viernes, 22 de mayo de 2009

Cambiar el modelo de crecimiento I

La historia, la ficción, cada una de nuestras vidas, tiene momentos en los que se concentran sus características, en los que aparece el mas puro destilado de todo el jugo que representan. El día que elegimos a qué vamos a dedicar nuestro trabajo en el resto de nuestra vida laboral, o el momento en el que dejamos de ser jóvenes y pasamos a ser padres nos determina el futuro personal. La muerte de Patroclo con la armadura de su amado Aquiles es, quizá, el momento esencial de la tragedia de Homero, la clave del arco que deriva en la postrera destrucción de Troya. El cruce del Rubicón, la Batalla de las Navas de Tolosa, Salamina, las últimas palabras de Alejandro, la toma de la Bastilla o del Palacio de Invierno, Lepanto, el Tratado de Versalles, o incluso el atentado del 11M, son momentos en los que se rompe la historia y ya nada vuelve a ser lo mismo.

Quien decidió que Little Boy cayera sobre Hiroshima sabía que estaba cambiando el rumbo de la Historia. Algo así debe sentir El Fenómeno en estos momentos. Sabe que su decisión va a cambiar el futuro de España. Ha decidido cambiar el modelo de crecimiento. Nada volverá a ser igual. Sabe que pasará a la Historia no sólo como aquél visionario que lanzó la Alianza de Civilizaciones, sino también como el impulsor y artífice del Cambio del Modelo de Crecimiento.

Es lo que tiene la tragicomedia en la que está sumida nuestra sociedad, que también padece sus momentos cumbre. Momentos en los que las esencias de un pueblo salen a relucir. Y no me refiero exclusivamente a la oceánica limitación intelectual de nuestros mas destacados dirigentes, me refiero sobre todo a la incapacidad crítica que asola las entendederas de este país de solidarios, a las tragaderas de un pueblo que se diria disfrutando mientras le embaucan una y otra vez con altisonantes mantras hueros de significado.

Este hombre ha vuelto a impostar la voz y, ahuecando la boca mientras nos miraba a los ojos desde el foco de la cámara, ha anunciado que convocará a todas las fuerzas sociales a un gran pacto que cambie el modelo de crecimiento. Tal cual. Y se nos ha soltado la mandíbula asombrados por tan feliz iniciativa. ¡Bien!

¿De verdad va a intentar cambiar el modelo de un plumazo? ¿A golpe de Decreto Ley? ¿la decisión es nueva o venía ya meditándola algún tiempo? A lo mejor es que antes estaba contento con un modelo basado en los créditos para construir y comprar PAUs. ¿O estaba descontento pero no sabía qué hacer?. ¡A ver! ¡Sebastián! ¡Deja la paleta y la mezcla del cemento y vente p’acá que te voy a dar unas células madre pa’ que innoves, que hemos llegao a un pacto pa’ cambiar de modelo!

Y claro, la Señora Gorda del sindicato por medio, como garante y valedor de que los beneficios que va a producir un cambio que ellos apoyan redunde especialmente en un incremento de los derechos sociales, porque si no es así, ellos no apoyarán el cambio de modelo.

Seamos serios. El modelo productivo no es una cosa que pueda decidirse así, es misión de toda una sociedad implicada en pequeñas y constantes medidas que van ajustando las ventajas de unas actitudes u otras durante alguna generació, no se puede ir al Corte Inglés, elegir un nuevo modelo productivo y pedir que te lo lleven a casa. Ni siquiera es útil por sí mismo el regalo del ordenador en segundo de la ESO, pero el caso es que estamos todos embobados por la idea, inquietos por la incertidumbre de nuestro papel en ese brillante futuro al que nos llevará el cambio (¿qué seré yo? ¿especialista en telecomunicaciones multimedia? ¿técnico aeroespacial? ¿descubridor de la vacuna de la gripe AH1N1? ¡Qué nervios!)

Alguna cosa hay, sin embargo, de la que estoy seguro. Estoy seguro de que no empezará por tomar medidas serias para que el esfuerzo de comprar el piso no se lleve por delante todos los ahorros de toda la vida que nos queda por vivir y podamos destinar los excedentes a otra cosa. Estoy seguro de que el cambio de modelo productivo será el nuevo banderín de enganche para que once millones de pobres desgraciados vuelvan a poner su ilusión en unas manos indignas, mendaces, inútiles e intelectualmente mal dotadas que nos seguirán administrando la pobreza y el odio. Les va a pagar cercenando su bienestar y acabando con su libertad.

Porque a pesar de que este inmenso dislate puede incardinarse dentro de los saltos de ortóptero aliñados de propaganda a que nos tienen acostumbrados, contiene algunos detalles que me hacen no estar tranquilo y no seguir la máxima que impone no distraer al adversario cuando se está equivocando. Me explico. Es culpa de la maldita tendencia que tengo a mirar un poco mas allá, a no quedarme contento con la aplicación de la navaja de Ockham, porque la realidad, a veces, nos demuestra que la explicación que parece mas fácil no es la correcta porque nos faltan elementos de juicio. Aunque sea difícil meterse en zapatos ajenos, si no lo hacemos perdemos las perspectivas de quien actúa y no podemos anticipar sus movimientos. El hecho de que nuestros dirigentes tengan una cultura escasa y una inteligencia limitada no quiere decir que sean absolutamente idiotas. En el post que me pongo ahora mismo a escribir me extiendo. Entenderéis por qué me preocupo, por qué me preocupo mucho. Este individuo ha decidido adentrarse en la planificación.

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