viernes, 29 de mayo de 2009

Soy un pardillo

Si que lo soy. Un ingenuo. Intento analizar la realidad, pero tiendo a hacerlo desde el concepto básico de que todos consideran que los ciudadanos son personas. Se me olvida que el concepto de persona está desarrollado desde unas bases grecolatinas en las que sólo eran personas los ciudadanos, no los esclavos ni los extranjeros. Periecos, bárbaros, ilotas. No eran considerados personas. Fue el cristianismo quien extendió el concepto de persona a quienes estaban dotados de alma inmortal, y de ahí que el obispo de Chiapas, en el inicio del siglo XVI, fuera quien prohibió la esclavitud de los indios porque siendo cristianos, adivinó, estaban dotados de alma.

Con alma o sin ella, personas son sólo aquellos que son libres. Libres de decidir su destino, de elegir cuales son sus prioridades, libres de priorizar sus categorías éticas o morales.

Negar la libertad de elección, criminalizar alternativas racionales (ojo, no digo razonables, sino sólo racionales, fruto de la razón), o, yendo más allá, intentar modificar la elección a través de consignas y publicidad para llegar a las emociones del miedo o del odio irracional, mientras se desecha la argumentación que lleva a la libertad de la razón que cambia la opinión, no es otra cosa que la negación de la cualidad de persona a los votantes que pretendes atraer. 

Soy un pardillo, siempre parto del juego limpio. No entiendo el mundo sin libertad.


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