiría el efecto de que se omitiera esos movimientos el tiempo suficiente para dejar paso a una sociedad eficaz.
El caso es que los saltamontes me recuerdan a un personaje que iba para carne de cañón electoral pero que un rasurado y varias capas superpuestas de ropa interior lanzaron al estrellato. Ni había rasurado ni exceso de gayumbos, pero el personaje se armó de teléfono móvil y le contó su invención a todos los periódicos. Bastó con eso, con la eficacísima agit-prop del excelso calvorota y con la ferocidad de los solidarios en la calle Génova, para que el fabulador accediera a una posición desde la que tomar medidas para combatir la crisis con el alcance, la coherencia y la eficacia con la que el saltamontes ejecuta sus cabriolas.Voy a que la fauna subterránea recuerda muchas veces a personajes públicos. Esta mañana, la abundancia de señoras gordas me ha hecho pensar en que el Secretario General del sindicato de cabecera de El Saltamontes es en realidad una Señora Gorda.
A ver, cuidado, una Señora Gorda no tiene por qué ser un ser vivo de la especie humana y sexo femenino con un índice de masa corporal superior a treinta, no. Los señoras gordas son de cualquier sexo o tamaño, puede ser un espigado veinteañero, una ejecutiva con maletín o un inmigrante hispano. Reciben su nombre de la peculiar forma que adoptan para desplazarse por los túneles del metro cuando tienen prisa y que es porcentualmente mas alta en quienes efectivamente son señoras gordas. Me explico. Hay mujeres que, entradas en carnes, tienden a que les moleste la sisa de los vestidos por la acumulación adiposa que tienen en la zona de la axila. Estas señoras, por tanto, como tienen dificultades para que su brazo cuelgue desde el hombro en paralelo al cuerpo, tienden a llevarlo perpendicular. Si a la peculiar forma de colocar el brazo se le une que tengan prisa y fuercen el paso, para que el centro de gravedad quede equilibrado en todo momento deben acudir a la utilización de un enérgico braceo que llega desde algo adelante hasta bastante mas atrás del eje corporal. Es decir, con un brazo se aferran al bolso y con el otro van realizando poderosos movimientos como si se impulsaran andando en una piscina con un metro de agua mientras patojean dando rapidísimos pasos cortos y sus correlativos, amplios e igualmente rápidos braceos.
El caso es que esa forma de deambular sacudiendo los brazos como aspas de molino no se da solo entre quienes materialmente son señoras gordas, aunque en ellas sea disculpable por evidentes razones físicas, también se encuentra en cualquier otra tipología humana, quizá como efecto de la interiorización permanente de la instrucción recibida en la escuadra de gastadores del regimiento en el que cumplieron el denostado servicio militar obligatorio, quizá por pretender una ventaja comparativa en la velocidad, asociando el braceo a la energía con la que se mueven, o quizá, simplemente, para conseguir amplia difusión publicitaria a lo que pretenden que se consideren unos ebúrneos brazos o una prestancia singular.Sea cual sea la causa, el efecto es que a pesar de que su velocidad de crucero puede ser limitada como consecuencia de la escasa distancia recorrida con cada paso, los señoras gordas son dificilísimos de adelantar, no solo por la estrechez de los túneles y la aglomeración que se produce, sino también, y de forma mas significativa, porque adelantarlas o simplemente acercarse a ellos implica un riesgo cierto de que el braceo te alcance en alguna parte especialmente blanda y dolorosa. Con lo que provocan serias aglomeraciones a sus espaldas forzando a todos a asumir su ritmo o recibir fuertes golpes.
Y el secretario general del sindicato de marras actúa exactamente igual que una señora gorda en el metro: lo que aparenta ser un desplazamiento rápido, o la ardua defensa de los intereses de los trabajadores, en realidad se reduce a un braceo inútil pero violento que impide que la sociedad vaya acomodando su progreso a las exigencias de los tiempos de crisis y depresión que nos ha tocado vivir, y su lentitud, el peligro que supone intentar adelantarlos y su firme decisión de no cambiar la dirección de sus esfuerzos, no supone sino una dolorosa rémora a las reformas que sin duda mejorarían la situación general.
No contentos con que sea tal señora gorda el condicionante al que se debe acomodar cualquier acción a adoptar en el campo del Ministerio de Economía y Hacienda (casi el ministro en la sombra), ahora se pretende también que el sindicato sea nada menos que uno de los participantes en el diseño del “Nuevo Modelo Productivo”. Que es ese y no otro el mantra con el que ahora pretenden sofronizarnos.Personalmente, para eludir las involuntarias agresiones de los señoras gordas utilizo un sistema similar al que utilizan los corredores en los encierros de San Fermín para evitrar los derrotes del toro: un periódico. Se acerca uno, armado de la prensa del dia, a una distancia prudente del braceo del señora gorda. Cuando llega al máximo de oscilación se le dá un toque ligero con la prensa en la mano, y la sorpresa hace el resto, el brazo se retira durante los pasos suficientes para que se le pueda adelantar.
El braceo del sindicato impide por completo cualquier medida de alcance para combatir la crisis, y me pregunto si un toquecito con la prensa sobre la financiación del sindicato no surtiría el efecto de que se omitiera esos movimientos el tiempo suficiente para dejar paso a una sociedad eficaz.

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