sábado, 23 de mayo de 2009

Cambiar el modelo de crecimiento II

Desgraciadamente, tengo la funesta manía de intentar mirar un poco mas allá de la primera impresión, lo que me lleva a cometer clamorosos errores de interpretación y a perder pinchos de tortilla y cañas a cascaporrillo, pero también a acertar algunas veces, especialmente cuando mis pronósticos tienden al pesimismo, así que me he forjado una merecida fama de agorero. Y esta vez la cosa me huele mal.

Eso de culpar al destino, a la suerte, o a los demás, de de las consecuencias de los errores propios, justificarlos a toro pasado, o simplemente olvidarlos, son mecanismos de defensa muy necesarios que no denotan necesariamente desviación, pero cuando una mente enferma, la tendencia es culpar a otros de que con actuaciones malintencionadas se está intentando perjudicar. Una mente enferma jamás reconoce que ha cometido el error y que de sus consecuencias sólo puede culparse a sí mismo, cuanto más enferma está esa mente, más arriba apunta buscando al culpable. He suspendido porque la profe me tiene manía, no me suben el sueldo porque el Secretario de Estado no quiere que los que no son de su carrera prosperen, nuestros jóvenes están peor preparados por el peso de una historia de opresión, las medidas que adoptamos no funcionan porque los poderes del capitalismo nos están boicoteando.

Para nuestra desgracia, estamos dirigidos por una caterva de políticos de limitada capacidad intelectual que eludieron el destino que les habían asignado los estrategas de su partido gracias a la afortunada manipulación que consiguieron hacer del mayor atentado cometido en Europa. Fundamentalmente se trata de revolucionarios de barra de bar con escasa cultura, soluciones improvisadas y tendencias liberticidas. El hecho de que el primero de estos políticos adopte la mayor solemnidad de la que es capaz para anunciar la convocatoria de todas las fuerzas sociales para llegar a un pacto sobre la adopción de un nuevo modelo de crecimiento me ha dado mucho que pensar.

Desde hace mucho tiempo, tanto como que nuestro Primer Preboste estaba aún en la oposición, se viene hablando del cambio de “modelo productivo”, lo que se anuncia ahora es un cambio de “modelo de crecimiento”. De entrada lo asocié a mera sonoridad propagandística, pero temo que vaya más allá. La solemnidad del anuncio no suena a que ahora, por fin, se haya dado cuenta de que hay que cambiar un esquema económico basado en la construcción y el turismo, que eso ya lo sabía y ya estaba tratando de cambiarlo (es de suponer), No. La sonoridad del anuncio y la convocatoria de “todas las fuerzas sociales” se debe a que ha tomado una decisión importante que no se había decidido aún a tomar. Los planes del ejecutivo parece que son, que de verdad, y mediante Decreto Ley, se modifique no ya el destino de los recursos disponibles, sino la totalidad del esquema formal de toma de decisiones empresariales que nos llevan al crecimiento o a la decadencia.

Empecemos por el principio. Cuando llegó el cambio político fruto de las elecciones de 2004, una de las primeras decisiones que se tomaron con calado económico fue el intento de asalto al BBVA de la mano de un empresario amigo (constructor), inmediatamente después, pretendieron regalar a una pequeña compañía muy querida de sus socios en Cataluña, nada menos que Endesa, la primera energética española. La entrada en escena de un señor bajito con una constitución en la mano que no estaba dispuesto a dejar tirados a sus accionistas motivó que esa compañía no pudiera ir a parar a las manos previstas, pero se le entregó a una empresa pública italiana. Inmediatamente después fomentaron mediante jugosísimas subvenciones una política suicida de promoción de energías “verdes” que ahora se han tenido que recortar. Han, cortado las intenciones de deslocalización de multinacionales extranjeras mediante subvenciones a fondo perdido (sesenta mil euros por empleado en Seat). Permiten que la banca deje de valorar sus activos conforme a las reglas contables que ellos mismos aprobaron. Van a mantener las deducciones por adquisición de vivienda a las rentas menores de no se qué cantidad, Rebajan los impuestos a algunas empresas y no a otras...

El estallido incontestable de la madre de todas las crisis y la necesidad de reconocer su existencia les llevó a la culpabilización del mercado como fuente de todos los males. Quién no se acuerda de aquello de “refundar el capitalismo” que se iba a ejecutar en aquella malhadada reunión del G20?

Un sinfín de medidas claramente intervensionistas denotan una intención dirigista de la actividad empresarial que desvela tendencias planificadoras globales. La solemnidad de la declaración de intenciones de cambio del modelo de crecimiento, la tendencia planificadora que subyace en los aún tímidos intentos de dar direcciones concretas a la actividad empresarial y el profundo convencimiento que exhiben de que la crisis actual se debe a que el capitalismo no funciona y no puede funcionar, obligan a unir las cosas y concluir que lo que se ha anunciado se trata, realmente, de una toma de decisión trascendental.

Nuestros gobernantes han actuado como si estuvieran poseídos por una mente enferma. Lo que a todas luces son medidas de reactivación económica torpemente diseñadas y escasamente meditadas han tenido un fracaso clamoroso, y la defensa de los autores ha sido culpar a otros: no ha funcionado porque la codicia del capitalismo las ha boicoteado.

Y este peligrosísimo individuo ha tomado una decisión.

La decisión no estaba adoptada antes porque, a pesar de que él sabía quién no debía ser beneficiado por el esfuerzo de la salida de la crisis, pero no estaba seguro de que se pudiera encaminar la asignación de recursos correctamente por la poca gente de su confianza. Probablemente, su cohorte de asesores le han tenido convencido de que la asignación más eficiente de los recursos la genera el mercado, pero ahora, a pesar de que, a su juicio, ha adoptado las mejores medidas posibles para salir de la crisis y no funcionan, ha deducido que la responsabilidad del fracaso no surge de la torpeza de las medidas, sino del consciente boicot de sus enemigos.

Aquellas teorías que, decía Hayeck, habían quedado sólo para cenáculos de charlatanes y demagogos, van a ser adoptadas por un gobierno occidental. Como hizo Franco apoyándose en Ullastres y Navarro Rubio. Me temo que se acaba de decidir que el camino que debe tomar la economía española es el de la planificación centralizada (y luego descentralizada luego a favor de las comunidades autónomas). Este insensato está dispuesto a cambiar el modelo productivo en sus mismas bases, desterrando el juego del mercado. Como Chavez y mediante Decreto Ley, se cree capaz de decidir el destino de las rentas de los ciudadanos, de determinar cuáles son sus necesidades, de cómo, cuánto y dónde producir. Este insensato ha decidido llevarnos a la ruina. Y le vamos a aplaudir.



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